Domingo 3 de septiembre 2006

CICLO B. VIGÉSIMO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Deuteronomio 4, 1-2. 6-9
Salmo responsorial: 14, 2-3 a. 3cd-4ab. 4c-5
Segunda lectura: Santiago 1, 17-18. 21b-22.27



EVANGELIO
Marcos 7: 1-8
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

7 1 Se congregaron alrededor de él los fariseos y algunos letrados llegados de Jerusalén 2   y notaron que algunos de sus discípulos comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3  Es que los fariseos, y los judíos en general, no comen sin lavarse las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores; 4 y, al volver de la plaza, no comen sin antes hacer abluciones; y se aferran a otras muchas cosas que han recibido por tradición, como enjuagar vasos, jarras y ollas.  5 Le preguntaron entonces los fariseos y los letrados: -¿Por qué razón no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen el pan con manos impuras?  6  Él les contestó:  -¡Qué bien profetizó Isaías acerca de vosotros los hipócritas! Así está escrito:

Este pueblo me honra con los labios,  pero su corazón está lejos de mí.  7 El culto que me dan es inútil,  porque la doctrina que enseñan  son preceptos humanos (Is 29,13).

8  Dejáis el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres


No quiero higiene corporal sino limpieza de corazón.

Luego de vivir la experiencia de la Pre Conferencia Ecuménica e Interreligiosa realiza en el contexto de la XVI Conferencia Mundial de SIDA realizada entre el 13 y el 18 de agosto pasado en la ciudad de Toronto, este pasaje adquiere un significado y una perspectiva que nunca hubiera imaginado. A pesar de los 25 años que han pasado desde el inicio de la epidemia, aún se escucha, en labios de líderes de comunidades religiosas los mismos prejuicios y las mismas afirmaciones de condena y estigma como aquella que se escucharon en un inicio. Pareciera como que el diálogo continua siendo muy difícil y la escucha del clamor de las personas que viven con vih y sida, es solo un posicionamiento superficial. La única diferencia es que aquellos discursos de condena y juicio hoy aparecen simplemente maquillados o disfrazados bajo un vocabulario que no convence. Muchas veces di gracias a Dios el que hubiera tan pocas personas presentes de los grupos vulnerables o viviendo con vih o sida. Me hubiera dado vergüenza que escucharan esas afirmaciones que son  exactamente iguales a la discusión de este texto evangélico. El tema de la pureza ritual continua ubicándose en el centro de nuestra reflexión y acción bíblica, teológica y pastoral.

Aún las tradiciones y las interpretaciones filosóficas sobre el ser humano, la sexualidad y la enfermedad tienen una fuerza muy difícil de desarraigar. Se le atribuyen a las Escrituras afirmaciones y posiciones francamente descalificadas por la tradición de Jesús de Nazaret, y esas tradiciones culturales se les atribuye un carácter normativo absoluto, valido para toda situación en todos los tiempos. La mayor humanización de todos los seres humanos pasa a un segundo plano frente a consideraciones secundarias de pureza ritual, sexual o ideológica.

En ese encuentro de líderes religiosos venidos de todo el mundo me sentí dialogando con los mismos teólogos que desafiaron a Jesús en Jerusalén. Las mismas preguntas, las mismas sospechas y las mismas exigencias. El pequeño y minoritario grupo de discípulos de Jesús de Nazaret, luego de una ardua tarea, se había liberado de la esclavitud de la obediencia debida y ciega a las leyes de pureza ritual y religiosa. Jesús tampoco respeta esas leyes y nos invita a nosotros y nosotras también a superarlos hoy en el lugar en que cada uno se encuentra. Jesús nos va a revelar en el contexto de la epidemia del vih y del sida el rostro verdadero de la piedad que se nutre de la justicia.

En esas discusiones se hablaba mucho de valores morales, que es la nueva forma de hablar de pureza ritual y que fundamenta estigma y exclusiones. Nuevamente sentí que surgían las mismas preguntas: -¿Por qué razón no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen con los grupos vulnerables e impuros? . Nuevamente he sentido el cuestionamiento a una aproximación sin exclusión, gratuita, de profundo sentido de justicia y de una propuesta de un mundo y una iglesia posiblemente bastante diferente al actual. Se reza mucho pero se practica muy poca justicia. He sentido que se discutió mucho en los plenarios el derecho de las personas que viven con vih y con sida, y en especial sobre las personas que pertenecen a los grupos vulnerables, si tienen derecho a entrar o no a nuestras comunidades. He sentido que en lo profundo de esa discusión subyace este concepto ritual de pureza y he sentido que nos hemos constituido en doctores de la ley que podemos tener autoridad, como señores y dueños de la comunidad de fe, en determinar quien puede ser miembro pleno y quien es miembro de segunda.

He sentido que muchas veces nuestros corazones y mentes están vacíos del sorprendente e increíble amor de Dios que supera todo lo que podemos pensar y vence todas las barreras de pureza que podemos construir. La lectura profética de las Escrituras nos advierte permanentemente sobre el peligro de transformar nuestras prácticas de fe en un rígido código moral y considerar a Jesús de Nazaret en un mero hacedor de reglas éticas y morales. Esa actitud rígida nos impide comprender que la tradición de Jesús nos abre las puertas para soñar utopías tales como el Reino de Dios en el cual todos y todas nos veremos como hermanos y hermanas construyendo un mundo más justo, solidario y fraterno. Las discusiones en el contexto de esa Pre Conferencia me mostraron la dificultad que aún tenemos de amor incondicionalmente al hermano y a la hermana que es diferente a nosotros y nosotras. La dificultad no está en el virus y este no es un problema de salud, porque la dificultad está en el pluralismo, en la diversidad, en las personas. No es necesario que seamos iguales para tener los mismos derechos.

El intento de imponer valores morales, de transformar al cristianismo en un mero código de reglas de buena conducta y de pureza ritual está vaciando de contenido al mensaje de Jesús de Nazaret. Esta maraña de reglas y de imposiciones de pureza invalida la acción primaria de Dios: la creación de una humanidad de iguales y la acción liberadora de toda opresión. La pureza no está en la orientación sexual de las personas, ni en el trabajo que hagan, aún cuando sea el trabajo sexual, ni en el uso o no de drogas consideradas no legales, sin que la pureza está ubicada en el corazón de cada ser humano. Esa es la única pureza que Jesús reclama para ser miembro de su cuerpo y participe de su proyecto de vida. En el plano evangélico ningún ser humano es ilegal, indocumentado ni impuro. Toda la creación reboza de la mirada de pureza que le concede Dios. Es impuro aquello que hiere la dignidad de un hermano o hermana. Es impuro aquello que no reconoce los mismos derechos y las mismas garantías a la diversidad de seres humanos que enriquecen la creación. Es impuro aquello que atenta contra la vida en dignidad de todo ser humano y la plenitud de pertenencia en la comunidad de los seres humanos.

El corazón del ser humano está puesto en el centro de este nuevo sistema evangélico. No es la ley ni los reglamentos lo que rige nuestra conducta sino nuestras intenciones y hacer aquello que quiere Dios, que es el bien de todo ser humano, porque amamos esa voluntad y no por temor al infierno ni por el cielo que se nos tiene prometido. Nos mueve a actuar el ver el ejemplo de Jesús de Nazaret que por ese proyecto da su vida en comunidad con dos impuros, uno a cada lado. No podemos olvidar que la cruz de Jesús de Nazaret está ubicada en medio de las cruces de dos estigmatizados y excluidos. No podemos olvidar esta realidad.

El evangelio de hoy nos llama a desafiar a las instituciones religiosas que nos impiden amar y servir a aquellos que por acción de otros y otras y en consecuencia de un sistema, hoy mismo son considerados desechables, impuros y objetos de explotación. Toda persona es sagrada. No podemos reconocer sistemas que dividan el mundo en esferas de puro o impuro, sagrado o profano, que pertenecen o son excluidos. Jesús de Nazaret tiene una visión totalizadora e integral. Cuando hablamos de llevar el Evangelio a las personas afectadas por el vih o el sida, de convertirlos o de evangelizarlos ya estamos dividiendo el mundo y la iglesia en áreas de luz y tinieblas, de buenos y malos, de puros e impuros. Estamos destruyendo el misterio de la iglesia que debe permanecer invisible hasta el fin de los tiempos. Estamos confundiendo la etapa antepenúltima con la última. Nada ni nadie nos puede contaminar porque aquellos y aquellas que conocemos a Jesús de Nazaret no conocemos la impureza sino la increíble gracia de Dios, el incondicional amor de Dios por todos y todas y nuestras manos al unirse a otras manos consagramos el mundo, la creación y nuestras relaciones a Dios.

Digamos basta al sentirnos dueños de la comunidad de fe, a sentirnos superiores en pureza y a jugar de jueces decretando quienes, cuándo y como deben ser los demás convertidos. Simplemente estamos llamados a vivir de tal manera que en nuestras vidas se manifieste el infinito amor, paciencia e inclusividad del Cuerpo de Cristo. Abajo las barreras, las fronteras y arriba los puentes que nos llevan a una comunión reconciliada en la diversidad. Que el Espíritu de la vida nos conceda el tener la fuerza y la valentía de desafiar las tradiciones humanas que nos impiden ser comunidad.

Para la revisión de vida

            Cuando Jesús denuncia las actitudes de sus contemporáneos fariseos, está denunciando una tentación permanente en la historia de las relaciones de las personas con Dios, que me afecta también a mí también . ¿Qué actitudes farisaicas detecto en mi vida, en mis relaciones con los demás y, sobre todo, en mis relaciones con Dios? ¿De verdad engañan mi conciencia esas actitudes mías? ¿Me engaño a mi mismo, pensando que puedo engañar a Dios?

Para la reunión de grupo

- El apóstol Santiago, sin embargo, nos recuerda hoy en la segunda lectura que «la religión pura e intachable a los ojos de Dios es ésta: visitar a excluidos y marginados en sus tribulaciones». Se trata de un mensaje muy «secularizador», y muy recurrente en el evangelio.  

- Se suele distinguir entre la Tradición y las tradiciones. Existe una «Tradición» fundamental, derivada de la revelación -que en realidad no pasa de ser un núcleo, pequeño pero central-, y existe una multitud de «tradiciones» menores, que a veces provienen de apenas hace unos siglos, que no tienen fundamento ni bíblico ni teológico, o que, aunque su sentido ya pasó, se han enquistado en la Iglesia y muchos las ponen desapercibidamente en un nivel o rango que no les corresponde.

Perseverar en una tradición con el pretexto de que si perdemos algo que funcionó en el pasado, lo habremos perdido todo, ni demuestra espíritu de libertad, ni contribuye al futuro desenvolvimiento de la libertad y la madurez de las personas. ¿Puede ser que nuestra Iglesia esté repitiendo normas, discursos, ritos, miedos, formas de organización eclesial, ritos litúrgicos... que considera una Tradición intocable o de «derecho divino», pero que sean en realidad "tradiciones" de raíces mucho más cortas, elementos que se han introducido en determinados momentos de la historia y que ya perdieron su sentido y que no responden adecuadamente a las necesidades pastorales de la sociedad de hoy, ni posibilitan la fidelidad a la Gran Tradición verdaderamente transmitida a partir del evangelio?

Para la oración de los fieles

  •  Para que la Iglesia, en el contexto de la epidemia del vih y del sida, sea siempre mensajera de la auténtica Palabra de Dios y no ponga su empeño en lo que sólo son palabras y tradiciones humanas. Oremos en paz al Señor.
  •  Para que las y los creyentes busquemos no la fe fácil, sino la fe responsable, que nos hace adorar al Dios único y verdadero y servir a los hermanos y hermanas que viven o están afectados por el vih y sida, especialmente a aquellos y aquellas que pertenecen a los grupos más vulnerables al estigma y al prejuicio. Oremos en paz al Señor.
  •  Para que crezca en todas las personas el sentido de libertad y responsabilidad ante las decisiones que debamos tomar en nuestra vida. Oremos.
  •  Para que sepamos educar a todos los seres humanos en los verdaderos valores del amor que se pone en acción en la justicia, la solidaridad y la inclusión, signos de una fe seria y madura. Oremos en paz al Señor.
  •  Para que las normas religiosas humanas y los cánones jurídicos nunca ahoguen las exigencias del Evangelio. Oremos en paz al Señor.
  •  Para que esta comunidad nuestra tenga claridad de ideas a la hora de distinguir lo verdadero de lo falso, lo importante de lo secundario, la Tradición de las tradiciones, la palabra humana de la voluntad divina... Oremos en paz al Señor.

Oración comunitaria

            Dios, compañero nuestro, de quien procede todo bien y cuyo Espíritu nos llama a la Libertad. Te rogamos que las normas, leyes, ritos y temores... que muchas veces interponemos en nuestra relación contigo y con los hermanos y hermanas, no logren ocultarnos tu rostro de amor, de forma que lejos de aferrarnos a tradiciones simplemente humanas, estemos libres para encontrar creativamente vías siempre nuevas de llegar hasta Ti y de contemplar tu rostro, te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amén


Lisandro Orlov
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