Domingo 20 de mayo de 2007

CICLO C.
ASCENSIÓN DE JESÚS.

Evangelio : Lucas 24, 46-53

Primera lectura: Hechos 1, 1-11
Salmo responsorial: Salmo 47 o Salmo 93
Segunda lectura: Efesios 1, 15-23



EVANGELIO
Lucas 24, 46-53

  46 Y añadió: -Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte; 47 y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén, 48 vosotros seréis testigos de todo esto. 49 Yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre; por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza.

50 Después los condujo fuera hasta las inmediaciones de Betania y, levantando las manos, los bendijo. 51 Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo. 52 Ellos se  postraron ante él y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. 53 y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios.

 

¿Y USTEDES QUE MIRAN?

Los conocimientos científicos, la información y las hipótesis sobre el origen del universo, los datos que nos brinda la cosmografía contemporánea hacen que sea necesario movernos con mucho cuidado cuando hablamos de la ascensión de Jesús de Nazaret. El gran desafío es encontrar la forma de hablar en forma comprensible a nuestros contemporáneos, no traicionar la experiencia de la iglesia en este relato pero evitar las frases hechas que hoy en día no le dicen absolutamente nada a nadie. La gran tarea es encontrar imágenes y metáforas que nos permitan traducir en forma adecuada estas experiencias de vida de la comunidad cristiana.

Ya no nos movemos con la idea de una realidad estructurada en diversos niveles: la ubicación del infierno nos resulta complicada porque ya hablar de un debajo de la tierra nos resulta extraño. Tenemos el plano de la existencia donde ya hablar de un cielo, fuera del lenguaje romántico, nos resulta complejo. Hablar de un abajo y un arriba sabemos que es una convención impuesta. Los mapas del mundo con el norte arriba y el sur abajo corresponde a una posición ideológica que nada tiene que ver con la realidad. Sería correcto tener mapas del mundo donde África y América estuvieran arriba, el norte, o como se lo quiera llamar, y Europa, Asia y América del Norte debajo, en el sur, solamente mostrarán convenciones de poder ya que los que hacen los mapas toman las decisiones ideológicas.

Indudablemente cuando hablamos de ascensión estamos hablando de ubicación teológica y no geográfica. Esta escena nos ubica en un contexto teológico y debemos emplear instrumentos teológicos para su interpretación evitando caer en la tentación de explicaciones fundamentadas en un instrumental interpretativo perteneciente a otras ciencias. Indudablemente la aproximación que hagamos a este texto exige una crítica textual creativa y fiel. Es siempre muy peligroso e ideológicamente incorrecto hablar en una interpretación de la realidad social de arriba y abajo porque rápidamente llegamos a conclusiones de superiores e inferiores, de clases altas y bajas, de más y de menos. Esta forma de ver la realidad y la vida es totalmente contraria al evangelio que nos llama a vivir Jesús de Nazaret.

Debemos tomar muy en serio la advertencia que se nos hace de no llamar a nadie padre en la comunidad cristiana porque Jesús de Nazaret construye una crítica feroz de la estructura jerárquica de la familia patriarcal. Es por ello que no supera el tema de género el llamar a Dios, padre y madre porque continuamos en una estructura jerárquica contraria al espíritu de una comunidad de iguales y un espacio de hermanos y hermanas viviendo juntos y juntas un sacerdocio común y universal tal como nos muestra la tradición original de Jesús de Nazaret. Es por ello que su familia verdadera no es ni su madre ni sus hermanos consanguíneos sino que su madre y su padre y sus hermanos son todos aquellos y aquellas que cumplen la voluntad de Dios. Cuando hablamos de temas de género justamente estamos hablando de las estructuras de poder que condicionan nuestras relaciones de hermanos y hermanas, más allá del tema de varón o mujer.

La ascensión de Jesús significa que desde ahora en adelante el proyecto del Reino se coloca en el centro de la historia humana y es el núcleo de toda la historia humana superando la división completamente equivocada de pensar en historias sagradas e historias profanas. Solo existe la historia de la construcción del Reino que el Dios del reino nos invita a vivir en plenitud. Ascender es una metáfora para hablar del nuevo éxodo de Jesucristo que nos conduce hacia una plenitud de comunión y de justicia. Es por ello que los textos no pueden ser comprendidos independientes de su contexto histórico ni de su contexto en las mismas Escrituras.

Jesús de Nazaret nos ha mostrado que Dios es un Dios Emmanuel, es decir, un Dios que vive en medio de su pueblo y de todos los pueblos. Nos ha dicho que vendrá a habitar y residir entre aquellos y aquellas que son fieles a su palabra, es decir, a su proyecto de una vida plena para todos y todas. La información que nos brinda nos muestra un Dios que asciende al centro de toda existencia, personal o comunitaria. El cielo ahora está ubicado en la vida y en la existencia de aquellos y aquellas que se unen en la construcción de relaciones humanas más humanas, fundamentadas en una comprensión igualitaria y donde las y los débiles, las y  los excluidos y las y los marginados ocupan un lugar especial, porque queremos que esa debilidad, exclusión y marginación se terminen para que todos y todas siendo diferentes tengamos los mismos derechos.

La ascensión nos ubica en las periferias de la vida para hacer que todas las existencias de pobres, oprimidos, excluidos sean centrales en nuestra preocupación y dedicación porque la voluntad de Dios es que esas realidades terminen y ese objetivo es cumplir su voluntad tanto en el cielo como en la tierra. Esa es la coherencia de la cruz y del discipulado.

Jesús de Nazaret asciende para ubicarse en el centro de nuestras vidas aquí y ahora y estamos llamados como individuos y como comunidad a ser testigos de esa presencia sacramental. Contemplar es justamente permitir que ese misterio de presencia se nos revela y se haga presencia real en nuestras vidas y compromisos sociales. Esta ascensión, interpretado como el éxodo final, nos invita a construir una iglesia y una sociedad sin dominadores ni dominados, terminar con el norte y el sur, con la derecha y la izquierda para que todos y todas podamos ser uno.

Esta ascensión es también parte integral de nuestra perspectiva de cruz porque ese testimonio la tenemos que vivir en el centro del poder y frente a aquellos y aquellas que quieren un mundo fragmentado para imponer su poder. Jerusalén era todo un desafío y es la metáfora de toda nuestra misión como testigos de un evangelio de iguales. Y realmente para permanecer en ese espacio peligroso necesitamos de toda la fuerza de su espíritu porque no estamos luchando contra carne y sangre sino contra potestades, dominaciones y toda la corte muy poco celestial de todos los opresores de todos los tiempos y de todas las estructuras. 

Esta ascensión de Jesús de Nazaret es toda una transfiguración, no solo porque su estructura se asemeja al relato de esa otra historia, sino porque nos invita a cambiar la dirección de nuestra mirada. Aquellos y aquellas que vivimos en la fe estamos llamados a dejar de mirar para arriba y comenzar a mirar y transformar la realidad en la cual estamos inmersos. Ya no existen los conceptos de subir, o descender, de arriba y abajo porque toda nuestra vida tiene un centro que ilumina todo aquello que nuestra cultura o nuestra comunidad considera abajo.

La ascensión nos revela, a aquellos y aquellas que vivimos en el contexto de la crisis de la epidemia del vih y del sida, que Dios Emmanuel está en medio de esa realidad y que desde ese núcleo ilumina la dignidad, las esperanzas y el clamor de justicia de todas las personas que viven con vih o con sida, y esto lo debemos testificar delante de todos los Jerusalén que aún se resisten a vivir en un mundo de iguales.

Para la revisión de vida

  • ¿Estoy asumiendo la misión de ser testigo en los centros de poder de mi identidad como bautizado y bautizada en Cristo Jesús? ¿En qué doy verdadero «testimonio» de Jesús y de su Causa? ¿Dónde están las debilidades y las fortalezas de este testimonio?
  • ¿Qué me falta para madurar más en la fe? ¿Conozco suficientemente el Proyecto de Jesús? ¿Busco vivir por su Causa con la fuerza de su Espíritu y su experiencia de Dios que quiere una comunidad de iguales, de hermanos y hermanas?
  • ¿Qué señales doy de interés por los demás y por su liberación de esclavitudes o angustias por no tener acceso a los tratamientos antiretrovirales, de sufrimientos y estigma por el vih o el sida, marginación por la orientación sexual, opresión  o depresión?

Para la reunión de grupo

La ascensión del Señor es un hecho teológico. Es un nuevo éxodo hacia una tierra prometida teológica  

  • ¿Qué relación tiene está escena con nuestro trabajo de educación, promoción social y de derechos, de acogida de las personas que viven con vih y sida?
  • ¿Cuál es el mensaje fundamental del «misterio» de la ascensión en nuestra vida comunitaria y pastoral?

En el proceso cruz y resurrección Jesús de Nazaret se dedica a hablar con sus discípulos y testigos acerca del Reino de Dios

  • ¿dónde ubicamos ese Reino?  
  • ¿Qué creemos que significaba eso para Jesús entonces, y para aquellos primeros discípulos; y qué significa para nosotras y  nosotros hoy?

 

Para la oración de los fieles

  • Por las Iglesias, por todos los bautizados, en especial por las y los que presiden la oración del pueblo de Dios y de todos los pueblos, para que todas y  todos los bautizados en Jesucristo seamos fieles testigos suyos y  del Reino con la fuerza de su Espíritu: Oremos
  • Por todos los miembros de las comunidades cristianas, para que busquemos la madurez en la fe y en la gracia, a la medida de Jesús crucificado y resucitado, constituido Cabeza de la Iglesia: Oremos
  • Por los que viven y anuncian el Evangelio del Reino en las fronteras del dolor de los pueblos y de los sectores humanos más sufridos y excluidos de la vida, para que les apliquen el poder de Cristo, Mesías sufriente y resucitado, en signos de liberación e inclusión en la vida digna, justa y solidaria propia del Reino de Dios: Oremos
  • Por las y  los más sufridos, olvidados y excluidos en nuestro país y en todo el mundo, para que la fuerza del amor del Espíritu de Jesús nos lleve a vivir una solidaridad que les abra caminos de esperanza real: Oremos
  • Por nuestro pueblo, para que en comunión superemos las injustas desigualdades y los odios, y crezcamos en paz verdadera, en puestos de trabajo y en vida justa y solidaria según el Proyecto del Dios de Jesús: Oremos
  • Por todas las personas que participamos en esta celebración, para que la ascensión del Señor sea nuestro camino, fortaleza y todas y todos vivamos la experiencia del poder transformante de Cristo resucitado: Oremos

Oración comunitaria

            Dios Padre nuestro, al celebrar con gozosa esperanza la exaltación de tu amado Hijo Jesús, que fue crucificado por ser fiel a tu voluntad de vida digna para todos y todas, te pedimos que, con la fuerza del amor del Espíritu, le sigamos al servicio de tu Reino de justicia, de amor y de paz. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro.

(o también: )

Creador de cielo y tierra, tu único Hijo fue llevado al cielo y poderosamente intercede por nosotros y nosotras. Concede que también nosotros y nosotras vivamos en tu presencia y que  tu gloria sea una realidad tanto en el cielo como en la tierra: te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y nos bendice por siempre, y de ambos recibimos el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.