Domingo  30 de Enero de 2011

Ciclo A.

Cuarto Domingo después de Epifanía

Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Matero 5, 1-12

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Miqueas 6, 1-8

Salmo Responsorial : Salmo 15

Segunda Lectura: 1º Corintios 1, 18-31

 

 

 

EVANGELIO Mateo 25, 31-46

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos y discípulas se acercaron a él. Entonces tomo la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

Felices quienes tienen alma de pobres, porque a ellos y ellas les pertenece el Reino de los Cielos

Felices quienes son pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices quienes son afligidos, porque serán consolados.

Felices quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices quienes son misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices quienes tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices quienes trabajan por la paz, porque serán llamados hijos e hijas de Dios.

Felices quienes son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos y ellas les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se las y los calumnie en toda forma a causa de mi.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.  El Evangelio del Señor

 

 

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE JUSTICIA, EQUIDAD E INCLUSIÓN

 

Sin dudas este es una parte importante del contenido del Evangelio con el cual Jesús de Nazaret predica, enseña y cura a las multitudes y en especial con los líderes religiosos y políticos de las estructuras e instituciones de su tiempo. Importante pero no el único ni agota todos los matices y propuestas del mensaje. Tenemos que ser muy cautos para no limitar todo el evangelio a este pasaje conocido y memorizado por generaciones. No podemos ser reduccionistas. Las buenas nuevas que Jesús de Nazaret predica, anuncia y con las cuales cura las exclusiones,  es mucho más complicado y diverso.

 

Antes de comenzar a ver uno por una los anuncios de felicidad y bienaventuranza tenemos que tratar de considerar si es posible encontrarle un sentido algo diferente al que tradicionalmente se le ha dado. Consideramos que las personas y grupos vulnerables al estigma y discriminación relacionada con el vih nos han abierto ojos y corazón como para intentar una relectura que recupere el escándalo de estos textos que peligrosamente se han edulcorado y domesticado.

 

Antes que nada tenemos que ser conscientes del lugar en el que Jesús de Nazaret se ubica para proclamar y enseñar que este mensaje. ¡Cuidado con la montaña! Variados comentaristas han querido ver en ese accidente geográfico un paralelismo teológico con el monte Sinai y han propuesto transformar a Jesús de Nazaret en un nuevo Moisés y a las bienaventuranzas en nuevos mandamientos. Debemos resistirnos a esa comprensión. Jesús nunca ha sido, ni es ni será un nuevo Moisés. Este último anunciaba la ley que condena y pone de manifiesto nuestras muchas idolatrías, en cambió Aquel que se ha encarnado en nuestra realidad para hacer visible la gracia radicalmente incondicional que es la acción liberado emprendida por Dios para terminar con todas las tiranías, aún de esa misma ley  y de la ira de Dios. Son mensajes totalmente diferentes, complementarios pero distintos. Por eso, constantemente es necesario volver una y otra vez a predicar, enseñar y utilizar el evangelio como para curarnos de la tentación de transformar estas buenas nuevas en nuevos mandamientos.

 

Esta montaña es el espacio alternativo, marginal y enfrentado al espacio conservador, ortodoxo y fundamentalistas de las escuelas interpretativas que se han apoderado de las sinagogas, templos y de los sistemas teológicos y se oponen a estas bienaventuranzas. Este anuncio de una buena noticia para todas y todos los pobres, afligidos, hambrientos de justicia y equidad, perseguidos por querer vivir aquí y ahora la utopía de la soberanía de Dios. Estas bienaventuranzas siguen siendo un escándalo para quienes solamente quieren predicar, enseñar y curar con una teología de la prosperidad y de la pura gloria humana. Este es un anuncio, proclamación y afirmación en la perspectiva de la teología de la cruz, totalmente diferente a los anuncios de muchas escuelas de predicación contemporánea que prometen milagros, abundancia de bienes materiales y todas las prosperidades.

 

Esta montaña ubica a las bienaventuranzas en la perspectiva de la teología de la cruz que dice la verdad y que llama a las cosas por su nombre para escándalo de muchos y muchas asumiendo todos los riesgos. Debemos recuperar ese escándalo y anunciar esta buena noticia desde los márgenes de la realidad enfrentados a los espacios de poder tanto político como teológico. Este es un anuncio totalmente contracultural.  Esta es una buena noticia para la multitud pero continúa siendo un escándalo para quienes quieren aún hoy manejar y manipular esas multitudes.

 

Asimismo estas bienaventuranzas son profundamente comunitarias y sociales. Son atributos de una comunidad diversa pero unida.  No podemos pensar que se aplican, por un lado, a un grupo de pobres y por el otro uno de pacientes, o que más allá hay un grupo de misericordiosos y más acá las y los que son insultados y perseguidos. Estas bienaventuranzas comunitarias son partes integral de una misma y única identidad. Una bienaventuranza lleva a la otra y se relacionan una con otra en forma integral. Quien vive una de ellas vive todas y no las podemos ni debemos fragmentar, dividir o separar. Son una para todas y todas funcionan como una.

 

Además debemos tener cuidado con el vocabulario técnico ya que algunos vendrán a decirnos que estas afirmaciones se cumplirán en un tiempo futuro ubicado más allá de nuestro tiempo histórico, en un tiempo mítico calificado como escatológico. Indudablemente hemos olvidado la afirmación repetida muchas veces por Jesús de Nazaret que nos dice claramente que el Reino está al alcance de nuestras manos y que ese Reino ya está en medio de nosotros y nosotras. Estas bienaventuranzas son una afirmación de una realidad actual que ya está presente y se hace vida en nuestra predicación, enseñanza y acciones liberadoras que curan las divisiones y las opresiones. Indudablemente son escatológicas, no porque su cumplimento se realizará en ese tiempo mítico y esotérico sino porque las miramos en una perspectiva dinámica. Una realidad que ya comenzó pero que llegará a su plenitud a través de sostenidas acciones liberadoras. Estas bienaventuranzas ya comenzaron pero nunca se podrán de identificar totalmente con ninguna realidad actual porque siempre se ubicará como un modelo y paradigma que sostiene nuestra utopía del Reino y que nos mantiene eterna y dinámicamente hambrientos de justicia, equidad e inclusividad. Esa sustentable acción de lo provisorio de Dios es lo que llamamos técnicamente escatológico: aquello que ya está presente pero nunca en su plenitud porque esa plenitud es nuestra tarea desafiante constante.

 

Indudablemente tenemos que tener mucho cuidado en dónde colocamos el énfasis en cada una de las frases de las bienaventuranzas. Esta felicidad, antes reservada a los dioses y ahora derramada sobre la humanidad que quiere vivir en la dinámica de Aquel que se ha hecho camino y meta. Es una felicidad en la cruz del testimonio, en la cruz de la enseñanza de que una comprensión diferente de las Escrituras es posible, y desde esa relectura poder anunciar una buena noticia que sana exclusiones, estigmas y discriminación.

 

Esta felicidad no está en la pobreza ni en la miseria nunca querida por Aquel que se hace padre y familia en la equidad. Tampoco está en el hambre ni en la persecución sino que la encontramos en el cumplimiento de las afirmaciones positivas de cada afirmación. Estamos llamados y llamadas a ser felices porque el Reino nos pertenece ahora y aquí. Felices porque tendremos esta tierra en herencia y porque seremos consolados. Felices porque seremos saciados en nuestro hambre de justicia, porque ya obtenemos misericordia en la misericordia, porque en nuestro corazón ya contemplamos a Dios. Felices porque ya somos hijos e hijas de Dios al ser instrumentos de su paz y felices porque ya tenemos una gran recompensa en esta construcción del cielo aquí en la tierra.

 

Las bienaventuranzas en su unidad nos facilitan un modelo de acompañamiento a las personas y grupos vulnerables al vih. Todas y cada uno son una hoja de ruta, una estrategia y una forma de ser en el contexto de la epidemia.

 

Las felicitaciones o congratulaciones para quienes tienen alma de pobres exigen repensar el contenido que le damos a la palabra pobres. Indudablemente que entendemos por pobre un concepto que va más allá de lo económico ya que incluyen en ese criterio a todas las personas que por diversos motivos necesitan ser apoyadas en su empoderamiento para ocupar en la sociedad y en la iglesia el lugar de dignidad que les corresponde. Asimismo es una forma muy concreta de imitar el mismo despojo y anonadamiento de todo signo y posición de poder que realizó en su encarnación Jesús de Nazaret. Este es uno de los aspectos importantes de la forma de vivir la teología de la cruz: dependiendo totalmente de la acción de Dios sin asumir ningún compromiso con ningún poder extraño al proyecto de Dios. Esta alma de pobres es la radical confesión de SOLO CRISTO, solamente confiamos en su acción, mediación y proyecto. Todo lo demás es la tentación de idolatría. En el acompañamiento a las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih, esta alma de pobres nos despoja de toda tentación de superioridad. Nos hace vulnerables a todo estigma y a toda discriminación para construir desde esa marginalidad asumida con el alma de pobres el nuevo mundo y nuevo cielo que estamos ya construyendo y que en fe ya contemplamos como el paradigma de toda nuestra esperanza y acción.

 

La paciencia por la cual se nos felicita no es la de la resignación ni la de los derrotados sino que es la paciencia de quienes son profundamente cabezas duras y que, conociendo la dimensión del emprendimiento que hemos asumido, no estamos dispuestos a que ninguna dominación o potestad nos pueda derrotar. Es la paciencia en alcanzar todos los accesos a todas las dignidades y pleno ejercicio de los derechos en perspectiva de justicia y evangelio. Esta paciencia es la SOLA FE en la acción trascendente, eterna y dinámica del Cristo del Dios del Reino y que es el contenido cotidiano de nuestra plegaria para que ese reino sea la tierra que hemos de recibir en herencia.

 

Jamás Jesús de Nazaret alabo ni promovió el sufrimiento por el sufrimiento mismo. Esta aflicción por la cual somos felicitados es la conciencia que nos sensibiliza frente a toda opresión, estigma y discriminación y que esperamos que ese dolor que refleja nuestra sensibilidad que nos motiva a comprometernos en la construcción del Reino donde no habrá más lagrima ni tristeza. Pero nos hemos comprometidos que esa aflicción no debe cesar hasta que todas y todos gocemos de las mismas oportunidades y los mismos derechos con el mismo nombre. Consistentemente con nuestra alma de pobres, tenemos la paciencia de mantener viva esta aflicción por la equidad, la justicia y la inclusión que de forma sustentable se transforma en pasión de vida abundante para todas y todos.

 

Esa aflicción se relaciona con el hambre y la sed de justicia que SOLO CRISTO puede saciar. Este hambre y sed de justicia se manifiesta en la radical inclusividad de nuestras mesas eucarísticas, centro de todas nuestras comunidades, y que por nuestra radical opción por quienes los sistemas de opresión han hecho vulnerables nos pueden llevar a la cruz por subversivos al sistema.

 

Nuestra identidad confesional nos hace radicalmente misericordiosos porque somos la comunidad que vive de la SOLA GRACIA. Porque tenemos plena conciencia de nuestras propias idolatrías, pecados, rebeliones al proyecto de nueva humanidad proclamado, anunciado y vivido por Jesús de Nazaret confesamos que somos la iglesia que vive la sorprendente y escandalosa gracia de Dios. Esta misericordia es la conciencia del SOLO CRISTO por la SOLA FE. Cualquier otra condición, ley o reglamento que queramos imponer como condición para formar parte de nuestras mesas de comunión destruirán nuestra identidad confesional y nuestra felicidad de ser espacios de la sorprendente misericordia que es la buena nueva que en el bautismo prometimos vivir.

 

Muy pocos predicadores hoy se atreverían a terminar sus predicaciones prometiendo y alegrándose por los insultos y persecuciones que hemos asumido con resolución porque esa es la naturaleza de la teología de la cruz que sabe que si queremos ser parte del nuevo cielo y la nueva tierra que esperamos heredar aquí y ahora y llegar a ser llamados hijos e hijas de Dios, tenemos que ser concientes de lo contracultural, subversivo y escandaloso que es el evangelio. Por eso para evitar toda complicidad y todo silencio proclamamos la SOLA ESCRITURA para que ninguna tradición humana se interponga en la construcción de un mundo reconciliado en la paz fundamentada en la equidad, la justicia y la inclusión de todas y todos los vulnerables a la pobreza, al hambre y a la sed de justicia. 

 

Para la oración de las y los fieles

Como hijos e hijas de Aquel que se hace fuente de todas las misericordias, clamamos por paciencia en la construcción del Reino y por valentía para ser resplandor de la luz de Cristo junto a todas las personas que viven en la sombra de los estigmas y la discriminación, la opresión y el olvido.

 

Se hace un breve silencio.

 

Para que nuestras comunidades de fe tengan la valentía de vivir la felicidad de ser congratulados cuando asumimos todos los riesgos de la inclusividad de nuestras mesas de comunión y de la vulnerabilidad a la cual nos expone nuestra alma de pobres y nuestro tozudez en la construcción de un mundo y una iglesia cada día más equitativa, justa y fraterna. Señor, ¿Quién habitará en tu Casa? Quien precede rectamente y práctica la justicia.

 

Llevamos en nuestras oraciones y memoria a los gobiernos de nuestros países para que quienes han asumido responsabilidades políticas lleven a la plenitud el proyecto del Reino, no abandonen nunca el alma de pobres ni se sientan satisfecho en su hambre y sed de justicia, y que nunca abandonen la paciencia necesaria para construir la paz en perspectiva de la plena vigencia de los derechos humanos para todos y todas ahora y aquí. Señor, ¿Quién habitará en tu Casa? Quien dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua.

 

Aleja de nosotros y nosotras, tu que eres nuestro modelo de compromiso y solidaridad, la tentación de querer ser consolados antes de que nuestro hambre y sed de justicia se hayan calmado o querer ser reconocidos como tus hijos e hijas antes de haber sido instrumentos de la paz que nace del reconocimiento de la dignidad de todas las personas, grupos y pueblos afectados por el estigma, la discriminación y la opresión. Señor, ¿Quién habitará en tu Casa? Quien no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino o vecina.

 

Concédenos la valentía como para que nuestras mesas de comunión sean siempre los espacios en que vivimos ese hambre y sed de justicia que solamente llegará a saciarse cuando podamos contemplar en tu rostro y en tus ojos la presencia de las hermanas y los hermanos que aún viven más allá de nuestras fronteras mentales, culturales, religiosas y sociales. Concédenos una paciencia tal que no descansemos hasta que tu voluntad sea hecha aquí en la tierra como allí en el cielo de tu utopía. Señor, ¿Quién habitará en tu Casa? Quien no se retracta de lo que juró aunque salga perjudicado o perjudicada.

 

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones

 

Recibe entre tus manos benditas todas nuestras inquietudes para que tu Espíritu las transforme y transfigure en confianza segura y gozosa de tu acción transformadora, tanto entre quienes llevamos en nuestra frente tu identidad y tu nombre, para que seamos luz para nosotras y nosotros mismos y que podamos reflejar tu luz en nuestra vida cotidiana. Señor, ¿Quién habitará en tu Casa? Quien no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el y la inocente.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires, Argentina

Enero de 2011