CICLO A. CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
EVANGELIO
: Mateo 1, 18-24

Primera lectura: Isaías 7, 10-16
Salmo responsorial: 80, 1-7, 16-18
Segunda lectura: Romanos 1, 1-7


DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO (Ciclo A)
EVANGELIO:
Mateo 1, 18-24 

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu  Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla  públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa "Dios con nosotros".

Al despertar, José hizo lo que el  Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.  El Evangelio del Señor.


DIOS CON NOSOTROS EN LA EPIDEMIA DEL VIH-SIDA

En este tiempo de Adviento y durante todo el período de Navidad escuchamos muchas expresiones de deseos sin mayores fundamentos y reflexiones  con mensajes un poco, para mi gusto, demasiado empalagosos. Es por ello que me he preguntado por el significado para mí de este tiempo. ¿a qué me lleva a pensar este periodo preparatorio, como preparatorio son todos los periodos de la vida?. Y en esa búsqueda me tropecé con el comentario de Martín Lutero sobre el Magnificat [1] que en su Prefacio e introducción nos dice que “...nadie puede comprender adecuadamente a Dios y la palabra divina sino por el Espíritu Santo sin mediación alguna. Y nadie puede recibir esta lección del Espíritu a no ser que lo experimente, lo sienta y lo perciba”. El gran desafío es unir vida, sentimientos y reflexión para que nuestra fe se nutra de la vida y la vida recree en cada momento el pensamiento que dirige la acción pastoral. “Al experimentar la santa virgen en su propia persona que Dios obra en ella semejante portento, a pesar de su humildad, insignificancia, pobreza e inferioridad, el Espíritu Santo le enseña que este profundo conocimiento y sapiencia de que Dios es un señor cuyas acciones no son otra cosa que ensalzar lo humilde y abatir lo alto, es decir, en pocas palabras,  romper lo que está hecho y rehacer lo que está roto” [2] . En el contexto de nuestras tareas de reflexión y acción pastoral junto a las personas que viven con vih-sida esta propuesta de acción espiritual es todo un desafío: “romper lo que está hecho y rehacer lo que está roto”. Si pensamos en toda la situación en que viven muchas personas consideradas miembros de grupos vulnerables, creo que no habría grupo más vulnerable que el pequeño rebaño de Cristo que en este período de Adviento tiene que romper con muchas de sus elaboraciones teológicas, lecturas bíblicas condicionantes y acciones pastorales limitadas para unirse en la construcción de una nueva comunidad cristianas desde la reconstrucción de aquellos que están rotos. Que desafiante y grandioso es construir la comunidad de los rotos, de las y los quebrados, de los  pobres que se saben rotos, de los humildes que se reconocen quebrados.

En este tiempo de Adviento “los ojos de Dios miran solamente hacia la profundidad, no hacia las alturas”. El Dios encarnado es el Dios que mira a los más pobre, excluido y marginado. Esa es la esencia de la Encarnación, del Dios con nosotros. El Dios que desecha la gloria para ubicarse en el último lugar, en el pesebre, para obligarnos a bajar la mirada, dejar de papar moscas mirando los cielos, lo sublime, lo  que está pintado  de oro y plata, para comenzar a contemplar a Dios en el último lugar. “Cuanto más bajo está alguien, tanto mejor lo ve” [3] . Ese es el movimiento del Adviento. Acostumbrarnos a mirar hacia el lugar en que esta sociedad fundamentada en la exclusión y en escala de valores falsas a colocado a tantos hermanas y hermanos. Tenemos un Dios que mira hacia abajo, de acuerdo a los criterios de la sociedad competitiva, y nosotros somos la comunidad de aquellos que no quieren competir porque  quieren ser una sociedad de iguales, donde nadie gana a nadie sino que todos nos sostenemos a todos y todas. Por todo  eso Dios ha decidido bajar a la tierra. Aleluya, gloria en el cielo porque los cielos han quedado vacíos de Dios para que la tierra sea ahora la residencia de Dios y se llene de su presencia. Gloria a los hombres y mujeres amados por Dios porque Dios se ha colocado en el último lugar de la larga fila de la humanidad.

La dificultad central de la Encarnación es aceptar que Dios habita este mundo, que está en medio de nosotros, como pobre, como excluido, como aquel que no tiene lugar en esta sociedad y en esta iglesia. Este es el hermoso escándalo del Adviento y nosotros y nosotras estamos llamados a encarnar esa presencia junto a todas y cada una de las personas que viven con vih-sida y con sus historias. Sabemos que estás historias cuanto más han sido rotas por la sociedad y la iglesia, más son miradas por Dios y más deben despertar nuestro afecto y amistad porque son esas historias que debemos ayudar a reconstruir. Esas historias nos convocan a trabajar en el vih-sida.

Nuestra alegría y gozo no nace de la mucha comida o de la mucha bebida ni de ninguna otra juerga que acompaña este tiempo de Navidad sino que nace de ese compromiso, de sabernos mirados cariñosamente por Dios por haber escogido colocarnos voluntariamente en ese espacio de estigmatización.

Hagamos que en este tiempo de Adviento nadie se pueda olvidar de los olvidados, nadie pueda esquivar pensar en los que continúan sufriendo y que la iglesia y la sociedad descubran al Dios con nosotros en sus rostros y en sus historias.

En este Adviento, como en todos los advientos, Dios se sale de escena, de la escena que nosotros queremos colocarlos, para irse con los expulsados. Todo la historia de la encarnación es ese salirse de la escena para caminar con cuanto expulsado o expulsada por razones religiosas, sociales, de pureza física o moral, de prejuicios raciales o sociales, de ser extraños a nuestras puertas, a las puertas del Reino.

Somos nosotros los que necesitamos esa acción de salvación para ser rescatados de las estructuras de opresión en las cuales queremos olvidar al oprimido. El encaminarnos al pesebre nos ponemos en ruta hacia una iglesia y una sociedad de iguales, nos hacemos miembros de la comunidad que salva de situaciones de injusticia y opresión que tanto sufrimiento y exclusión provocan. Nos salimos de escena y nos colocamos en medio de todos los pesebres del mundo donde están aquellos y aquellas que no han encontrado lugar en el mesón del mundo.

En esta escena del Evangelio vemos a Dios como el primer trasgresor de la Ley. Todas las escrituras están en contra de aquello que Dios hace. Maria, y con ella todos nosotros estamos confundidos, porque nuestros conceptos religiosos de pureza y de fidelidad han sido transgredidos. El plan de salvación es más importante que todos los criterios de castidad, fidelidad y monogamia. José es el fiel representante del cumplimiento de la Ley. Todas las escrituras están del lado de sus dudas y de sus escrúpulos. El plan de Dios de salvación y de su estar en medio de nosotros quiebra ese cumplimiento. María representa la nueva comunidad que sin entender comprende que hay una nueva forma de relacionarnos con Dios, una nueva escala de prioridades que exige que vayamos más allá de la ley que excluye para incorporarnos a una nueva obediencia que incluye, aún a la mujer que de acuerdo a los criterios sociales y religioso de ese momento, hubiera sido una excluida. María es la imagen de la mujer difamada, rota en su dignidad, y que en su increíble y terrible sí da comienzo a la comunidad de los rotos y rotas salvados por un nuevo amor. En la fe no hay modelos, los modelos se construyen al caminar.

Para la revisión de vida

En esta última semana de adviento, trato de hacer una revisión de mi vida sobre cómo me estoy preparando para vivir el nacimiento de Jesús.

  • ¿Qué implicaciones tiene para mí contemplar una vez más el misterio del Dios que se coloca en el último lugar?

Para la reunión de grupo

  • ¿Qué significa el anuncio de que Dios está en medio de nosotros y nosotras? ¿Qué sentido tiene la encarnación en el contexto de la epidemia del vih-sida?. ¿Cómo podemos anunciarle a las personas que viven con vih-sida que Dios está en medio de ellos y ellas?

Para la oración de los fieles

  • Por los cristianos y cristianas  de todas las confesiones, para que por encima de nuestros intereses de grupo, seamos capaces de transparentar en el mundo la presencia única y permanente de Dios. Oremos...
  • Para que nuestra vida personal y grupal sea fiel reflejo del amor del Dios manifestado en su Hijo. Oremos...
  • Para que esto en estos días de Navidad no olvidemos a los más necesitados y necesitadas de nuestras comunidades. Oremos...
  • Para que la Navidad deje en nosotros frutos de una conversión sincera y de una adhesión incondicional a los planes de Dios... Oremos...

Oración comunitaria

Señor bueno y misericordioso, cuando hacemos nuestra propia voluntad nos perdemos, se diluye el sentido de nuestra vida y arrastramos a muchos a la perdición; que al contemplar hoy a María y José obedientes a tu voluntad, sintamos también nosotros el placer y la necesidad de adherir a Ti nuestro ser y nuestra voluntad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Pastor Lisandro Orlov. Domingo 19 de Diciembre de 2004



[1] Obras de Martín Lutero. Volumen 6. Editorial La Aurora. Buenos aires. 1979. pág.380

[2] Idem

[3] Idem.