CICLO A. TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

EVANGELIO: Mateo 11, 2-11

Primera lectura: Isaías 35: 1-10
Salmo responsorial: 146: 4-9 o Lucas 1:47-55
Segunda lectura: Santiago 5-7-10


EVANGELIO Mateo 11, 2-11 

En  aquel tiempo, Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mando a dos de sus discípulos para preguntarle:¿Eres tú el que ha de venir o deberemos esperar a otro?". Jesús le respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!

Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Que fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Que fueron a ver entonces?¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. El es aquel de quién está escrito:

Yo envío a mi mensajero delante de ti,
para prepararte el camino.

Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.                           
El Evangelio del Señor.


CURACIÓN O LIBERACIÓN

El relato evangélico de hoy nos ubica en la perspectiva de la obediencia. Siempre es un riesgo desafiar a los poderosos y a los que ejercen el poder en forma autoritaria. Juan el Bautista en su coherencia nos habla desde la cárcel y desde esa perspectiva muchas veces tenemos que vivir nuestra fidelidad al Evangelio. Cuanto más sea nuestro compromiso con los procesos de liberación y de inclusión de todo ser humano, mayor es el riesgo de difamación, persecución, cárcel y muerte. En el contexto de la epidemia del vih-sida tenemos ya muchos mártires que dieron su vida por comunicar que eran personas viviendo con vih-sida. También entre aquellos y aquellas que trabajamos en la promoción de la dignidad humana en el contexto de la epidemia del sida ya tenemos una larga letanía de nombres de hombres y mujeres que ofrendaron su vida por la calidad de vida de otros y otras.

Mientras trabajamos en promover una sociedad y una iglesia más inclusiva, que es también un tiempo de adviento para todos nosotros, porque esperamos ser nosotros mismos instrumentos en manos de Dios para devolver a todas las personas su dignidad, libertad, y reconciliar la justicia con la misericordia. En el contexto de la epidemia del vih-sida somos agentes pastorales que anunciamos a todos y todas que se preparen ahora y aquí, rompiendo todo lazo de injusticia o exclusión y para unirnos en la construcción de una sociedad más fraterna.

Indudablemente nos podemos hacer las mismas preguntas y tener las mismas dudas que tenía Juan el Bautista. ¿Cómo va a utilizar Dios esta epidemia para establecer una mayor justicia, inclusividad y solidaridad en el mundo y en la iglesia?

Ante esas dudas Jesús responde con la coherencia. Remite a los hechos que confirman sus palabras. Hay unidad entre lo que anuncia y lo que hace. Es sumamente rica la descripción de Jesús de sus acciones: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres”.Esta  lista de enfermos (ciegos, paralíticos, leprosos, sordos y muertos) tiene importancia, no desde el punto de vista médico, sino desde el punto de vista de la exclusión. Todos ellos para la opinión religiosa  son excluidos porque son impuros litúrgicamente. Son grupos de riesgo porque, según su espiritualidad,  toda enfermedad es consecuencia de una situación de pecado. Aquello que Jesús cura son las relaciones humanas porque la mayor curación es integrarlos en el proyecto del Reino. El énfasis no está puesto en la curación física sino en la reconciliación social. En la expresión de los muertos resucitados es una metáfora para anunciar vida a aquellos que socialmente están excluidos. Nos viene a la memoria la expresión del Padre del hijo pródigo que le comunica al hermano que aquel que estaba muerto, es decir alejado, ahora está vivo. Esta es la vida, esta es la resurrección que anuncia Jesucristo.

Por otro lado en este anuncio de aquello que dice y hace Jesucristo, no encontramos ninguna palabra de juicio, condena o exclusión. El anuncio de las buenas nuevas a los pobres (otra categoría de excluido) está totalmente desprovista de cualquier insinuación de juicio. Es el pleno anuncio de una buena noticia. Aquellos grupos vulnerables socialmente que estaban lejos ahora son el objeto de la acción y la predicación de Jesús de una nueva sociedad construida sobre nuevas relaciones entre los seres humanos de justicia y solidaridad.  Tanto palabras como hechos son palabras y hechos de liberación y vida.

El gran desafío de nuestro tiempo, en los tiempos del vih-sida, es anunciar que Dios quiere devolver a su pueblo, a todo su pueblo, la vida y la libertad que los dueños de la verdad le han arrebatado. Dios no se ha encarnado ni habita entre nosotros para anunciar condena y juicio sino para invitarnos a ser adultos, responsables, para que coloquemos todas nuestras fuerzas en vivir en el amor de Dios, que es la fuerza transformadora de esta realidad. Muchos y muchas aún no saben que ese es el anuncio de este tiempo preparatorio. Basta de juicio, basta de condenas. Comencemos a construir la sociedad y la iglesia que quiere Dios, aquella que ya está en medio de nosotros. Unamos nuestras fuerzas y voluntades en anunciar que Dios está en medio de la epidemia del vih-sida anunciando reconciliación e inclusión. No quiere que nadie quede afuera por voluntad de otros y otras. Todos son invitados.

El Dios que se revela y habita en medio de nosotros en este tiempo del SIDA no es un Dios que viene a resolvernos mágicamente todos los problemas. Ese concepto del mesias que vendría a solucionar todos los problemas políticos y sociales del pueblo oprimido no es la imagen que asume y revela Jesús. Muy lejos de su pensamiento y acción está el pensar en una intervención mágica. Jesús nos invita a asumir nosotros mismos una transfiguración en nuestras vidas asumiendo actitudes de adultos. Estamos llamados a comprometernos en las soluciones. No queremos ser parte del problema. Queremos ser parte de la solución porque queremos ser responsables de nuestro destino en la perspectiva amorosa de la voluntad de Dios. Dios no quiere ser padre ni madre, esa es una concepción infantil y dependiente de Dios. El quiere ser esposo, compañero, acompañante, pareja en este caminar hacia el Reino. Es necesario recuperar ese vocabulario adulto que han utilizado los místicos cristianos a lo largo de la historia de la iglesia. Dios se hace esposo, pareja y  compañero. No quiere más tener una relación de dependencia. Ya no somos niños. En el evangelio somos adultos. No somos más siervos, somos amigos y amigas de Dios. Este adviento nos llama a asumir nuestra responsabilidad de ser instrumentos válidos de liberación. Dios no quiere excluidos ni estigmatizados ni marginados. No quiere grupos socialmente vulnerables. Dios quiere hombres y mujeres libres en dignidad y solidaridad.

En el anuncio de: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres”, tenemos las imágenes proféticas de la sociedad que estamos llamados a construir, no con artes mágicas sino con proyectos de liberación y responsabilidad adulta. Dios nos convoca a ser artesanos de nuestro propio destino y del destino de toda la humanidad.  Salgamos a contar a todas las personas que viven con vih-sida que la buena noticia a llegado y es para todos ellos y ellas incondicionalmente.

Para la reunión de grupo

Leamos detenidamente el evangelio de hoy e intentemos pensar quienes son hoy los ciegos, sordos, impedidos, muertos... ¿Qué le vamos a anunciar a esos grupos socialmente vulnerables en este tiempo de adviento? ¿dónde encontramos signos de liberación?

Para la oración de los fieles

  • Por los que viven sin esperanza o en tristeza por su situación de exclusión, para que la venida de Cristo Salvador los llene de esperanza, fortaleza y de alegría. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros grupos y comunidades, para que a pesar de las dificultades e injusticias que enfrentamos cada día, seamos capaces de sembrar esperanza y promover con entusiasmo evangélico  un mundo y una iglesia mejor. Roguemos al Señor.
  • Por los que hemos sido llamados a trabajar de manera directa en el anuncio del Evangelio, para que el Jesús que predicamos sea el que realmente vivimos y seguimos. Roguemos al Señor.
  • Por todas las iglesias que confiesan su fe en Jesús, para que más allá de los intereses de grupo sepamos poner todos nuestros esfuerzos a favor de la paz, la unidad y la fraternidad. Roguemos...

 Oración comunitaria

Dios bueno, al acercarnos a la celebración de la fiesta entrañable de la Navidad te pedimos que acrecientes nuestra esperanza, para que nunca desistamos del esfuerzo por crear un mundo y una iglesia  en las  que el amor sea posible. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro, cuyo nacimiento nos aprestamos a celebrar. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 12 de Diciembre de 2004