Domingo  23 de noviembre de 2008.

Ciclo A. Trigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Cristo Rey

Evangelio: Mateo 25, 31-46

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Ezequiel 34, 11-16, 20-24

Salmo Responsorial: Salmo 95, 1-7a

Segunda Lectura:  Efesios 1, 15-23

 

 

 

EVANGELIO Mateo 25, 31-46

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando el Hijo de la humanidad venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,  y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos y benditas de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'. Las y los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos o hermanas, lo hicieron conmigo'. Luego dirá a las y los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos y malditas; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,  porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. Estos y estas, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos o hermanas, tampoco lo hicieron conmigo'. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna". El Evangelio del Señor.

 

VULNERABLE CON LAS Y LOS VULNERABLES

 

Durante las últimas semanas las lecturas del Evangelio nos han ayudado a elevar la mirada para contemplar con tranquilidad la meta hacia la cual nos lleva Aquel que es el camino, la verdad y la vida. La cruz es el punto omega que nos permite descubrir la verdadera realidad bajo la diversidad de realidades. Tenemos que tener cuidado de no elevar tanto la vista que perdamos la perspectiva y coloquemos las metas de la existencia en un hipotético más allá difícil de ubicar y con pocas consecuencias en la transformación del más acá. Este texto del Evangelio, que es preludio al relato de la pasión y la cruz tienen que ser un impedimento en la tentación de  escaparnos de la historia y nos ayude a colocarnos, desde la cruz,  en el centro mismo de la conflictiva realidad, por ahora con aspectos invisible pero que gime por la manifestación del Camino.

 

Sistemas equivocados de lecturas de las Escrituras, sin un diálogo positivo con todas las realidades, han conducido a diversas cegueras bíblicas, teológicas y pastorales. Las teólogas feministas nos han enseñado una relectura desde la sospecha de estos textos que nos pueden curar de nuestras múltiples cegueras. Al trabajar junto a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida, descubrimos que, no solo las mujeres han sido invisibilizadas en textos y relecturas, sino toda realidad que implique diversidad. Aún hoy no logramos ver y contemplar en las personas que viven con vih o con sida y que forman parte de grupos con estilos de vida diferentes, la presencia de Aquel que es fuente de todas las dignidades y de todas las diversidades. La presencia de las comunidades de fe en el contexto de la epidemia del vih es la oportunidad que tenemos para curar nuestras cegueras y poder encontrar las llaves que nos permitan comprender la acción evangelizadora que subyace debajo de todas las realidades.

 

El título de Hijo de la Humanidad nos ubica en una dimensión universal, inclusiva e integradora de todas y todos. Eso le concede a nuestra forma de pensar, actuar y acompañar a las personas que viven en situación de estigma y marginación, un imperativo y una dimensión de inclusividad radical. El Hijo de la Humanidad se solidariza, se hace uno, se invisibiliza en aquellos y aquellas que estamos llamados a visualizar, independiente de su disponibilidad subjetiva. La comunión y encarnación de las buenas nuevas del Cristo del Dios del Reino no admite condicionamientos. Basta que una persona este hambriento de todos los alimentos, sediento de todas las aguas, migrante de todos los países, sin techo en todas la ciudades, desnudo o desnuda en todos los sistemas de trata de personas, enfermo de todas las enfermedades, preso por todas las condenas, para saber que allí esta Aquel que se esconde y se revela en esas cruces y que lleva a la resurrección de una vida digna, a todas y todos los crucificados por cualquiera de los sistemas de opresión. No tengo el derecho ni la posibilidad evangélica de preguntar la disponibilidad íntima, personal y privada de los que tienen hambre, sed, migrante, desnudos, enfermos, privados de libertad, como una precondición  para limitar comunión y solidaridad. La comunión que nos enseña el paradigma y modela revelado por el Hijo de la Humanidad nos lleva a una comunión que es radicalmente inclusiva.

 

Este texto tiene que ser comprendido a la luz de una doble dimensión. La universalidad de la esperanza que nos abre la cruz de Jesús de Nazaret, como el signo de una comunión incondicional y escandalosa y a la luz del espíritu de las bienaventuranzas. 'Vengan, benditos y benditas de mi Padre, y reciban en herencia el Reino’. Las bienaventuranzas no son promesas para un futuro lejano sino que son afirmaciones de aquello que, bajo el reinado de Dios, sabemos con certeza que ocurre. La cruz nos compele a compartir esa certeza con todas y todos aquellos que tienen hambre y sed de justicia, que pacientemente van construyendo una nueva comunidad, que lloran por los sistemas que siempre desesperanza pero que saben que ahora son consolados y que todos y todas estamos convocados a  heredar esta tierra resucitada donde reina Dios.

 

La sorprendente respuesta de los benditos y benditas de Dios nos pone en claro que las obras de promoción social, de afirmación de todas las justicias y equidades se realizan gratuitamente y como consecuencia de un compromiso de fe que nos transforma a nosotros y nosotras mismas en agentes de esa tierra de libertad y justicia que estamos convocados a construir juntos y juntas. Nuestras obras de promoción social nunca son para negociar con Dios un lugarcito en el más allá ni en ninguna derecha sino que son consecuencia directa de un compromiso en la fe en busca de justicia, que nos lleva a transformar esta tierra en un espacio de hermanos y hermanas.

 

Los gestos de promoción y servicio social escapan en su dimensión total a nuestra comprensión. Se nos oculta que, junto, con y debajo de las personas en situación de opresión, estigma, marginación, encontramos al Cristo de todas las cruces. Es así como esos gestos de justicia y solidaridad adquieren una dimensión misteriosa y mística que escapa a nuestro conocimiento y especulación. Aquello que hacemos con los hermanos y hermanas pequeñas de Jesús de Nazaret se hace sin especulación, sin segundas intenciones, sin comerciar con Dios. Nace en forma espontánea y fuerte de fuente de la fe bautismal que nos transforma en hermanos y hermanas de todos los pequeños oprimidos, estigmatizados y marginados del mundo entero, sin aceptar fronteras ni rebaños.

 

Por supuesto que tenemos que tener mucho cuidado en no usurpar el lugar y la tarea del juez que separará a las ovejas de las cabras. Es sumamente peligroso pensar en esas derechas y en esas izquierdas que solamente se harán visibles al final de la historia y que por el momento es un secreto muy bien guardado en el pecho de Dios.

 

Las personas que escriben con la mano izquierda, los zurdos biológicos, conocen muy bien estas confusiones porque a lo largo de la historia de la iglesia han sufrido las consecuencias de una lectura literal de pasajes como este. Al ser la izquierda el lugar del mal y del demonio, se consideró a quienes escribían con la mano izquierda, servidores del diablo y en consecuencia se las y los quemo, sin ningún reparo mental ni espiritual de aquellos y aquellas que ciegamente leían las Escrituras de forma fundamentalista. Cuando la iglesia perdió poder y control social, se paso el tema al mundo médico. Se medicalizó la situación y se los consideró, ya no endemoniados y pecadores, sino que se los rotulo como enfermos. Hoy finalmente han sido liberados de ese estigma y se los acepta en igualdad de condición y dignidad como parte de la diversidad humana. Ese mismo proceso de estigma viven aún muchas personas por su orientación sexual a la cual ciegamente continuamos considerando pecado, delito y enfermedad a pesar de los aportes en otra dirección del mundo de las ciencias.

 

Nuestras acciones de promoción de justicia y dignidad no especulan con el ocupar un lugar a la derecha de Dios, pero si sabemos qué estilo de vida es el que anuncia y construye el Reino de Dios aquí y ahora. Nuestras acciones ya no son motivadas por el cumplimiento de mandamientos, leyes o reglamentos, sino que surgen de un compromiso con la justicia, la equidad, la promoción de dignidades que nos lleva a superar la justicia de escribas y doctores de leyes diversas. Hemos visto al Hijo de la Humanidad en el rostro de todas y todos los excluidos y por eso actuamos en consecuencia, sin esperar nada, sin querer ocupar ninguna derecha y sin esperar premio alguno. Simplemente por vivir un amor que siempre busca justicia y equidad, dignidad y derechos iguales para todos y todas. Ese compromiso es ya el Juicio Universal.

 

Para la revisión de vida

¿Podemos considerar que muchas veces y en muchas circunstancias en nuestra vida somos alternativamente ovejas y cabras en nuestra forma de vivir el discipulado? A menudo nuestras principales preocupaciones no son las de servir a quienes viven en situación de emergencia sino el sostener estructuras eclesiásticas que se sirven a si mismas.

 

 Para la reunión de grupo

Se dice en la teología latinoamericana que, al fin y al cabo, los pobres (el amor efectivo hacia ellos, la opción por su causa) son el «único sacramento universal e imprescindible para la salvación». Todos los demás sacramentos, no son ni tan universales, ni tampoco imprescindibles.

 

Es necesario mantener una posición crítica frente a esta fiesta de Cristo Rey porque la iglesia la instituyó con el objetivo de sostener a las decadentes monarquías absolutas. La reforma litúrgica la coloca al final del año de la iglesia como para darle un horizonte diferente y relacionarla con el reinado de Dios sobre la actualidad. ¿Podemos pensar en la celebración de un reinado fundamentado en la justicia y la misericordia, en la universalidad y la inclusión y que esos valores son absolutos que no estamos dispuestos a negociar?

 

Para la oración de las y los fieles

Rodeado por la nube de personas hambrientas, sedientas, privadas de libertad, nos reunimos para pedir por ellas y ellos y por nosotros y nosotras para que podamos contemplarnos unos a otros como hermanos y hermanas.

 

Se hace un breve silencio.

 

  • Hijo de la Humanidad, que te revelas siempre como el camino, la verdad y la vida que estamos llamados y llamadas a transitar, establece tu reinado sobre todas las naciones, en todos los sistemas y junto a todos los rebaños. Como ovejas de tu rebaño te pedimos que no te olvides nunca de las cabras, que tantos obstáculos colocan en nuestra peregrinación pero que también colocamos entre tus manos.
    ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
  • Gloria de todas las cruces, perdona nuestras cegueras teológicas y pastorales. Concédenos el milagro de ser coherentes con nuestro compromiso de bautismo y recibir como hermanos y hermanas a los extraños y diferentes que están a las puertas de nuestras comunidades. Transfórmanos en herramientas de tu sorprendente gracia y ayúdanos a no caer en la tentación de dividir tu rebaño prematuramente en ovejas y cabras.
    ¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
  • Pastor de todos los rebaños, envía tu Espíritu de universal inclusión sobre esta comunidad para que las puertas de nuestras mentes, corazones y vidas permanezcan abiertas tanto para ovejas como cabras porque sabemos y confesamos que solamente al final de la historia de tu reinado conoceremos como tú conoces.
    Porque Tú eres nuestro dios, y nosotros y nosotras el pueblo que Tú apacientas, las ovejas conducidas por tu mano.
  • Toda bendición y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor y poder te pertenecen ahora y siempre, por Aquel que es nuestro modelo y que es el Hijo de toda la Humanidad. Amén
    ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!

 

Oración comunitaria

Tú que eres el destino de todas las peregrinaciones y que quisiste fundar todas las cosas en tu amor universal a todos los Pueblos y todos los rebaños, y en tu comunicación respetuosa promueves todas las identidades... Haz que toda la Creación y la Humanidad, unidas por el Cuidado mutuo y el Diálogo, logre la plenitud del Amor hacia el que siempre le has estado atrayendo. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y rebaños desde siempre y para siempre. Amén.

 

Tú que eres Aquel que abre todas las puertas y creador de todos los motivos, que quieres que en nuestra vida nos veamos libres de toda esclavitud y que trabajemos para liberar a las y los oprimidos, haciendo así presente tu Reino entre nosotros y nosotras, te pedimos que guíes nuestros pasos para que construyamos un mundo en el que todos vivamos como hermanos y hermanas, como auténticos hijos e hijas tuyos, en paz, en justicia y en libertad. Por Jesucristo, que es la fuente que inspira todo lo correcto que hacemos. Amén

 

 Pastor de todos los Pueblos y de los diferentes rebaños, Tú que esperas a la Humanidad revestido de todos los nombres, por los caminos de todas las religiones; haznos comprender que Tú no quieres encomendarnos una evangelización que someta a los pueblos, ni que arranque culturas y religiosidades, sino un diálogo que promueva el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para todos y todas. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y en todos los rebaños desde siempre y para siempre. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Noviembre 2008