Domingo 30 de octubre de 2011
Ciclo A. Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario
Propio 26
20º Domingo después de Pentecostés
Evangelio: Mateo 23, 1-12
(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Miqueas 3, 5-12
Salmo Responsorial: Salmo 43
Segunda Lectura: 1ª Tesalonicense 2, 9-13

 

 

EVANGELIO
Mateo 23,1-12
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba )

En aquel tiempo Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos y discípulas: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos y hermanas. A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado". Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

REBELDE CON CAUSA

Aquel momento tan temido ha llegado. Cuando en el 2003 me comprometí a producir una reflexión semanal del evangelio de cada domingo en perspectiva y en el contexto de la epidemia del vih no tenía mucha idea donde me llevaría ese compromiso. En un primer momento entré en crisis con los diversos comentarios bíblicos porque me parecían demasiado alejados de las realidades que debía responder y con un cierto tufillo académico puramente teórico que no me ayudaban en la implementación de una acción pastoral. Poco a poco me fui independizando de esos comentarios y encontrando mis propias herramientas hermenéuticas y los énfasis que la misma epidemia me permitía descubrir en los evangelios.

Esas herramientas de comprensión del Evangelio me llevaron a entrar muchas veces en conflicto con los mismos evangelistas porque consideraba que en repetidas ocasiones tanto discípulos como autores de los relatos continuaban pensando de acuerdo a la metodología interpretativa antigua. Hoy entro en conflicto con Jesús de Nazaret.

Entiendo muy bien que el enfrentamiento de su escuela teológica entra cada vez más en crisis con aquellas escuelas teológicas que se pretenden ortodoxas. La oposición va aumentando y la cruz se aproxima a causa de esa construcción teológica que viene realizando Jesús de Nazaret y que quienes continúan apegado a una interpretación literal de las Escrituras van a considerar como una teología y una práctica blasfema.

Sabemos muy bien que esos fundamentalistas ocupan la cátedra de Moisés en la cual nunca Jesús de Nazaret se quiso sentar. Tenemos dos cátedras enfrentadas, la cátedra de la Ley y de las gracias. Ese enfrentamiento es irreconciliable y personalmente tampoco quiero sentarme en esa cátedra. Confundir esas cátedras sería un suicidio teológico y va contra toda mi identidad confesional.

Tampoco voy a seguir una sugerencia de cumplir con lo que ellos dicen porque ellos dicen justamente que el camino hacia Aquel que se encarnó para liberarnos de la tiranía de la Ley es justamente el cumplimiento de más de 600 mandamientos mayores y menores. No quiero escuchar ni una sola palabra de aquello que estos fundamentalistas dicen. No puedo.

Estos fundamentalistas, escribas y fariseos de aquel tiempo y de ahora, no son incoherentes. Justamente el problema es que hacen aquello que dicen. Muchas veces ciertos religiosos que en el púlpito hablan en contra de los métodos de control de la natalidad, en privado y en los confesionarios admiten, recomiendan o absuelven sin mayores problemas a quienes los emplean. Personalmente, aun cuando no me agrada esta incoherencia, aplaudo esa incoherencia. Pero estos fundamentalistas son honestos y viven lo que predican y justamente ese es el problema.

Indudablemente quiero sentarme en la cátedra de las gracias porque no quiero predicar ni poner en práctica las grandes cargas sobre las conciencias de nadie sino que quiero mostrar que quienes están cansados y fatigados vengan a esta cátedra y aquí descansaran de sus peregrinajes buscando una comunidad que los incluya. Eso es lo que quiero anunciar a todas las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih y el sida. Quiero sentarme en la cátedra en la que se sentó Jesús de Nazaret para poder anunciar, no las cargas pesadas que ni yo puedo llevar, para juntos celebrar que el camino hacia Aquel que nos hace comunión y comunidad pasa por la sola fe, la sola gracia en el solo Cristo del Dios del Reino de la justicia y la equidad.

Porque ellos predican pesadas cargas de conciencia y las pone sobre los hombros y las vidas de muchas personas que quedan atormentadas en sus vidas. Ellas y ellos mismos se someten a esas pesadas cargas. Hacen de la fe un espectáculo. Sus reuniones son realmente una teología de la prosperidad donde miden la eficacia del evangelio de acuerdo a la magnitud de los edificios de sus congregaciones, de la cantidad de automóviles estacionados los domingos frente a esos edificios, el monto de las ofrendas y el mucho dinero que disponen. Todo está hecho para que veamos ese espectáculo no de la fe en Aquel que se hace vulnerable para mostrarnos el camino del reino sino de los milagros que promete la teología de la prosperidad, milagros que por otra parte hasta la Difunta Correa, San Expedito o el Gauchito Gil también pueden realizar. Esas son las filacterias modernas y los flecos de los mantos que cuanto más grandes y largos muchos y muchas consideramos aún hoy como mejor. Tenemos extrañas formas de medir la eficacia, radicalidad y escándalo del Evangelio.

Realmente debo confesar que no quiero ni escuchar ni hacer aquello que hacen y predican los que se sientan en la cátedra de Moisés. No quiero tener esa coherencia. He roto con esa cátedra porque el mismo evangelio me ha dicho que tengo que cuidarme de la levadura de estos fundamentalistas. Ahora Jesús de Nazaret no puede pedirme que los escuche cuando ayer me pidió que me cuidara de la levadura de sus enseñanzas, de su metodología interpretativa y de sus acciones pastorales.

No quiero el proyecto de comunidad que estos fundamentalistas tienen en mente. No quiero una comunidad con puestos o asientos de primera y de última. Me costó comprender esta realidad. En mi anterior congregación cada domingo tenía el problema que gran parte de los miembros se sentaba al final del templo, seguramente porque tenían en mente esta recomendación. Me costaba mucho lograr que avanzaran un poco. No tenía idea como resolver el problema porque la estructura del edificio aparentemente no me permitía hacer muchos movimientos. Si quitaba el último banco otro banco venía a ocupar ese espacio. Si quitaba el primero otro banco venía a ocupar ese lugar. La estructura teológica con la cual se había concebido el espacio de comunidad no respondía a una nueva mirada teológica, hasta que comprendía que tenía que terminar con esos bancos de primera y los del final porque el Evangelio me pide una iglesia construida en forma circular, sin jerarquías, en equidad total, con una clara forma de mostrar el sacerdocio universal de todos los creyentes.

En el acompañamiento a personas con vih he aprendido muy bien el uso de los títulos. Como el simple hecho de que me llamaran “pastor” me ponía a salvo de que me consideraran como un igual y me protegía de las miradas extraños porque podía mostrar que estaba allí en una superior tarea de relación de ayuda. El simple título me ubicaba en una posición de una superioridad no deseada. Fue todo un aprendizaje y una tarea de conversión de renunciar al título de pastor y por ironía nunca he sido tan pastor como cuando me he despojado de él.

Cuando nos pide que no llamemos a nadie padre, es porque Jesús de Nazaret tiene en mente al padre de familia en la estructura patriarcal. Esta no es una recomendación de diplomacia doméstica sino que nos está pidiendo una ruptura con esos espacios de inequidad de género, de extrema violencia, donde los derechos de propiedad del padre de familia, en ese contexto, violaban todos los derechos de los demás miembros del grupo. Jesús nos pide que rompamos una radical ruptura con esas estructuras, al igual que nos pido romper con las estructuras de las comunidades que aún tienen tronos de primera y asientos de cuarta. Ambas recomendaciones van juntas. Una alimenta a la otra. Una nueva comunidad de fe sin jerarquías puede ser el modelo de la nueva familia de todas las equidades, donde ningún miembro queda fuera, ya sea por lecturas fundamentalistas de las escrituras, por diversidad de género, por consumo de drogas o por el ejercicio del trabajo sexual. Nadie queda fuera y todas y todos pueden encontrar otro espacio donde hay un Padre único y paradigmático que es pura equidad, misericordia y que viven en la fiesta eterna de la inclusividad. Ese es el único Santo Padre.

En esa estructura nueva, revolucionaria, sin dueños, sin propietarios, sin ortodoxos, sin doctores pero si con un Mesías que se hace diacono, servidor de todas las personas, de todas las identidades, de todos los géneros, de todos los pueblos. Es extraño como Jesús de Nazaret para describir su servicio, su diaconía, escoge una palabra sumamente descalificada en su contexto cultural y religioso. La diaconía era una tarea de esclavo o de mujeres, que para esa mentalidad era exactamente lo mismo. La diaconía cristiana en su radicalidad es un servicio despojado de toda pretensión de superioridad o de jerarquía, Es un abrir las ventanas de nuestras comunidades, de nuestras mentes y de nuestros corazones a la evangelización que Dios hace a través de los grupos y personas vulnerables a todos los códigos de pureza que muchos pretenden cargar sobre los hombros de los demás.

La diaconía, el servicio de promoción de derechos es nuestro camino de cruz, es el escandaloso comer con pecadores haciendo visible que nosotros y nosotras también lo somos. Es hacer que el extraño, extranjero y diferente del camino de Emaús rompa para nosotros el pan que nos permita ver al Cristo resucitado pero eternamente con las marcas de todos los estigmas en sus manos. Son justamente las manos de las y los estigmatizados que hoy deben romper para nosotros y nosotras el pan de la locura evangélica.
Para la oración de las y los fieles:
Tú nos revelas la verdadera y única cátedra de toda gracia, de misericordia y del amor que siempre busca justicia, ayúdanos a interceder por quienes nos hacen perder toda paciencia y por nosotros y nosotras para que renovemos una y otra vez la confianza en que el mañana en tu Reino todo será mejor.

Se hace un breve silencio.

Tú que eres tanto el creador de la luz como de las sombras, envía tu Espíritu para que guíe la contemplación de tu pueblo para que pueda juzgar desde la cátedra de tu gracia, y actuar de forma tal que rompamos los esquemas de aquellas comunidades con lugares de primera y lugares de última. Concédenos la fuerza de construir una comunidad centrada en tu presencia escondida y paradójica. Júzganos Señor, y defiende nuestra causa.

Tú que eres el único Padre de toda la creación, no permita que nuestras vanidades, ansias de poder y de manipular a nuestros hermanos y hermanas, sea un obstáculo en tu sueño de una gran familia humana donde el niño extiende su mano sin peligro y sin temor hacia el nido de las serpientes, donde el cordero y el lobo cantan juntos tus alabanzas, donde todas las identidades y orientaciones sexuales y todos y cada uno de los grupos y personas afectados por el estigma y la discriminación relacionados con el vih, encuentran su lugar de dignidad y respeto. Envíanos tu luz y tu verdad: que ellas nos encaminen y nos guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas.

Tú eres el único maestro y el único dueño de esta realidad. Transforma nuestra contemplación para que guiados por la loca sabiduría del tu evangelio encontremos los caminos que llevan a la paz entre todos los pueblos, la reconciliación en entre todas las personas y una siempre renovada comprensión de tu mensaje. No permitas que lo transformemos en un espectáculo, ayúdanos a encontrarte al despojarnos de todo poder y vivir en plenitud la comunión a la cual nos llamas junto a quienes aún hoy estigmatizamos. Llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida.

Cura con tus manos estigmatizadas nuestros miedos que nos impiden vivir la radicalidad de tu evangelio, que solo escuchemos la voz del único y verdadero pastor de todas tus ovejas en el arco iris de tus rebaños diversos, múltiples, diferentes, alternativos. Revélate una y otra vez en la presencia de quienes pretendemos servir para que nos dejemos con humildad ser convertidos por todos los extraños, extranjeros y diferentes que nos invitan a caminar a su lado para enfrentar los poderes que se oponen a la cruz de la equidad en justicia. ¿Por qué te deprimes alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y nosotros y nosotras volveremos a darle gracias, a él, que es nuestro salvador y nuestro Dios.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Hacemos memoria de quienes han sufrido nuestras hogueras, intolerancia y nuestros códigos de pureza. Enjuga las lágrimas de sus ojos, ayúdales a superar sus dolores y resentimientos y que su presencia en medio de nuestras comunidades nos conduzca a cada uno de nosotros y nosotras a una permanente y dinámica conversión. Envíanos tu luz y tu verdad: que ellas nos encaminen y nos guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Octubre 2011