CICLO A. SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

EVANGELIO : Mateo 3: 3-12

Primera lectura: Isaías 11: 1-10
Salmo responsorial: 72: 1-7. 18-19
Segunda lectura: Romanos 15: 4-13


EVANGELIO Según San Mateo 3: 1-12

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea :”Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo :

Una voz grita en el desierto :
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos
.

Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iban a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham” . Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles : el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mi es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible”.                            


AGENTES DE LA VIDA

Las multitudes siempre tienen motivaciones muy diversas para movilizarse. Esta realidad la podemos constatar en cuanto congreso, simposio o foro que se realiza a nivel nacional o internacional de aquellas organizaciones y personas que trabajan en el tema vih-sida. No todo el mundo tiene los mismos objetivos, ni la misma visión y las mismas expectativas. Esas multitudes se parecen mucho a las que acudían a escuchar en el desierto el mensaje profético de Juan el Bautista.

En este tiempo de espera y de construcción de esa espera, al igual que el tiempo de adviento, que es un tiempo de preparación, aquellos que trabajamos en el vih-sida también estamos esperando y al esperar preparamos un tiempo nuevo donde realmente se haga realidad que Dios está en medio de nosotros y nosotras. El tema principal es tener claro y discernir aquello que estamos esperando y construyendo.

Como grupos con un compromiso cristiano tenemos una terrible responsabilidad. Al igual que Juan el Bautista, nuestro grave problema es como predicarle a los que ya están convertidos.  En general los cristianos que trabajamos en el acompañamiento de las personas que viven con vih-sida y de los grupos socialmente vulnerables no tenemos ningún problema de relacionarnos con ellos y ellas. El problema surge de aquellos que tenemos más cerca, de aquellos y aquellas que forman parte de nuestro círculo más estrecho de afectos y relaciones institucionales. El vih-sida nos coloca en la grave responsabilidad de predicarles a aquellos que se sienten dueños del Evangelio y que están en las puertas de nuestras iglesias e instituciones calificando personas, juzgando conductas y enjuiciando vidas.

Indudablemente Jesús y su predicación han transformado en definitivamente anticuada la predicación de Juan el Bautista.  Su estilo y contenido no pueden ser hoy nuestros modelos. Lamentablemente muchos predicadores televisivos o radiales, y aún aquellos que escuchamos en nuestras iglesias cada domingo, se parecen más a Juan el Bautista que a Jesucristo mismo. Pareciera que nuestras comunidades aún no se han dado cuenta de la nueva imagen de Dios que anuncia el Evangelio.

La vieja predicación de Juan fundada en la esperanza del pueblo de Israel se fundamentaba en que el reino llegaría a través de su conversión y esfuerzo personal. Jesús anuncia que ese reino irrumpe no por nuestros esfuerzos ni transformaciones sino por una decisión gratuita y generosa de Dios. La voluntad de Dios es hacerse uno con todos nosotros y nosotras para hacer de nosotros instrumentos que restablezcan la justicia y la paz de la creación original. En el pensamiento de Juan la conversión es condición del Reino. En Jesús la conversión es consecuencia de la iniciativa de Dios y del si que le damos al proyecto nuevo de Dios. Esto tiene inmensa consecuencia en nuestra forma de relacionarnos con todas las personas que viven con vih-sida y con el diálogo con todos los grupos socialmente vulnerables.

Al igual que en nuestras conferencias internacionales, al llamado de Juan acuden diversos partidos (saduceos y fariseos), todos deseosos de disputarse espacios de poder y prestigio. No los lleva al desierto o a los espacios del foro de organizaciones de la sociedad civil, el deseo de servir sino la ambición de servirse e instrumentar para si a otros y otras. Juan el Bautista nos llama a la sinceridad. Quizás hoy más que nunca debamos rescatar ese aspecto de la predicación del último profeta: seamos sinceros en nuestras motivaciones al trabajar en el vih-sida.

No todos estamos preocupados principalmente por el estigma y la marginación a la que son sometidas todas las personas que viven con vih-sida. Intereses farmacéuticos o prestigio académicos se adelantan en las consideraciones  o motivaciones para actuar. De acuerdo a esas motivaciones serán los frutos.

El gran anuncio de todo este tiempo de adviento es la proximidad de Dios con nuestro caminar y  la convicción de que el Reino de Dios está cerca. Esa certeza de que el Reino de Dios está cerca y que ya está en medio de nosotros es la fuerza que transforma nuestras vidas. Como ciudadanos y ciudadanas de este espacio político diferente, alternativo que es el Reino, exige de cada uno de nosotros y nosotras frutos nuevos. En el contexto del vih-sida anunciar que Dios está con nosotros y que su Reino está cercano sobrepasa aún las expectativas de nuevos medicamentos o una vacuna contra el vih-sida. La verdadera transformación y cambio no vendrá solo con medicamentos y vacunas sino con un cambio en la forma de establecer las relaciones humanas. Ser ciudadanos y ciudadanas del Reino exige que nos miremos como hermanos y hermanas. Ya no habrá grupos socialmente vulnerables porque todos seremos incondicionalmente uno. Todo arrepentimiento y conversión se realiza cuando nos miramos en el espejo del Reino y en su propuesta de nuevas formas de relaciones humanas fundadas en el respeto por la dignidad inextinguible de todos y todas.

Predicar el reino de Dios en el Desierto significa romper con los compromiso de poder que relativizan la dignidad de las personas y las hacen instrumentos en lugar de sujetos. Igualmente ocurre con nuestras tareas de servicio en la crisis del sida. Muchas veces aquellos que acompañamos son utilizados por nosotros como instrumentos, como objetos y no como sujetos de renovadas formas de amar, servir y acompañar. El desierto, las vestimentas, la comida de Juan el Bautista significan el llamado a una ruptura total con los centros de poder para vivir en libertad y sin compromisos el anuncio de una sociedad y de una iglesia realmente inclusivas.

Para la revisión de vida

Juan nos prepara para definirnos frente a Jesús y en nuestra forma de trabajar en la crisis del vih-sida. Esta definición implica un cambio en nuestra vida, ¿qué es lo que debo cambiar? ¿Es recto o torcido el camino por donde avanzo? ¿Por qué?

Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos, ¿cómo me comporto yo al asumir la responsabilidad de agente de la vida en el ambiente en que vivo? ¿hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje de solidaridad con las personas que viven con vih-sida?

Para la reunión de grupo

Iluminemos con este Evangelio la realidad que vive nuestra organización y pensemos qué acciones podemos emprender para que se vaya dando ese ideal de armonía entre hombres y mujeres de diferentes grupos y el resto de la creación.

Para la oración de los fieles

  • Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.
  • Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.
  • Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que mientras esperamos la venida de nuestro salvador realicemos obras de amor, justicia y fraternidad.
  • Por todos nosotros y nosotras para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús en el contexto de la epidemia del vih-sida.

Oración comunitaria

Dios Eterno que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor incondicional y a la reconciliación; aleja de nosotros y nosotras toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción del “otro mundo” posible que tú nos propone ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano y maestro nuestro. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 5 de Diciembre de 2004