Domingo 12 de octubre de 2008.

Ciclo A. VIGESIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Mateo 22, 1-14

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 25, 1-9

Salmo Responsorial: Salmo 23

Segunda Lectura: Filipenses 4, 1-9


EVANGELIO Mateo 22, 1-14

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos". El Evangelio del Señor.

 

EL BANQUETE DE LOS BUENOS, FEOS, MALOS Y SUCIOS.

Para realmente comprender esta parábola de Jesús de Nazaret tenemos que recordar que está dirigida a quienes le critican sus buenas noticias predicada a los pobres y los excluidos del sistema teológico imperante. No está destinada a la comunidad de los discípulos y discípulas. Estamos ante un relato polémico.

Esta parábola ha sufrido muchísimas modificaciones desde su relato inicial. Han intervenido muchas manos que le fueron dando diversos contenidos y modificando los destinatarios. Esos cambios nos muestran que esta narración era un escándalo tanto para los adversarios hermenéuticos de Jesús de Nazaret como para las primeras comunidades cristianas.

Jesús de Nazaret les habla a sus adversarios, a los que por razones teológicas y de una lectura fundamentalista de las Escrituras se oponen y se escandalizan por sus comidas con pecadores y pecadoras. Este relato está dirigido a las y los que se oponen a la inclusividad de las buenas noticias y la radical inclusividad del Reino. Reino que no se parece por suerte a este rey sino que es semejante a la comida con los invitados de la segunda lista y del último momento. Allí está el núcleo duro del mensaje y hacia donde tenemos que dirigir nuestros ojos y nuestro corazón. En esas invitaciones de malos y buenos consiste el escándalo de entonces y de ahora.

La fundamentación de esta segunda lista de invitados, con las cuales estamos trabajando aquellos y aquellas que nos hemos metidos de lleno en la promoción de derechos y el acompañamiento a las personas que viven con vih o con sida, muestra que aquellos de la primera lista se excluyen a sí mismos al negarse a seguir el rumbo de la historia de la salvación. El rey envía varios grupos de mensajeros, que podemos pensar como que el primer grupo representa a los profetas con su reclamo permanente de justicia social. El segundo es figura de los apóstoles y misioneros de la misma comunidad cristiana que anuncian la buena nueva a los oprimidos y estigmatizados. Todos ellos fueron rechazados y martirizados por quienes quieren monopolizar el dominio del espacio en el que se celebra el banquete al cual todos y todas somos invitados. Este texto entra en debate franco y fuerte con quienes no tuvieron en cuenta la dimensión de la invitación. Al rechazar la presencia de muchos de los invitados del rey, ellos mismos se colocaron fuera de la historia de la salvación. Aún hoy, cuando algunos líderes de nuestras comunidades, por diversas razones y con diferentes argumentaciones bíblicas o teológicas, rechazan a las personas o grupos vulnerables al vih o al sida, también se colocan fuera de la historia de la salvación.

Es importante destacar que el rechazo a las sucesivas invitaciones, no se debe a un destino predestinado, sino a un resultado voluntario de una forma estrecha de entender esta invitación, la dimensión del banquete, la naturaleza de la mesa y la eucaristía de Dios. La exclusión o la inclusión de buenos y malos en nuestras propias mesas en la actualidad también definen la autenticidad o la falsedad de la celebración de nuestras eucaristías. Basta con que una o uno solo de aquellos que consideramos “malos, feos y sucios” quede fuera de nuestras mesas, para que esas mesas pierdan legitimidad además de perder la inclusividad del Reino.

Aquellos y aquellas que somos portadores de una invitación inclusiva al banquete de las bodas del Cordero inmolado por la justicia y la equidad, no podemos esperar ser tratados mejores de lo que fueron tratados otros mensajeros que llevaron la invitación a participar de un Reino para todos y todas. Santa Teresa de Jesús, debatiendo con Dios, decía: “Señor, si tratas así a tus amigos y amigas, ¡con razón tienes tan pocos! Esta realidad en lugar de desalentarnos, estoy seguro que nos debe fortalecer. Quienes, desde el contexto revelado por la epidemia del vih y sida, queremos tener la libertad de una relectura bíblica más próxima a la tradición de Jesús, una comprensión de nuestra identidad confesional renovada y en consecuencia una práctica pastoral realmente profética, también recibiremos las piedras de la murmuración y la sospecha.

Considero importante omitir aquí la reacción de ese rey ante la negativa de los invitados de la primera lista. Me es difícil pensar en que esa reacción pueda ser la del Dios que me revela Jesús de Nazaret. Solamente puedo consolarme explicando que detrás de esa destrucción e incendio de la ciudad en que vivían los invitados de la primera lista pueda haber una referencia histórica de la caída de Jerusalén en el año 70 de la era común. Pero deja de intranquilizarme. Lo tomo como una licencia literario del evangelista pero que no refleja la buena nueva que creo firmemente estamos llamados a proclamar quienes hemos sido bautizados y bautizadas en el nombre de Jesús, el Cristo.

Saltando la indignación del rey, me encuentro nuevamente con la buena noticia y el mandato dado a sus diáconos. El banquete de comunión reúne a todos aquellos y aquellas que han sido abandonados en las encrucijadas de todos los caminos de la vida. Posiblemente los refugiados de la ciudad destruida. Es llamativo que estos mensajeros no pueden ni tienen derecho a ser selectivos. Esa tarea solamente le pertenece a Dios, por ello quienes quieran seleccionar, clasificar y rotular a las y los invitados al banquete del Cordero están, como personas o como institución, usurpando un derecho exclusivo y nunca delegado de Dios. En nuestra tarea de acompañamiento a las personas y grupos vulnerables al vih y al sida estamos llamados a llenar la sala nupcial con buenos y malos, con buenas y malas. Esa realidad esa clasificación nos es totalmente desconocida. Nosotros y nosotras como mensajeros no conocemos ni la bondad ni la maldad de las y los invitados y no estamos nominados para hacerlo. Solamente conocemos la gracia sorprendente de Dios. Esos es todo. Punto.

Como esa sala nupcial llena de convidados, buenos y malos, era un verdadero escándalo, no solamente para los adversarios de la buena noticia anunciada a los pobres y estigmatizados sino también para la misma comunidad cristiana, se le agregó como conclusión otra parábola que no parece no ser muy coherente con la línea que venía trayendo el relato. Por supuesto los comentaristas se han roto la cabeza para explicar esta frase y yo también me he sentido incomodo con esta conclusión. No es lógico que frente a una invitación incondicional, abierta y gratuita del Evangelio, ahora ese mismo rey quiera inspeccionar las vestimentas de quienes irrumpieron en la fiesta sin haberlo esperado. Los invitados de la segunda lista, a la cual todos y todas pertenecemos, al menos yo estoy seguro que pertenezco a esa lista de los malos y buenos, no podían estar preparados con ropas apropiadas para una boda de tal nivel. Respondieron tal y como estaban. ¿Qué ropas son estas que se exige ahora como condición para compartir la mesa de la boda?

Los protestantes dirán que esas vestimentas se refieren a la fe y los católicos romanos afirmaran que se relaciona con las buenas obras que deben acompañar como respuesta a una invitación tan inesperada. Aquí quizás debamos volver al comienzo de la primera parábola. Recordar el mensaje de los sucesivos envíos de profetas y apóstoles. Ellos pidieron una conversión y esa conversión tiene una dimensión que va más allá de lo privado y personal. Se nos pide actos proféticos de la justicia Aquí se impone una condición que le da al banquete eucarístico una nueva dimensión. Si bien estamos de acuerdo que la fe y las obras que nacen de la fe son los signos palpables de la conversión operada por la aceptación de la invitación, aquello que se nos exige, es un compromiso con la justicia, con todas las justicias. La mesa eucarística tiene siempre un componente esencial que acompaña y refleja la acción de la gracia de Dios. Ellas son el espacio para hacer realidad la justicia del Reino y todas las equidades. Muchos y muchas frente a esta exigencia del rey, que nos invita desde entonces, aún hoy permanecemos en silencio y mudos frente a esa necesidad de conversión a la justicia. Ese silencio frente a tantas injusticias nos llevará al espacio donde han de rechinar los dientes.

Muchos y muchas somos invitados incondicionalmente a este banquete de las bodas del Cordero, pero son muy pocos y pocas los que asumen el riesgo de tener una voz profética que se traduce en acciones proféticas que quieren vivir ahora y aquí de forma tal que podamos compartir la misma mesa con aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia confesando que en este tiempo serán saciados, porque no es una promesa sino una descripción de una realidad.

Para la revisión de vida

Tenemos una invitación con una segunda lista de invitados e invitadas para asistir al banquete de la fiesta de su Reino. Tenemos que preguntarnos ¿si nuestra vida personal y comunitaria es una invitación a esa celebración incondicional y escandalosamente inclusiva?

Para la reunión de grupo

La parábola de los invitados al banquete puede ser interpretada como significadora de nuestra propia vida invitada por Dios al banquete de la vida... ¿Consideramos que hemos sido invitados? ¿Se puede comparar la vida con un banquete? ¿En qué aspectos sí y en qué aspectos no? Si la vida humana no es la participación en un banquete, ¿no lo es por sí misma, o porque no dejamos que lo sea?

¿En qué Dios creemos, en el Dios de los castigos o en el que busca nuestro gozo y nuestra alegría, nuestra vida por encima y más allá de la muerte? ¿Creemos de verdad que Dios nos amenaza con el «llanto y el rechinar de dientes»? ¿Qué sentido podemos conceder hoy a expresiones como ésas?

Para la oración de las y los fieles

Aceptando tu generosa invitación al banquete del Cordero, y con acción de gracia, ponemos en oración las necesidades de todo el mundo, del Cuerpo de Cristo que vive en todas las culturas, y por todos aquellos y aquellas que claman por alcanzar las metas de tu Reino.

(Se hace un breve silencio:)

  • Comunión de pobres, oprimidos y estigmatizados, tú nos invitas a una celebración de todas las diversidades y todas las identidades que encontramos en todas las encrucijadas de los caminos de nuestras vidas y compromisos. Te pedimos por aquellos y aquellas que aún no han sido invitados a participar de tu banquete. Envía mensajeras y mensajeros valientes, atrevidos y creativos, para que tu sala se transforme en la verdadera y honesta asamblea de tu pueblo. Tú preparas ante mí una mesa y mi copa rebosa.
  • Imagen y vestimenta de todas y todos los que han sido despojados de dignidad y derechos, recibe en tu celebración a aquellos y aquellas que esperan escuchar la voz profética que anuncia reconciliación y paz, y la acción profética que sana toda división, estigma y exclusión con una invitación incondicional para que juntos y juntas construyamos una sociedad y una iglesia más justa y solidaria. Tú preparas ante mí una mesa y mi copa rebosa.
  • Pastor de todos los rebaños, bendice a tu pueblo con la conversión de mente, corazón y acción. Llévanos a los espacios prometidos de justicia y comunión y márcanos con tu Espíritu, tal como lo has hecho en nuestro bautismo, para que podamos escuchar tu permanente y continua invitación a ser parte viviente de tu rebaño, alimentado con tu pan de gracia y la sangre de la vida. Tú preparas ante mí una mesa y mi copa rebosa.

Oración comunitaria

Organizador de los banquetes de acción de gracia y justicia, fuente de toda bendición, tu generosa e inclusiva invitación nos convoca cada día a salir del antiguo régimen para vivir el gozo de la buena noticia anunciada a todos y todas, sin exclusiones, sin marginación. Por la acción profética de tu Espíritu, condúcenos a reconocer tu sorprendente gracia, a responder ahora a tu invitación con fe, servirte con obras de justicia. Te lo pedimos a través de Jesús de Nazaret, a quien confesamos el Cristo de tu Reino, ahora y siempre. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Octubre 2008

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