Domingo 28 de septiembre de 2008.

Ciclo A. VIGESIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Mateo 21, 23-32

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Ezequiel 18, 1-4, 25-32

Salmo Responsorial: Salmo 25, 1-9

Segunda Lectura: Filipenses 2, 1-13

 

 

 

EVANGELIO Mateo 21, 23-32

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?". Jesús les respondió: "Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. ¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?". Ellos se hacían este razonamiento: "Si respondemos: 'Del cielo', él nos dirá: 'Entonces, ¿por qué no creyeron en él?'. Y si decimos: 'De los seres humanos', debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta". Por eso respondieron a Jesús: "No sabemos". Él, por su parte, les respondió: "Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto".

"¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'. El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él. El Evangelio del Señor

 

ROMPER SILENCIOS Y ESPACIOS

 

El relato se ubica desde el comienzo en un  espacio hostil al anuncio de las buenas noticias a los pobres y estigmatizados. El templo es un espacio jerárquico que comprende cuatro patios para categorías diferentes de creyentes. Los arquitectos que diseñaron el templo respondía e interpretaban conceptos teológicos. Los cuatro patios del templo representan una forma de comprender las escrituras y de realizar una acción pastoral. En el primer espacio pueden entrar los extranjeros y los no creyentes. En el segundo era el espacio que, teológica y pastoralmente, se destinaba a las mujeres y a los eunucos, por ser estos varones imperfectos y también todas y todos los discapacitados, aún todos ellos y ellas cuando fueran respetuosos y amantes de la Ley.  El tercer espacio está destinado a los varones de acuerdo a una escala de valores machista y heterosexista. El cuarto, por supuesto, reservado al poder jerárquico de los sacerdotes. Anunciar en ese espacio la buena noticia de la plena equidad e igualdad entre todos los seres humanos ya era una revolución. Jesús de Nazaret no se queda callado en frente a sus opositores y rompe silencios y desafía a quienes cuestionan la autoridad de ese anuncio. El problema no lo tiene en el primero ni en el segundo patio. La dificultad aparece con los que disfrutan de una estructura jerárquica que promueve la exclusión y el estigma. Los que disfrutan de esa organización social son los sumos sacerdotes y líderes del pueblo. Son ellos los que cuestionan la nueva forma en que Dios manifiesta la modalidad con la que quiere relacionarse con todos los seres humanos.

 

Aquellos y aquellas que estamos comprometidos con una acción mundial que responda a esta crisis mundial del vih y del sida, conocemos muy bien este cuestionamiento. Frecuentemente se nos mira con sospecha o meramente con tolerancia, en nuestra forma de establecer alianzas y acciones de incidencia en políticas públicas con los grupos que desde una mirada teológica que clasifica y ubica a las personas de forma tal que muchos y muchas pueden ocupar el primer y segundo patio de los templos mentales que aún subsisten en nuestras estructuras comunitarias. Es allí donde debemos romper los silencios y estructuras, jerarquías y poderes.

 

Indudablemente Jesús de Nazaret ya no pretende convencer a sus opositores y se enfrenta abiertamente con los miembros del tercer y cuarto patio. Todas las acciones que realiza con relación al Templo y todos los anuncios relacionados con este espacio tienen que ver con la nueva comprensión de la organización del pueblo de Dios. El Evangelio contiene la buena noticia que anuncia que ya no existen estas jerarquías opresoras y marginadoras. Ahora ya no hay un templo con sucesivos patios jerárquicos sino un nuevo templo con un centro al cual miran todos los márgenes. El nuevo templo es un espacio teológico y es una persona. Este templo tiene una sola dimensión, un solo nivel y un solo centro al cual todos y todas tienen un directo y democrático acceso: sin obstáculos, sin escalones, sin desniveles, sin presbiterios y sin naves principales ni laterales. Todos y todas en un mismo plano bajo una única mirada.

 

Jesús de Nazaret con mucha astucia ya no quiere convencer a estos convertidos. Simplemente les muestra sus contradicciones y su peligrosa forma de comprender las Escrituras y la tradición. A la pregunta sobre con qué autoridad anuncia la buena noticia de la inclusión de los pobres, a los excluidos y las excluidas, simplemente responde con otra pregunta. Mantiene el misterio de la fuente de su autoridad,  y  a la vez revela la trampa a la cual su forma de clasificar a las personas les ha conducido.

 

Con esa introducción podemos entrar de lleno en la comprensión de la parábola de los dos hijos. Los destinatarios continúan siendo los dirigentes jerárquicos de la comunidad de fe. Esta hablando de las dos categorías en que ellos dividían a las personas: buenos y malos, puros e impuros, sanos y enfermos, superiores e inferiores, dignos e indignos. Conocemos muy bien esta forma de clasificar personas e identidades.

 

En esta parábola, Jesús de Nazaret, llama la atención de sus adversarios sobre aquel hijo que nunca se sintió cómodo con el sistema de la Ley  que imponía exigencias a las cuales muy pocos y pocas podían honestamente cumplir. Las metas propuestas por el sistema centrado en el anuncio de la Ley son siempre tan complicadas y tan difíciles de cumplir, que crean un sentimiento de fracaso y derrota.  Este hijo del primer no representa a quienes respondieron a ese sistema impuesto por la sola predicación de la Ley con un rotundo no. Pero luego al escuchar el mensaje de reconciliación de Jesús de Nazaret y su forma de actuar en consecuencia, se produce en ellos y ellas una conversión al sistema del anuncio de la gracia, de la buena noticias proclamada a los pobres, a los impuros, a los del primer y segundo patio del antiguo templo. Un hijo representa a los que se sienten excluidos  y excluidas del sistema de la Ley a cuya convocatoria le dicen que no. Honestamente saben que no tienen las fuerzas necesarias para poner en práctica todo aquello que la Ley exige. Saben muy bien que sin ayuda no podrán alcanzar esas metas tan altas.

 

 Luego al escuchar la buena noticia del sistema de la gracia y de la justificación por la fe que nos dice que Dios mismo viene en nuestra ayuda para poder poner en práctica y acción una nueva forma de relacionarse con Dios y con los seres humanos, surge un  claro si,  que incluye una nueva forma de pensar y actuar. Esta es la conversión que se nos pide, tanto entonces como ahora: salir del sistema opresivo y desesperante de la Ley para entrar en el sistema de la pura gracia que nos apoderamos por la sola fe en Cristo solo.

 

Aquel hermano que dice que si y luego no hace nada, representa a todos estos líderes de la comunidad  religiosa que pretenden cumplir y vivir bajo el sistema de la ley pero que en sus actos desmienten constantemente esos propósitos. Es con ellos y ellas que Jesús de Nazaret está discutiendo y debatiendo. Del dicho al hecho hay un largo trecho. Entre los objetivos y el yugo que colocan sobre los hombros de hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. Siempre es este un yugo pesado y odioso que solamente provoca desesperación si no va acompañado del anuncio de la gracia. Este sistema se contrapone al  yugo liviano y suave del Evangelio.

 

Estos dos hermanos, el del no y luego el si, y el del si y luego la nada,  simbolizan esos dos sistemas: el de la Ley sin Evangelio y el del Evangelio de la pura gracia. Nosotros y nosotras tenemos que tomar la decisión de discernir si nos ubicamos en uno u otro espacio. Al ubicarnos en el espacio del Evangelio, ya con ese simple gesto, estaremos denunciando y desafiando el sistema de aquellos que aún continúan mirando a Dios como el Juez implacable e insaciable de terribles venganzas, porque en el nuevo sistema tenemos un concepto de inclusión realmente escandaloso para ciertos criterios de pureza. Aún hoy nos resulta difícil  aceptar que los publicanos y que  las personas en situación de prostitución, que creen en el Evangelio, llegan antes al Reino de Dios que los convertidos del sistema jerárquico y legalista. Estamos invitados a vivir nuestra vida de fe en  el nuevo patio de un nuevo templo que nos llama a construir Jesús de Nazaret, al que confesamos como el Cristo del Dios del Reino. ¡Hermoso escándalo y desafiante realidad!

   

Para la revisión de vida

Los "dos hermanos" tan contrapuestos de la parábola de Jesús se dan en cada una de la vida de nuestras comunidades, de nuestros seminarios de teología. Tenemos la tentación de decir que si al sistema de la Ley porque nos pone a nosotros en el centro de la acción pero deja de lado la propuesta de Jesús de Nazaret.  No es fácil decirle que si al Evangelio porque su propuesta de un mundo sin clasificaciones y sin jerarquías nos quita el orgullo y la vanidad de sentirnos mejores y negativamente diferentes a otros y otras. No nos permite entrar en comunión con aquellas personas que consideramos en situación de diversas prostituciones.

 

Para la reunión de grupo

En esta parábola, no solamente tenemos que discernir la diferencia entre el decir y el hacer, sino en el comprender la intencionalidad con la cual actuamos. No son las acciones las que nos clasifican sino la intencionalidad de esas acciones. No basta hacer cosas buenas sino tener muy en claro el por qué las hacemos. Ese es un debate importante cuando trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida.

 

En esta parábola de los dos hermanos también aparece el tema de la conversión a la cual estamos todos y todas llamados. No es una conversión de los otros y otras, ni se trata de imponer una conversión a los del primer y segundo patio del templo del antiguo templo y de muchos sistemas actuales de comprender el Reino, sino en nuestra permanente y constante conversión al nuevo templo que celebra la sorprendente gracia de Dios.

 

Para la oración de las y los fieles

Con la plena confianza en la gracia y misericordia de Aquel que nos llama a la conversión cotidiana en su amor, oramos por todos aquellos y aquellas que aún gimen en los diferentes patios de los templos teológicos modernos para que la liberación de la gracia llegue hasta ellos y ellas.

 

(Se hace un breve silencio)

 

Oremos por nuestras comunidades de fe, por aquellos y aquellas que presiden la oración de las y los fieles, para que puedan proclamar con toda autoridad y valentía la buena noticia a todas las personas que los sistemas sociales y teológicos consideran impuros. Ninguno y ninguna que espera en ti tendrán que avergonzarse

 

Intercedamos por aquellas personas que cuidad de tu creación, que con sus ejemplos se han transformado en un paradigma para nuestro propio compromiso. Te damos gracias por sus vidas que son signos de dignidades y respetos en la diversidad y en la pluralidad, y que su ejemplo nos aliente a dar nuevos pasos en nuestras acciones junto a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. Muéstranos, Señor, tus caminos, enséñanos tus senderos.

 

Oremos por nosotras y nosotros mismos, para que podamos escuchar con nuestro corazón y nuestros oídos, las enseñanzas y desafíos de tu Evangelio y tener la fortaleza que nace de tu amor para ponerlas en prácticas, sin temer escándalos ni murmuraciones. Guíanos por el camino de tu fidelidad.

 

(Aquí es pueden incluir otras intercesiones)

 

Escúchanos, fuente de todo perdón, cuando clamamos a ti. Que tu gracia y misericordia nos concedan mayor confianza en tu proyecto, para que en todo momento y en todo espacio celebremos la llegada ahora y aquí de tu Reino de justicia e inclusión. Nos encomendamos entre las manos de Jesús, el Cristo del Reino, que nos ha prometido que siempre estará junto a aquellos y aquellas que en Él confían. Ahora y siempre. Amén.

 

 

Oración comunitaria

Amor que todo lo incluye, tu conoces nuestras debilidades y nuestras vulnerabilidades. Concédenos tu gracia para sobreponernos y desde nuestras heridas y estigmas poder curar de la misma forma en que tú nos has curado. Protégenos de todo sentimiento de superioridad que nos hace daño como comunidades y como personas. Guíanos por el camino del Evangelio para que todos y todas construyamos juntos y juntas tu Reino. Por tu Hijo, Jesús, el Cristo que anuncia y vive tu Reino. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Septiembre 2008