Ciclo A. Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 16, 21-28

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Jeremías 15, 15-21

Salmo Responsorial: Salmo 26, 1-8

Segunda Lectura: Romanos 12, 9-21

 

 


EVANGELIO
Mateo 16, 21-27
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba )

 

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los seres humanos".

 

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.  ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el ser humano a cambio de su vida?  Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino". El Evangelio del Señor.

SUFRIR POR SUFRIR


Al encontrarnos en el día de hoy con el Evangelio tenemos el peligro de una muy mala lectura y peor interpretación del texto y la intencionalidad de Cristo. Esta escena nos aleja profundamente de toda lectura triunfalista del mensaje de Jesús que vivió en Nazaret. Contrariamente a aquello que prometen muchos predicadores y predicadoras en la actualidad Jesús anuncia a sus discípulos, es decir, a nosotros y nosotras que debe sufrir en manos de todo el elenco de grupos poderosos: autoridades religiosas, intelectuales al servicio del imperio, y líderes políticos. Para Pedro esa final es no solamente no deseada sino completamente inesperada.

 

Al caminar junto a las personas que viven con vih y con sida, al reflexionar sobre el sentido de la epidemia, podemos caer en la tentación en que cayeron muchos hombres y mujeres dudosamente espirituales. El querer imitar el sufrimiento de Cristo pero no las causas de ese sufrimiento. La cruz no es algo prometido en forma caprichosa por un dios sumamente sádico. La cruz es coherente con una forma de pensar la vida, la sociedad y la existencia de cada persona.

 

A quienes se comprometen con la justicia, con un mundo más fraterno, más verdadero y más solidario, ten todos los tiempos y en todos los lugares los poderosos le han llevado hacia la cruz. Una espiritualidad tonta y boba que no se atreve a desafiar a “los senadores, sumos sacerdotes y letrados” esta más cerca de Pedro que de Jesús. Es ese tipo de espiritualidad que quiere cambiar algo a nivel individual y personal para que no cambie nada a nivel institucional y social. Indudablemente todos y todas somos desafiados cada día por el Evangelio, pero también sin duda hay algunos y algunas que son más desafiados. No son los artesanos, ni los campesinos ni los migrantes los que amenazan a Jesús en aquel tiempo y ahora. Los que desean una espiritualidad boba hay que buscarlos en otros niveles.

 

En nuestra tarea de asesoramiento a personas afectadas por la epidemia o que viven con el vih o con el sida aconsejamos siempre que es sumamente importante aceptarse a sí mismos como un camino de realización personal, de empoderamiento. Entonces tenemos que preguntarnos si este evangelio que llama a negarse a si mismo no va en contra de toda nuestra tarea. Hay muchos hermanas y hermanos espirituales que se gozan con esa negación. Estoy seguro que ese no es el sentido de estas palabras del Evangelio.

 

Negarse a si mismo es simplemente una expresión en el contexto cultural del oriente de aquel tiempo que significa: negarse a si mismo para vivir sirviendo a otros y otras. Es simplemente una forma de decir que no debemos ser egoístas. Es muy posible que aquellos y aquellas que estamos trabajando en el asesoramiento y el acompañamiento de personas que viven con vih y con sida estamos haciendo justamente eso: servir con generosidad y permitir que nos sirvan con generosidad. No tiene nada que ver con un gratuito rechazo de nuestra identidad, de nuestra forma ser en cuanto tal sino un rechazo de formas de vivir egoístas y centradas en un mismo, como si uno fuera el ombligo del mundo.

 

En este contexto se nos invita a cargar con la cruz, frase que también se ha mal comprendido en la teología como en la espiritualidad. No es una invitación a sufrir por sufrir, tampoco es una invitación a buscar problemas por los problemas. Tampoco es una invitación al martirio. Dios quiere nuestra felicidad y nuestra plenitud. Nada de resignación ante la injusticia y la opresión. Esta es una gozosa invitación a desafiar a aquellos que como consecuencia de nuestro compromiso generoso con las personas estigmatizadas, marginadas y excluidas también estigmatizan, marginan y excluyen a todos y todas porque queramos o no, subvertimos el orden establecido por los poderosos. Esa es la esencia del evangelio. Cambiar los valores con los que se valoran a las personas y las cosas.

 

La cruz siempre es consecuencia de un compromiso de vida para que haya más libertad, verdad y bienestar para todos y todas.

 

Jesús no invita hoy a seguirle no a imitarle. No pretende tanto de nosotros porque conoce nuestra debilidad y nuestra pobreza. Simplemente quiere que le sigamos en ese vivir abiertos hacia los demás. Quiere que amemos el proyecto del Reino de tal forma que estemos dispuestos a sacrificarnos al extremo para desafiar este sistema que globaliza la explotación y la injusticia pero nunca los beneficios de un trabajo comunitario.

 

El cristianismo es la religión de la cruz porque la cruz trae al centro de la comunidad cristiana todo aquello que le es extraño.  Y esto no es un romanticismo barato. Cuanto samaritano anda por los caminos de la vida, toda viuda que se acerca al centro del poder religioso, toda trabajadora sexual que se atreve a tocar a Jesús son bienvenidos en esta nueva comunidad que por ellos y ellas está dispuesto a correr el riesgo de la cruz. Cuando miramos la cruz desde la perspectiva de los grupos vulnerables al vih y al sida en el mundo entero, la cruz adquiere otra dimensión y otro significado. En este diálogo con los grupos estigmatizados y que el vih y el sida han puesto de manifiesto, la cruz adquiere sentido y estamos dispuesto a llegar hasta ese límite con tal de que nuestra sociedad (los senadores), nuestras comunidades cristianas (los sumos sacerdotes) y aún los líderes de muchas organizaciones de la sociedad civil (los letrados) puedan abrir sus puertas en forma incondicional para recibirles a todos ellos y ellas sin preguntas ni recriminaciones. Simplemente recibirles.

 

Romper el silencio en la crisis del sida frente a tantos temas tabú con los cuales aún convivimos y con tantos prejuicios es una forma concreta de asumir el riesgo de la cruz. Ser fieles a Jesús tiene consecuencias, que no siempre es el éxito y el triunfo, de acuerdo a parámetros sociales.

 

Quien quiere seguir a Jesús hoy debe romper el silencio que nos hace cómplices de sistemas opresivos, tanto dentro como fuera de nuestras comunidades cristianas. No sigamos sosteniendo estructuras injustas. Unamos nuestras manos en el seguimiento de la cruz y unámoslas hasta la cruz.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

 

Para la revisión de vida

Cuantos Pedros tratan de disuadirnos de nuestro compromiso con las personas que viven con vih y con sida? ¿Cuántas personas cercanas y queridas tienen miedo de la cruz que puede representar ese compromiso y ese camino?. Jesús desestima las palabras prudentes y sabias de Pedro: ¿qué haremos nosotros y nosotras?

 

Para la reunión de grupo

¿Cómo vivir en nuestras comunidades aferradas a tradiciones y dogmas al anuncio de que “aquellos que quieren salvar su vida la perderán...? Esa es la paradoja evangélica. Solo aquellos y aquellas que están dispuestos a perder sus vidas en la solidaridad, en el trabajo por la paz y por la reconciliación de todos y todas podran realmente encontrar la vida.

 

Para la oración de las y  los fieles

Para que guíe a la Iglesia en su misión de anunciar la Buena Noticia a todos los pueblos, a todos los grupos vulnerables al vih y al sida y a cada una de las personas estigmatizadas y excluidas de nuestras iglesias y de nuestra sociedad. Oremos.

Para que sostenga a las comunidades y a las personas perseguidas por su defensa de los derechos de los pobres y los excluidos. Oremos.

Para que dé ilusión a los abatidos y abatidas, de esperanza a los que han experimentado el fracaso y ánimo a los defraudados de la vida. Oremos.

Para que los gobernantes busquen el bien de los pueblos, la justicia y la paz universales por encima de sus intereses partidistas y nacionalistas. Oremos.

Para que nuestra esperanza en la resurrección sea siempre más fuerte que nuestro miedo a la muerte. Oremos.

Para que tengamos siempre presente que sólo «gana la vida» quien «la gasta» en el servicio al prójimo. Oremos.

 

Oración comunitaria

Oh Dios, Amor eterno, que has engendrado a todos los seres y los envuelves en tu ternura materna. Acrecienta en nosotros una actitud de confianza radical en la bondad de la Vida y de la Existencia , para que seamos también creadores de Vida por Amor. Que vives y reinas, y amas y llamas al Amor, por los siglos de los siglos.

 

Dios, Padre nuestro, llena nuestros corazones de amor a tu voluntad y de una confianza plena en Ti, para que así seamos valientes testigos de la Buena Noticia del Reino en el mundo, como discípulos y discípulas de tu Hijo no sólo de palabra sino con las obras. Por Jesucristo.