Domingo 24 de Agosto 2008

Ciclo A. Vigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 16, 13-20

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 51, 1-6

Salmo Responsorial: Salmo 138

Segunda Lectura: Romanos 12, 1-8

 

 

EVANGELIO

Mateo 16. 13-20

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»  Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»  Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.  El Evangelio del Señor.

 

YO TE NOMBRO, libertad.

 

La forma en que las y los otros nos nombran y las palabras que nos designan tiene una profunda significación sobre nuestra propia identidad. Las palabras no son neutras. Tienen un profundo contenido revelador de capas profundas de pensamiento, sentimientos y actitudes. La forma en que se nos designa no es un tema neutro. La identidad y el reconocimiento de dignidad y ubicación en el panorama social son fuertemente influidos en la forma en que otros y otras nos nombran y designan. Las personas y los grupos que viven con vih y aquellos y aquellas que estamos comprometidos en promoción de derechos y dignidades sabemos muy bien las consecuencias de las palabras que forman el sustrato sobre el cual, muchas veces, se construyen estigmas y prejuicios.

 

En la actualidad esas personas y esos grupos que viven en situación de vulnerabilidad a la epidemia del vih también se hacen la misma pregunta: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». En ese proceso hemos podido contemplar como esas personas y esos grupos ya no permiten que los demás les designen y se han apoderado de las palabras, de los rótulos, de las etiquetas y de las ideologías que esas palabras transmiten. Esos grupos vulnerables al estigma y al prejuicio que culmina con exclusiones diversas, deciden la forma en que quieren ser nombrados. Ya no permiten que otros y otras hablen por ellos y ellas. En su decisión de nombrarse a si mismos también han roto con los silencios impuestos por lo que tienen diversos poderes. Los márgenes han comenzado a decir claramente quiénes son y que quieren. No delegan en nadie la palabra ni permiten que otros y otras los etiqueten o hablen por ellos y ellas.

 

Es interesante como la comprensión que tienen otros y otras de una persona tiene perspectivas diversas. Nuestras identidades no son monocolor, unívoca, homogénea. Pera nosotros y para los demás nuestra identidad tiene diversidad de posibilidades y matices. No se agota en una frase, en una palabra, en un nombre, en un acrónimo, o en un rótulo  Las etiquetas y las palabras nunca limitan la riqueza de la identidad de una persona, de una vida, de una existencia.

 

Es significativa de esa riqueza de miradas, la simbología que en la religiosidad popular tenían las tres figuras que evoca la acción y la palabra de Jesús de Nazaret. Juan el Bautista que paga con su vida su fidelidad a la denuncia profética, es comprendido como un preanuncio de la sombra de cruz. Elías, que como figura apocalíptica de los últimos tiempos es un signo de esperanza y de acción divina en situaciones críticas en que la cruz se hace presente y realidad. Es importante recordar que la literatura apocalíptica no tiene como objetivo aterrorizar sino que, muy por el contrario, busca con todos sus símbolos mostrar la presencia y solidaridad de Dios en situaciones de calamidad. El nombre de Jeremías nos sorprende porque no forma parte del elenco estable de las figuras que se consideraban como precursoras de tiempos mejores, pero si coloca la  comprensión de Jesús de Nazaret en la perspectiva de la cruz porque Jeremías es el símbolo del profeta perseguido y ultrajado por su fidelidad al proyecto del Reino.  Estas tres figuras muestran la riqueza de toda identidad y de toda acción que promueve justicia  y establece desafiantes propuestas de políticas públicas.

 

Así como las palabras no son neutras, tampoco lo son los espacios geográficos. Esta escena del evangelio ocurre en un espacio político que adquiere una significación teológica. Evidentemente hay aquí una estrategia.  La región de Cesarea de Filipo es un área heterogénea desde el punto de vista religioso y político. Esta zona está alejada de toda agitación nacionalista y limitada a pueblos, personas o culturas. Esta confesión se enmarca en un espacio abierto a lo universal y a los márgenes de la comunidad política y de fe. Este espacio es parte de la confesión. Al igual que muchas de nuestras afirmaciones centrales de fe adquieren una dimensión impensada, revolucionaria, escandalosa cuando las proclamamos y vivimos en medios de las personas vulnerables al estigma y al prejuicio asociado al vih. ¿Qué puede pensar y cómo puede vivir el anuncio de la justificación por la fe sola en solo Cristo de la sola gracia un usuario de droga en plena carrera, una trabajadora sexual esperando su cliente en las esquinas de nuestras ciudades, un hombre que ama a otro hombre? ¿Qué dicen las personas y los grupos vulnerables al vih de Jesús de Nazaret? ¿Cómo lo ven a través de la imagen y la proclamación que las comunidades de fe hacen del Evangelio?

 

La confesión de Pedro, sobre la cual se ha de construir la comunidad de Jesús de Nazaret, nombra al Dios vivo que proclama que el mañana será mejor si comenzamos hoy una etapa de transformación, justicia y amor. El Hijo del Dios vivo, no es solo promesa de un futuro mejor sino un desafío y un escándalo para este presente de sombras y pocos gozos. Jesús de Nazaret es a la vez revelación de un futuro en el cual se cumplirá la voluntad de Dios pero también de una acción presente que en la fe busca la justicia del amor incondicional e inclusivo. Se nos hace una pregunta que busca, no definiciones dogmáticas, sino acciones transformadoras del presente para que el futuro sea posible.

 

Pedro, aquel que se opondrá al camino de la cruz y que le negará tres veces, en esta proclamación se asume como confesor que corre todos los riesgos de esa confesión. ¡Qué desafío es para nosotros y nosotras recuperar el riesgo y el escándalo de nuestras confesiones de fe! Pedro en tanto que confesor arriesgado se transforma en la piedra sobre la cual se construye la iglesia. Nuestro llamado y vocación  también es para ser una iglesia confesante en contextos de riesgo. Anunciar al amor incondicional de Dios en el contexto de las personas y grupos vulnerables al vih y al sida es un espacio de riesgo y escándalo porque muchos de nuestros hermanos quisieran que allí anunciemos la ley, la condena y el juicio, cuando estamos llamados a confesar y anunciar la buena noticia del Hijo de Dios vivo que nos muestra al Amigo que se queda con nosotros y nosotras en el atardecer de todos nuestros días y comparte nuestra mesa sin condiciones y sin reparos.

 

Esta confesión tiene su fundamento e iniciativa en Dios Padre porque no la ha revelado ni la carne ni la sangre. La iniciativa de toda confesión siempre tiene la misma fuente: la gracia sorprendente del Creador con todas sus hijas e hijos.

 

Sobre esta confesión que tiene su fuente en Dios mismo se construye el ministerio de atar y desatar, de perdonar y condenar. La delegación de este poder es dinámica. Es un futuro que depende de la permanencia en la fidelidad a la confesión. No es algo que se posee de una vez para todas sino que es una gracia cotidiana que se relaciona con la continuidad de nuestra confesión escandalosa y de riesgo. Estas llaves no tienen nada que ver con puertas o con porterías sino con acceso a la sabiduría de enseñar las llaves hermenéuticas de la cruz. Estas llaves tienen que ver con la hermenéutica, con la enseñanza y con la vida que confiesa que Jesús de Nazaret es el Hijo del Dios vivo, con todos los riesgo de martirio que significa anunciar esa inclusividad y esa universalidad en espacios que por naturaleza excluyen, esclavizan, tratan a las personas como mercaderías. Solamente desde la cruz se puede ejercer este ministerio de atar y desatar, que no es un poder, sino una confesión.

 

Es por ello que no podemos hacer de nuestra vida de fe un espectáculo. Nuestro compromiso y nuestra identidad confesional se vive en el secreto de cruz y no en la gloria del show mediático, en la manifestación de dudosos milagros, poderes y sanaciones. Nuestra mano izquierda no tiene que saber lo que hace la mano derecha. Este es el secreto de cruz en el que vivimos el riesgo y el escándalo de afirmar que Jesús de Nazaret es el Hijo del Dios vivo, aquí y ahora.

 

Para la revisión de vida

¿Cómo quisiera ser nombrado? ¿Cómo nombro y designo a las y los demás? ¿Qué miedos y riesgos asumo al confesar que Jesús de Nazaret es el Hijo del Dios vivo? ¿A quién molesta esta confesión y como se encarna en mi vida?

 

Para la reunión de grupo

¿Cuál es la confesión de nuestras comunidades de fe en el contexto de un mundo que vive con vih y sida? ¿Dónde está el martirio en nuestras confesiones y en nuestras identidades confesionales?

 

Para la oración de las y  los fieles

Junto con todos los bautizados del mundo entero que confiesan a Jesús de Nazaret como el Hijo del Dios vivo, oremos por la iglesia para que tenga la fortaleza y la valentía de anunciar la buena noticia de la sorprendente gracia de aquel que prometió permanecer junto a todo su pueblo.

 

Se hace un breve silencio:

 

  • Redentor del mundo, te rogamos para que toda división, separación, enemistad, estigma y prejuicio sean sanados por tu poder, para que, nosotros y nosotras, el pueblo que confiesa tu Reino puedan ser un signo de esa realidad en la cual no habrá ya más muerte, llanto ni dolor. Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad.

  • Amigo fiel, que cumples cada una y todas tus promesas, transfórmanos con tu Espíritu en signos vivientes de tu voluntad, aún a riesgo de nuestras propias vidas, prestigio, honor y tranquilidad. Transforma nuestras mesas de comunión en santuarios de tu inclusividad aún cuando puedan ser escándalo de muchos y muchas. Concédenos la voluntad de asumir riesgos en nuestra confesión de fe.
    Daré gracias a tu Nombre porque tu promesa ha superado tu renombre.

  • Soplo de toda vida tanto en el cielo como en la tierra, te rogamos por todos aquellos y aquellas que trabajan en la promoción de la justicia y de la paz en nuestras comunidades y entre nuestras comunidades. Concédenos la valentía de acompañarles en sus esfuerzos, en no quedarnos callados cuando es necesario gritar, aún a riesgo de nuestras mismas comunidades y que nuestras acciones de inclusividad y universalidad nos permitan gozar de la bondad de tu creación.
     El Señor está en las alturas, pero se fija en el y la humilde.

 

  • Salud de toda salud, te pedimos que reconfortes con tu presencia a todos aquellos que viven momentos de dolor y desaliento. No permitas que ofrezcamos consuelo barato sino que apoyados en tu testimonio de humildad y paciencia podamos acompañar aún cuando no tengamos todas las explicaciones ni todos los consuelos. Que nuestra fragilidad y limitaciones sean transformadas en tus manos en signos de tu presencia y tus iniciativas. Si camino entre peligros, nos conservas la vida, y tu derecha me salva.

  • Origen de toda misión, concédenos vivir la tarea de reconciliar en toda su magnitud y permítenos caminar todos los caminos por todos los pueblos y naciones,  junto a todas las personas y grupos afectados por la epidemia del vih y sida, para nuestra en nuestra misión y presencia se revela tu misión y tu presencia. El Señor lo hará todo por mí. Tu amor es eterno, Señor.
  • Entre tus manos creadoras de dignidades, redentoras de estigmas y santificadoras de identidades,  nos encomendamos nosotras y nosotros mismos junto con todos aquellos y aquellas por los cuales hemos hecho memoria, por Jesús, el Cristo de tu Reino, nuestro Hermano y Salvador.
 

Amén.

 

Oración comunitaria

            Dios de toda vida y de toda dignidad, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tu voluntad y la firme esperanza en tus promesas para que, en medio de las dificultades de la vida, mantenga siempre firme su confianza en Ti y goce de la verdadera alegría. Por Jesucristo.

 

            Dios de nuestra confesión,  que te has hecho presente de un modo sorprendente en el amor extremo que nuestro hermano Jesús ha vivido; haz que, como Él mismo quiso, no nos detengamos en Él, sino que su palabra y su ejemplo sean siempre para nosotros y nosotras camino hacia la realización de tu voluntad, el Reinado de la Vida y de Amor. Por Jesucristo, nuestro amigo fiel

 

O también:

 

Sacramento de las identidades y las diversidades,

            para unos eres Juan, para otras quizás Elías,

            para algunos quizás un profeta de los muchos.

Tu que te escondes y revelas en la diversidad,

            en los infinitos nombres,

            en los variados rostros,

            en las diferentes memorias.

Concédenos confesarte en la unidad de la diversidad,

            y en todas las diversidades.

Concédenos encontrar en la multiplicidad de cuerpos y manos,

            a quien nos hace hermanos y hermanas,

            ciudadanos y ciudadanas del mismo Reino,

            con los mismos derechos

            en la única y multicolor dignidad,

            de ser tus hijos y tus hijas.

Para nosotros y nosotras,

            tu eres la diversidad reconciliada,

            que celebra,

            que ama,

            que acoge sin condiciones.

            Ahora y siempre,

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

19 de agosto 2008