Domingo 17 de Agosto 2008
Ciclo A. Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio: Mateo 15, [10-20] 21-28

(Leccionario Común Revisado)
Primera Lectura: Isaías 56,1,6-8
Salmo Responsorial: Salmo 67,
Segunda Lectura: Romanos 12, 1-8

 



EVANGELIO
Mateo 15, [10-20] 21-28
Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

[En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y le dijo: “Escuchen y comprendan. Lo que mancha al ser humano no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella”. Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron : “¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así ?” El les respondió: “Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo”.

Pedro tomando la palabra, le dijo: “Explícanos está parábola “. Jesús le respondió: “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que lo que entra por la boca pasa al vientre y se elimina en lugares retirados? En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que mancha al ser humano. Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones. Estas son las cosas que hacen impuro al ser humano, no el comer sin haberse lavado las manos”.]

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí ! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”. Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”. Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”. Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” Y en ese momento su hija quedó curada. El Evangelio del Señor.


LOS GRUPOS VULNERABLES AL VIH Y AL SIDA

Este es un texto modelo y paradigmático para todos aquellos y aquellas que trabajamos en el acompañamiento de personas que viven con vih o con sida. Este texto nos permite firmemente fundamentar y explicar muchas de las características de nuestra acción pastoral y nuestros compromisos en la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas y los grupos vulnerables a los prejuicios y la estigmatización que provocan exclusión y marginación.

Todos y cada uno de los elementos que componen esta escena nos ayudan en la reflexión que justifica la presencia de las comunidades cristianas en esta emergencia. En primer lugar, Jesús mismo y sus discípulos se colocan en un espacio que los hace vulnerables. Es un espacio extraño y extranjero, considerado por el poder como ideológicamente contaminado y religiosamente impuro. Es un espacio de escándalo, sometido a un discurso hegemónico pero siempre cuestionador y excluyente. Tiro y Sidón eran regiones que pertenecieron a los filisteos pero sometidas luego a la dominación judía. Cananeos se rotulaba a aquellos y aquellas que procedían de esa región y que vivían en medio del pueblo judío. Es por ello que a esta mujer se la trata de rotular de diversas maneras en los diferentes textos. Algunas veces se la designa como griega, como pagana o cananea, pero siempre con el común denominador de calificaciones despectivas a causa de su origen o estilo de vida. El énfasis está puesto en el rotulo. Lo importante es poder etiquetarla como para mostrar que, no solo es diferente, sino que todo lo diferente es inferior.

Aquellos y aquellas que trabajamos en el acompañamiento de personas que viven con vih o con sida también nos hemos colocado en espacios pastoralmente vulnerables a la sospecha y al escándalo. Esta acción pastoral nos lleva a transitar caminos pocas veces recorridos por las comunidades cristianas, y quizás abandonados desde hace mucho tiempo. Esta acción nos lleva a diálogos con grupos y personas que nos hacen a nosotros y nosotras misma vulnerables. Al entrar en estos espacios, muchas veces despreciados por otros y otras, nosotros y nosotras nos hacemos vulnerables al comentario malicioso, a la sospecha y a las sonrisas dudosas. Somos piedras de escándalo.

Nosotros y nosotras también estamos tentados a trabajar con rótulos y etiquetas, olvidando que trabajamos con personas amadas por Dios. Los rótulos nos evitan el riesgo de ponernos a la escucha de historias y de contemplar rostros que son relatos de vida. En realidad no existe el homosexual como rótulo. Esa designación es una construcción académica y abstracta. Forma parte de nuestra manía de clasificar para descalificar. Existen personas de orientación homosexual, pero esa orientación no ha eliminado toda la riqueza contenida en una persona. No existe el usuario de drogas más que como construcción académica. También esa es una abstracción que sirve para catalogar y clasificar y hacernos sentir tranquilos. Existen personas que son usuarias de drogas o personas de orientación sexual diversa. Ponemos toda nuestra fuerza sobre la palabra y realidad que son ‘personas’ y el que sean usuarios de drogas o el tema de la orientación sexual pasa a segundo plano, es un accidente que no quita dignidades.

En las historias de vida de las personas en situación de vulnerabilidad al vih, escuchamos las desesperadas historias por sobrevivir en un mundo que no llegan plenamente a comprender y donde son pobremente comprendidos. No existen las prostitutas o los prostituidos. Nadie camina por las calles con esas etiquetas. Encontramos personas en situación de prostitución ubicadas en esa dimensión como última posibilidad que les ha dejado esta sociedad nuestra. La situación es la prostituida.

Esta mujer, en su doble condición de debilidad por ser mujer y por ser cananea en un contexto machista y religiosamente hostil, asume su historia y desafía las fronteras religiosos y sociales que la excluyen. Decide ser protagonista de la historia y del evangelio. Ya no acepta ocupar el lugar que los opresores le han designado. Va más allá de las barreras en un mundo dividido entre buenos y malos, entre puros e impuros, entre seropositivos y seronegativos. Esta mujer ya está empoderada antes del encuentro con Jesús de Nazaret.

El diálogo que se establece entre Jesús de Nazaret y esta mujer es intenso y muy duro. El grito corresponde a un título mesiánico con fuerte contenido político que Jesús nunca intentó utilizar. En el trasfondo de ese ‘Hijo de David’ subyace un proyecto de dudosa legalidad. Es la expectativa hegemónica de aquellos líderes que justamente colocan a esta mujer en el espacio de los excluidos e impuros, tanto social como religiosamente. La actitud de Jesús de no responder y luego su afirmación: Me han enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel, corresponde a la más dogmática ortodoxia. Seguramente muchos quisieran espiritualizar estas respuestas y esta actitud. Quisiéramos pensar que es una trampa y que Jesús todo lo sabía de antemano. Buscamos una explicación como para pensar que este diálogo no ha existido. Pero el texto no nos deja transitar ese sendero. Jesús responde con la ortodoxia excluyente y estigmatizadora.

La mujer se atreve a discutir con Jesús y creo que muchos de aquellos y aquellas que tenemos un compromiso real con las personas que viven en situaciones de exclusión y marginación dogmática también tenemos mucho para discutir con Jesús. Este diálogo con la mujer cananea permite a Jesús hacerse vulnerable al razonamiento y al cuestionamiento. Es un verdadero diálogo. Ese es uno de los grandes temores de muchos religiosos y religiosas de todos los tiempos: permitir que aquellos y aquellas que acompañamos y con quienes nos comprometemos en su dignidad y sus derechos, puedan llegar a cuestionar nuestros dogmas y afirmaciones de fe. Hablamos mucho de la iglesia que siempre se reforma pero tenemos terror a ser reformados justamente por aquellos y aquellas, que a través de nuestras acciones de diaconia, estamos promocionando en sus derechos de ciudadanía.

Esta mujer ejerce sus derechos de ciudadanía como queremos que los ejerzan plenamente aquellos y aquellas que son destinatarios de toda acción pastoral de las iglesias. El término ‘perro” utilizado por Jesús es ortodoxamente despectivo. Es sumamente fuerte y en muchos contextos bíblicos era sinónimo de prostitución. La respuesta es de un fuerte ejercicio de derechos de ciudadanía: ‘Los perros también tienen derechos’.

Muchas familias, comunidades y líderes de iglesias también han considerado a sus hijos e hijas enfermos de vih o de sida como endemoniados. Ese es el discurso ortodoxamente fundamentalista que se ha escuchado y aún se escucha en muchas comunidades de fe. Esta madre toma una iniciativa para terminar con esa exclusión.

Nosotros y nosotras también estamos llamados a terminar con esa mediocre comprensión religiosa de las enfermedades. No son los demonios que producen las enfermedades sino que las enfermedades la producen microbios, bacterias y gérmenes. Las enfermedades las producen situaciones de violencia social, de género, económicas o de explotación cultural. Esos son los demonios contra los que debemos actuar. Lo demás son fábulas que solamente nos distraen del objetivo final de una acción pastoral a favor de un mundo más justo y humano.

Jesús es convertido en este proceso de diálogo abierto. Aunque suene extraño, esa es la consecuencia de hacernos vulnerables en el encuentro con la o el diferente. Siempre que nos abrimos a la vida y los proyectos de los grupos vulnerables también nosotros corremos el riesgo de ser convertidos. La acción pastoral al igual que la acción diacónica de nuestras comunidades cristianas tiene como objetivo primario hacernos vulnerables a los derechos de todos los grupos estigmatizados social y dogmáticamente. Este es el centro de este relato y este es el paradigma de nuestra acción pastoral.

La fe que salva a esta mujer es aquella fe y confianza que le permite rebelarse frente a una situación rigurosamente injusta. Hoy aquellos y aquellas que acompañamos este proceso de empoderamiento de las personas que viven con vih y con sida también somos vulnerables al clamor contra la injusticia de considerar ‘perros’, impuros, a imponer etiquetas o rótulos. Jesús alaba y reconoce esta rebelión y ese empoderamiento.

Esta escena del Evangelio y su conclusión, única en su estilo, ya que es el único momento en que Jesús de Nazaret cambia de pensamiento y de actitud, evangelizado por una persona en situación de exclusión, nos permite también llegar a la conclusión que el respeto por la dignidad del otro o la otra deconstruye nuestras afirmaciones dogmáticas para dar libre cause a la solidaridad del amor al ejercicio pleno de los derechos de ciudadanía de los excluidos en el Reino de Dios.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Revisado agosto 2008


Para la revisión de vida
En ésta y otras ocasiones, Jesús alaba la «fe» de una o un «extranjero», de una persona extraña a la comunidad religiosa. ¿Cómo está nuestra capacidad de reconocer y hasta de admirar los valores –religiosos incluso- que viven personas que pertenecen a los así llamados grupos vulnerables al vih y al sida?

Para la reunión de grupo

  • Me han enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel. El evangelio presenta signos de que Jesús tuvo tal vez una primera etapa no universalista, una etapa limitada en sus perspectivas a Israel. ¿Cómo explicarlo? ¿Diríamos que Jesús fue creciendo... no sólo «en edad sabiduría y gracia», sino también en teología y en conciencia misionera...?

    Para la oración de los fieles
  • Para que, como Jesús, seamos capaces de ver la «fe» y los admirables valores religiosos de muchos hermanos y hermanas que en situación de impureza ritual, evangelizan a la iglesia.
    Roguemos al Señor.
  • Para que tengamos una mente abierta, un corazón generoso y una esperanza optimista en nuestro acompañamiento de las personas que viven con vih y con sida.
    Roguemos...
  • Para que el mundo actual y la iglesia se embarque hacia la superación de las exclusiones dogmáticas
    Roguemos...

    Oración comunitaria

    Camino y puerta de todos los pueblos, que has escogido y llamado a todos y todas para que cada uno se encontrara contigo por su propio camino, el camino ancestral por el que tú le has acompañado siempre con cariño y proximidad. Danos el optimismo de la fe que sabe descubrir la presencia del Reino y de la «fe» también en los hombres y mujeres de otros grupos vulnerables que hasta ahora nos han parecido equivocadamente «alejados». Ayúdanos a hacer nuestros la esperanza y el optimismo que Jesús, al que confesamos como el Cristo del Dios del Reino, nos manifiesta en el Evangelio. Nosotros y nosotras te lo pedimos apoyados en su ejemplo, por El, hijo tuyo, hermano nuestro. Amén.