CICLO A. PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

EVANGELIO: Mateo 24, 27-44

Primera lectura: Isaías 2, 1-5
Salmo responsorial: 122
Segunda lectura: Romanos 13, 11-14


EVANGELIO Según San Mateo 24: 27-44
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 37 lo que pasó en tiempos de Noé pasará en la llegada del Hijo del hombre; 38 es decir, lo mismo que en los días antes del diluvio la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca 39 y, estando ellos desprevenidos, llegó el diluvio y arrambló con todos, así sucederá también en la llegada del Hijo del hombre. 40Entonces, dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42Por tanto, manteneos des­piertos, pues no sabéis qué día va a llegar vuestro Señor. 43Ya comprendéis que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se quedaría en vela y no lo dejaría abrir un boquete en su casa. 44Pues estad también vosotros preparados, que cuando menos lo pen­séis llegará el Hijo del hombre.


FRATERNIDAD INCONDICIONAL

En el Hostal Solidario que sostiene la Pastoral Ecuménica vih-sida en la ciudad de Buenos Aires y destinado a facilitar los proyectos de vidas de las personas que viven con vih-sida y que allí residen el tiempo tiene una significación muy especial. La celebración de los cumpleaños son siempre momentos muy intensos, como si se celebrara una escondida victoria. Son momentos en que se  mira hacia atrás para planificar mejor el futuro y tomar conciencia de éxitos y fracasos como para que el año que se inicia pueda tener una perspectiva mejor.

En este domingo la iglesias comienza su año eclesiástico y nos ubica en la una perspectiva evangélica que también nos llama a mirar hacia atrás pero con el objetivo de mirar hacia el futuro con confianza. En estos veinte años de presencia de la epidemia del vih-sida en medio de nosotros hemos aprendido muchas lecciones pero ese aprendizaje no nos puede hacer dormir sobre los laureles ni estar satisfecho por la realizado. Aún falta mucho camino por recorrer.

Jesús sale a nuestro encuentro en este día y en el contexto de esta epidemia para comprometernos con su ideal de vida: cambiar el mundo y la iglesia y convertirlos en espacios donde todos nos podamos reconocer como hermanos y hermanas. Ese ideal no nos puede dejar dormir hasta que lo hayamos encaminado y se haga realidad en cada uno de nosotros y nosotras.

Sin duda alguna en estos veinte años hemos escuchado muchos cánticos de sirenas que nos llamaban a quitarle al vih-sida toda su fuerza revolucionaria. Esa fuerza que nos obliga a romper el silencio sobre temas considerados hasta ese momento como prohibidos y como tabúes culturales y religiosos. Aún hoy muchas voces nos llaman a adormecernos por el cansancio o por pensar que con el acceso de todos y todas a los medicamentos se ha alcanzado la meta deseada. Jesucristo siempre nos habla del más allá, pero no en el sentido de un mundo que existe en algún lugar del tiempo o el espacio que está más allá de la realidad y de la vida. Jesucristo nos habla de un más allá de nuestros prejuicios, egoísmos y cegueras.

El proyecto de Jesús en el contexto del vih-sida tiene dos etapas: la primera nos llama a construir una fraternidad incondicionalmente inclusiva. Es la etapa de cenar con aquellos y aquellas que la sociedad y las iglesias han colocado en los márgenes de la vida. El sueño de Jesús es aquella sociedad y aquella iglesia donde ubicamos en el centro de nuestra celebración la inclusión de los márgenes, de los marginados. Esa es la función de la cruz en medio de nuestras celebraciones: la de ubicar en el centro aquello que otros han colocado en los márgenes, colocar allí a los marginados. Este es uno de los más allá que nos habla Jesucristo en su evangelio. La gran tentación es quedarnos en el más acá. Siempre hay tantas consideraciones políticas, religiosas, de prudencia, de sobriedad. Nada de eso tiene que ver con el Evangelio. El evangelio no es prudente, no es diplomático, no es sobrio.

Las imágenes que nos brindan las escrituras, tanto las del Antiguo como del Nuevo Testamento nos reflejan aquel banquete que no tendrá final siempre muy regado con vino, vino nuevo, fuerte, de excelente calidad. La presencia del vino en todas las imágenes en las que ser refleja la fraternidad de la iglesia es un signo de ir más allá de todo lo que es prudente y sabio. Es la pura locura del embriagante efecto del evangelio y de la cruz que nos llama a contradecir las pautas de nuestras culturas y aún de nuestras piadosas comunidades. La tentación es querer ser sobrios al vivir el evangelio.

La segunda etapa es estar despierto, leyendo siempre los signos de los tiempos e interpretar el significado de la epidemia del vih-sida y todo lo que ha pasado en estas dos décadas de epidemia, tanto para la sociedad como para la iglesia. Debemos estar preparados para ser ciudadanos del Reino, de esa fraternidad inclusiva que es el más allá de todo criterio humano. No podemos reanunciar a construir juntos un mundo más solidario, justo y humano.

Estar despiertos significa hoy empeñarnos hasta el delirio en la construcción de otro mundo y otra iglesia posibles. Estar despiertos es dar la espalda a todo comportamiento que nos llame a resignarnos y aceptar como definitivas situaciones que son completamente provisorias. La exclusión y la explotación de tantos hermanos y hermanas nunca será definitiva porque creemos en un más allá real e histórico de justicia y paz.

Estar despiertos es no ponerles límites al amor, a trabajar con la segunda lista de invitados a las bodas del Cordero. La primera lista de invitados, aquellos que según los criterios humanos, eran los religiosamente puros, dignos y bien pensantes ha pasado. Ahora las comunidades cristianas estamos llamadas a trabajar con el plan B, con la segunda lista de invitados, aquellos que no tienen el vestido adecuado, que se encuentran en el final de los caminos.  La nueva mesa del Reino tiene invitados inesperados. El Evangelio de hoy nos llama a estar despiertos y llamar a todos los que la historia y la teología han colocados en los márgenes.

La clave interpretativa de este fragmento del Evangelio del primer domingo de Adviento es el estar despiertos, y en ese estar despiertos unirnos al sueño de Jesús, a identificarnos con su utopía  porque Jesús tiene un sueño que no nos puede dejar dormir. El estar despiertos es una invitación a participar de ese sueño de un nuevo cielo y una nueva tierra donde ya no habrá más lágrimas.

La llegada del Hijo del Hombre significará el fin de todo sistema excluyente, tanto a nivel económico como cultural y religioso. Es por eso que el Reino es una amenaza para todos aquellos que hoy o ayer ejercen el poder en forma autoritaria y para el beneficio de unos pocos. El Reino significa la entrada de los márgenes de la historia al gran banquete del final de la historia de exclusión.

Esta espera no puede ser ociosa. Es una espera en la acción y la construcción. Nos tiene que encontrar en el campo de la historia y de la realidad. Al iniciar este nuevo año y este tiempo preparatorio de la celebración de la Encarnación de Dios en nuestras vidas y en nuestras realidades podemos anunciar a todas las personas que viven con vih-sida o están afectadas de diversas formas por la epidemia que ese Dios está con nosotros y nosotras. El mensaje del Adviento es confirmar que Dios camina junto a todas las personas de los grupos vulnerables, es decir, aquellos grupos puestos por otros y otras en los márgenes de la existencia, que Dios viene a encarnarse en sus vidas y abrir el futuro al proyecto de Cristo.

Para la revisión de vida

Hacemos un examen personal y comunitario sobre las implicaciones  de la esperanza en el contexto del vih-sida.

Al iniciar el tiempo de adviento, intentamos reconstruir los proyectos en los cuales queremos incluir a todos y todas. Considero los avances, los obstáculos, las dificultades y fracasos y proponemos nuevas estrategias.

Para la reunión de grupo

  • El Evangelio hoy nos pone a soñar en una época nueva, pero implícitamente nos exige unos cambios que se convierten en signos de esperanza, ¿cuáles son los signos prácticos de esperanza en nuestra(s) comunidad(es).
  • Detengámonos en esos signos o actitudes de esperanza que han aparecido en estas dos décadas de epidemia y preguntémonos: ¿qué valor les damos? ¿cómo los potenciamos? ¿cómo los defendemos?
  • Hablemos también de anti-signos o situaciones desesperanzadoras que el vih-sida han puesto de manifiesto: ¿cómo las asumimos? ¿cómo las desenmascaramos y cómo las vamos erradicando poco a poco a través de nuestra tarea evangelizadora?

Para la oración de los fieles

  • Para que en cada comunidad al celebrar el Día Mundial del SIDA sepamos despertar llenos de gozo y de esperanza a la luz de un nuevo día iluminados por la luz de Cristo. Llénanos de esperanza, Señor.
  • Por todas aquellas personas que viven con vih-sida y experimentan desilusión y desesperanza, para que contemplando en nosotros y nosotras las actitudes de una esperanza firme y la voluntad de romper el silencio para terminar con las situaciones que los ha colocado en los márgenes,  lleguen también a experimentar el gozo del evangelio. Llénanos...
  • Por todos nosotros y nosotras para que sepamos mantener la actitud de la vigilancia esperando activamente tu regreso. Llénanos...
  • Por nuestra comunidad para que en vísperas del Día Mundial del SIDA, sea más fiel a su vocación de ser signo de esperanza entre los hombres y mujeres que viven con vih-sida y que están en medio o al costado de nuestras comunidades. Llénanos...

Oración comunitaria

Dios de bondad y de amor, tú nos has prometido una vida llena de felicidad y solidaridad. Aumenta en nosotros y nosotras la fe y haz que animados por la esperanza de recibir lo prometido, sepamos mantenernos siempre activos y dispuestos a trabajar contigo en el cumplimiento de tus promesas. Que ese sea nuestro compromiso en esta víspera del Día Mundial del SIDA. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, nuestro hermano y maestro.

Pastor Lisandro Orlov

Domingo 28 de noviembre de 2004