CICLO A. Domingo 3 de Agosto de 2008

DOMINGO DÉCIMO OCTAVO DE TIEMPO ORDINARIO

Evangelio : Mateo 14, 13-21

Primera lectura: Isaías 55, 1-3
Salmo responsorial: 145, 8-9. 15-18

 


 

EVANGELIO Mateo 14, 13-21

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las  ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse  alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos aquí”, les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomo los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. El Evangelio del Señor.

 

¡MULTIPLICACIÓN Y ACCESO A MEDICAMENTOS YA!

Para mi sorpresa este pasaje del evangelio que siempre en mi mente ha tenido como título algo parecido a la multiplicación de los panes, hoy descubro que esa operación matemática no existe en el texto. El centro del relato no está puesto en la inexplicable multiplicación sino en la visible solidaridad de la preocupación de Jesús por las multitudes y el envío de los discípulos a distribuir. Es mucho más importante considerar hacia dónde van los panes y los peces que discutir de dónde viene esa comida. El milagro no está en la acción de multiplicar sino en la acción de compartir. En núcleo de este pasaje nos enseña que no es bueno que alguien pase hambre y que, en el centro del mensaje evangélico, se ubica esta preocupación social muy concreta. Estamos llamados a construir un mundo donde ya nadie sufra hambre de comunidad, de inclusión o de bienestar social.

Por lo tanto nuestra meditación con relación a este acontecimiento en la vida de Jesús no puede sostenerse en consideraciones históricas o centradas en el milagro sino en su carácter evidentemente simbólico. Si tratamos de mirar el metamensaje del texto, aquello que simbólicamente nos está indicando el evangelista considero que podremos obtener resultados apasionantes.

En cierta manera cada gesto, cada paso dado por Jesús en esta escena tiene un carácter simbólico y metafórico. Es una acción en movimiento, en clave de éxodo. Jesús de Nazaret, el Cristo del Dios del Reino,  sale del espacio de la vida cotidiana, se aparta de los compromisos sociales para tomar perspectiva replicando en su apartarse el movimiento de liberación que nos narra el éxodo. Ese sí es un elemento histórico. El centrar nuestra atención en el puro milagro nos aparta de la consideración de la fuerza transformadora y desafiante del relato. No es productivo colocar nuestra acción pastoral en el plano de milagros y lo fantástico y además nos cuesta comprender el sentido que puede tener para nuestra vida de discípulos y discípulas aquí y ahora. Nos aleja de la acción histórica para colocarnos en una dimensión de lo maravilloso sobre cuyas reglas no tenemos ningún control ni participación.

En cambio si miramos y analizamos el texto desde una perspectiva de liberación que replica el éxodo, cada gesto y cada palabra adquiere otra dimensión. Asimismo este relato se ubica inmediatamente después de tomar conocimiento de la persecución y muerte de Juan el Bautista. Esta huída de los espacios dominados por los poderes políticos y religiosos, es como un paso a la clandestinidad y ubicarse desde los márgenes. Muchas veces nuestra fidelidad al evangelio también nos puede llevar a la necesidad de pasar a espacios de resistencia que nos permitan enfrentar oleadas de conservadurismo y de fundamentalismos que amenazan a todas nuestras comunidades cristianas.

Los cinco panes y los dos peces tienen una gran carga simbólica. El pueblo era alimentado con la doctrina del Antiguo Testamento, con los contenidos de los cinco libros del Pentateuco y los otros dos grupos de escritos que completaban las Escrituras judías: los profetas y los escritos. Pan y pescado también simbolizan el alimento básico del pueblo que evidentemente no reunía las calorías necesarias. Estamos ante un pueblo evidentemente subalimentado, tanto en doctrina como en su realidad histórica.

Jesús no solo es el origen de los panes y peces para compartir sino que él mismo se hace pan de vida. En la bendición que pronuncia Jesús sobre los panes y peces también tenemos una clara acción política. En primer lugar las Escrituras solo se pueden entender cuando son interpretadas desde un contexto histórico determinado de las personas con las cuales esas Escrituras son proclamadas. Las Escrituras suenan muy diferente cuando las escuchamos junto a muchos de las personas y de los grupos vulnerables al vih y al sida. En ese contexto el Evangelio nos interpela y nos llama a ser la iglesia que siempre se reforma. Jesús al interpretar las escrituras las supera y la Palabra deja de ser doctrina para hacerse vida encarnada. La comunidad cristiana en el contexto del vih y del sida tiene la obligación de superar las barreras de interpretación mágica para ofrecer vida e inclusión a aquellos y aquellas que están como rebaños sin pastor.

El diálogo de Jesús con sus discípulos parece totalmente sin sentido. La razón aparentemente está con los discípulos que tiene una vivencia de realidad muy clara: están en un sitio desolado, hay muchas personas y no hay comida. Esa es la realidad que nos presenta el razonamiento del sistema liberal. Poca comida para muchos en un mundo que hemos transformado en un espacio de acaparar recursos para el bienestar de unos pocos. Jesús nos pone de manifiesto que necesitamos renunciar a esos criterios. Necesitamos salir de los criterios impuestos por el mercado, por la lógica de la oferta y la demanda.

Si, en el contexto de la epidemia del vih,  queremos proteger los intereses de la industria farmacéutica internacional que produce los medicamentos antiretrovirales que permiten una mejor calidad de vida de las personas que viven con vih y con sida, la situación tampoco cambiará. Los pocos peces y panes necesitan ser generosamente compartidos rompiendo con las leyes del mercado. No podemos retornar a los antiguos sistemas y estructuras. Si queremos aferrarnos a aquello que según los criterios lógicos y razonables de este sistema de injusticia comercial, nadie será saciado y nadie tendrá calidad de vida ni habrá para el 2010 acceso universal y gratuito a los medicamentos antiretrovirales para garantizar calidad de vida a las personas que viven con vih o con sida.  

En este contexto de éxodo y de liberación de sistemas egoístas y de opresión, en que se ubica el texto, una de las mayores esclavitudes de las cuales debemos llamar a la liberación es el hambre y el acceso a calidad de vida equitativa. Hambre de calidad de vida, hambre de posibilidades de un presente y un futuro con promesas que se cumplen. Es necesario aplicar este texto para liberar a los hermanos y hermanas que viven con vih y con sida, para que ellos y ellas participen también del banquete de solidaridad y vida al que le invita este pasaje del Evangelio.

Jesús se ha apartado de ciudades y aldeas. Ha salido el marco de referencia de los poderosos y se ubica en los márgenes de la realidad para construir desde allí un sistema político y religioso alternativo. Allí es dónde muchas personas que viven con vih y con sida nos han llevado para que miremos el mundo y a la iglesia desde la perspectiva de Jesús. Nuevamente debemos liberar a Jesús de aquellos predicadores que nos distraen con relatos de méritos, castigos y prosperidad mágica. Desde los márgenes del sistema busquemos las respuestas razonables de Jesús. Fuera con nuestro temor y con los espejismos de una prosperidad conseguida a fuerza de acciones de prestidigitación mágica de la realidad. Esta realidad se transforma con acciones lógicas y razonadas del Evangelio.

Juntos y juntas estamos llamados a construir la nueva tierra prometida que aparece en el horizonte de este gesto de éxodo liberador de un sistema social y religioso que nos esclaviza y nos discrimina.

La lógica aparentemente estaba del lado de los discípulos y la locura del lado de Jesús. Los discípulos quieren comprar con los valores del sistema. Ellos están dispuestos a someterse a las leyes del mercado. Jesús opone el comprar con el dar. Los discípulos son los mensajeros de ese nuevo sistema de relacionamiento social. La iglesia es el primer espacio equitativo de una nueva organización del sistema de comercio mundial. Si aplicamos esa lógica al tema del acceso de todos y todas ahora y ya a los medicamentos antitretrovirales que garantizan calidad de vida a las personas que viven con vih y con sida, nuestro testimonio y nuestra identidad como personas y como comunidades cristianas adquieren una dimensión totalmente revolucionaria. Ese es el núcleo de este texto del Evangelio.

Seguramente surgirán opiniones de una gran mesura y cordura totalmente opuestas a la locura y escándalo del Evangelio. Los discípulos saben que cinco panes y dos peces no son suficientes en la lógica de las leyes del libre mercado. Jesús nos introduce en otra dimensión porque la suma de los cinco peces y los dos panes nos da el número siete que simboliza la plenitud. Es por ello que Jesús manda a recostar a la multitud porque esa era la forma en que se alimentaban los ciudadanos libres. El mandato que subyace en esa indicación es el reconocimiento de la condición de seres humanos libres que es previa a todo gesto de promoción social. Esta es una nueva comida pascual, es una nueva comida del pueblo liberado de la opresión de ciudades y aldeas, de sistemas económicos y religiosos. Asumimos y reconocemos nuestra condición de ciudadanos  y ciudadanas en un nuevo espacio donde ya no compramos ni vendemos en condiciones de injusticias sino que el verbo que reina es el de darnos unos a otros la tierra prometida de una nueva calidad de vida.

Es por ello que Jesús al pronunciar la bendición sobre los alimentos, al igual que la intención nuestra de cada día al repetir ese gesto en nuestras comidas cotidianas, es la de colocar esos alimentos en otra dimensión y en otro espacio. La bendición sobre los panes y los peces desvincula esos alimentos de los propietarios humanos y de los sistemas que producen hambre y exclusión para colocarlos en la verdadera dimensión de la generosidad solidaria de Dios. Esa bendición es una acción política de liberación porque salimos de un sistema de comercio mundial injusto para ubicarnos en un sistema que dar respuestas generosas a todos y todas. La saciedad es el resultado de esa economía de cooperación y solidaridad. Las sobras muestran también que en esta tierra prometida de justicia otro mundo es posible.

Nuestra lección de hoy nos lleva a no poner nuestras esperanzas en una prosperidad mágica y en soluciones milagrosas sino que estamos llamados y llamadas a poner nuestras esperanzas en el sencillo gesto de compartir los bienes de la creación cuyo único propietario es Dios. Creo que les podemos anunciar a la industria farmacéutica internacional que se siente propietaria de las patentes que les garantizan el control y el beneficio de los medicamentos antiretrovirales que el Evangelio nos llama a desconocer esas patentes en nombre de Dios. Ese es un mandato netamente evangélico y hace a nuestra identidad cristiana.

Para la revisión de vida

  • ¿Cómo y de qué manera me convierto yo en pan y vida  para los demás? ¿El pan que yo ofrezco a los demás alimenta las ganas de construir un espacio de justicia o es más bien un pan que engorda y deja tranquilos a todos y todas esperando una prosperidad mágica?
  • ¿Quiénes son para mí "pan" que alimenta mis ganas de servir a los demás?  ¿Cuál es el pan que busco?

 

Para la reunión de grupo

Cuando las y los discípulos acuden a Jesús, poco menos que para que resuelva milagrosamente la situación, o sea, cuando le pasan la responsabilidad sobre la situación de hambre que está viviendo la comunidad, Jesús reacciona reclamando la responsabilidad de las y  los discípulos: “Denles de comer ustedes mismos”
Las y los discípulos habían pensado que la solución sería “ir a comprar”; el dinero solucionaría los problemas. Al negarse Jesús, las y los discípulos tienen que volver la mirada no al dinero, sino a “lo que tenemos”, para ponerlo en común. ¿Este momento del evangelio se debe seguir llamando “multiplicación de los panes” o se debería llamar, mejor, “división (reparto, distribución, compartimiento) de los panes”?

Para la oración de las y  los fieles

  • Te pedimos, Señor, que cada uno de los que formamos esta comunidad eclesial seamos "pan" para el hermano y la hermana, para los hambrientos de este mundo y para aquellas personas a las que se le niega el acceso a los tratamientos antiretroviarales del vih y del sida. .
    El Señor es bondadoso y compasivo
  • Por todos aquellos y aquellas que tienen hambre de educación para la prevención, de tratamientos y de promoción social; por los que tienen hambre de justicia e igualdad... para que no pierdan nunca la esperanza de formar un nuevo pueblo viviendo en la solidaridad…
    El Señor es bueno con todos y todas…
  • Por todos y todas aquellos que mueren de vih y de sida en nuestra comunidad mundial, por los millones de hombres y mujeres que no pueden tener acceso a los medicamentos que podrían salvar sus vidas...
    El Señor es fiel en todas sus palabras
    .
  • Por todas las personas e instituciones que, por pereza o insensibilidad, se niegan a revisar la discriminación de género que tiene el lenguaje habitual y siguen hablando “sin contar mujeres y niños”; para que todos hagamos un esfuerzo por hablar de una manera que no invisibilice a los grupos vulnerables al vih y al sida…
    El Señor es justo en todos sus caminos
  • Por todos aquellos y aquellas que ponen su confianza siempre en el dinero, en los préstamos internacionales hechos al país, en el endeudamiento económico creciente… para que los pueblos exijan una economía más soberana, que no supedite a los países a los préstamos y deudas internacionales, sino a la autonomía financiera y la solidaridad del pueblo…
    El Señor está cerca de aquellos y aquellas que lo invocan.

 

Oración comunitaria

Danos, Tú que eres el pan del cielo, junto al hambre de ti, un hambre también insaciable de amor, de justicia, de libertad, para nosotros y nosotras y para todos los seres humanos, especialmente aquellos y aquellas a quienes el mundo actual estructuralmente se lo niega. Que, así, nuestra hambre de ti dará realmente contigo y no con un ídolo religioso que te suplante, a ti que eres el Dios del amor, de la justicia, de la libertad y de la implacable pasión por los pobres. Nosotros te lo pedimos recordando a Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.

2008