CICLO A. DOMINGO DÉCIMO CUARTO DE TIEMPO ORDINARIO
Propio 9 (domingos entre julio 3 y 9)

Evangelio : Mateo 11:  25-30

Primera Lectura: Zacarias 9, 9-12
Salmo responsorial: 145: 8-15
Segunda Lectura: Romanos 7: 15-25a


EVANGELIO Mateo 11, 25-30
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba )

25 En aquella ocasión exclamó Jesús:  -Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26 sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.

27 Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

28 Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro,. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro respiro, 30 pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera.


EN EVANGELIO MUY ESCONDIDO.

En estas últimas semanas hemos sido testigos del debate que se produjo en España con relación al tema de la aprobación de la modificación de la ley de matrimonios, que ahora permite ese contrato entre personas del mismo sexo. En medio de ese debate, hemos tratado de escuchar la voz del evangelio. Si duda era difícil encontrar esa voz en aquella manifestación de apoyo a un concepto limitado de familia que excluía la pluralidad de modelos vigentes en la realidad cotidiana. Realidad que no necesitaba de esa ley para existir sino que, como siempre, las leyes actúan sobre la realidad, nunca la crean.

En ese contexto el discurso del Presidente del Gobierno Español ha estado. En primer lugar y para sorpresa de muchos y muchas, es un acto en cumplimiento de promesas electorales. Cosa extraña hoy en día. Seguramente esta aprobación hecha por España no será el último país en hacerlo. La dinámica de la historia nos hace esperar que habrá en el futuro próximos otra serie de países que lo iran incorporando en su legislación. El gobierno español fundamenta ente acto en dos derechos: derecho a la libertad y derecho a la igualdad. Realmente en ello veo la voz profética del evangelio.

La breve modificación abre una inmensa dimensión de respeto y dignidad. Un pequeño cambio en la letra para un gran cambio en el espíritu. Libertad e igualdad para miles de ciudadanos y ciudadanas, de hermanos y hermanas. Esta legislación, según Zapatero, no afecta a “gentes remotas y extrañas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos y vecinas, para nuestros compañeros y compañeras de trabajo, para nuestros amigos y amigas y para nuestros familiares”. Esta ley no afecta solamente a personas que están fuera de las iglesias o a personas que hemos excluido de la iglesias. Esta libertad e igualdad también tiene que ver con hermanos y hermanas dentro de nuestra comunidad de fe y dentro de nuestro grupo familiar. Es por eso que la familia nos importa, porque queremos una familia en la cual todos y todas tengan su espacio de libertad y de igualdad. Estos es el evangelio, aún cuando Zapatero no lo sepa. Esta pequeña modificación construye una sociedad más decente porque ya no humilla ni excluye a nadie. Espero que el ejemplo dado por la sociedad civil también pueda hacerse carne en la misma comunidad cristiana.

En su discurso ante las Cámaras Legislativas, Zapatero afirma dar una respuesta a personas que durante años han sido humilladas y cuyos derechos han sido ignorados, personas sobre las que hemos impuesto yugos muy pesados. Personas que están abrumadas y agobiadas por nuestras exclusiones e imposiciones legales. Estas personas cuya dignidad ha sido ofendida, su identidad negada y su libertad reprimida hoy escucha en los labios de Jesús y de aquellos y aquellas que pretendemos ser fieles a su tradición: Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Esa es la proclamación de hoy, ese es el gran cartel que la comunidad cristiana levanta en todas las marchas y contramarchas. Acérquense a nosotros y nosotras todos aquellos y aquellas que han sido excluidas y tienen tantas sospechas con relación a nuestras actitudes. Vengan todos y todas aquellas personas que están abrumadas por nuestras infidelidades al evangelio inclusivo de Cristo. Que todos los grupos vulnerables al vih y al sida compartan con nosotros el yugo llevadero de la liberación y de la inclusión.

Según el Presidente del Gobierno de España, esta no es un logro de una minoría sino un triunfo de todos y todas porque es el triunfo de la libertad y de la igualdad a la cual nos llama el evangelio y que en cuanto Congreso Internacional de SIDA aquellos y aquellas que formamos parte de las comunidades cristianas repetimos y tratamos de vivir. Esta aprobación de una pequeña modificación a una ley nos hace mejores a todos y a todas, tiene que ver con una sociedad más igualitaria y que esperamos ayude a construir una comunidad cristiana más igualitaria e inclusiva.

Esta legislación no puede ser considerada como un ataque a la institución matrimonial porque justamente aquello que demandan este derecho es porque quieren “ordenar sus vidas con arreglo a las normas y exigencias del matrimonio y de la familia” afirmo el Presidente del Gobierno español. Nunca esta legislación puede producir un mal sino que muy por el contrario ahorrará sufrimientos inútiles de seres humanos, que son nuestros vecinos y vecinas, nuestros hermanos y hermanas. Eso es evangélico.

Estoy tan sorprendido por el profundo contenido evangélico del mensaje del Presidente del Gobierno español a las Cortes que no puedo evitar la tentación de citarlo textualmente una vez más:  “Con la aprobación de este Proyecto de Ley nuestro país da un paso más en el camino de libertad y tolerancia que inició en la Transición democrática. Nuestros hijos nos mirarían con incredulidad si les relatamos que no hace tanto tiempo sus madres tenían menos derechos que sus padres y si les contamos que las personas debían seguir unidas en matrimonio, aún por encima de su voluntad, cuando ya no eran capaces de convivir. Hoy podemos ofrecerles una hermosa lección: cada derecho conquistado, cada libertad alcanzada ha sido el fruto del esfuerzo y del sacrificio de muchas personas que hoy debemos reconocer y enorgullecernos de ello. Hoy demostramos con esta Ley que las sociedades pueden hacerse mejores a sí mismas y que pueden ensanchar las fronteras de la tolerancia y hacer retroceder el espacio de la humillación y la infelicidad.”

Este mensaje político, que nace de las entrañas de la sociedad civil, es la mejor introducción al texto evangélico del día de hoy. Nuestras comunidades cristianas al igual que aquellos religiosos del tiempo de Jesús han impuesto sobre las conciencias de hermanos y hermanas una increíbles serie de rituales, leyes, decretos, normas y estatutos. Con estas imposiciones y condicionamientos gran parte de la humanidad queda excluída de la comunidad cristiana. Aquello que tenía que ser para todos y todas finalmente lo hemos reducido a un pequeño grupo de iniciados y puros. Los mandamientos han vuelto a ocupar el centro de la escena desplazando al evangelio. Muchos personas creen que ser cristianos es no fumar, no beber, no bailar, no ver televisión, no ir al cine, no contaminarse con aquello que llaman “mundo”. Todo se mide por los centímetros de una pollera o de un escote o de un pantalón demasiado corto.

La lectura fundamentalista de la Ley, es decir, la salvación viene por el cumplimiento de reglas y mandamientos y no por el amor a una persona y su utopía está dividiendo nuevamente las aguas en las comunidades cristianas. Le comprensión legalista del proyecto de Dios se ha instalado en el corazón de muchas iglesias desplazando a la lectura profética que nos enseña Jesucristo.

El mensaje de Jesús era más simple pero más comprometedor. No era cuestión del cuerpo, era cuestión de la persona y de toda la persona. El corazón es el centro de sencillo y humilde de la ética de Jesús. Esa sencillez desafió y desafía aún la complejidad de los sistemas religiosos y teológicos que con un vocabulario complicado quieren quitarle al evangelio su fuerza revolucionaria. Es la prudencia que le tema a la locura del evangelio.

Jesús simplificó ese sistema en un solo mandamiento: “Amar a los demás tal como YO los he amado. Suficientemente fácil, profundamente comprometedor. Basta con amar con la simplicidad y humildad de Jesús. Esa humildad eclipsa la soberbia de los que se sienten dueños de la verdad. Dios siempre se da a conocer en una historia de liberación. La historia de liberación de los seres humanos se hace historia sagrada y de salvación. No existen dos historias, una sagrada y otra secular. Existe una sola historia para los que saben leerla con ojos proféticos. Allí donde hay liberación e inclusión de los marginados y explotados, allí está Dios. Allí donde hay amor, allí está Dios. Es por ello que no toda marcha, no toda manifestación es signo de la presencia de Dios. Aquellas que promueven la integración y la ampliación de derechos para los excluidos allí está Dios.

Nuestra relación con Dios siempre se fundamenta en la historia de liberación que se hace historia de salvación. Los profetas lo anuncian una y otra vez, los santos y santas lo vivieron a la largo de los tiempos. La experiencia de la acción liberadora de Dios en la única historia de los seres humanos es el centro de nuestra memoria, fuente de nuestra acción contemporánea y objetivo de un futuro siempre más justo y solidario. Es imposible relacionarnos con Dios si nos ponemos en práctica la justicia y el derecho con nuestro prójimo.

El proyecto de Jesús tiene sus exigencias, su yugo no es insoportable ni excluyente que esclavice a los seres humanos al cumplimiento de reglas y normas imposibles de cumplir para muchos y muchas. Dios no es un tirano que pretende que estemos pendientes de él, centrados en frecuentar el templo y ofrecer sacrificios. Dios dirige nuestras miradas y nuestras acciones hacia nuestros vecinos y vecinas, hacia nuestros hermanos y hermanas, tratando de discernir y evitar toda acción que pueda reproducir esclavitud, opresión y marginación. Esa es la esencia del evangelio, ese es el amor al prójimo.

Dios no es un tirano que está atento a castigar sin piedad las equivocaciones más insignificantes o celoso de la felicidad de sus criaturas. Dios no se irrita por aquellas cosas que nos dan alegría. No es como el refrán que dice que todo lo que nos agrada es pecado o engorda. Dios espera de nosotros, tal como lo muestran los profetas y Jesucristo mismo, que abramos las prisiones, todas las prisiones, derribemos los muros de separación, todos los muros de separación y que aquellos y aquellas que estaban lejos se sientan prójimos amados por Dios y por su pueblo.

Esta es la fuerza revolucionaria del Evangelio de hoy: anunciarle a todos los grupos vulnerables por el sida y por toda exclusión y estigmatización: ‘Acérquense a mi todos aquellos y aquellas que están cansados y abrumados por la exclusión y la marginación que yo les daré respiro, organícense como modelo alternativo y sean signos de mi historia. Sean una comunidad comprometida en vivir la alternativa evangélica que pueda mostrar visiblemente que otro mundo y otra iglesia es posible.

Para la revisión de vida

Dice Jesús: "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré". ¿Cuáles son nuestros  cansancios en estas dos décadas trabajando en el contexto de la epidemia del vih y del sida? ¿Qué los causa: el trabajo por el Reino alternativo o la magnitud de los intereses que debemos enfrentar? ¿Dónde y cómo buscamos alivio a nuestro cansancio?

Para la reunión de grupo

Dios ha revelado “las cosas del Reino” a la gente sencilla, a los pobres… Jesús no está hablando quizá de ningún “milagro”, de ninguna “revelación positiva”, sino de un hecho fácilmente comprobable: dada la naturaleza del Reino de Dios, sólo lo ven con claridad (sólo entienden ‘estas cosas') los sencillos, los que tienen corazón de pobre, los que no dejan que el egoísmo les sofoque la transparencia de su mirada…

Para la oración de los fieles

  • Por la Iglesia , para que sume su esfuerzo al de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que luchan por conseguir la esperanza, la alegría, la paz y el gozo de quienes se saben en manos de Dios padre. Oremos.
  • Por todos aquellos y aquellas que viven su fe como una obligación que cumplir, para que se encuentren con el Jesús vivo que libera de toda atadura y agobio, incluso de los de la ley. Oremos.
  • Por todo aquellos y aquellas que no tienen paz en sus vidas, en sus relaciones con los demás, en su relación con Dios; para que encuentren la paz que Jesús trae para todos y todas. Oremos.
  • Por todos los gobernantes, para que sus palabras y promesas de servicio a la comunidad y al bien común se traduzcan en hechos reales. Oremos.
  • Por las personas que viven con vih y con sida, los sencillos, los pequeños… para que tengan parte esencial en la construcción del nuevo mundo, justo y fraterno, que todos anhelamos. Oremos.
  • Por todos nosotros y nosotras, para que encontremos en Jesús la paz y la alegría que él nos trae de parte del Padre, y que nos libera de nuestras fatigas. Oremos.

Oración comunitaria

Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los ‘sabios y prudentes', y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros y nosotras nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa de los excluidos, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de la historia que revelas a los sencillos.

Pastor Lisandro Orlov.

Domingo 3 de Julio de 2005