CICLO A. PRIMER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO
Evangelio : Mateo 3, 13-17

Primera lectura: Isaías 42, 1-9
Salmo responsorial: 29
Segunda lectura: Hechos 10, 34-43 


PRIMER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO
BAUTISMO DEL SEÑOR. PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANIA.

EVANGELIO  Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole:”Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!” Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. El Evangelio del Señor.


HABRAMOS EL CIELO

La Iglesia en su sabiduría ha puesto en perspectiva el Evangelio de este día con la comprensión de la historia de la salvación que expresa el Profeta Isaías. Es por ello que puede ser de mucha utilidad entender el relato evangélico desde esa perspectiva. Isaías 42: 1-9 pertenece a aquello que llamamos el Deutero o Segundo Isaías y que también se le conoce como el Libro de Consolación.  ¿De qué puede servirnos este texto en la comprensión de la epidemia del VIH-SIDA y como construir palabras de consuelo y de esperanza a las personas que viven con el vih y el sida?

En primer lugar el profeta le habla a personas que están viviendo en un exilio forzado y que anhelan regresar al hogar para fundamentar la esperanza en que el retorno está próximo. Nosotros también le estamos hablando a personas que han sido exiliadas de nuestras comunidades cristianas y obligadas a vivir en la intemperie de una sociedad anónima y muy poco solidaria. Nosotros y nosotras también estamos llamados a anunciar en medio de ese exilio impuesto por aquellos que se sienten dueños de la verdad que la comunidad cristiana inclusiva que les ha de recibir con los brazos abiertos y de forma incondicional es una realidad al alcance de la mano.

Asimismo, y frente a muchos fundamentalistas, que consideran que las verdades son eternas y que aquello que fue valido para un momento y una situación determinada tienen valores absolutos en el tiempo y en el espacio, en este texto de Isaías vemos claramente como la revelación de Dios es una acción dinámica. El pueblo de Dios arriba a una nueva comprensión con relación a la naturaleza misma de Dios y de la responsabilidad de la comunidad de fe. En medio de la epidemia del vih-sida nosotros y nosotras también crecemos en la comprensión de la naturaleza de Dios y de la responsabilidad de nuestra comunidad como pueblo de ese Dios. Las profecías y las revelaciones de Dios no han cesado sino que cada día y en cada circunstancias nos llama a ser creativos y fieles.

El profeta Isaías descubre y comunica a sus hermanos y hermanas que Dios mismo es el que nos ha llamados a ser su pueblo. Que este pueblo tiene una misión específica que es la de ser testigos de la acción transformadora y dinámica de Dios. Como afirma Santa Brigida de Suecia: “Oh Jesús, Hijo de Dios, Tú que estuviste en silencio delante de los que te juzgaron, silénciame, hasta que haya podido considerar qué y cómo hablaré. Muéstrame el camino y hazme dispuesto a seguirlo. Fatal es quedarse y peligroso seguir”

Y con ese horizonte podemos aproximarnos al texto del Evangelio de hoy. Aquí encontramos dos formas muy claras de predicación y de anuncio del Reino de Dios. Muchas de nuestras comunidades tendrán que reflexionar a qué escuela de predicación pertenecemos. Juan el Bautista impone la conversión por el temor al Reino que ya viene. Es urgente convertirse porque de otra manera caerá sobre todos y todas la condena. El temor es la base de la urgencia del llamado a la conversión. Muy semejante a lo que escuchamos en plazas y programas religiosos. Se leen los signos de los tiempos como calamidades que no deben hacer temer un fin apocalíptico próximo. La misma epidemia del vih-sida se la entiende en ese contexto.

Jesucristo viene a predicar desde otra perspectiva. La conversión esta relacionada con la venida del Reino pero no por temor sino porque sabemos que esa conversión ha de acelerar la venida del Reino. La conversión de cada uno de nosotros y de nuestras instituciones son un anuncio de que la justicia y la paz que están relacionadas con el Reino son el fruto de la conversión. Los cambios que debe mostrar nuestros pensamientos y acciones son herramientas para acelerar el establecimiento del Reino que quiere el Señor.

El otro hecho sorprendente es que Juan el Bautista actúa exactamente como actuamos nosotros como individuos y como instituciones. No entendemos absolutamente nada de la acción de Dios en Jesucristo. Siempre Jesús se coloca para nuestro escándalo y escándalo de Juan el Bautista, en la fila de los pecadores. Todos y todas hubiéramos visto como lo políticamente correcto y pastoralmente esperado, que Jesús comenzara a bautizar junto con Juan. Lo desconcertante entonces y ahora es que Jesús se coloca del otro lado del mostrador. Jesús se ubica en la fila de los pecadores y pecadores para mostrar que su compromiso es total. No tiene ningún temor que ser confundido con ellos y ellas porque sabe que desde esa comunión y compromiso de fila el cambio es posible. Sabe que ese ubicarse en ese contexto y en esa proximidad es la revolución del Reino. Jesús no solo se mezcla sino que a los ojos de Dios se hace marginado y excluido.

En esa ubicación de Jesús en la fila de los estigmatizados fundamentamos nuestra esperanza en el contexto de la epidemia del vih-sida. Podemos hoy anunciar que Jesús se ha colocado en la fila de los grupos vulnerables al vih-sida, en todos esos grupos y con todos los hermanos y hermanas que viven con vih-sida porque estamos convencidos que Dios no hace diferencia entre personas. A los ojos de Dios todas y todas estamos en la misma fila, todos y todas necesitamos de ese bautismo que nos hace morir a los prejuicios y nos hace renacer a la comunión, solidaridad y justicia.

Esa acción de solidaridad, comunión y compromiso es la acción que abre los cielos. Si realmente la iglesia y la comunidad cristiana quiere ser “puerta del cielo” dependemos de una acción que asombre y confunda a muchos Juan el Bautista de nuestro tiempo. La iglesia misma necesita ser bautizada en ese bautismo de arrepentimiento para que el cielo se abra nuevamente a muchos hermanos y hermanas que viven hoy con el vih-sida y a las personas que forman parte de los exiliados de los grupos más vulnerables a la epidemia.

Entonces todos y todas van a escuchar nuevamente “Este es mi Hijo y mi Hija muy querida, en quien tengo puesta toda mi predilección”. El amor de Dios es la que nos hace hijos e hijas de Dios y hermanos y hermanas.

Para la revisión de vida

En este día volvemos a afirmar nuestro compromiso de Bautismo. Queremos que nuestras vidas sean iluminadas por la presencia de Cristo en ellas de tal forma que el Espíritu del Reino descienda sobre cada uno de nosotros y nosotras para que este tiempo no se común ni ordinario sino que sea un tiempo extraordinario de sorpresas y creativada en la fe y en la vida comunitaria.

Para la reunión de grupo

“Cumplamos todo lo que es justo”. Esas palabras de Jesús se aplican hoy a la comunidad de fe, al pueblo llamado y convocado por el Espíritu. Esa es la misión de los bautizados: cumplir todo lo que es justo. En el contexto de la epidemia de fé debemos preguntarnos cómo y a través de que alianzas estratégicas ayudamos a que se cumpla todo lo que es justo.

Para la oración de los fieles
  • Para que todos los hombres y mujeres, seropositivos o seronegativos,  acepten y fomenten el Amor, la Justicia y el Derecho, roguemos al Señor…
  • Por todos los seguidores de Jesús, para que se distingan siempre –como el Mesías en el que creen- por su amor a la paz, a la concordia, a la justicia y al derecho…
  • Para que aprendamos de todos los hombres y mujeres, seropositivos o seronegativos, que han descubierto el imperativo absoluto de los derechos humanos, que vienen a ser “derechos divinos”…
  • Para que todos renovemos nuestro bautismo: nuestra decisión de seguir a Jesús y comprometernos con su proyecto mesiánico de “implantar el Derecho en el mundo”…
  • Para que la Iglesia se pueda colocar con simplicidad y humildad en la fila de aquellos y aquellas que necesitan el bautismo de conversión para que el reino se haga una realidad.

Oración comunitaria

Dios  nuestro, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo muy amado, el predilecto”; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su Causa y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones” y de “implantar el Derecho en la tierra”. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor

Pastor Lisandro Orlov. 9 de enero 2005