Domingo 16 de noviembre de 2008.

Ciclo A. Trigésimo Tercero Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Mateo 25, 14-30

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Zacarías 1, 7, 12-16

Salmo Responsorial: Salmo 90, 1-8 [9-11] 12

Segunda Lectura: 1º Tesalonisenses 5, 1-11



 

EVANGELIO Mateo 25, 14-30

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. Enseguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.

 

LA SORPRENDENTE GRACIA DE DIOS.

Es importante y esencial que tengamos en cuenta el lugar teológico en que el evangelista ubica esta parábola si queremos realmente comprender su sentido. En el contexto del Evangelio de Mateo, Jesús de Nazaret lo dice exactamente dos días antes de ser crucificado. Esa es la llave hermenéutica de esta parábola y solamente desde la cruz podemos evitar el extraviarnos en un festival de promoción de buenas obras que garanticen el ganarnos el cielo y la justificación ante Dios. La gran tentación es olvidar la centralidad de mediación de Jesucristo desde la cruz, resurrección y ascensión del proyecto del Reino.

Esta es una parábola que nos coloca en la crisis de afirmar nuestra plena confianza en la misericordia de Dios o continuar teniendo la imagen de un dios de terror, castigo y miedo. Recordemos que Jesús de Nazaret tiene por delante en este debate y como auditorio a los escribas y doctores de todos los fundamentalismos. Estos líderes de la comunidad han escondido y enterrado la misericordia gratuita y generosa de Dios bajo un cúmulo de reglamentos, leyes y mandatos que debemos cumplir para aplacar la ira de un 'Señor que es exigente, y que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido’. Por eso tenemos que tenerle miedo y sentir la tentación de enterrar la promesa de la sorprendente gracia de Dios y su amor sin barreras. Esta parábola no trata de la multiplicación de riquezas ni de talentos personales sino del único y verdadero talento y tesoro que podemos recibir: la gracia y la justificación por fe y amor en la acción amorosa de Dios. Esa es la crisis y esa es la cuestión. Por lo tanto tengamos mucho cuidado con comentarios diversos y predicaciones precipitadas.

Teniendo en cuenta la situación de crisis financiera actual, considero que la más segura y prudente acción frente a los millones de monedas entregadas por el rico propietario, sería enterrarlas y no confiar en el sistema bancario alguno ni en paraísos fiscales. Además si me pongo a pensar en la forma en que los otros dos siervos duplicaron el capital tengo que pensar que deben haber participado activamente en situaciones de dudosa especulación y en segura usura porque solo así se puede duplicar el capital recibido.

Pero también debo reconocer que estos dos siervos de dudosa conducta financiera son aquellos que corrieron serios riesgos al participar del impredecible mundo de las finanzas. Indudablemente me cuesta tomar como paradigma esos ejemplos ni sacar rápidas conclusiones moralizantes o de prudente uso de nuestros talentos porque no se trata de lo nuestro sino de aquello que le pertenece a este millonario propietario.

En este relato subyace una forma de comprender la naturaleza de Dios y del tesoro que nos entrega pero que no nos pertenece. El tesoro, los millones que recibimos, no nos pertenece ni tienen nada que ver con nuestras cualidades personales o individuales. Tiene que ver con el anuncio de un Dios alternativo al dios de la ley, de las obligaciones y del miedo. No podemos pensar en un Dios que tiene más consideración por los recursos financieros que por las personas mismas. El Dios que nos revela Jesús de Nazaret y que lo revela hasta la cruz, es un Dios que a pesar de que hayamos malgastado todos nuestros talentos, siempre y por sobre todas las realidades y las acciones nuestras, nos sigue amando, perdonando, reconciliando y dando una nueva oportunidad. Ese es el tesoro que no podemos esconder cuando acompañamos a las personas y a los grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. La sorprendente gracia, amor y acogida de Dios es el tesoro que debemos multiplicar y ese es el único talento y tesoro que poseemos. Todo lo demás son puros adornos.

Aquellos siervos que recibieron los primeros millones de monedas corrieron riesgos al invertirlo en el circuito especulativo, y si bien el Evangelio no nos llama a entrar en competencia con esa actitud, nos llama a correr riesgos y abandonar toda prudencia en el anuncio de la sorprendente gracia de Dios. Esa es la única inversión especulativa, financiera y obra buena que podemos llevar a cabo. Solo cuando asumimos la obra de Dios en su plenitud, que es la obra de reconciliar este mundo y no en forma excluyente o exclusiva a la iglesia, habremos hecho lo que corresponde. Pase lo que pase, aún en medio de nuestros fracasos, nunca, pero nunca dejaremos de escuchar de los labios del Dios que nos revela Jesús de Nazaret la frase tan llena de esperanza: “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu Señor”. La única fidelidad y misión que se espera de nosotros y nosotras es el compartir el tesoro de la gracia infinita, inclusiva e ilimitada de Dios. En el contexto de la crisis del vih y del sida y en nuestro diálogo con todos los grupos y personas estigmatizados y marginados, el núcleo de nuestro anuncio, en todas las ocasiones y a todas las personas es asegurarle: “Todo está bien, servidora y servidor bueno y fiel, ya que respondiste con fe en la poco, te encargaré de mucho más anuncio de mi gracia y perdón: entra a participar en la celebración gozosa y de acción de gracias de tu Señor”.

El gran fracaso es tener miedo de correr el riesgo de proclamar la gracia de Dios. Siempre queremos tener la seguridad de condiciones y requisitos previos como para tener la dignidad de recibir esa gracia y ese amor siempre inmerecido. Tenemos la tentación de esconder la misericordia de Dios bajo un cúmulo de requisitos para ser miembro del pueblo de Dios. Esa es la gran infidelidad y a eso tenemos que tenerle mucho miedo porque cuanto más escondemos el amor inclusivo y gratuito, verdaderamente gratuito de Dios, escuchamos en nuestro interior una vocecita que nos dice: “Servidor malo y perezoso”.

Nosotros y nosotras que estamos comprometidos en la promoción de derechos y dignidades en el contexto del vih y del sida, sabemos que Dios ha sembrado en la cruz la gran inversión en la cual podemos confiar y que tenemos que multiplicar. Esa es la gran acción de Dios y esa es su gloria. El anuncio inclusivo del perdón de Dios, de la segunda oportunidad que se nos ofrece gratuitamente en esa cruz, es la gran misión y la gran comisión. Solo aquellos y aquellas que tienen la valentía de anunciar ese riesgoso amor de Dios recibirán nuevos talentos y nuevas riquezas que siempre es más gracia sorprendente y paradójica de Dios. Estamos siendo infieles a esa misión cuando en nuestras declaraciones, documentos, predicaciones, echamos afuera, a las tinieblas a quienes nosotros y nosotras, con nuestras condiciones excluyentes, consideramos siervos o siervas inútiles. Somos nosotros y nosotras con nuestros silencios las y los que creamos espacios donde hay llanto y rechinar de dientes.

La gracia sorprendente y paradójica de Dios no es un tesoro millonario para esconder en nuestras iglesias y en nuestros templos. Debe ser anunciada con todos los riesgos que ello significa desde todos los tejados del universo. Tenemos un misión que no puede esperar un solo día más porque hay Alguien que ya está golpeando a nuestras las puertas de nuestras vidas. Estamos llamado a anunciar una promesa y no un terror, tenemos la misión de mostrar y vivir el perdón deseado y buscado por Dios con todos los seres humanos, con cada persona y con cada grupo que vive con vih y sida y con todas y todos los estigmatizados del universo. Esa misión es la única y exclusiva forma de relacionarnos positivamente con Aquel que todo lo ama y todo lo conduce a través de su cruz hacia la vida plena. La única vida plena es ese riesgoso anuncio de la gracia y nada más.

Este es un relato que nos pone en la crítica situación de decidir si confiamos o no en la acción reconciliadora y de perdón y de renovación que se revela en la cruz de Jesús de Nazaret a quien confesamos como el Cristo del Dios del Reino. La cruz es el Reino de Dios y esa es su gloria. Allí se nos revela que no hemos sido destinado a la ira sino al amor, allí se nos revela que Jesús de Nazaret es verdaderamente el Hijo del que todo lo ha hecho y allí se nos pide que confesemos que ese es el único camino para encontrarnos con el que siempre nos ama.

Estamos llamados y llamadas a multiplicar la gracia de Dios, a ponerla de manifiesto, a vivirla en plenitud y con todos los riesgos porque siempre confiamos en la bondadosa acogida del Aquel que a todas y todos está llamando. Esa misión, ese anuncio no nos pertenece. Pertenece a nuestros hermanos y hermanas y es propiedad de nuestros semejantes. Nuestra fidelidad es hacerla visible, audible y real.

Para la revisión de vida

El Evangelio nos llama a estar siempre atento a los sutiles peligros que rodena la construcción de la misión que nos encomienda Aquel que nos envía a este mundo y a esta realidad. Esta invitación se fundamenta sobre el talento del Cristo del Dios del Reino revelado en su cruz y jamás sobre nuestros talentos, siempre pobres y débiles. ¿Vívo confiando en el talento de Jesús o construyo sobre mis talentos?

Para la reunión de grupo

¿Cuáles son nuestros miedos al asumir el talento de la cruz? ¿Tenemos miedo al proyecto radicalmente inclusivo de Dios? ¿Puedo superar la tentación de condicionarla y en lugar de anunciar una buena noticia, la escondamos bajo un manto de leyes y reglamentos?

Para la oración de las y los fieles

Reunidos con todos tus santos y santas junto a los ríos de tu misericordia y en las riveras de tu Reino, rodeados de la gran nube de tus testigos, nos atrevemos a interceder por nosotros y nosotras mismos para que tengamos la fidelidad de correr todos los riesgos que conducen a la vida plena de tu gracia.

Se hace un breve silencio.

  • Protector de atrevidos y miedosos, sabemos que sin tu gracia y misericordia no nos quedan otra cosa que nuestros miedos y temores. Mira con compasión nuestros esfuerzos y nuestras tareas, nuestros proyectos y programas, nuestras planificaciones y nuestros talentos, para que en todo lo que hacemos podamos distribuir con generosidad el talento revelado en tu cruz, nuestra única fuente de inspiración y esperanza.
    Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones
  • Nunca tus servidores y servidoras, podemos agradecerte el talento de tu gracia que con tanta generosidad distribuyes en todo el mundo y a todos los pueblos y personas. Motívanos y empújanos para que liberados de todos nuestros temores y de todas nuestras prudencias podamos ser signos de tu Reino, de tu permanente disposición a acogernos y que a pesar de nuestros fracasos siempre nos rodearás con tus brazos para llevarnos a la fiesta que no tiene final.
    Antes que nacieran la tierra y el mundo, desde siempre y para siempre, tú eres Dios.
  • Nos refugiamos bajo tu manto de infinita gracia, porque sabemos muy bien que si nos abandona Tu presencia y tu Espíritu, no hay ningún talento válido en nosotros y nosotras. Concédenos la gracia de administrar el rico y espléndido tesoro de tu gracia para que nadie ni nada quede excluido de tu comunión.
    Sácianos con tu amor y cantaremos felices toda nuestra vida

 

Oración comunitaria

Protector de quienes necesitan Tu protección y compasivo con quienes esperan Tu compasión, conduce nuestros corazones y nuestras mentes por tu Espíritu para que nunca tengamos miedo de amor, perdonar y volver a empezar. Ayúdanos a correr todos los riesgos del amor que vence todo juicio para que siempre seamos movidos por la confianza en tu cruz a mirar el porvenir con esperanza. Te lo pedimos por aquel que Guía a todos aquellos y aquellas que necesitan Tu consejo y Tu ayuda. Amén.


Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Noviembre 2008


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