Domingo 3 de Junio de 2012
Ciclo B. La Santísima Trinidad -

Primero Domingo después de Pentecostés

Evangelio: Juan 3, 1-17

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 6, 1-8

Salmo Responsorial: Salmo 29

Segunda Lectura: Romanos 8, 12-17

 

EVANGELIO Juan 3, 1-17

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia


Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. " Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?". Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

ENTRE LUCES Y SOMBRAS

 
En la agenda del debate de cuestiones públicas en América Latina se ha establecido con claridad el tema de ampliar derechos a personas y grupos de la diversidad sexual. En cada país se han presentados proyectos para el reconocimiento de esos derechos y en algunos ya han sido aprobados con significativo apoyo de las fuerzas políticas y de la opinión pública. Es por ello que sería sumamente interesante declarar del Domingo de la Santísima Trinidad como la fiesta que acompaña este proceso y esta realidad.  La Trinidad nos ofrece un paradigma de unidad en el pleno respeto de la dignidad en la diversidad. Para consolidar y hacer visible esa unidad, que nunca se debe confundir con uniformidad, la Santísima Trinidad nos muestra el modelo de inclusividad, armonía y respeto.

Es por ello y en apoyo de esta necesidad de ampliar evangélicamente derechos quiero recuperar la voz de un feminista de la primera hora y que en el contexto de la Revolución Francesa fue la voz que cuestiono el machismo y lo limitado de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Esta voz varonil nos muestra que no es necesario ser mujer para ser feminista y que debemos recuperarla para mostrar que la promoción de todos los derechos de género tiene historia. Estoy hablando de Condorcet[1] quien fue uno de los teóricos de que reclamaba la igualdad de los sexos aún antes de 1789 y la voz más fuerte en criticar la Declaración de los Derechos del Hombre mostrando que esta declaración invisibilizaba a la mitad de la humanidad.[2] Este pensador en soledad afirma que las palabras Libertad, Igualdad, Fraternidad dejan de lado a quienes también están llamados y llamadas a ejercer sus derechos de

 ciudadanía. Afirma que “…aquel que vota en contra de los derechos de otra persona, sin importar su religión, color o su sexo, por ello mismo abjura de los suyos”[3] Hoy estas palabras, aplicada a muchos líderes de las comunidades de fe en América Latina adquieren vida, fuerza y actualidad.

 

Es por ello sorprendente que el Leccionario hoy nos proponga para reflexionar sobre la Santísima Trinidad el encuentro y diálogo entre Jesús de Nazaret y este líder de una de las escuelas teológicas judías. El evangelista ubica desde la primera frase la identidad interpretativa de las escrituras a las cuales pertenece Nicodemo. Todo el diálogo será un reflejo simbólico y real de la dificultad de comprensión de estas dos escuelas teológicas que aún perdura en nuestras propias comunidades de fe

 

Nicodemo es un fundamentalista honesto y su pertenencia a esa escuela será el obstáculo, la noche, que le impide ver la verdadera luz que trae la buena nueva predicada a excluidos, impuros y estigmatizados por su escuela interpretativa. Son sumamente ricos todos los elementos simbólicos que subyacen sobre cada una de las imágenes que componen esta escena. Igualmente significativa es la posibilidad de comprender la realidad de las personas y grupos afectados por el estigma y la discriminación relacionados con el vih en la misma perspectiva simbólica.

 

Como reflejo de un cuadro barroco, el evangelista juega con el tema de las luces y las sombras. La noche que rodea a Nicodemo no se limita a la oscuridad horaria sino que es símbolo de su escuela teológica y sus compromisos sociales y políticos. Esta dicotomía subyace a lo largo de todo el diálogo en el cual se enfrenta la luz y las tinieblas.

 

La honestidad de Nicodemo le hace confesar aquello que ve en la realidad y la biografía de Jesús de Nazaret. Parte de un dato concreto y de ese dato saca una consecuencia teológica. Podríamos decir que es un teólogo de la liberación de la primera hora, porque fundamenta su aproximación desde un ver, juzgar y actuar. Lamentablemente no tiene todas las herramientas que le permitan realizar ese proceso en una perspectiva de universalidad radical. Los códigos de santidad y los rituales de pureza interfieren en el proceso, tal como ocurre en nuestras comunidades y en nuestro tiempo. Jesús de Nazaret lo enfrenta con una inesperada afirmación: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. " Ahora que debatimos el tema de identidad de género, podríamos aplicar esta afirmación al debate y las personas que asumen abierta y honestamente una identidad transgénero, podríamos decir, que son aquellas que más sorprendentemente han nacido de nuevo. Pero sabemos que Jesús de Nazaret incluye y va más allá de esa realidad. Nos está hablando de la nueva y única identidad que incluye, enriquece y empodera todas las otras identidades y que es el camino, la puerta y la nueva mirada que nos permite ver el Reino de Dios en medio de todos nosotros y nosotras. Todos y todas al asumir nuestras identidades estamos llamados y llamadas a ir más lejos y poder comprender que existe una identidad transversal a todas y que es la única que nos permite ver el Reino en nuestra realidad.

 

Nicodemo contesta de acuerdo a la antigua escuela interpretativa. Su formación religiosa le impide comprender, muestra que aún con toda su honestidad que le hace tan fácil de querer aún permanece en la noche simbólica.

 

La nueva identidad, el nuevo nacimiento que traspasa y a la vez fundamenta toda identidad, nace del agua que nos permite construir todos los puentes que llevan a la vida de calidad de toda la humanidad y del Espíritu de todas las comuniones y de todas las mesas compartidas con extraños, extranjeros y diferentes. Sin esa identidad del bautismo de agua y fuego y sin ese Espíritu de comuniones en las diversidades, nuestra identidad permanece incompleta y nuestros derechos como un proceso sin terminar.

 

La construcción del dogma de la Santísima Trinidad no fue fácil ni pacifica. La historia nos muestra crueles y sangrientos enfrentamientos, no solo simbólicos sino muy reales. Aún hoy las iglesias ortodoxas de oriente y las cristianas de occidente no nos ponemos de acuerdo con relación a si el Espíritu Santo procede del Padre solamente o si es enviado tanto por el Padre y el Hijo. Todas las tentativas de racionalizar este proceso dinámico y vital solo nos permite afirmar en y con honestidad que es un misterio que sobrepasa todo lo que podemos entender. Con la sexualidad nos pasa exactamente lo mismo. En medio de los crueles debates de tensionan tanto a la sociedad como a las comunidades de fe, tarde o temprano llegaremos a reconocer que es otro gran misterio y por ello podremos celebrar con alegría en el mismo día y con la misma alegría la riqueza del misterio de la Santísima Trinidad y de la sexualidad humana.

 

Para la oración de las y los fieles

Nos inclinamos en unidad y diversidad delante del misterio de las tres personas que empoderan en comunión a toda la creación, redimen a toda la humanidad y santifican todo el proyecto del Reino.

 

Se hace un breve silencio.

 

Enriquece y profundiza la vida de celebración y oración de tu iglesia y envíanos con todo el fervor de tu espíritu a testificar la unidad de toda la creación, de la humanidad y a proclamar que tenemos un futuro diferente y alternativo a todo otro proyecto en tu Reino ¡Aclamen al Señor, hijos e hijas de Dios, aclamen la gloria y el poder del Señor!

 

Suscita en tus pueblos líderes y pastores que abandonando las tinieblas de las ambiciones por el poder puedan servir con generosidad a la creación, sostener la liberación de la humanidad y santificar con sus testimonios hasta la cruz tu proyecto de aquel nuevo cielo y nueva tierra de la cual estamos llamados a ser ciudadanos y ciudadanas. ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor, adórenlo al manifestarse su santidad!

 

Despiértanos de las profundas tinieblas a las que nos han conducido nuestros silencios cómplices frente a tanta opresión, estigmas y discriminaciones. Que la gloria de tu creación nos ilumine en nuestro compromiso, que tu llamado a vivir en plenitud la libertad, la igualdad y las comuniones nos permitan actuar ahora y aquí y que tu Espíritu nos de la fuerza como para no tener miedo de nacer de nuevo despojados de toda voluntad de manipular a nuestros hermanos y hermanas en situación de vulnerabilidad. ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa!

 

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

 

Te damos gracias por todos los hermanos y hermanas que en el pasado aceptaron los desafíos de su bautismo y con sus vidas fueron luces en nuestro camino. Que el nombre de la Santísima Trinidad sea marcado en la frente de nuestra existencia para que renovados por todos los bautismo de agua, fuego y espíritu podamos ser instrumentos útiles en la construcción de nuevos cielos y nuevas tierras de equidad y justicia. El Señor fortalece a su pueblo, él bendice a su pueblo con la paz.

 

Recibe nuestras esperanzas, nuestro hambre de sed y justicia y todas y cada una de nuestras oraciones construidas sobre las promesas de la gracia tan gratuita de tu Hijo muy amado, Jesucristo, nuestro amigo y compañero de ruta que junto a tu Espíritu nos permite nacer cada día de nuevo para ver tu Reino. El Señor fortalece a su pueblo, él bendice a su pueblo con la paz.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Junio de 2012
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[1] Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (Ribemont, Aisne, Francia, 17 de septiembre de 1743 - Bourg-la-Reine, 28 de marzo de 1794), fue filósofo, científico, matemático, político y politólogo francés.
[2] Groult, Benoîte: “Le féminisme au masculin”Denoël/Gonthier. Collection Femme. Paris 1977 Pagina 53[3] Idem. Pagina 57