Domingo 27 de mayo de 2012
Ciclo B. Día de Pentecostés

Evangelio: Juan 15, 26-27, 16, 4b-15

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Hechos 2, 1-21 o Ezequiel 37, 1-14

Salmo Responsorial: Salmo 104, 25-35, 37

Segunda Lectura: Romanos 8, 22-27 o Hechos 2, 1.21

 

EVANGELIO Juan 15, 26-27, 16, 4b-15

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes. Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?' Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado. Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'. Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

ENTRE CENAS Y CRUCES

 
El mismo hecho que llamemos al Espíritu Santo la tercera persona de la Trinidad nos revela, en nuestro orden de pensamiento teológico jerárquico, el lugar que le hemos asignado. En occidente siempre ha sido un problema pensar en la acción e identidad del Espíritu que revela y conduce hacia toda verdad. Por un lado algunas comunidades han transformado su presencia y acción en un espectáculo de maravillas, curaciones, don de lengua y toda una parafernalia de acontecimientos sorprendentes. Otros le han dado a este mismo Espíritu el ser fuente de siete virtudes teológicas con un fuerte tufo moralizante. Me parece que el texto que tenemos delante de nosotros y nosotras va por otros caminos que trataremos de discernir para escapar a los tradicionales mensajes de Pentecostés, en general construidos desde una fácil y tentadora teología de las glorias y para ello intentaremos mirar este pasaje desde una teología de la cruz. 

Este texto es parte del largo discurso de despedida de Jesús de sus discípulos y discípulas, amigos y amigas. Es un momento que se puede ubicar entre dos acontecimientos sumamente significativos en el desarrolla de la pasión de la Encarnación: por un

lado la celebración de la última cena, en su sustentable compromiso de comunión con cuanta persona vive estigmatiza por diversos códigos de santidad o criterios múltiples de pureza. La cruz que tiene delante y que le espera de manos de los teólogos ortodoxos y escandalizados por su extraña y blasfema teología, marca el otro lado hacia el cual se encamina con una lógica ejemplar. La escena. de la Cena y de la cruz se unen como causa y consecuencia. Todo este diálogo hay que leerlo en esa clave de comunión y radicalidad de esa perspectiva, y sin confundirlos nunca separarlos.

 

El Espíritu Prometido, el Paráclito, el que consuela, es la fuerza que nos permite permanecer en el proyecto de Aquel que le envía a proclamar la buena noticia del Reino de las radicales inclusividades y por lo tanto es a la vez fuerza y riesgo. Justamente su función no es sorprendernos con un show de maravillas, sino que tiene como objetivo consolarnos en medio de todas resistencias, los rechazos y oposiciones que ciertamente encuentra ahora como antes una propuesta de universal inclusividad fundamentado en conceptos de justicia y equidad. Ese rostro y esa identidad que se revela desde el Padre en la encarnación, vida, testimonio, enseñanzas, comuniones y cenas diversas que conduce a toda la pasión siempre inconclusa y siempre confirmada con su resurrección, es hecho presencia real cada día en nuestras vidas de testigos de ese proyecto que nos enfrenta a dominaciones y potestades, que con diversos ropajes muy tentadores nos quieren debilitar en nuestro compromiso de permanecer en la buena noticia destinada a quienes tienen un insaciable hambre y sed de justicia. Permanecer en Aquel que da su vida por ese proyecto de un mundo sin estigmas y sin discriminaciones, sin opresores y sin oprimidos, es un verdadero riesgo y por ello necesitamos el envío de este Espíritu de toda verdad. Si ese Espíritu vemos a las y los discípulos huir, negar y traicionar. No podemos permanecer en quien es el verdadero Viñador sin recibir la fortaleza de este Espíritu que no solo consuela sino que nos motiva a enfrentar en nombre de la justicia diversas oposiciones. Esa es la verdad que molesta, escandaliza y hace reaccionar a dominaciones y potestades y pone en riesgo a cuantos han sido bautizados y bautizas en el bautismo de agua y fuego.

 

De la misma manera que todo el relato de la vida de Jesús de Nazaret comienza con su bautismo seguido de tentaciones concluye con tentaciones seguidas del bautismo de la cruz. La venida del Espíritu es una continuación dinámica de aquello iniciado por Cristo, es la profundización de aquellos criterios demostrados en el anuncio de una buena noticia a pobres, excluidos, oprimidos, impuros, y para todas y todos los que están al final y al costado de todos nuestros caminos. La venida del Espíritu revelador de toda verdad tiene que ver, no solo con la comunidad de fe sino que es el fundamento de toda nuestra incidencia en políticas públicas. Siempre hemos corrido con la tentación de privatizar la acción del Espíritu cuando en realidad se nos envía para fortalecernos en todo sufrimiento que es consecuencia del compromiso con la justicia, la paz, la equidad y la radical comunión que nos revela la opción preferencial de Dios. El verdadero Pentecostés nos conduce a un profundo compromiso social ya que la función del Espíritu es ayudarnos a no confundir el penúltimo con lo último, a no subirnos a los palcos del poder con inocencia, a distinguir claramente entre Reino y cualquier propuesta política, por más justa que sea. Nuestro compromiso con el proyecto del Reino de la buena noticia siempre nos coloca en el lugar incomodo de quienes piden más justicia, más derechos, más igualdad, más equidad.

 

Para la oración de las y los fieles:

Sabemos muy bien que para permanecer en la verdadera Vid necesitamos de toda tu fuerza y toda tu ayuda, porque también sabemos que permanecer en Ti es desafiar a muchas dominaciones y potestades por ello juntos y juntas gritamos: ¡Ven Espíritu Santo!

 

Se hace un breve silencio

 

Espíritu revelador de toda verdad, te pedimos que una y otra vez salgas al encuentro de tu pueblo para renovar el pacto de nuestro bautismo y para que permaneciendo en él tengamos la valentía de enfrentar dominaciones y potestades que aún resisten y enfrentan tu proyecto de justicia, paz y equidad. Espíritu de todo consuelo, permanece al lado de todo tu pueblo para que nunca tenga miedo de anunciar toda la verdad y que no sienta la tentación de negociar esa verdad bajo ningún pretexto ni argumento teológico o pastoral. Espíritu de todo testimonio, concédenos la valentía de vivir nuestra fe hasta confesarla con nuestras propias vidas, imitando en todo tu propia entrega. Aleja de tu pueblo la debilidad de callar sus convicciones frente a las y los poderosos de este mundo que tanto has amado que nos envías a transformarlo en tu Reino. Espíritu de tu real presencia en el corazón y la vida de tu pueblo fiel pero con miedos, ven a nosotros y nosotras para que transformados por tu sabiduría, paciencia y transparencia, podamos sentir la urgencia y la necesidad de llevar tu compromiso de radicales comuniones con excluidos, estigmatizados y vulnerables a todo sistema y encarnar siempre las buenas nuevas de tu solidaridad.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones

 

Espíritu de toda revelación, ayúdanos a comprender que en la cruz se manifiesta la sorprendente gloria de Aquel que se hace vulnerable para transformar desde sus mismos fundamentos la realidad. Concédenos renovar nuestro compromiso de incidencia en políticas publicas sin dejarnos tentar por la pretensión de vivir en paz cuando el mundo se incendia de diversas urgencias. No permitas que estemos en paz y aislados cuando tu mundo tan amado necesita de testigos hasta la cruz

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Mayo de 2012