Domingo 20 de mayo  de 2012

Séptimo Domingo de Pascua

Evangelio: Juan 17, 6-19

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Hechos 1, 15-17, 21-26

Salmo Responsorial: Salmo 1

Segunda Lectura: 1º Juan 5, 9-13

 

 

EVANGELIO  Juan 17, 6-19

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: Manifesté tu Nombre a las y los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos y ellas fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,  porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.  Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.  Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.  Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.  Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.  Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.  Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. ¡Por ellos me consagro, para que también ellos y ellas sean consagrados en la verdad! Aclamemos el l Evangelio del Señor.

 

EL GÉNERO DE DIOS

Quienes utilizan la palabra identidad de género no siempre están significando lo mismo. Aquellos y aquellas que se aferran a una interpretación fundamentalista de las Escrituras se concentran en los textos del libro del Génesis que afirman que Dios creo al ser humano como varón y mujer y punto. Esto se toma como un absoluto que no admite ninguna interpretación. Esa es la visión bipolar desde la genitalidad y muchas veces es también la perspectiva heterosexista que no admite rupturas de esa bipolaridad. Es posible reconocer que la gran mayoría de los seres humanos al nacer pertenece desde la perspectiva genital a uno u otro sexo. Encontramos estadísticamente una pequeña proporción de personas que desde el punto de vista genital tienen una realidad indefinida y que hoy se discute mucho en qué momento realizar la reasignación de su identidad sexual.

Pero frente a esta escuela esencialista donde todo parece haberse definido de una vez para siempre tenemos enfrentada la escuela constructivista que muestra cómo  que sobre esos datos de la realidad genital la sociedad, la cultura y las comunidades de fe han ido construyendo aquello que entendemos en forma muy dinámica como lo masculino y lo femenino. Esas identidades bipolares son cambiantes, ya que vemos como a lo largo de la historia esos criterios han ido y están y seguirán  cambiando de muy diversas formas y con cronologías desfasadas  En este plano de identidades masculinas y femeninas nos movemos en una dimensión bipolar.

El concepto de identidad de género rompe con esa bipolaridad genital y de identidad en singular para hablar de identidades en plural, desde una plena perspectiva abarcadora de todas las diversidades. No hay una sola forma de comprender lo masculino o lo femenino. El género nos abre al multifacético mundo de las identidades. Es por ello que muchas y muchos no nos sentimos representados cuando se habla de Dios como padre y madre porque volvemos a caer en la bipolaridad genital y en la bipolaridad de identidades que no refleja la diversidad de perspectivas que hoy vivimos.

Este pasaje del mensaje de despedida de Jesús de Nazaret nos muestra que la identidad de Dios también es una construcción dinámica y en constante movimiento. El concepto de la identidad de Dios en el Rey David y en Salomón es  completamente diferente de la identidad que nos viene a revelar Jesús de Nazaret y que tanto escandaliza a quienes pretenden detener este proceso en un momento histórico determinado y para que no se puede cambiar. De hecho nosotras y nosotros mismo seguimos profundizando la revelación de la identidad de Dios que nos manifestó en su mensaje hecho vida y pasión dado por Jesús de Nazaret. Seguimos profundizando y enriqueciendo aquel deposito que nunca puede estar cerrado y que el Evangelio nos encomienda el  mantener abierto y en adaptación y transformación.

En este mensaje que Jesús de Nazaret encomienda a sus discípulos y discípulas en su camino hacia la cruz, nos introduce en un debate alejado de toda ontología o esencialismo para capacitarnos en un debate existencial. En el contexto de los debates establecidos en nuestras sociedades sobre diversas propuestas de leyes que reconocen la identidad de género que puede ser diferente a la identidad genital, este texto del Evangelio podría muy bien ser de mucha ayuda.

Los conceptos sobre la esencia de lo divino no está en discusión en este mensaje pero aquello que es sorprendente es la identidad que nos revela Jesús de Nazaret en su encarnación despojada, en su vida provocativa, en su pasión y muerte escandalosa y en su resurrección confirmatoria de todo ese proceso. Jesús al que confesamos como el Cristo del Dios del Reino es en toda su existencia la identidad de Aquel que le envía. Manifestar el Nombre es revelar la forma de ser, la identidad de Dios que tantas hermenéuticas o interpretación  fundada en códigos de excluyentes santidades había desfigurado. Esa revelación a través de contactos directos con personas y grupos considerados por esos códigos y leyes como impuros traen a la luz de toda consideración la identidad de Dios. Una identidad en la cual todas las identidades se pueden ver reflejadas y para escándalo de muchos y muchas, ninguna identidad queda excluida. La identidad de Dios es un ilimitado arco iris.

El reconocer esta identidad incluyente gratuita y radical es todo un riesgo. En el plan divino aquellos que han reconocido la soberanía de Dios corren el riesgo cierto de enfrentarse con las dominaciones y potestades que se oponen al anuncio de esta buena nueva y consideran esa anuncio como una teología blasfema. Un pequeño número vulnerable de discípulos y discípulas permanecen con todas sus pobrezas fieles a esa palabra y esas mesas de comunión siempre sorprendentes.

La identidad de Jesús de Nazaret es la identidad de Dios. La Palabra encarnada y que toca y se deja tocar por todo un mundo considerado impuro por muchos códigos de santidad, es una ruptura con los criterios de pureza y santidad que manifiesta el debate de la pasión. Esa Palabra, ese proyecto de vida, ese criterio existencial es la identidad en la cual estamos llamados a permanecer y esa es nuestra sola y única fuente de pureza y santidad. Hemos sido separados por nuestra opción por el Reino de la justicia, equidad e inclusividad para enfrentar con la ayuda de todas las virtudes del Espíritu Santo para oponernos a todos los proyectos aún vigentes que quieren oprimir, excluir, utilizar a media humanidad.

El confesar que en la profunda identidad provocativa de Jesús de Nazaret hemos descubierto y asumido la verdadera identidad de Aquel que nos bautiza con agua y Espíritu de fuego, necesitamos de la permanente intercesión del Cristo.  Jesús sabe muy bien que nuestra fe nos coloca en la boca del lobo. Confesar el nombre y la identidad de Dios es el más rápido y directo camino hacia los muchos martirios. Desde ahora ya no somos servidores de los poderes y dominaciones que construyen imperios opresores sino que hemos asumido la identidad liberadora que promueve inclusión y equidad con toda justicia. Esto significa que pertenecemos al proyecto del Dios del Reino de todas las bienaventuranzas.

En su oración por la unidad, Jesús de Nazaret no nos encomienda a ninguna estructura ni jerarquía. La unidad evangélica no se construye sobre esas instituciones sino sobre el proyecto transversal del Reino. La unidad se construye en la fidelidad existencial y en la identificación justamente con la identidad de ese proyecto revelado en las escandalosas comidas de comunión celebradas hasta el último momento por Jesús de Nazaret. Esas comidas de inclusión son nuestra identidad y unidad provocativa y desafiante. Ese es el cumplimiento de las Escrituras. No son los códigos de santidad que cumplen las Escrituras sino las desafiantes comidas de inclusión que celebran toda la diversidad de identidades.

Para la oración de las y los fieles.

Manifiéstanos una y otra vez el Nombre y la Identidad de Aquel que te ha enviado para que confirmados por tu Espíritu podamos ser fieles a tu Palabra que reconocemos como verdadera.

Se hace un breve silencio.

Sabemos que tú intercedes por quienes asumen el riesgo de vivir en plenitud la identidad con la que nos selló tu Espíritu en nuestro bautismo. En la fe reconocemos una unidad de identidad porque esa es la gloria que estamos llamados a vivir y proclamar. Fortalece nuestra unidad en tu proyecto de liberación universal y sustentable. ¡Feliz el ser humano que no sigue el consejo de las y los malvados!

Tú eres el buen pastor que cuidas de la identidad de tu pueblo. Envía tu espíritu para que nadie se pierda ni sea vulnerable a los proyectos de poder, gloria y prestigio que con tanta fuerza nos tientan cada día. Tú te haces el único y solo camino que nos lleva al proyecto del Padre. Concédenos fidelidad a la nueva identidad que recibimos en tu bautismo de fuego para que podamos poner fuego a todo sistema de opresión para que en unidad celebremos tu liberación de todas las tiranías. ¡Feliz la persona que no se detiene en el camino de las y los pecadores ni se sienta en la reunió de las y los impíos!

Tú eres la verdadera y sola Palabra del Padre, concédenos vivir a la sombra de tu cruz para tener la valentía de terminar con todas las cruces y para que entonces podamos llegar al gozo y alegría perfecta de sabernos tus amigos, nunca tus siervos, porque tu no quieres ser nuestro Señor sino nuestro compañero y amigo. Fortalécenos para que también en cruz podamos despojarnos de toda tentación de poder y de manipulación de hermanos y hermanas. Junto a ti nuestra verdadero viñador queremos repetir una y otra vez que no queremos ser parte de ese mundo y esas instituciones que excluyen y tiranizan. ¡Feliz la persona que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Tú eres nuestra verdad y la sola Palabra que queremos escuchar de labios de nuestro verdadero pastor y de nuestro único viñador. Envíanos una y otra vez a correr los riesgos que nos esperan en este mundo de dominaciones y potestades que sabemos no te quieren. Conságranos de la misma forma que en la cruz Aquel que te envío se libera de todos los closet y armarios y da a conocer su escandalosa identidad de ser la fuente de toda compasión, justicia y misericordia. El Señor cuida el camino de las y los justos. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Mayo de 2012