Domingo 13 de Mayo de 2007

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

Evangelio : Juan 14, 23-29

Primera lectura: Hechos 15, 1-2.22-29
Salmo responsorial: Sal 66
Segunda lectura: Apocalipsis 21,10-14.22-23



EVANGELIO
Juan 14, (22) 23-29

[Judas –no el Iscariote- le dijo: “Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?”]

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.  Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.  Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!  Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.  Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

El Evangelio del Señor.


PREGUNTAS MOLESTAS

La pregunta que hace Judas, no el Iscariote, es una pregunta complicada y que nos ubica en una perspectiva de discutir los límites y la exclusividad o inclusividad de la revelación de Dios que nos incomoda. La respuesta que demos a esta pregunta, obviada en el texto asignado a este día también nos ha de ubicar a nosotras y nosotros mismos en espacios diferentes.

Todo el diálogo que sigue entre Jesús de Nazaret y sus discípulos es en cierta forma una respuesta a esa pregunta que quedó en el aire de forma inconclusa.

La identidad de cada cristiano y cristiana y la identidad de la comunidad misma ya no se manifiesta por una serie de afirmaciones teóricas o confesiones verbales sino por una puesta en práctica del mandamiento de Cristo: uno solo y verdadero, uno solo y exclusivo: amar. Solo en el amar de la misma forma en que nos ha amado Jesús de Nazaret y tal como él nos ha enseñado se pondrá en evidencia y se hará visible nuestra identidad confesional. Un solo camino y un solo amor. Todas y todos hemos de ser siempre juzgados por nuestra intensidad de amar más allá de toda consideración racional, de prudencia, y de reglas de cortesía.

Ser fiel a la palabra es ponerla en práctica y que se manifieste en acciones. Por lo tanto el parámetro para evaluar quiénes pertenecen a esta comunidad invisible es el amor puesto en práctica en la construcción de la nueva tierra prometida: el Reino de Dios y cumplir en el cielo y en la tierra su voluntad. A partir de este criterio, a los hermanos y hermanas que aman como ama Jesús de Nazaret los podremos encontrar agrupados de muy diversas maneras, bajo diferentes rótulos o ningún rotulo. No miramos sus labios o sus afirmaciones teóricas sino que evaluamos sus acciones de justicia, verdad y solidaridad. Bajos los muchos nombres y en un contexto de diversidades valiosas podemos encontrar que Dios tiene muchos ovejas en diferentes rebaños, pero todos esos rebaños unidos por la fidelidad a la palabra, voluntad y proyecto del Dios del Reino, tal como nos lo revela Jesús de Nazaret.

En el comienzo mismo de mi compromiso de acompañamiento a personas que viven con vih o con sida, recuerdo la acción de un paciente en una de las salas del Hospital Municipal de Infecciosas Francisco J. Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires. En aquella oportunidad venía acompañando a una persona que vivía ya con sida y aún no existían los medicamentos antiretrovirales y la ciencia brindaba muy escasos recursos para aliviar la situación. Esta persona ya no podía levantarse para ir hasta el baño, le costaba comer por si solo y no tenía una red de apoyo familiar. Quedaba muy clara su orientación sexual y el estigma que en aquellos momentos esto significaba.  Su estado era preocupante. En aquella sala, a dos o tres camas de diferencia, estaba internada también y al mismo tiempo una persona que podía movilizarse y que venía también claramente del mundo de los usuarios de drogas. Era el encuentro de dos culturas, diferentes costumbres, diferentes personalidades. Pero lo que aún puedo hacer memoria es de la dedicación, delicadeza y esmero que ponía esta persona, estigmatizada también por ser usuario de drogas en cuidad a aquel paciente de orientación homosexual. Era claro que no podía haber como motivación ninguna recompensa de ninguna clase. El cuidado que brindaba era realmente desafiante. Las chatas y el papel higiénico iban y venía. Las diarreas eran constantes. La necesidad de lavarle también. Aquel usuario de drogas cuida incondicionalmente y con dedicación y simpatía de quien le separaba todo y la unía mucho. Anónimos ambos en mi memoria pero que seguramente Dios conoce muy bien por sus nombres. Anónimos como muchos personajes que Jesús nos ha puesto como ejemplos de fidelidad a su palabra. Allí, en ese testimonio de amor servicial, silencioso y eficaz, he vivido y sentido la presencia  real y sacramental de Dios. Sin palabras y sin teorías esta persona estaba siendo fiel a la palabra de Jesús de Nazaret. Nunca más he visto un testimonio de tanto amor hasta el fin.

La presencia de Dios ya no se da en templos ni espacios geográficos que consideramos sagrados. Ya no necesitamos hacer grandes y largas peregrinaciones para ubicarnos en los meridianos y paralelos de la manifestación de Dios. Desde ahora en adelante, y desde este mensaje de Jesús de Nazaret sabemos que Dios se hace presente y habita en la vida y existencia de aquellos y aquellas que en la diversidad son fieles a la Palabra. Es un nuevo concepto de presencia de Dios. No más templos y si más personas. Cada ser humano, en cuanto pone en práctica la Palabra de Dios se transforma en un relicario de presencia divina. Ese es el gran fundamento de nuestro respeto de los derechos humanos. No nos empuja ni nos mueven las Declaraciones Universales de Derechos Humanos y los diversos tratados. Simplemente nos mueve a respetar a toda criatura, en todo lugar, en todo tiempo y en la diversidad de religiones, culturas y fronteras, el saber que en cada uno de ellas y ellos habitan Dios y es un espacio sagrado que estamos llamados a reverenciar.

La gran promesa de este amor que nos revela la proximidad de un Dios que es Emmanuel, es decir, un Dios prójimo es la paz. Aquellas y aquellos que escuchaban y seguían a Jesús de Nazaret saben que la paz es una de las características de la tierra prometida y de la presencia del Mesías. Jesús nos entrega esa paz que el mundo no puede dar. Paz que nace de un amor incondicional, que toma como modelo al Jesús que llega a la cruz por sus amigos y amigas. Nosotros y nosotras somos ahora esa tierra prometida donde muchos esperan encontrar en el amor incondicional la paz. Nosotros somos esa tierra prometida cuando ponemos en fidelidad en práctica la Palabra de Cristo. Nosotros y nosotras somos esa tierra prometida que ofrece paz a los que son excluidos por nuestra sociedad y nuestras iglesias. Paz a los divorciados y vueltos a casar, paz a los que por diversos motivos consumen drogas que por diversos caprichos sociales y culturales consideramos ilegales, paz a la diversidad sexual en sus muchas manifestaciones, a las y los que son explotados sexualmente, paz a….

La presencia de Dios en la fidelidad de nuestras vidas nos lleva a vivir una religión sin templos y con mucho respeto por la vida de los hermanos y hermanas que peregrinan hasta nuestra existencia en búsqueda de paz. La comunidad cristiana, al amar como único mandamiento que nos impone el Dios revelado por Jesús de Nazaret nos transforma a nosotros como santuario de sus dignidades recuperadas y de la paz en el amor, la justicia y la solidaridad.

Frente a muchos pacificadores que se imponen por la fuerza, la opresión, las armas y las guerras preventivas, Jesús de Nazaret nos convoca a ser esos espacios personales y comunitarios donde cada persona encuentra su lugar de dignidad y respeto. Esta fe paradójica, es decir, escandalosa para la paz impuesta por los que tienen el sartén por el mango y el mango también, nos lleva a escandalizar atrevidamente al amar aquello que ellos miran de reojo, de los que siempre han sospechados y despreciado. El amor que nos enseña Jesús de Nazaret nos llama a llevar esa paz que nadie en el mundo puede dar. Y para eso tenemos un defensor, una fuerza que nos permite recuperarnos de nuestras propias incertidumbres, debilidades y traiciones. El Espíritu está en medio de nosotros como otro Cristo para que nos atrevamos a amar.

 

 Para la revisión de vida

  • ¿Cuál es el espacio sagrado que estamos llamados a construir? ¿Cómo y para qué?
  • ¿Somos santuario para alguien?

Para la reunión de grupo

  • ¿Cuáles son las condiciones y requisitos para descubrir en el otro y la otra la presencia real de Dios?
  • ¿Tiene fundamento la afirmación de que  fuera de la iglesia no hay salvación?

Para la oración de los fieles

 

Creador de vida y esperanza,

concédenos un espíritu de valentía,

para que nos podamos abrir a las preocupaciones de las personas que viven con vih y con sida.

Concédenos un espíritu de desafío,

para que nunca aceptemos el silencio y los prejuicios sin ponerlos en cuestión;

Concédenos un espíritu de misericordia,

para que podamos contemplar el mundo con tus ojos y tu mirada;

Concédenos un espíritu de mansedumbre,

para que podamos escuchar a todos aquellos y aquellas que claman por nuestra comprensión;

Concédenos un espíritu de unidad,

para que en verdad nos podamos amar unos a otros y otras como a nosotros mismos;

Dios de misericordia y unidad, ayúdanos y condúcenos con tu Espíritu de valentía,

para que podamos seguir adelante con nuestros compromisos.

Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo, nuestro hermano y compañero de camino.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina