Domingo 11 de febrero 2007

CICLO C. SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA. 6º DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO.

Evangelio : Lucas 6, 17-26

Primera lectura: Jeremías 17, 5-10

Salmo responsorial: Salmo 1

Segunda lectura: 1 Corintios 15, 12-20



EVANGELIO
LUCAS 6, 17-26

En aquel tiempo, al bajar Cristo con sus discípulos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,  para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;  y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!  ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!  ¡Felices ustedes, cuando los seres humanos los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!  ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!  ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!  ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas! El Evangelio del Señor.


UN TOQUE DE PODER

Aquellas personas que están internadas en los hospitales frecuentemente son tocadas por el equipo de salud de una u otra forma. Es una forma de tocar profesional, aséptica, distante, impersonal. A lo largo de los años de acompañar a personas que viven con vih y sida hemos descubierto la fuerza, el poder y los desafíos que envuelve ese gesto simple y cotidiano de tocar a otra persona, ya no con una intencionalidad aséptica y profesional sino desde una perspectiva profética y desafiante. Muchas veces ese gesto habla más que muchas palabras, predicaciones y folletos. En ese gesto de tocar, abrazar, besar los agentes pastorales están rompiendo barreras de exclusión, de miedos y prejuicios. En ese gesto, tan profundamente litúrgico y con tantos contenidos teológicos y pastorales, estamos denunciando aquellas fuerzas que oprimen a hermanos y hermanas por motivos diversos pero ninguno evangélico. Es un abrazo de reconciliación de la comunidad cristiana con todas y todos aquellos a los que hemos obstaculizado el acceso a la fuente de vida y de dignidad. Ese gesto es hacer visible esa voluntad de la comunidad cristiana de empoderar a los pobres de todas las condiciones del mundo entero. Ese gesto ha sido siempre la vanguardia y estaba allí antes de que comenzáramos a utilizar la extraña palabra de empoderar. Es por ello que todas las personas, sin exclusión y sin barreras, se acercaban a Jesús de Nazaret para tocarlo porque sabían que de él salía una fuerza que sanaba los estigmas y les empoderaba para ser nuevamente ciudadanos de pleno derecho del Reino de Dios y en la construcción de una comunidad más inclusiva.

De igual forma que al llegar al hospital y acercarnos a la cama de una persona internada, el equipo de la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA tiene incorporado preguntar inmediatamente si se pueden sentar para anunciar con ese gesto que tenemos disponibilidad de tiempo y que nuestros ojos están a la misma altura para hacernos visibles la igualdad de poder en esa relación de ayuda, Cristo y sus discípulos bajan a la planicie para encontrar la pueblo que espera ser empoderado para transformar su situación de opresión. Nosotras y nosotros también debemos seguir ese proceso de reconocer que estamos en una misma situación de necesidad pastoral, humana y social. Nunca debemos planificar una acción pastoral pensada desde una situación de poder no compartido y abierto a la participación activa de las poblaciones vulneradas.

Es extraño como finaliza el ciclo de bienaventuranzas en este pasaje: “¡Felices ustedes, cuando los seres humanos los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!”. Tal como nos enseña Dietrich Bonhoeffer: “El hecho de ser rechazado quita al sufrimiento toda dignidad y todo honor. Debe ser el sufrimiento sin honor. Sufrir y ser rechazado constituye la expresión que sintetiza la cruz de Jesús. La muerte de cruz significa sufrir y morir rechazado y despreciado”[1]. Toda acción se ayuda, se servicio, de promoción social y de compromiso humano debe ser llevada en su desafío de estructuras e ideologías opresivas hasta su expresión máxima de despojamiento: la cruz de Cristo. Muchos y muchas estamos dispuestos a iniciar acciones de promoción social siempre y cuando sean políticamente correctas y no lleguen a desafiar a los poderosos de la sociedad y de las comunidades cristianas. Es por ello que en este Evangelio las tercera bienaventuranza, luego de nombrar a pobres y a los hambrientos, nos lleva a mirarnos a nosotras y nosotros mismos. Asumir en forma profética la exclusión, los insultos, las sospechas, la murmuración y que nos lleguen a considera infames a causa del Hijo del Hombre, y eso puede ocurrir en nuestra propia comunidad, familia y círculo de amigos.

¡Felices ustedes, cuando los seres humanos los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! Esta bienaventuranza es la fuente del poder profético. Ser nosotros mismos aquellos que por comunión, compromiso, identificación los que hemos de necesitar ser curados, promovidos e incluidos en esas estructuras acostumbradas a excluir. Nosotros y nosotras por el loco amor evangélico nos hemos hecho sospechosos e infames. Nuestras comuniones y compromisos con las personas y los grupos vulnerables al vih y sida pasan por la cruz de Cristo.

El rechazo de la cruz de Cristo es el fundamento y la explicación del porqué nos cuesta tanto incorporar a los excluidos, estigmatizados y oprimidos en nuestras comunidades e iglesias porque “no se deja a Cristo ser el Cristo”[2]. Nos cuesta identificarnos con los oprimidos, las personas en situación de prostitución, los usuarios de drogas, reconocer la diversidad sexual de nuestra sociedad porque “la Iglesia se ha escandalizado del Cristo sufriente”. Toda comunión e identificación con excluidos y estigmatizados pasa siempre por la Cruz de Cristo. Si esa identificación es verdadera indudablemente culmina con esta bienaventuranza: ¡Felices ustedes, cuando los seres humanos los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!

El discipulado y el seguimiento de Cristo nos coloca y nos vincula personalmente y comunitariamente con la persona de Cristo, “sitúa al seguidor bajo la ley de Cristo, es decir, bajo la cruz” [3]y es esa cruz la que nos libera de leyes y mandamientos, porque ahora obedecemos una sola ley: la cruz de Cristo que llama a si a toda persona sin condiciones ni exclusiones. La cruz es nuestro estilo de vida alternativo liberados para liberar de toda opresión legalista y nos abre a un estilo de vida austero, solidario, profético.

La cruz de Cristo no tiene que ver ni con enfermedades o dolencias: “La cruz es un sufrimiento vinculado al hecho de ser cristianos”[4]  Nuestra tarea pastoral de acompañamiento a las personas y grupos  que viven o que son vulnerables al  vih y al sida tiene que ver con nuestra forma de ser discípulos de Cristo. “De este modo, el cristiano se convierte en portador del pecado y de la culpa a favor de otras personas. Quedaría aplastado bajo este peso si ella o él mismo no fuese sostenido por el que ha llevado todos los pecados. El cristiano se transforma en portador de cargas: ‘llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo” (Gálatas 6, 2)[5]

Sabemos que todos los pobres, hambrientos, excluidos, proscriptos, insultados de la historia y de nuestra historia serán en el final de los tiempos nuestros jueces y los jueces de nuestras comunidades cristianas. Es por ello que tenemos que prestar atención a los lamentos que acompañan a estas bienaventuranzas porque allí están los motivos de la opresión de aquellos. Pobres y ricos, hambrientos y satisfechos,  los perseguidos y los de buena fama de acuerdo a criterios de esta realidad que nos rodena, forman las dos caras de la misma realidad. Uno es consecuencia del otro. Aún en el mundo del vih y del sida vemos esta situación de injusticia. Aquellas personas que tiene acceso gratuito y universal a la medicación antiretroviral frecuentemente se olvidan de aquellas y aquellos que aún no lo reciben. Esa situación debe ser en nosotros y nosotras una fuerza que nos lleva a clamar, movilizarnos, promover acciones que cambien esta situación. No es suficiente con que nosotros y nosotras lo recibamos porque no podemos descansar hasta que todos tengan acceso universal a los medicamentos. Esa es la carga que hemos asumido con nuestro bautismo y no la vamos a dejar hasta que todos y todas podamos ser felices. Las cifras y estadísticas que reflejan la realidad de la epidemia lloran. No podemos leer o escuchar esos números sin llorar nosotras y nosotros mismos

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Este anuncio de las bienaventuranzas no es solo para los pobres, hambrientos y perseguidos, tampoco que exclusivamente para las personas que viven con vih o con sida sino que es una buena noticia para todos y todas porque ahora y aquí podemos transfigurar el mundo para que cada día se parezca más al proyecto del Reino que Dios nos propone.

Para la revisión de vida

            Repasar, con el evangelio en la mano, las bienaventuranzas, una a una, dejándolas recalar en el corazón, y dejando que el propio corazón nos "reclame" y nos exija, y a la vez que nos conforte y nos haga saborear el significado de la palabra de Jesús.

Para la reunión de grupo

Se puede dialogar en el grupo sobre las bienaventuranzas en sí mismas: su naturaleza, su sentido, su aplicación a la vida actual... Importante no dejar fuera de consideración las "malaventuranzas" (Lc 6, 24-26) y su "complementariedad" con las bienaventuranzas.

Para la oración de los fieles

  • Te expresamos Señor nuestro agradecimiento por ese bello espejo de las bienaventuranzas, en el que mirarnos cada día... El Señor cuida el camino de los justos…
  • Te expresamos Señor nuestro deseo de acercarnos más y más cada día al ideal que allí nos propones... El Señor cuida el camino de los justos…
  • Te expresamos nuestra preocupación por todas y  todos los que viven sumidos en la pobreza injusta, en una miseria que es producto de estructuras sociales egoístas que podrían y deberían ser transformadas. ... El Señor cuida el camino de los justos…
  • Te expresamos nuestro compromiso de asumir la cruz de Cristo como nuestra única Ley que libera e integra, como el único camino que transforma y empodera… El Señor cuida el camino de los justos…
  • Te expresamos nuestra preocupación por los enfermos, por las personas que viven con vih y con sida, los que sufren y todos los que no se sienten "dichosos"... El Señor cuida el camino de los justos…
  • Te expresamos nuestro dolor y escándalo por el hecho de que todavía hoy en día la persecución a los que luchan por la justicia es una lastimosa realidad... El Señor cuida el camino de los justos…

Oración comunitaria

Dios nuestro, que en Jesús nos comunicas un espíritu nuevo, mostrado en las Bienaventuranzas. Queremos seguir ese modelo como un camino de ecumenismo universal hacia una Nueva Humanidad reconciliada con el Amor, la Justicia y la Paz. Así te lo expresamos, por Jesucristo Nuestro Señor.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

www.pastoralsida.com.ar



[1] Dietrich Bonhoeffer. “El Precio de la Gracia”. Ediciones Sígueme. Salamanca. 1068.  Pág. 78

[2] Idem.

[3] Idem. Pág. 79

[4] Idem. Pág. 80

[5] Idem. Pág. 83