Domingo 6 de mayo  de 2012

Quinto  Domingo de Pascua

Evangelio: Juan 15, 1-8

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Hechos 8, 26-40

Salmo Responsorial: Salmo 22, 25-31

Segunda Lectura: 1º Juan 4, 7-21

 

EVANGELIO Juan 15, 1-8

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.  Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.  Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos. Aclamemos el  Evangelio del Señor.

 

LA VIÑA RADICALMENTE INCLUSIVA:

Seguramente quienes escucharon por primera vez a Jesús de Nazaret anunciar: “Yo soy la verdadera vid” tienen que haberse sentido realmente desconcertados, sorprendidos y escandalizados. En la larga tradición del Antiguo Testamento siempre se había utilizado esta metáfora aplicada exclusivamente a aquel pueblo que se sentía especialmente elegido. Esa afirmación de fe y el verse ellas y ellos como la especial y exclusiva viña del verdadero Labrador de toda la creación había producido efectos no deseados.

Cuando ese pequeño pueblo fundamentó teológica, pastoral y políticamente la afirmación de ser la viña de Dios aparecieron los sentimientos de superioridad, de exclusión y de separación, mal llamadas actitudes de santidad. Comenzaron a vivir una espiritualidad muy contraria a la voluntad de quien era el verdadero dueño de todas las viñas. Ese sentimiento de pertenencia tenía el objetivo de ser las primicias, el testimonio y el paradigma al cual estaban llamados todos los pueblos y todas las personas. No era un privilegio ni un sentimiento de superioridad sino que era un servicio y una misión. Esa viña tenía que ser el espacio de acogida y de convocatoria a pueblos y personas de todos los colores y de todos los espacios en el que se proclamaba la justicia, la equidad y la solidaridad de las cuales nadie quedaba excluido.

Pero lamentablemente nada de eso ocurrió. Ese sentimiento de ser la amada y cuidada viña de Dios promovió una lectura de leyes y códigos como de cumplimiento obligatorio para mostrar esa separación y esa superioridad. En lugar de ser leyes y códigos que indicaran caminos de inclusividad se los interpreto para dividir, separar y marginar.

En ese contexto intelectual y cultural Jesús de Nazaret retoma el título y en forma sorprendente se lo aplica a su vida y a su mensaje. Desde ahora en adelante la verdadera viña de Dios son las escandalosas comidas de comunión que se transforma en mensaje y misión. En su persona mensaje y misión se unen y confunden. Su vida, pasión, muerte y resurrección son una propuesta de acción pastoral abierta a toda la humanidad y a toda la creación.  Esta buena nueva es tarea y misión para congregar nuevamente en la unidad fundada en los lazos del amor militante en la justicia y la equidad, abierta radicalmente a todos y todas. Ese es el gran anuncio que continúa siendo novedad para las personas y los grupos vulnerables aún hoy al estigma y la discriminación relacionados con el vih y el sida.

La inclusividad es uno de los frutos que se espera de los sarmientos que permanecen en el pacto del bautismo asumido con el verdadero viñador. No hay negociación posible. Si no se vive la buena noticia abierta incondicionalmente a todos y todas, los lazos de la unidad fortalecida en la caridad, no solo se rompen sino que se deben romper. No hay términos medios y esta ruptura se tiene que producir ahora y aquí.  

Este texto, al igual que todo el capítulo tenemos que leerlo en clave de relato eucarístico, con el horizonte de las mesas de comunión de las que tenemos mandato de reiterar, repetir y renovar.  El nuevo vino de la buena noticia, que es comunión con aquel que es nuestro paradigma y modelo tiene que embriagar y enloquecer todas nuestras comuniones para escándalos de quienes pretenden priorizar dogmas y proclamas intelectuales frente a la riqueza y dificultades de la vida cotidiana real y concreta. Estas viñas dan el fruto embriagador de las comuniones escandalosas de la teología y la práctica de quien es la SOLA verdadera viña. Esta viña no es un código de santidad, no es el Libro de Levítico sino que es la palabra nueva que no se puede verter en odres viejos. Entonces y ahora necesita nuevos contenedores y odres. Frente a preguntas nuevas ya no podemos recurrir a los odres viejos.

El permanecer no es inmovilismo sino que es el sustento y fundamento de toda acción. Todo lo que hacemos, anunciamos y vivimos se fundamenta en la SOLA palabra de Dios, que nunca es un libro, sino la persona viva de Jesús de Nazaret tal como nos lo reflejan los Evangelios. La Palabra de Dios es la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Ningún libro nos libera sino la permanencia en la comunión iniciada por Aquel que es la verdadera viña que nos manifiesta el verdadero rostro del Viñador. El tema es la comunión con ese anuncio, esa misión y esa acción.

El único y excluyente proceso de purificación no se fundamenta en el cumplimiento de leyes, códigos de santidad o reglamentos diversos sino en vivir en plenitud la Palabra. Solo la buena noticia de la radical inclusividad de liberación que nos anuncian las eucaristías que se modelan en aquellas escandalosas comidas con extraños, extranjeros, y diferentes, revelan la presencia real de quien se hace camino, puerta y viña para todos los rebaños y las ovejas de todos esos rebaños sin tener en cuenta la diversidad de colores.

Para la oración de las y los fieles

En tu resurrección el Verdadero Viñador confirmó tu pasión por la inclusividad y todos los riesgos asumidos para hacer realidad esas nuevas y sorprendentes comuniones. Es por ello que nos unimos para implorarte que envíes sobre nuestras comunidades de fe ese mismo Espíritu.

Se hace un breve silencio.

Verdadero viñador de todos los viñedos, permanece con quienes quieren permanecer en tu mensaje y misión para que juntos y juntas podamos construir el espacio en el cual tu voluntad y propuesta de trabajo se transforma en gloria de tu Padre. Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al verdadero Viñador.

Viña verdadera de las muchas y diferentes cepas, transforma con tu presencia nuestros espacios de fe en santuarios de dignidad, respeto y de inclusión para todos tus sarmientos para que en unidad podamos dar los multicolores frutos de una viña siempre purificada por tu sola Palabra. Todas las familias de los pueblos se postrarán en la presencia del Viñador

Viñador cuidadoso y atento, no permitas nunca que repitamos errores antiguos y que alejemos de nosotros y nosotras la tentación se sentirnos los dueños de tu viña y que queramos construir códigos y leyes para determinar puede entrar en tu voluntad de comunión fundamentada en toda justicia y todas las equidades. Solo el verdadero Viñador es rey y él gobernará las naciones.

Viñador sorprendente, no nos permitas alejarnos de tu Palabra para que no retornemos a todas nuestras vulnerabilidades que nos conducen a actitudes de estigma y discriminación. Corta ahora y aquí toda tentación y sentimientos de superioridad y de orgullosa santidad. Hablaremos del Viñador a las generaciones futuras, anunciando su justicia a las y los que nacerán después, porque esta es la obra del Viñador

Viñador del huerto de todas la agonías de cruz, permanece son nosotros y nosotras porque confesamos y conocemos que solamente esa comunión dinámica puede transformar nuestras vidas y las de toda la humanidad. Que esa comunión se transforme en renovación en todas nuestras comuniones. Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al verdadero Viñador.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Viñador de toda santidad, te damos gracias y hacemos memoria de cada uno de aquellos hermanos y hermanas, que arriesgándolo todo han permanecido en tu Palabra. Por ellos y ellas te pedimos que abras para quienes hemos sido marcados por tu Nombre ese espacio en el cual se congregan todos los pueblos en su diversidad y en comunión contigo y con Aquel que te encomendó palabra y misión. Hablaremos del Viñador a las generaciones futuras, anunciando su justicia a las y los que nacerán después, porque esta es la obra del Viñador

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Mayo de 2012