Domingo 8 de febrero 2009..

Ciclo B. QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANIA (QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO)

Evangelio: Marcos 1, 29-39

(Leccionario Común Revisado)

Primera lectura: Isaías 40, 21-31
Salmo responsorial: Salmo 147, 1-12, 21c
Segunda lectura: 1º Corintios 9, 16-23

 

 

 

EVANGELIO Marcos 1,29-39

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Cuando Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todas y todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchas y muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos y todas te andan buscando". Él les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido". Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

El Evangelio del Señor

 

 

¡FUERA SATÁN! ¡FUERA SATÁN!

 

Es sorprendente la forma como el compromiso con las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad al vih o al sida influyen y determinan una forma especial de leer y comprender el Evangelio. Todo suena de una forma distinta y se intuyen presencias hasta ahora invisibles y ecos nuevos que recién estamos en condiciones de percibir. Es como si de repente sonidos que estaban por encima o por debajo de nuestra capacidad de escucha y comprensión repentinamente adquieren una nueva dimensión. Hay quienes llaman a este proceso conversión.

En esta escena del Evangelio encontramos a Jesús en el proceso de pasar de un espacio a otro. Abandona el espacio hostil y conflictivo de los que sospechan de su proyecto y dominado por quienes tienen una comprensión totalmente diferente a la suya de las Escrituras. Son los mismos que se oponen al anuncio incondicional de una buena noticia a personas y grupos que, a partir de esa lectura literal y fundamentalista, son considerados como creyentes y ciudadanos contaminados y contaminantes. En esta rápida transición del espacio considerado sagrado al espacio domestico se está rompiendo esa división entre personas, espacios y tiempos sagrados para recuperar la perspectiva inicial de la creación en donde todo espacio, persona y tiempo es sagrado. El proyecto del Reino ha unido a todos y todas en una misma dimensión.

La casa particular, el espacio íntimo al que penetra Jesús de Nazaret, es la casa comunitaria que propone otro modelo de familia frente a los modelos de opresión y exclusión. Las y los discípulos han abandonado sus propias familias de sangre y sus tradiciones particulares, para construir un espacio donde se encuentra la familia alternativa que rompe con los criterios del modelo paternal, jerárquico y excluyente de todo pluralismo. Este es un gesto que busca revalorizar lo cotidiano, lo común y lo silvestre. Es la casa de Santiago, de Juan, de Simón, de Andrés, de la suegra de Pedro y de muchos otros y otras que una mirada machista ha invisibilizado. Tenemos que ejercer una actitud de sospecha porque seguramente si hay una suegra tiene que haber una esposa y variados hijos e hijas que esa perspectiva no se pueden percibir.

Al igual que el espacio de las ortodoxia y de los fundamentalismo, este espacio domestico también necesita ser exorcizado. Igualmente aquí encontramos a una persona que el sistema antiguo y pre-evangélico, considera poseída por las fuerzas que se oponen a anuncio incondicional de una buena noticia. La estrecha relación que los contemporáneos de Jesús establecían entre enfermedad y posesión demoníaca es muy similar a la que muchos grupos cristianos establecen hoy en día. El ¡salga Satán! que tan frecuentemente escuchamos en las radioemisoras de nuestros países, ya seguramente resonaba en la mente de los participantes de esta escena en forma paralela y similar a lo que se vive en muchos espacios de diversas comunidades de fe. Esa concepción de la enfermedad como producto de posesión diabólica hacia que todos los enfermos sean mirados con sospecha y generaran rechazo y exclusión.

Cada vez más me sorprenden los pequeños gestos de Jesús de Nazaret que hasta el momento habían pasado totalmente ignorados por una mirada despreocupada por el estigma y la discriminación. Esta mujer la encontramos en otro parte del espacio comunitario. Al tener noticia de la situación a través de la preocupación expresada por sus discípulos, Jesús de Nazaret realiza un acto a todas luces provocador. Se acercó a ella superando diversas barreras ideológicas y culturales. Para escándalo de muchos y muchas toma de la mano a la vista y paciencia de quienes son testigos de la escena, y ese aproximarse y tocar culmina en un cambio de posición de esta mujer, pasa de estar acostada a ponerse de pie y actuar. Este es todo un programa de acción pastoral y de sanación de relaciones comunitarias. Tenemos aquí el mandato de acercarnos a todas las personas que los estigmas y los prejuicios insostenibles han ubicado en espacios secundarios de la vida de nuestras propias comunidades de fe y de la sociedad. Necesitamos nosotros y nosotras tomarles de la mano, tocarles abiertamente para desafiar miedos y tabúes, y desafiar a quienes desde espacios de poder consideran contaminantes morales a personas y grupos vulnerables a todas las marginaciones. Es necesario que apoyemos todo movimiento y todo clamor que les permita a todas las personas levantarse de la postración social en que el sistema de exclusión les ha sometido y acompañar esos procesos de empoderamiento.

Es interesante la forma en que hemos leído la última frase de esta escena. Esta mujer no tuvo más la fiebre del estigma y la exclusión. Fue liberada de la marginación e incorporada al espacio en el cual se toman las decisiones de poder. Lamentablemente, como es una mujer, hemos asimilado que el gesto de servir de toda mujer se limita al cocinar, lavar los platos y esas cosas que una mirada machista, le asigna a las mujeres y a la diversidad. Pero el vocabulario empleado en este párrafo tiene mucho que ver con la diaconía, con el ministerio pastoral. Si ese vocabulario se hubiera aplicado a un hombre con fiebre, estaríamos pensando en un ministerio formal dentro de la comunidad. Como es una mujer pensamos en tareas domésticas. Es por ello, poniendo en duda muchas lecturas, quiero soñar que aquí tenemos a una mujer, que en el espacio nuevo de la familia alternativa del Reino, está sirviendo desde una posición de equidad en el discipulado. Ella es un ministro que apoya la acción liberadora y de inclusión de Jesús de la misma forma en que sirve Santiago, Juan, Simón y Andrés. Lamentablemente el evangelista olvido consignar su nombre pero nosotros y nosotras podemos rescatar su apostolado anónimo, simple y desafiante. Ella estará en nuestra memoria como una discípula que se sienta a la misma mesa del único debate y diálogo.

El siguiente momento de esta escena, nos muestra la llegada de quienes aún viven bajo el antiguo régimen mental de la ley pero intuyen que la liberación viene por gracia. En medio de las urgencias de sus necesidades y estigmas esperan a que pase el sábado para aproximarse a Jesús de Nazaret. Piensan, en medio de su opresión, de la misma manera que sus opresores. Traen a todas las personas que sus enfermedades y los prejuicios pre científicos habían colocado en los márgenes de la historia, de la sociedad y de la comunidad de fe para que se reparen y sanen las relaciones. Curar es nuevamente integrar con plenos derechos en la comunidad de la nueva familia alternativa del Reino. Todas y todos eran personas que por sus enfermedades y la forma de leer las Escrituras de aquellos que se sentían dueños de la comunidad de fe, no se les reconocía el derecho de participar de ninguna mesa de comunión o fraternidad en el que se tomaban decisiones de poder.

De igual manera que Jesús de Nazaret no deja que los demonios del estigma y la impureza ritual puedan hablar, impulsa y promueve para que quienes han sido liberados de esa forma de comprender la naturaleza de Aquel que nos hace hermanos y hermanas, se atrevan a hablar y rompan todos los silencios cómplices. El romper el silencio frente al estigma y la marginación que rodea a la epidemia del vih y el sida no es un ejercicio ocioso y que asumimos porque no tenemos otra cosa más interesante para hacer. El romper el silencio para enfrentar los estigmas y las exclusiones es nuestra forma de hacer callar a los demonios de la intolerancia, del racismo, del machismo, del heterosexismo, de los apropiadores de esperanzas.

La escena culmina con un Jesús de Nazaret que se levanta, salé y va a un lugar desierto a orar. La oración siempre aparece en su vida en momentos críticos y peligrosos. ¿Cuál es el peligro en esta escena? La multitud es el peligro y la tentación. Nosotros y nosotras aún seguimos pensando desde una teología de la gloria que hace la ecuación simple y directa que las muchedumbres son sinónimo de éxito. Solamente una actitud profundamente contemplativa nos puede liberar de ese tremendamente peligroso demonio de esa teología de la gloria. Los discípulos acostumbrados a pensar desde esa perspectiva le vienen a decir que todos y todas te andan buscando y ese éxito fundamenta su búsqueda. Esos éxitos fáciles y populistas son siempre la gran tentación. Le tenemos miedo a la soledad de la cruz. La oración profunda, descarnada y sostenida es la única herramienta que tenemos para prender las luces rojas a esta tentación que quiere tener como paradigma de éxito la popularidad y las muchedumbres. Jesús de Nazaret tiene compasión de ellas porque andan como rebaño sin pastor pero también teme que se transformen en medida de la fidelidad a la proclamación de las buenas nuevas a los que, muchas veces, esas mismas multitudes han apedreado.

Jesús de Nazaret, nuestro modelo y paradigma huye del éxito fácil que puede ocultar su camino a la cruz por su compromiso con quienes el sistema considera impuros, políticamente inadecuados y dignos de lástima. Es por ello que nos pide que huyamos de la tentación del éxito sin costo y sin discipulado, del éxito fundamentado en milagros que no cambian estructuras ni desafían mentalidades y ni compromisos. Es por ello que nos pide que continuemos rompiendo silencios, muchas veces en los desiertos de la incomprensión, en todas las Galileas y márgenes que la epidemia del vih nos ha revelado. Rompamos los silencios y vayamos a esas otras partes de la vida y la realidad que esperan que sean expulsados los demonios del estigma y la discriminación.

Para la revisión de vida

¿Son nuestras comunidades de fe símbolos del nuevo sistema de convivencia de todos los seres humanos en clara oposición y desafió a los espacios oficiales de todas las ortodoxias y de todos los centros de poder? ¿Nuestro espacio de comunidad doméstica vive la tensión de ser un sistema de convivencia donde ninguna persona es considerada contaminada o contaminante?

Para la reunión de grupo

Jesús de Nazaret nos ofrece un modelo de acción de servicio y de diaconía: primero se aproxima a los que han sido excluidos por diversos sistemas de pureza, luego se inclina con respeto sagrado ante ellos y ellas, asimismo y para escándalo de los doctores de todas las leyes, les toca y abraza, y como consecuencia de todo ello, les invita a ponerse de pie y ejercer sus derechos de ciudadanía en el Reino y en la sociedad. ¿Es este nuestro modelo y nuestra forma de actuar?

  • ¿Cómo se observa en nuestro entorno la manipulación que se hace del mensaje de Jesús en beneficio de personas o grupos?
  • ¿Cómo podemos desarrollar en nuestro grupo la libertad de anunciar el Evangelio, sin manipulaciones ni intereses egoístas?
  • ¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos y hermanas que sufren de diversos estigmas o están marginados de la sociedad?

Oración comunitaria

Promotor de justicia, fuente de sabiduría, protector de quienes son vulnerables al estigma, que escuchas y atiendes los clamores de la humanidad, y que en Jesús de Nazaret nos mostraste el proyecto de bondad y libertad para tus hijos e hijas. Haz de nosotros y nosotras creyentes audaces, que libres de todo afán de dominio o ganancia, sepamos ser servidores de todos y todas, especialmente de quienes son considerados impuros por los sistemas de opresión. Que seamos constructores de un mundo sin exclusiones en el que todos y todas quepamos con igual dignidad e iguales oportunidades, para que la humanidad y la creación que sufre puedan también un día levantarse, y realizarse plenamente en paz y bienestar. Tú que vives y amas por los siglos de los siglos.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires, Febrero de 2009