10 de abril de 2011
Ciclo A.
Quinto Domingo de Cuaresma
Evangelio: Juan 11. 1-45

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Ezequiel 37, 1-14
Salmo Responsorial : Salmo 130
Segunda Lectura: Romanos 8, 6-11

 

 

EVANGELIO Jn 11,1-45

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990
Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

En aquel tiempo había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús les dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “¡Volvamos a Judea! Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?”. Jesús les respondió: “¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él”. Después agregó: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo”. Sus discípulos le dijeron: “Señor, si duerme, se curará”. Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. Entonces les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo”. Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”. Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacia cuatro días.

Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. María le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Ella le respondió: “Si, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: “El Maestro está aquí y te llama”. Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?”.

Jesús conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero o he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

UN FUNERAL Y MUCHOS AMORES

Durante los primeros tiempos de la epidemia del vih, cuando el mundo médico tenía escasos recursos para enfrentar los estragos que la enfermedad hacia en los cuerpos de las primeras personas afectadas, todas y todos teníamos un trato cotidiano con la muerte que siempre estaba en el horizonte. Sorprendentemente ese contacto con la muerte nos permitió desarrollar un profundo sentido de vida y darle sentido a nuestra propia existencia y la de quienes nos rodeaban. El lamento y la tristeza dio lugar y espacio a la resistencia y al compromiso de construir una realidad donde realmente la voluntad de Aquel que se hacía vida y resurrección en medio de todos nosotros y nosotras se cumpliera. Pudimos reconocer en esas situaciones críticas que la voluntad de Quien se revela en toda su vulnerabilidad como vida no quiere la muerte de nadie y que viene a liberarnos de la tiranía de nuestra comprensión de la muerte para que podamos resucitar a un proyecto de vida donde el Reino que pedimos que venga se hace realidad ahora y ya.

PRMERA ESCENA: UN FUNERAL
“En aquel tiempo había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús les dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “¡Volvamos a Judea! Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?”. Jesús les respondió: “¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él”.

Después agregó: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo”. Sus discípulos le dijeron: “Señor, si duerme, se curará”. Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. Entonces les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo”. Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”. Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacia cuatro días”


Cada elemento de esta primera escena de este detallado drama nos aporta sorprendentes elementos para la construcción de nuevas masculinidades y el fortalecimiento de las nuevas femineidades ya en proceso de ejecución. En primer lugar Jesús no tiene ningún problema en hacer visible y vivir en plenitud todos los amores. Nos revela como una sagrada promiscuidad del amor inclusivo, incondicional, ilimitado de Aquel que en los sentimientos de un compromiso profundo, real y honesto que se hace vulnerable a todas las amistades, a todos los amores y a todas las lágrimas. Esta sensibilidad y esta manifestación pública y visible de sentimientos es parte de la masculinidad que nos propone Jesús de Nazaret. Una masculinidad que va más allá e incluye todas las orientaciones sexuales.

Tanto el Evangelista no tienen prejuicios ni temores de decir públicamente que Jesús de Nazaret, a quien confesamos como el Cristo del Dios del Reino tiene diversidad de discípulos amados. No hay problemas en salir de todos los armarios, de liberarse de todos los closet y compartir sentimientos profundos. Seguramente hoy muchos varones aún tenemos problemas en decir abiertamente que amamos a un compañero de trabajo, de iglesia o de amistad. Seguramente hemos de utilizar palabras que se aproximan pero no llegan a expresar abiertamente aquello que sentimos. Aparecerá la palabra de aprecio, estima, amistad, consideración, respeto pero muy rara vez nos atrevemos a ponerles nombre a nuestros amores por temor a los demás. Jesús de Nazaret rompe con esos estereotipos, tan rígidos en aquel entonces y tan rígidos aún hoy.

Tampoco tiene ningún problema en transgredir consideraciones morales o de género de diverso tipo. Permite ser tocado en público por aquellas mujeres que son líderes en su comunidad pero que son descalificadas por quienes aún tenía el poder teológico y de control social. ¡Cómo debe haber impactado la escena de María derramando perfume en la cabeza y en los pies de su Maestro y aún cómo debe haber escandalizado el que los secara con sus cabellos! ¡Sagrado escándalo que nos permite liberarnos de comprensiones de género que nos esclavizan y nos colocan en situaciones jerárquicas falsas!

Jesús tiene una sagrada promiscuidad en sus amores. Tiene varios discípulos amados y seguramente aún hoy los sigue teniendo. Ama abiertamente a Marta y María, dos fuerte líderes de su comunidad. Nos sorprende en toda esta escena la libertad y la movilidad de estas dos mujeres que van y vienen por calles y caminos sin pedir permiso a nadie. Esa libertad de movimiento rompe con diversas esclavitudes mentales que aún hoy tenemos que liberarnos. En toda las escena que se van a suceder en este largo drama ambas ejercen iniciativas, confesiones de fe realmente sorprendente y que para muchos en ese contexto podría ser realmente blasfema para muchas ortodoxias de aquel entonces como ahora. Son dos mujeres fuertes de tal magnitud que en todas las presentaciones Lázaro queda al final de la frase. Betania es el pueblo donde viven Marta y María y como un agregado también Lázaro. Igualmente la casa es de Marta y María donde como por casualidad también vive Lázaro. Jesús ama a Marta y María y como una frutilla en el postre también a Lázaro. Esta forma de ordenar los nombres en una cultura patriarcal no es lo acostumbrado. Estas frases indudablemente describen un liderazgo que va más allá de los domestico. Esa casa de Marta y María es la casa de una comunidad de fe domestica donde indudablemente estas dos mujeres ejercen un liderazgo reconocido.

Todas estas transgresiones se hacen mirando a un espacio hostil teológicamente, con conceptos de género, de inclusividad y de amores que van a ser escandalosamente desafiados. En la acostumbrada actitud de provocación y a pesar de todos los temores tan oportunos de sus discípulos, Jesús de Nazaret se encamina a enfrentar esas ideologías. ¿No estaremos nosotros y nosotras también invitados a enfrentar esas mentalidades excluyentes? Esta es una invitación clara a salir de nuestros armarios teológicos y pastorales y enfrentar con la vida todas las propuestas de muerte.

El apóstol Tomás con su voluntarismo nos revela el costo del discipulado. No nos podemos quedar cómodamente y gozando de todas las tranquilidades en los espacios que no significan ninguna provocación a las teologías de muerte. Desde nuestro compromiso con la vida y con el pleno ejercicio de todos los derechos de ciudadanía también tenemos que gritar: “Vayamos también nosotros y nosotras a morir con él” porque seguramente en la defensa de esos derechos y de todas las dignidades y de todos los amores que se atreven a decir su nombre nuestro discipulado tendrá en enfrentar incontables situaciones de muerte y de cruz. El pasar a ese otro espacio hostil al proyecto de inclusión de Dios revelado en la vida, los amores y las comuniones de Jesús de Nazaret también nos amenazan diversas muertes.

SEGUNDA ESCENA: EL LIDERAZGO DE MARTA.
“Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. María le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Ella le respondió: “Si, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Ante la iniciativa de Jesús de aproximarse a la casa de Marta, ella responde con un movimiento. No es pasiva. Toma resoluciones y sin pedir permiso y en contra de todas las costumbres y estereotipos se larga a las calles y caminos corriendo todos los riesgos, no solo de inseguridad, sino de murmuración social y religiosa. Sus primeras palabras nos muestras a una acabada teóloga construyendo todo un credo y una confesión de fe sorprendente. ¡Bravo por ella! Todas y todos queremos a estas mujeres que muestran caminos de riesgo pero de esperanza.

Frente a la clara y firma confesión de Marta que sabe que su hermano y todas y todos hemos de resucitar el último día, Jesús de Nazaret le confirma que ese último día ya está aquí. La Resurrección y la Vida están en medio de nosotros en este tiempo. Todo se ha adelantado. La fe en esa Vida es ya la eternidad y esa fe es ya ahora y aquí la Resurrección. También hoy se nos hace esa misma pregunta: ¿Crees esto? Junto con la confesión apostólica de Marta, nuestras comunidades de fe también se unen a su credo y proclamación: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo” y el que ya está en medio de nosotros en este camino de cruz para liberarnos de todas las tiranías.

TERCERA ESCENA. EL LIDERAZGO DE MARIA
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: “El Maestro está aquí y te llama”. Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

Apostólicamente Marta llama a su hermana María y como tiene naturalmente miedo de los que llenan su casa pero que siguen procesando todo este evento desde una perspectiva de muerte, le anuncia aquello que hoy todas y todos tenemos que repetir en los oídos de quienes viven con vih y sida: “El Maestro está aquí y te llama”. Esa es la esencia de todo nuestro ministerio pastoral, ese es el núcleo de nuestro trabajo de acompañamiento a todos los grupos y a todas las personas vulnerables al vih: “El Maestro está aquí y te llama”. ¡No quiero decir otra palabra, no quiero interferir con ningún otro discurso!

También María sin pedir permiso a nadie en esa estructura opresiva, muy liberada sale a las calles y los caminos al encuentro de su verdadero líder. Mientras ella va en una dirección de vida los ortodoxos van en una dirección de muerte. Ella va al encuentro de aquel que ahora y aquí en la sola fe se hace resurrección y vida. Los demás siguen los caminos teológicos de muerte y exclusión.

María ejerciendo también un ministerio apostólico, en público se postra delante de Jesús de Nazaret y con su cuerpo confiesa abiertamente y corriendo todos los riesgos que ese es no solo su Maestro sino que es el Mesías esperado que ya está adelantando su venida y que se hace presente en el ahora y en todos los aquí. Con su cuerpo y con sus palabras también ella construye un credo y una confesión de fe que nos coloca en el horizonte de la eternidad.

CUARTA ESCENA: LA ETERNIDAD AHORA Y YA.
…y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero o he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Indudablemente la gloria de Dios no es su esencia sino su acción. Su epifanía, su revelación está en sus mesas de comuniones, en sus amistades en santa promiscuidad porque no tienen límites, porque nadie queda excluido ni excluida, nadie es invisibilizado.

Marta y otros discípulos siguen pensando que aquellas personas que hemos colocado en los sepulcros de nuestras exclusiones y de nuestras rupturas de comuniones huelen mal porque hace ya mucho tiempo que los hemos encerrados en los espacios de mentira y de silencios. La gloria de Dios la vemos cuando aquellos que nuestra discriminación mató vuelven a la vida plena del ejercicio de sus derechos de ciudadanía. Esa es la gloria de Dios. En la tarea encomendada en el contexto del vih es desatar de estigmas y olvidos a quienes aún permanecen encerrados en nuestros propios silencios. Cuando nos atrevamos a realizar estas acciones de liberación para la inclusión, no ya en el espacio que justamente estigmatizó, sino en la tarea común de construir espacios alternativos de plena y radical inclusión, paz, solidaridad y justicia.

Oración Comunitaria:

Tú que eres Resurrección y Vida,
Tú que te haces Resurrección y vida,
Amor que te atreves a decir todos los nombres,
de todos los amores,
sin ninguna vergüenza,
sin ningún temor.
Tú que tienes muchos discípulos amados,
que tienes muchas discípulas amadas,
Que miras a los ojos y sostienes la mirada,
que puedes confesar que has amado,
que amas,
y que seguirás amando.
Que te liberas de todos los armarios y sepulcros,
que nos liberas de todos los armarios y sepulcros,
de la tiranía de los miedos y de la muerte.
Tu que vives en la sagrada promiscuidad
del Amor que todo lo incluye
que a todo le devuelve la vida en dignidad,
Concédenos el poder llorar las amistades negadas,
las amistades perdidas,
las amistades no sostenidas.
Concédenos el escuchar tu voz
que grita: Ven afuera de todo sepulcro y de todo armario.
Que pides a tus discípulos y discípulas
que desatemos todos los lazos de muerte,
para que celebremos en nacer a una nueva vida
en el arco iris te tu Amor.
Amén.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Abril 2011.