Domingo 28 de enero 2007

CICLO C. CUARTO DE TIEMPO ORDINARIO

Evangelio : Lucas 4, 21-30

Primera lectura: Jeremías 1, 4-5. 17-19
Salmo responsorial: 70, 1-2. 3-
4 a. 5-6ab. 15ab y 17
Segunda lectura: 1 Corintios 12, 31-13, 13



EVANGELIO
Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo Jesús comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.

Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención  de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. El Evangelio del Señor.


EL ESPEJO PROFÉTICO

Para aquellos y aquellas que caminamos y vivimos en comunión con las personas que viven con vih y con sida y con los grupos vulnerables a la epidemia,  este episodio del evangelio nos suena como la más maravillosa música y que conocemos de memoria. Es un claro espejo de aquello que a todas y todos nos ha ocurrido en y con nuestras propias comunidades de fe, a medida que transcurre el tiempo y aumenta nuestra comprensión de la realidad y se profundiza nuestro compromiso. De igual forma en que debemos prestar atención al comportamiento de la muchedumbre tanto al inicio del relato como al final del mismo. Son las mismas personas pero sus actitudes son totalmente opuestas. Comienza con un entusiasmo y admiración por la fama y prodigios obrados por Jesús de Nazaret y termina el relato con esa misma muchedumbre empujándolo hacia el barranco para matarlo.

La misma reacción han tenido muchos hermanos y hermanas al inicio de nuestra acción pastoral en comunión con las personas que viven con vih o sida. Al comienzo encontramos admiración por una tarea que se consideraba heroica y apoyo reservado al trabajo, con la condición de que  se llevara a cabo en otros espacios. A medida que comprendieron que esta acción no era meramente asistencial y que no se limitaba a dar de comer, repartir medicamentos o dar alojamiento, la situación fue cambiando. Al tomar conciencia que esta acción era integral y que implicaba la promoción social de las y los afectados, que comprendía la defensa de los derechos humanos y el ejercicio pleno de los derechos de ciudadanía,  y que culminaba con la  integración incondicional de personas y grupos vulnerables al vih y al sida, el entusiasmo dio  paso al fastidio.

Estoy seguro que muchos y muchas quisieran también en nombre de una comprensión nacionalista de la fe y un carácter exclusivo y excluyente  de la comunidad cristiana también quisieran que nos aproximáramos a algún abismo teológico o pastoral como para que justifique un leve empujón nos desbarranquemos de las ortodoxias establecidas y afincadas en el poder.

Mientras hablemos de milagros y prodigios y mientras nos limitemos a hablar todo va bien, pero en cuanto el tema pasa al campo práctico lo situación cambia. Indudablemente el desafío que tenemos todos los que estamos embarcados en esta acción pastoral es ser profeta en nuestras propias comunidades y junto a nuestros hermanos y hermanas de fe.

La viuda de Sarepta y el leproso sirio llamado Naaman representan el objeto del primer amor de Dios. Una mujer despojada de todos sus derechos viviendo en situación de crisis y un extraño y extranjero con una enfermedad considerada castigo de Dios. Todas estas situaciones provocan escándalo porque nos revela el consistente ministerio de Dios junto a todos los estigmatizados, excluidos y explotados de todos los tiempos y en todos los lugares. El ministerio que asume Jesús de Nazaret y al cual nos llama en nuestro bautismo y para el cual nos empodera el Espíritu de Dios es justamente realizar el mismo prodigio y milagro: abrir nuestros corazones y mentes a la falta de equidad en la cual viven tantos hermanos y hermanas ahora y aquí. En el evangelio no tenemos derecho a excluir a nadie de la gracia ilimitada, inmerecida y gratuita de Dios. Por favor poner especial atención en el tema de gracia gratuita para recibirla pero costosa para vivirla.

Nosotros y nosotras también estamos llamados a ser profetas de la inclusividad, de la dimensión universal e incondicional del amor sorprendente de Dios. Ese amor que sigue siendo sorprendente aún hoy porque sigue amando a todas las viudas y viudos que a causa del vih y del sida son sometidos a situaciones de inequidad. Aun hoy nos sorprende el amor de Dios para con todas las personas consideradas impuras por el sistema social, cultural y religioso de nuestro tiempo. Estamos llamados a ser profetas en ese contexto y romper los silencios cómplices de personas, comunidades e instituciones.

Muchas veces, en momentos de éxito, el sistema nos quiere asimilar. Es por ello que la primera reacción es considerar a Jesús de Nazaret, con su fama y prestigio parte de sus expectativas: "¿No es este el hijo de José?". Es decir, nos pertenece y es de nuestro grupo. El dialogo que continua es una decepción total. Nuestro héroe local se nos viene abajo y el párrafo es una introducción al anuncio del ministerio con los impuros, los extraños y diferentes que están a las puertas de nuestras comunidades. La epidemia del vih y del sida nos obliga a mirar a la cara a todos aquellos que hasta ahora habíamos invisibilizado y podíamos tranquilamente ignorar y no ver. Esta  epidemia nos obliga a romper el silencio. Esa necesidad de hablar nos es impuesta por la naturaleza profética de nuestra misión. Romper los silencios que han rodeado la vida y la dignidad de personas y grupos humanos no nace de nuestra buena voluntad o es parte de un capricho o de una originalidad nuestra. Romper el silencio con relación a las muchas inequidades de dignidades es el núcleo de nuestro ministerio profético siempre y cuando queramos ser fieles discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret.

Así como Jesús de Nazaret nos enseño a tener una lectura diferenciada y liberadora de las escrituras, también nos ensaña a asumir el riesgo de un ministerio profético que siempre es escándalo para los instalados en los sistemas ideológicos, teológicos, económicos o culturales. El ministerio profético siempre es crítico y a través del cuestionamiento de las situaciones de inequidad se abre a la esperanza de un presente y un futuro diferente. Esa esperanza y dignidad dada a las personas y grupos vulnerables al vih y al sida pone indudablemente incómodos e incomodas a muchos. Entonces esta tradición de inclusividad de Jesús de Nazaret deja de ser parte de su mensaje y la sombra de la cruz aparece inmediatamente.

Dios siempre se ha deleitado y continua deleitándose al escandalizarnos con su amor inclusivo y con el llamado a ser parte de esa aventura. Aquellos que creen tener el monopolio de Dios y que se atreven a clasificar a los seres humanos en puros e impuros, buenos o malos, nuestros o extraños siempre se han sentido y se siente amenazados por este ministerio profético, que nos invita a romper los silencios que rodea a las muchas injusticias. En Cristo ya no hay extraños, diferentes, extranjeros o impuros. Todos y todas somos parte de su Cuerpo.

La gracia de Dios sigue siendo un escándalo tanto para judíos, griegos y muy especialmente para nosotros y nosotras que queremos tener la seguridad de monopolizar la voluntad del Padre que nos hace a todos y todas hermanos y hermanas.

Todo ministerio realmente profético puede suscitar rechazo, pero las palabras de la Cruz y la luz de la tumba vacía nos llaman a seguir ese camino que nos aleja de la comunidad cerrada y nos abre al mundo y a los grupos vulnerables a todas las inequidades. Ese es el camino de la Cruz.

Para la revisión de vida

La cruz, en su forma de rechazo de los demás, de conflicto con los otros y las otras, sobre todo con el poder, con todos los poderes… nos asusta y nos acobarda... ¿Siento que por temor al conflicto, al qué dirán, al rechazo de los bienpensantes, a las posibles represalias de los poderosos o de la sociedad o de la institución… he dejado de comprometerme con la promoción de la justicia y la transformación de la sociedad? ¿Me he mantenido al margen de ciertos temas para no perturbar la comodidad o la "paz" de mi vida? ¿Tengo miedo a la opción por los pobres, los estigmatizados, los impuros.. para no complicarme la vida?


Para la reunión de grupo

-La cruz de Jesús es la culminación del rechazo que su ministerio profético provoca,  no es una cruz cualquiera… ¿Cómo podríamos caracterizarla?: ¿Quiénes rechazan a Jesús? ¿Por qué? ¿Por qué tipo de intereses?


Para la oración de los fieles

  • Para que las y los cristianos asuman con alegría y entusiasmo la Causa de Jesús como su propia Causa y misión, roguemos al señor…
  • Para que las y  los cristianos que presiden la oración del pueblo de Dios tengan la valentia y creatividad de asumir el ministerio profético que transforma nuestras comunidades en espacios de libertad, donde no es necesario ser igual para tener la misma dignidad y en el cual todos vivimos el espíritu de las bienaventuranzas…
  • Para que todas y todos seamos coherentes con nuestros principios, nuestro bautismo y nuestra vocación, sin temor a las presiones sociales, al qué dirán, o a vernos señalados…
  • Para que también "hoy" hagamos nuestra la misión de Jesús y hagamos así que también se cumpla hoy la Escritura…
  • Por todas las comunidades de fe  de la tierra, para que se abran a todas las personas y grupos vulnerables al vih y sida y convivan en fraternidad, dialogando con gestos concretos a la búsqueda del rostro del Dios único…


Oración comunitaria

Dios, fortaleza de tu pueblo, que en Jesús nos has dado un ejemplo de coherencia y entrega a la verdad sin miedo a las represalias, al conflicto, a
la Cruz.  Ayúdanos a ser, como Él, coherentes con nuestra misión profética de anunciar la Buena Noticia a los pobres, estigmatizados y excluidos, y servir a la Verdad, con valor y coherencia, sin amedrentarnos ni retroceder al experimentar el rechazo y la cruz que también Él experimentó. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Por los siglos de los siglos.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

www.pastoralsida.com.ar