Domingo 31 de enero 2010
Ciclo C. Cuarto Domingo después de Epifanía
o Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
(Leccionario Común Revisado)
Evangelio : Lucas 4, 21-30
Primera Lectura: Jeremías 1, 4-10
Salmo Responsorial: Salmo 71, 1-6
Segunda Lectura: 1º Corintios 13, 1-13



EVANGELIO
Lucas 4, 21-30

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Jesús comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. El Evangelio del Señor.


¡BIENVENIDA CRUZ!

Toda esta escena tiene una lógica radical y cada detalle es consecuencia del haber explicitado que el Reino es el anuncio de una buena noticia a las y los oprimidos, proclamar liberación a las y los cautivos de todos los sistemas de exclusión y opresión, la vista a los que tienen una interpretación ciega y literal de las Escrituras, a reconocer la autonomía y el empoderamiento de quienes hemos colocados en las márgenes de la vida y de la comunidad y proclamar un año eterno de gracia. Esta proclamación deja de ser un ejercicio literario y abstracto para encarnarse en la vida de Jesús de Nazaret. Es anuncio y realización.

La Encarnación es la actualización de esta acción directa de Aquel que libera sobre todas las realidades de exclusión. Ya no es el anuncio de leyes, reglamentos y rituales de purificaciones externas diversas, sino que es asegurar la acción de la pura gracia a quienes este sistema político, económico y teológico considera indignos. Esa Palabra que se cumple entre las y los excluidos no puede producir más que escándalo en quienes aún pretenden manipular la vida de los demás y establecer sus criterios como hegemónicos para determinar quién pertenece a la comunidad y quién reúnen las condiciones y prerrequisitos de pureza y dignidad para vivir el año eterno de gracia que nos anuncian todos los profetas verdaderos.

La práctica de las pautas de gracia de inclusión del anuncio profético del Reino en la vida y la acción de Jesús de Nazaret y de quienes se atreven a ser sus discípulos, produce una reacción de rechazo en quienes ponen el acento en la Ley y no en el Evangelio. Nuevamente tenemos el mismo y repetido enfrentamiento entre dos escuelas y dos sistemas teológicos y pastorales. Esa inclusividad de la gracia nos hace vulnerables en nuestros sistemas de valores y criterios de pureza teológica y pastoral. El cumplimiento de las Escrituras en un espíritu profético recuperado es siempre un peligro para quienes se sienten dueños y dueñas de todas las llaves del Reino.

Quienes quieren manipular vidas y determinar los criterios de inclusividad en la comunidad de fe con coherencia se sienten amenazados por la radicalidad del jubileo ilimitado de Dios, proclamado y vivido. Cuando las Escrituras se comprenden como el cumplimiento del año de todas las gracias que nos regala a través de la adhesión radical al llamado de Jesús de Nazaret a transformarnos en instrumentos de justicia, equidad e inclusividad, siempre producen y deben producir divisiones. No tenemos que tener miedo a las rupturas porque son necesarias.

Debemos reconocer que para los que aún continúan bajo la obediencia del antiguo sistema de la Ley como centro de su proclamación, el cumplimiento del Evangelio y el jubileo de la inclusión se transforma para ellos y ellas en blasfemia. Quienes consideran que para formar parte del proyecto de Dios es necesario como condición previa e ineludible cumplir todos y cada uno de los mandamientos y reglamentos hacen que este anuncio del año eterno de gracia sea considerado una blasfemia y que, en definitiva, toda la acción de Jesús de Nazaret sea mirado como un camino y una verdad y una vida sospechosa que necesariamente llevaran desde ahora a la cruz. Quienes colocan a la Ley como la puerta de entrada a la comunión con Aquel que nos convoca a la unidad en los lazos del amor, hacen que la fe en el año de gracia gratuita que la vida y acción de Jesús de Nazaret cumple, deje en definitiva de ser la sola puerta de entrada en esa comunión.

Quienes hemos asumido el desafío de anunciar la buena noticia de justicia y liberación en el contexto de la epidemia del vih y sida sabemos muy bien que también somos cuestionados de la misma forma en que lo fue Jesús de Nazaret y eso nos debe producir un cierto gozo que nos permita superar las miradas de sospechas y las sonrisas de desacreditación. También hemos sido cuestionados en nuestros lazos familiares al hacer familias alternativas con y junto a quienes el sistema ha hecho vulnerables al estigma y la discriminación relacionada con el vih. La admiración del primer momento deja lugar a la sospechas de nuestras comuniones y diálogos.

El proceso de despojamiento de todo poder para llegar a la plenitud de las comuniones con oprimidos de todos los sistemas, privados de libertad de todos los colores, avanza un paso más al negarse a curarse a si mismo sin antes curar los estigmas y la discriminación de los demás. No hay salvación individual sin salvación comunitaria comenzando desde los márgenes. Al igual que entonces la mayor dificultad consiste en predicarle a los convertidos, a los que se han adueñado de la Ley y los Mandamientos y que los utilizan como herramientas de exclusión.

El anuncio de la profecía cumplida frente y en nosotros y nosotras en el hoy y ahora es un canto celestial para quienes el sistema considera aún indignos de esa gracia. El anuncio de la sola gracia continúa siendo una blasfemia para los convertidos al antiguo sistema de la salvación individual por las obras y purezas personales. ¡Que bien suena a nuestros oídos el anuncio de que los nuevos tiempos y los nuevos espacios de solidaridad y comunión se construyen desde la sola fe, la sola gracia del solo Cristo y de la sola Escritura sin añadidos de ninguna clase!

Esta negativa a buscar una salvación individual, personal y privada nos coloca en el riesgo de la cruz porque es en sí el cumplimiento de una lectura profética de las Escrituras y de la voluntad de quien democráticamente nos muestra que todas y todos necesitamos en igualdad de condiciones de un año eterno de gracia. La cruz nunca viene desde la comunión con quienes están en los márgenes sino que se imponen desde los centros de todos los poderes por quienes aún quieren controlar la vida de los demás, de los enemigos de la libertad cristiana.

.La resurrección es un claro signo de que la cruz asumida en esta perspectiva de la gracia vivida y anunciada en los márgenes bien vale la pena. Si se nos considera blasfemo porque anunciamos un año de gracia generosa, incondicional e ilimitada, entonces: ¡bienvenida esa cruz y bienvenida la blasfemia contra estos aparatos de exclusión! El cumplimiento radical, incondicional, sin negociación de la afirmación central de nuestra fe que la restauración de nuestras vidas y de la vida comunitaria viene por la sola fe en la sola gracia tal como se nos revela en la sola Escritura leída en perspectiva profética por el solo Cristo producirá necesariamente reacciones que conducen a la cruz pero también a la resurrección anticipada porque sabemos que esa es la suerte y destino de quienes se atreven a darle a la voluntad de Dios y a las Escrituras una lectura profética en perspectiva de la gracia sola.

“Ninguna obra buena se atiene a la Palabra divina como la fe, ni hay obra buena alguna capaz de morar en el alma, sino que únicamente la Palabra divina y la fe reinan en el alma. Tal como es la Palabra, así se vuelve el alma, a semejanza del hierro que al unirse al fuego se vuelve rojo blanco como el fuego mismo. Vemos que al cristiano le basta con su fe, sin que precise obra alguna para ser justo, de donde se deduce que si no ha menester de obra alguna, queda ciertamente desligado de todo mandamiento o ley, y si está desligado de todo esto será, por consiguiente libre. En esto consiste la libertad cristiana: en la fe única que no nos convierte en ociosos o malhechores, sino antes bien en personas que no necesitan obra alguna para obtener la justificación y la salvación”[1]

Esta escena concluye con una clave central para su lectura. La lectura profética de las Escrituras realizada por Jesús de Nazaret y que es blasfemia para los que aún las comprenden en una perspectiva legal, nos muestra que desde siempre la acción del Creador ha tenido una opción escandalosa por quienes los sistemas estigmatizan y excluyen. Ya era un problema ser viuda y leproso dentro del sistema hegemónico del cumplimiento de la Ley, pero el hecho de ser una viuda y un leproso extranjero, diferente y extraño le agrega un plus a la discriminación. Aquellos y aquellas que piensan que su orientación sexual ortodoxa les coloca en posición de determinar quien forma parte del Pueblo de Dios y quien no forma parte, son amenazados por esta interpretación profética de las Escrituras. Es por ello y a consecuencia de esta interpretación y de la blasfemia de identificarse con los impuros del arcoiris es que inician el proceso de castigar a quienes lo consideran un falso intérprete de las Escrituras. Cumplen con las indicaciones que su lectura de las Escrituras le indican cómo deben proceder. Se enfurecen rapidamente porque se sienten amenazados. Aún hoy esta misma forma de comprender las Escrituras, lleva a muchos a querer colocar fuera de nuestras comunidades a quienes entregan su prestigio, su dignidad para salvar todas las dignidades de personas y grupos vulnerables al vih. Esta escena es un primer ensayo de crucifixión estrechamente relacionado con el cumplimiento radical del anuncio de un año de gracia.

La proclamación verdadera y radical de la gracia siempre ha sido y debe ser un escándalo que produzca la cruz que lleva a la resurrección de una inclusión en otra sociedad y en otra iglesia. Esta sociedad y esta iglesia debe morir y ser crucificada para que pueda resucitar en el anuncio sin compromisos de la radical gracia de Dios. Aquello que es buena noticia para viudas y leprosos extraños y diferentes también debe ser buena noticias para quienes no queremos curarnos en soledad sino que en comunión nos hacemos viudas y leprosos y nos hacemos extranjeros a los sistemas que estigmatizan a viudas y leprosos, que estigmatizan la diversidad de identidad que nos revela el arcoiriris formado por la epidemia del vih y del sida.

Oración Comunitaria

Sabiduría desafiante y renovadora, tu sabes que no podemos soportar los peligros que enfrentamos al anunciar el jubileo de la inclusividad incondicional de tu gracia. Fortalécenos en nuestra persona a fin de que, con tu ayuda y tu luz, podamos sobreponernos a nuestras vulnerabilidades que nuestra débil fe nos expone, te lo pedimos por Jesucristo, que nos convoca a vivir desde ahora en el tiempo de la gracia. Amén.




Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires, Argentina
Enero de 2010