Domingo 25 de Enero de 2009.

Ciclo B. TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANIA (TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Marcos 1, 14-20

(Leccionario Común Revisado)

Primera lectura: Jonás 3, 1-5, 10
Salmo responsorial: Salmo 62, 6-14
Segunda lectura: 1º Corintios 7, 29-31

 

 

 

EVANGELIO Marcos 1,14-20

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".

Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. Enseguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. El Evangelio del Señor.

El Evangelio del Señor

 

 

ENTRE DOS CRUCES

 

Es sorprendente como el compromiso con las personas que viven con vih o sida y toda la gama de estigmas y discriminaciones a que son sometidos, cambia la forma de leer y comprender las Escrituras, y en especial el Evangelio. Nada ya es igual y nada tiene el mismo significado y la misma resonancia. Toda una reserva de sentidos e intencionalidades son puestas de manifiesto y uno se maravilla de no haberlo descubierto en otros tiempos y con otros compromisos.

Las primeras frases de este pasaje están repletas de nuevos sonido y de una nueva música para nuestra tarea en el contexto de la epidemia del vih. Así como la geografía se transforma, en la perspectiva evangélica, en geografía teológica, las indicaciones de tiempos también adquieren una dimensión teológica que sobrepasa la mera indicación cronológica.

La indicación del arresto de Juan el Bautista como inicio del ministerio público de Jesús de Nazaret, ubica toda su proclamación y acción, entre dos relatos pasiones y martirios, y quizás podamos decir entre dos cruces. Si bien la muerte de Juan el Bautista no tiene la presencia de una cruz, literalmente hablando, es consecuencia y pago por el atrevimiento de desafiar los discursos hegemónicos. Su martirio es parte de su coherencia y discipulado.

Nunca me había dado cuenta que detrás de las palabras “arrestado” traduce una palabra griega que se podría también comprender como que fue “entregado” o “traicionado” y que tiene un parentesco muy cercano al vocabulario que da inicio a la Pasión del mismo Jesús. Nada es casual. El tiempo profético termina, con toda lógica en una pasión y muerte y con una cruz aunque no haya una cruz en forma literal. El sistema imperial y sus cómplices siempre harán pagar un precio a quienes se atreven a poner de manifiesto las inequidades del sistema, su falta de inclusividad y un ejercicio del poder jerárquico y opresivo. El tiempo se ha cumplido y el Reino comienza con una pasión y con un martirio cuya sangre será semilla de un nuevo espacio donde se reconoce el reinado alternativo de Aquel que representa todos los deseos de justicia y fraternidad.

Jesús de Nazaret, a la vez que es continuidad, también es claramente rupturas con el antiguo sistema teológico que llega a su fin con Juan el Bautista. Mientras que uno anuncia y celebra un rito de bautismo para la remisión de los pecados, el otro proclama la llegada del Reino. Ya no continuará en la zona geográfica y teológica del Jordán, que queramos o no reconocerlo, tiene un cierto prestigio simbólico. En y con un gesto de total despojo, Jesús de Nazaret para comenzar el anuncio de la buena noticia de Dios, se traslada a la poca prestigiosa zona de Galilea, zona de los diferentes, de los sospechosamente impuros, de aquellos y aquellas que no son como quienes tenían el poder político y religioso.

Mientras que Juan anunciaba la necesidad de conversión como requisito para restablecer relaciones positivas con el Creador, Jesús solicita una conversión que permita ser parte del proyecto en el cual abandonamos todos nuestros reinados personales y todo otro reinado, para que solamente se reconozca la soberanía y la iniciativa de Dios. Ese reconocimiento de la soberanía y de la iniciativa exclusiva y excluyente de Quien es el principio y fin de toda vida, no está colocado en un futuro remoto o en un peligroso y deshumanizado más allá, sino que está ya al alcance de nuestras manos ahora y aquí. Esa es una buena noticia que podemos anunciar con toda fuerza a las personas que viven en el estigma y la discriminación a los que les ha sometido la confusión de un diagnóstico médico con un diagnóstico moral. Muchas veces vemos que los centros de poder teológico han mirado a las personas y a los grupos vulnerables al vih o al sida de la misma forma con la cual aquel Jerusalén, tanto templo como palacio, miraba a Galilea.

La conversión que se nos pide es un cambio total de mentalidad y un redireccionar nuestra forma de actuar en función del reconocimiento de la soberanía y la iniciativa de Dios frente a toda solicitud de reconocimiento de otras soberanías. La conversión personal y comunitaria es condición para formar parte del nuevo proyecto de sociedad civil y de comunidad de fe. Esta es la buena noticia. No se limita a cambios de orden predominantemente moral o privado sino que corresponde a una nueva mirada sobre toda las relaciones y estructuras entre los seres humanos. Es la construcción de ese espacio de soberanía de Dios que tiene sus comienzos en y desde los márgenes y desde las personas y grupos en situación de vulnerabilidad a todos los estigmas. Esa es la conversión que se nos pide. Es un desplazamiento de aquello que llamamos centro en el que siempre hemos colocado a quienes frecuentemente usurpan la soberanía de Dios y la nuestra, en provecho propio. Toda nuestra conversión tiene que ver con la voluntad de ser ciudadanos de ese espacio en el que se reconoce la soberanía y la iniciativa de Aquel que nos hace hermanos y hermanas, sin exclusiones, sin ghettos y sin marginaciones. Esa es realmente una buena noticia.

Quienes acompañan a personas, educan en la prevención o quieren están comprometidos en una acción liberadora en el contexto de la epidemia del vih tienen que preguntarse sobre cuáles son sus paradigmas o modelos de comunidad de fe que queremos construir y que tenemos para proponer. Ese espacio comunitario, seguramente necesita ser reformado permanentemente para que sea un instrumento de reconocimiento absoluto de la presencia y la imagen de Dios en toda persona y todo grupo en situación de vulnerabilidad diversa. Desde ese reconocimiento de pertenencia y de apertura, construimos el concepto de la radical inclusividad de nuestras comunidades de fe. No podemos iniciar una acción pastoral junto a excluidos y estigmatizados sin habernos planteado previamente el proyecto de comunidad a la cual deseamos que todas y todos formen parte. Es por ello que hablar de vih o de sida, para nuestras comunidades de fe, significa hablar sobre el modelo y paradigma de la comunidad que queremos ser y que estamos construyendo y revisar críticamente la propuesta actual de esa misma comunidad.

Esa acción pastoral y teológica de construcción de un espacio donde se celebra y se compromete con la soberanía de Dios necesita de obreros. Es por ello que la nueva modalidad del anuncio de la buena noticia que viene de Dios y que es su iniciativa, convoca a quienes quieren forma parte de ese proyecto. A partir de los nuevos parámetros esos miembros de la comunidad también se escogen desde los márgenes. Todas y todos ellos son miembros de un espacio puesto en diversas dudas desde aquellos que ha usurpado la soberanía de Dios y se sienten dueños de su comunidad. No solamente son pobres, obreros o simples campesinos, sino que todas y todos ellos son estigmatizados por quienes tienen un modelo de comunidad basada en privilegios, en purezas personas que hacen inútil la acción de Jesús de Nazaret.

Las rupturas de conceptos, vocabulario y acciones entre Juan el Bautista y Jesús que es de Nazaret, es sorprendente y continúa. Las redes en todo el antiguo régimen se asocio con trampas y con caída. Ahora, en labios de Jesús, las redes se transfiguran en un elemento de una convocatoria inclusiva e incondicional.

La invitación a seguir a Jesús, el de Nazaret, tiene consecuencias inmediatas. Las y los discípulos deben abandonar los espacios de inequidad en que están viviendo. El abandono de sus tareas y de su familia es parte de la conversión solicitada. Nadie puede continuar perteneciendo a estructuras de injusticia, inequidad, opresión o jerarquías que oscurecen la iniciativa total de Dios. Es fácil comprenderlo en relación al mundo económico y comercial pero el abandono del padre solicita una mayor explicación.

Tenemos que recordar las permanentes dudas de Jesús de Nazaret con relación a las estructuras de la familia centrada en conceptos patriarcales donde todos estaban subordinados a una estructura de poder jerárquico absoluto. La exigencia constante y consistente para que sus discípulos abandonen ese espacio que perpetua y refleja estructuras opresivas es una condición para ser ciudadano del espacio de soberanía de Dios. Ningún otro espacio que exige solidaridades de clan se puede superponer a ese reconocimiento de la única soberanía de Dios y de su proyecto de reinado en justicia y misericordia.

De la misma forma en que la predicación y acción de Jesús de Nazaret se contrapone y supera la proclamación de Juan el Bautista también quienes quiere construir un espacio de reconocimiento al reinado absoluto de Dios y su justicia, también tenemos que romper con modelos y espacios que son fuente de inequidades, exclusiones, estigmas y desconocimiento de la imagen del creador en la vida y en las identidades de muchas personas que viven con vih o que son oprimidas de diversas maneras por los sistemas que debemos dejar atrás.

Para la revisión de vida

En toda acción de servicio, diaconía o pastoral tenemos que preguntarnos ¿cuál es el modelo de iglesia o comunidad que queremos construir y al cual queremos que todas y todos pertenezcan? No puede haber acción pastoral sin un modelo claro de espacio de reconocimiento de la soberanía de Dios. No es suficiente un bautismo para pertenecer a ese espacio sino que es necesaria una ruptura con todas las estructuras que pueden oscurecer esta buena noticia.

Para la oración de las y los fieles

Iluminados e iluminadas por la luz del Evangelio y de los muchos martirios, nos atrevemos a unir nuestras voces y corazones para interceder por nuestras comunidades de fe y por su propia conversión, y por quienes esperan la brillante revelación del amor y la inclusividad de Dios.

(Se hace un breve silencio)

Memoria viva de tu pueblo y modelo de nuestra comunidad, rompe los yugos que oprimen tu creación, libéranos de todos los tronos que quieren reemplazar tu soberanía, aleja todo liderazgo que, violentando la libertad de tus hijos e hijas, pretenden confundirnos en el camino hacia la igualdad y la equidad. Sólo en Dios descansa nuestra alma, de él nos viene la esperanza.

Presencia viva en pesebres y cruces, permite que tu luz brille en nuestros proyectos, compromisos y acciones. Concede a tu iglesia la valentía de ser un espacio de radical inclusividad y que no tema desafiar a quienes quieren dominarnos con proyectos jerárquicos y hegemónicos que desconocen la diversidad de tu creación y de tu propia naturaleza. Nuestra salvación y gloria están en Dios, él es nuestra roca firme.

Luz de luz, verdadero guía de verdadero guía, renueva nuestro presencia en el contexto de la epidemia del vih y del sida, para que con simplicidad y despojados de todo poder nos pongamos en libertad al servicio de cuanta persona es estigmatizada y excluida, para que nuestra comunidad sea verdaderamente madre, maestra, abogada y profeta. Confiemos en Dios constantemente, nosotros y nosotras que somos su pueblo.

Oración comunitaria

Tú que haces de esta tierra y de este cielo el espacio donde se vive tu soberanía y que enviaste a Jesús de Nazaret a proclamar tu reino y a enseñar con autoridad, úngenos con la fortaleza de tu Espíritu para que podamos romper con toda estructura que oprime para que, liberados por ti, podamos seguirte por los caminos de la justicia. Concédenos anunciar las buenas noticias de tu amistad con quienes son estigmatizados y tu empoderamiento de quienes son marginados. Sana con ese mismo Espíritu nuestros silencios para que podamos anunciar abiertamente tu soberanía sin temer las entregas y traiciones. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo, nuestro Maestro y compañero, ahora y siempre. Amén.

Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires
Enero de 2009