Domingo 16 de Diciembre 2012

Ciclo C. 3º Adviento

(Leccionario Común Revisado. Propio )

Evangelio : Lucas 3, 7-18

Primera Lectura: Sofonías 3, 14-20

Salmo Responsorial:  Isaías 12, 2-6

Segunda Lectura: Filipenses 4, 4-7

 

EVANGELIO
Lucas 3, 7-18

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Pueden encontrar este texto en el sitio: http://www.sobicain.org/shell.asp?p=Biblia

 

En aquel tiempo, Juan decía a la multitud que venía a hacerse bautizar por él: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan los frutos de una sincera conversión, y no piensen: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos e hijas de Abraham.  El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego".

 

La gente le preguntaba: "¿Qué debemos hacer entonces?". El les respondía: "El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto".  Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?". El les respondió: "No exijan más de lo estipulado".  A su vez, unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?". Juan les respondió: "No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo".

 

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.  Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible". Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia. Aclamemos el Evangelio del Señor.

 

 

LA DANZA DEL FUEGO

 

El fuego ha sido utilizado por muchas culturas y diversos rituales religiosos para simbolizar el pasaje de una ofrenda o de cualquier otro elemento desde un espacio secular hacia un espacio sagrado. Esto explica la intencionalidad del quemar los sacrificios diversos ofrecido por esos pueblos al igual que los celebrado en el Templo de Jerusalén. El fuego es el elemento que permite el paso de un sacrificio de una dimensión a la otra. Es por ello que la promesa de un bautismo de agua y de fuego nos ubica en la misma mentalidad. El bautismo de fuego permite el paso de un proyecto de opresión a un proyecto de liberación, de una dimensión de estigma y exclusión a una comunidad de radical inclusividad. Ese es el bautismo que estamos llamados a anunciar en el contexto de la epidemia del vih y del sida.

Indudablemente la predicación de Juan el Bautista marca el fin de una época y anuncia el inicio de otra con muy diferentes énfasis.  Sorprende la forma de anunciar una buena nueva al llamar a su auditorio “raza de víboras”. No es de extrañar que tuviera tan pocos amigos y amigas. Deja muy en claro su total oposición a una escuela interpretativa de las Escrituras fundamentada en méritos considerados como propios. Exige una conversión de esa forma de comprender la naturaleza de Aquel que se ha hecho Palabra para revelarse en forma tan paradójica y en trasgresión a todos los códigos de santidad y pureza instalados por esa escuela teológica. Es necesario que produzcan frutos de inclusividad y de universalidad que no estaban dispuestos a producir.

Igualmente hoy tenemos la misma situación en el contexto del anuncio de una buena nueva para las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación relacionados con el vih. Muchos piensan que la santidad y la conversión pasa por una determinada orientación sexual y que el mero hecho de ser heterosexuales ya es un signo de pureza frente a Dios, o que por determinada identidad de género ya se está en condiciones de superioridad como para constituirse en jueces que pueden determinar quien pertenece y quien no a la comunidad de fieles. El hacha hermenéutica está puesta ya en las raíces de esa forma de comprender en forma tan estrecha la escandalosa universalidad del proyecto de aquel reino fundamentado en la equidad y la justicia. En este caso el fuego es el símbolo que envía al infierno esta forma de pensar e interpretar el mensaje evangélico.

Una y otra vez en situaciones de crisis como la que nos enfrenta la epidemia del vih tenemos que preguntarnos con honestidad y apertura de mente y corazón: "¿Qué debemos hacer entonces?". Esta epidemia y las relaciones voluntarias o forzadas con personas de una increíble diversidad de identidades y estilos de vida, nos ofrece gratuitamente una oportunidad de conversión y la posibilidad de dar los frutos de inclusividad que el verdadero jardinero de esta realidad espera. Para nuestra sorpresa no son las y los líderes de las escuelas fundamentalistas las que hacen esta pregunta y a quienes se dirigía el reproche de ser una raza de víboras  que se sienten dueñas de la Palabra de Dios sino que quienes se sienten interpelados son dos grupos extremadamente descalificados por los códigos y reglamentos implementados por esa generación de víboras exegetitas. Publicanos y soldados del imperio opresor preguntan "Maestro, ¿qué debemos hacer?". Para mi sorpresa Juan el Bautista no les pide que abandonen esas identidades que tanto les descalificaban de acuerdo a los antiguos códigos de pureza sino que les pide que vivan sus identidades de acuerdo a una perspectiva de honestidad y servicio.  Seguramente hubiéramos esperado otra sugerencia más radical pero Juan les pide moderación y transparencia porque son las víctimas del sistema de exclusión. Les piden que no abusen del poder concedido y que no copien gestos y actitudes de opresión propios del sistema. Pide que se liberen de los abusos del poder que es siempre la gran tentación de todos y todas.  A quienes si les pide una conversión total con frutos visibles del cambio es a quienes viene desde el centro del poder político y religiosa y que han construido el sistema de estigmas y exclusiones.

Esta dualidad de comportamiento frente a los dueños de la verdad y frente a los miembros de dos grupos víctimas del estigma y la discriminación crea, tanto en aquella época como ahora una gran expectativa. Es por ello que Juan separa identidades. Su bautismo aún es de agua pero viene uno más significativo que trae un bautismo de agua y fuego. Agua de pertenencia y de inclusividad pero acompañado con el fuego de la transfiguración. Un bautismo que nos incorpora a una familia pero a una familia que tiene el fuego de un proyecto y de una utopía construida sobre la justicia que promueve la paz. Es un bautismo que proclama la buena noticia de que todas y todos somos llamados a formar parte de esa familia y de esa comunidad pero que a la vez la identidad de esa familia es una ruptura con los espacios de opresión y exclusión para marcarnos ahora y aquí con la cruz de la pertenencia a un espacio precursor de todas las libertades y de todas las liberaciones. Esa es la grande y escandalosa buena noticia en la proclamación de Juan el Bautista. Es buena noticia cuando anuncia que habrá juicio y castigo para quienes se mantienen en la mentira y en las sombras de la autojustificación de sus atrocidades de exclusión. Sin conversión de un sistema a otro no hay inclusión posible. Si asumir los procesos de liberación que llevan a un concepto amplio y generoso de un llamado a la inclusión sin límites ni barreras. También las víboras tienen un anuncio de buena noticia. Si cambian de mentalidad y renuncian al sistema de códigos y reglamentos de pureza que fundamenta sus sentimientos de superioridad y de exclusión, también tienen un lugar en esta comunidad de solidaridad y justicia, compartiendo el pan y la sal con aquellas personas y grupos que hasta ayer fueron considerados descalificados de su amistad. Esta es una buena noticia para todos y todas.

Para la oración de las y los fieles.

Origen de todas nuestras expectativas y de todas nuestras esperas, te pedimos por nosotros y nuestras comunidades de fe, para que enfrentadas a la universal convocatoria de tu Evangelio, nos podamos abrir de mente, corazón y abrazos a todas las personas y grupos que hemos hasta ayer excluido y estigmatizado.

Se hace un breve silencio.

Imploramos por nuestra comunidad de fe para que siempre y en toda circunstancia nos alegremos con la generosa y radical inclusividad de su proyecto de equidad y justicia como fundamento de paz y punto final de toda violencia, tanto domestica como internacional.

Intercedemos por nuestra sociedad que necesita ser renovada por tu amor que siempre busca la justicia, para que nuestra conciencia de ser los cuidadores responsables de toda persona y de toda expresión de vida que nos acompaña en este caminar hacia la Casa Común que tiene tanta diversidad de espacios, se revele ahora y aquí en frutos que nos permitan ser herederos y herederas de esta tierra y de este cielo.

Levantamos nuestras voces implorando por todos los pueblos que en estos momentos viven bajo el manto de violencia y muerte de guerras que nunca podremos ni queremos justificar, de pueblos enteros sometidos a situaciones de hambre que ninguna razón justifica, y renovamos nuestro compromiso de nunca guardar silencio frente a las constante violaciones de los derechos humanos de hermanos y hermanas.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Hacemos nuestro el dolor de las personas que son vulnerables a estigmas y discriminaciones y que por eso tienen que vivir sus identidades en la clandestinidad y el miedo. Concédenos utilizar el poder de nuestras comunidades para abrir a la libertad esos espacios de opresión para que nuestras mesas de comunión puedan alcanzar su plenitud.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Diciembre 2012