Domingo 7 de Marzo de 2010
Ciclo C. Tercer Domingo de Cuaresma
(Leccionario Común Revisado)
Evangelio :Lucas 13, 1-9
Primera Lectura: Isaías 55, 19
Salmo Responsorial: Salmo 63, 1-8
Segunda Lectura:
1º Corintios 10, 1-13



EVANGELIO
Lucas 4, 1-13

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera".

Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'. Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'". El Evangelio del Señor.

. El Evangelio del Señor.


ORATE PRO NOBIS.

Hasta el cansancio se ha repetido la necesidad de conocer el contexto de un texto como una herramienta de comprensión crítica de las estructuras, objetivos y contenidos de un texto. Pero también es un hecho que el espacio en el que uno se ubica y se compromete para encarnarlo también ilumina el texto y permite descubrir una enorme reserva de sentidos. Seguramente este pasaje del Evangelio tendrá resonancia muy diversas si se lo lee en la mañana del domingo en una comunidad tradicional y muy diferente sera la escucha que se tendrá del mismo si se hace en el medio de la Celebración de la Misa de la Inclusividad junto a las y los participantes de CONCASIDA VI, que acaba de realizarse en San José de Costa Rica bajo el lema: “Juventud y VIH. Por mi derecho a saber y decidir”. En esta celebración participaron por derecho evangélico muchas de las personas que forman parte de los grupos vulnerables al estigma y la discriminación al vih. Sabemos muy bien que ese estigma y esa discriminación tienen muy poco que ver con el virus y mucho con la diversidad de identidades que pone de manifiesto el diagnóstico médico.

Este texto, al igual que esta celebración litúrgica de comuniones evangélicamente escandalosa, se ubica en perspectiva del camino de la cruz. Ha sido una estación más en ese aproximarnos a todos los estigmas y todas las discriminaciones por establecer fuertes alianzas y comuniones con las personas abiertamente miembros de los grupos que aún hoy y aún dentro de este Congreso de SIDA tienen miedo de pronunciar sus nombres. El callar su nombre es una forma de invisibilizarles. Indudablemente no necesariamente la participación en este espacio de la diversidad significa una plena y autentica aceptación de sus identidades. Aún persiste en las comunidades de fe una aproximación meramente médica que les protege de iniciar el proceso de una verdadera conversión. El hecho de compartir una misma mesa redonda de debate no significa la voluntad de comer del mismo pan y beber de la misma copa. Esas rupturas fueron visibles y evidentes aún en esa celebración abierta a todas y todos los que con ese pan y ese vino aceptaban la presencia real de Jesús de Nazaret en su camino hacia la cruz que terminará con todas las cruces.

La tentación de ubicarnos en una teología del juicio y la sospecha es el centro de la primera parte del relato evangélico. Quienes se aproximan a Jesús de Nazaret con el caso de aquellos galileos condenados y asesinados políticamente por el imperio, son portadores de una teología que contempla los hechos de la vida cotidiana desde esa teología del juicio y la condena. Esos galileos, que proceden de un contexto contestatario y revolucionario, eran ya sospechosos de todas las dudas teológicas y políticas aún antes de ser condenados por el poder del imperio. A esa pregunta política Jesús le agrega un acontecimiento natural, la de aquellos habitantes de la ciudad aplastados por un hecho impredecible. Conocemos muy bien aún hoy las voces de quienes aseguran que hechos políticos o naturales se deben a la corrupción apocalípticas de costumbres, concesión de derechos y respeto de todas las dignidades. Lamentablemente muchas de esas voces que nos hablan desde una teología del juicio y la condena anticipada tienen muchas y muchos seguidores. Pero sabemos muy bien que los números no siempre son manifestación de la verdad.

A esa teología del juicio y el juzgar a quienes son diferentes a nosotros y nosotras Jesús de Nazaret les da con toda seguridad un no que no admite dudas. Si no terminamos con esa teología de juzgar a las personas que tiene identidades diferentes a las nuestras como merecedores de todos los castigos, hemos de ser instrumentos de muerte política, teológica y social. Jesús le ha dado un rotundo, histórico y final rechazo. No podemos desde esa perspectiva continuar utilizando esa metodología teológica. El vih nos pone nuevamente ante la necesidad de afirmar que ese no es un camino evangélico sino que es el fundamento de mucha muerte civil.

En este encuentro de CONCASIDA VI, algunas comunidades de fe hemos venido para hacernos vulnerables a otra teología y a comprometernos a abandonar la teología del juicio. Los jóvenes son los que nos han convocado y son ellas y ellos los que inician el diálogo, el debate y las propuestas. Son las y los jóvenes quienes quieren hablar ahora y aquí de vih, sin silencios, sin ausencias y con mucha valentía y verdad. Ese querer hablar de vih lo quieren hacer en perspectiva de derechos y debemos ser sumamente coherentes y reconocer que todo lo que decimos, hacemos y proponemos lo hacemos desde ese compromiso no negociable con todos los acuerdos, declaraciones y documentos de derechos humanos que ha ido construyendo a lo largo del tiempo y las geografías del dolor el sistema de Naciones Unidas.

Asimismo son las y los jóvenes que nos convocan con entusiasmo a dialogar de vih en perspectiva de derechos humanos como para construir un saber en común. Las y los adultos tenemos que bajar del caballo para ponernos a la escucha y hacer visible de nuestra voluntad de abandonar la pretensión de ser los dueños de todas las verdades. Tenemos que reconocer los adultos que los años no necesariamente agregan sabiduría o conocimiento.

Las y los jóvenes quieren iniciar los diálogos que construyen los nuevos saberes en perspectiva de derechos humanos para asumir en plenitud su condición de sujetos y abandonar el espacio de objetos que nuestras propuestas de educación, prevención o acompañamiento les han colocado. Esas propuestas autoritarias, que no han sido validadas por aquellos que pretendemos educar han sido causales de muchas muertes y debemos convertirnos de esas metodologías muy poco respetuosas de la autonomía que la juventud nos pide que se les reconozca. El derecho a saber y decidir exige una aproximación respetuosa en el plano de los derechos porque todo joven es sujeto de esos derechos y tiene que ser fortalecido en su ejercicio de ciudadanía. Esa invitación nos debe encontrar construyendo juntos y juntas en un mismo plano y con una misma transparencia los saberes que conducen a la vida y culminar con el pleno reconocimiento de la autonomía que los objetivos de una educación para la libertad y la responsabilidad tiene como meta.

En esa construcción de saberes, Jesús de Nazaret comparte el relato o parábola de la higuera estéril que nos recuerda los silencios y la mala praxis de muchas de nuestras comunidades de fe. Debemos reconocer que no siempre hemos acudido al llamado de la juventud para que hablemos y rompamos los silencios y las complicidades. Al igual que la higuera no hemos producido frutos ni buenos ni malos. No hemos producido nada y simplemente hemos ocupado espacios de poder en forma totalmente estéril, y ese nos es el objetivo que el dueño de la viña espera de su pueblo en esta perspectiva de cruz. Espera de nosotros y nosotras los frutos de una teología de la inclusividad y de las mesas compartidas ya no desde compartimientos que se miran pero no se tocan, sino desde un comulgar con la diversidad que este encuentro de CONCASIDA revela ante nuestros ojos. Necesitamos una teología que nos cure de nuestras miradas, oídos y acciones estériles que rechazan los procesos de conversión y cambio.

Para mi sorpresa descubro en medio del diálogo fraterno y profundo con todas las personas y grupos vulnerables al estigma y la discriminación y a quienes nombro para que tengan en mi una presencia amorosa e inestimable: los muchos hombres que tienen sexo con hombres y que compartieron con generosidad sus espacios, los y las trabajadoras sexuales que se hicieron presentes en nuestros espacios, las personas de la diversidad trans que caminaron nuestros mismos caminos, las y los usuarios de drogas ilegales que a cada momento nos mostraron las dignidades que nuestras miradas no quería ver. Ese encuentro de conversión en que las comunidades de fe hemos llegado a este Congreso me revela que son justamente esas personas y esos grupos estigmatizados y descalificados por las comunidades de fe las que interceden al Creador de todas las diversidades para que tenga paciencia de esas comunidades y le de un plazo de conversión y ruptura con los silencios hasta el próximo congreso.

Son esas personas simples y humildes de todos los grupos vulnerables al vih quienes han asumido la tarea de tenerles paciencia a las comunidades de fe y que al invitarnos a sus espacios de empoderamineto, reflejan la paciencia que tienen con nosotros y nosotras. Son ellos y ellas, las personas que viven con vih o con sida las que están intercediendo y orando para que el dueño de la viña nos de un tiempo más para nuestra conversión y para que finalmente demos los frutos de la conversión que no es otro que el abandono de las teologías de la exclusión para asumir la teología de la inclusividad que pasa siempre por el compartir de las mesa del mismo pan y la misma copa.

Es por ello que al emprender el camino de regreso a nuestros hogares, comunidades y países, desde las comunidades de fe le pedimos a la diversidad de personas que viven con vih que oren por nosotros y nosotras. Nos encomendamos a sus oraciones, a su paciencia y a su compromiso en la construcción de un mundo donde las utopías y los ideales escandalosos del Evangelio, la buena noticia vivida y proclamada por Jesús de Nazaret aún son posibles.

Para la oración de las y los fieles
Reunidos por tu espíritu, concédenos la fortaleza de hacernos vulnerables a la conversión para ser portadores de las buenas noticias de la radical inclusividad de tu propuesta de vida y acción para poder dar los frutos que estás esperando de tu pueblo desde hace tanto tiempo.

Se hace un breve silencio.

Fuente de toda paciencia y misericordia, sabemos que nos llamas en el bautismo a ser testigos de tu amor incondicional. Concédenos que trabajemos en unidad con las organizaciones de la sociedad civil y gubernamentales, para que en medio de la epidemia del vih y sida, tengamos la voluntad y valentía de promover los derechos de los jóvenes a saber y a decidir. Señor, tú eres nuestro Dios, te buscamos ardientemente.

Creador de todos los saberes y del respeto de todas las autonomías, enséñanos a cuidarnos unos a otros de forma tal que estemos en condiciones de asumir responsabilidades, de compartir información científicamente fundada que pongan fin a miedos, ignorancia y silencios que han puesto en tantos riesgos evitables a todos los jóvenes. Nuestra alma tiene sed de ti, por ti suspira nuestro ser como tierra sedienta, reseca y sin agua.

Tu justicia y tu inclusividad nos muestran caminos de cruz que van más allá de todo entendimiento humano. Concede a quienes ocupan posiciones de autoridad en nuestras comunidades y en la sociedad la decisión de establecer diálogos sabios y transparentes con las y los jóvenes que quieren ejercer su derecho de ciudadanos de saber sobre el vih como para asumir decisiones con responsabilidad. Porque tu amor vale más que la vida, nuestros labios te alabarán.

Tú que eres el fundamento de nuestras fidelidades y compromisos, colocamos en tus manos a quienes en este tiempo han sufrido las consecuencias de terremotos, tsunamis y guerras civiles. Concédenos la fortaleza para no olvidarles, de aportar a sus vidas esperanza y nunca juicio o sospechas, para que nuestras acciones sean realmente de amor y servicio gratuito. Nuestra alma quedará saciada como con un manjar delicioso y nuestra boca te alabará con júbilo en los labios.

Aquí podemos ofrecer otras intercesiones


Paciencia eternal, te damos gracias por todas las oportunidades de diálogo y debate que producen en nosotros y nosotras la oportunidad de conversión y cambio. Recordamos a quienes han dado su vida hasta el martirio en su compromiso de construir un mundo y una iglesia más respetuosa de todos los derechos humanos, la promoción de justicia y paz. Así te bendeciremos mientras vivamos y alzaremos nuestras manos en tu Nombre.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Marzo 2010