Domingo15 marzo de 2009

Ciclo B. Tercer domingo de Cuaresma

Evangelio: Juan 2, 13-22

(Leccionario Común Revisado)

Primera lectura: Éxodo 20, 1-17
Salmo responsorial: Salmo 19
Segunda lectura: 1º Corintios 1,18-25

 

 

 

EVANGELIO Juan 2, 13-22

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.

Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y todas y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del ser humano. El Evangelio del Señor.

 

 

¡A DESTRUIR LOS TEMPLOS!

 

El evangelista nos brinda en este pasaje varias claves para comprender la escena. En primer lugar el tiempo en el cual se desarrolla el acontecimiento. La Pascua como memoria vida de un proceso de liberación querido por Aquel que es fuente de todas las libertades. Esa es la iniciativa de Dios de la cual se guarda en memoria y que es el fundamento de todas las acciones liberadoras con las cuales responde el pueblo de Dios. Esa epopeya que se actualiza en cada generación y en cada pueblo, tiene que ser preservada como acontecimiento y evitar el peligro y la tentación de transformarla en mero ritual, despojada de toda connotación contemporánea. De ahí la distinción entre la Pascua de ellos y la Pascua de Jesús de Nazaret. Este tiempo de liberación histórica y memoria eterna del pueblo fiel se opone al reduccionismo de los rubricistas, de aquellos que es más importante cumplir los rituales que vivir su intencionalidad, que cumplen y observan la letra pero pierden el espíritu y la verdadera intencionalidad del evento litúrgicamente actualizado.

También tenemos que tener en mente para poder completar los elementos que intervienen en la escena, el lugar del templo en el cual se desarrolla esta escena tan cinematográfica. No es un dato menor. La venta de los elementos necesarios para los sacrificios establecidos por la Ley ceremonial se desarrolla en el espacio asignado por el sistema a las personas consideradas, de acuerdo a esos criterios como imperfectos o imperfectas, es decir, en el primer patio del Templo, en el patio asignado por la ideología jerárquica, patriarcal y heterosexista, a las mujeres, los eunucos, los extranjeros, los prosélitos y los esclavos. No es un dato menor.

Jesús de Nazaret, con su actitud provocadora, entra en Jerusalén, en el espacio que sabe que le es profundamente hostil a su forma de comprender ese espacio de soberanía en el cual se tiene que cumplir la voluntad primera de Dios para con la creación. En esa actitud provocativa no solo se dirige al mismo centro del sistema que ha tergiversado el proyecto inicial de Dios, sino que se dirige al mismo corazón del sistema: el templo de piedra, el templo que celebra la teología de la gloria. En la escena encontramos a los protagonistas ocupados en sus tareas previsibles, cotidianas y totalmente normales, si tomamos en serio una lectura literal de las Escrituras. No hay nada sorprendente ni escandaloso porque todo ocurre de acuerdo a la Ley y al ceremonial que se esperaba se celebrara en ese templo. Lo que si es sorprendente es la conducta de Jesús de Nazaret es totalmente inesperado y escandaloso. ¿Qué le ha ocurrido y qué es lo qué pasa por su cabeza?

Esta es una escena de ruptura y no de continuidades. Aquellas personas que estamos viviendo en el contexto de la epidemia del vih y sida, el redescubrimiento del proyecto original del templo alternativo y diferente, no podemos dejar de alegrarnos y admirar estas rupturas. También nosotros y nosotras, junto a todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida, podemos hacer nuestras las mismas y exactas palabras del Cristo del látigo: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". No son las monedas ni los pobres animales los que transforman el espacio de oración en espacio de comercio, sino que estamos delante de quienes pretenden comerciar con la gracia gratuita e incondicional de Dios. Ese es el robo y el escándalo. En ese primer patio de quienes son excluidos de la jerarquía de valores del sistema patriarcal y heterosexista, se anuncia la ruptura interpretativa, simbólica y hermenéutico que representa el sistema de sacrificios, y se anuncia esta buena noticia con un látigo en la mano para mostrar que esa equidad de género, de igualdad de todos los estigmatizados y de quienes son excluidos por todos los sistemas teológicos e ideológicos, no es negociable. Aún hoy hay quienes quieren negociar, limitar y transformar esa buena noticia de la gracia gratuita de Dios en un mero enunciado. Es necesario implementar en todos los patios en que el sistema ha clasificado, dividido y colocado a quienes estigmatiza, excluye, el anuncio de la buena nueva de la inclusión gratuita y incondicional. Nadie puede comerciar ni condicionar con esa verdad.

El celo por la casa del Padre de Jesús de Nazaret nos lleva a consumir el pan de la comunión y el vino de la celebración de esa equidad de personas y de identidades de género. Ese es el celo que estamos destinados en nuestro compromiso bautismal a aceptar que nos consuma. Seguramente hemos de necesitar de mucho vino para que la comunión incondicional se haga realidad y sea parte de nuestra celebración visible y desafiante. Es necesario que el celo por una casa con muchas habitaciones donde todas las identidades de género se sienten a gusto y respetadas en su total y diversa diferencia. El celo por esa casa amplia y gratuita debe consumirnos en este camino de cruz y resurrección.

El drama de quienes tiene una lectura fundamentalista de las Escrituras es que piensan que están haciendo honestamente lo correcto pero esa forma de concebir la voluntad y proyecto de Dios, con un templo y una teología jerárquica, para nada gratuita, y sumamente restrictiva, que nace de colocar en el centro de su interpretación a Moisés y los Diez Mandamientos y todos los otros que impiden creer totalmente en Aquel que da vuelta las mesas y las tablas de los diezmos y de los sacrificios para abrir las puertas gratuitas y generosas de la sorprendente gracia de Dios. No podemos servir a dos señores ni a dos sistemas, tenemos que escoger entre la Ley que nos humilla y el Evangelio que anuncia la gracia que no se puede ni debe vender ni condicionar.

Me sorprende la invitación de Jesús de Nazaret. La frase se puede entender de diversas maneras pero dice claramente: Destruyan este templo y con el nos invita a destruir todos los templos de piedra que tenemos siempre la tentación de construirnos para condicionar la gracia de Dios Estamos llamados a destruir el templo de los prerrequisitos y de las purezas necesarias para acogernos bajo el manto de misericordia de Quien nos invita a mirar a mirar como espacio sagrada a todas las personas y a la creación misma. Estos llamados a vivir en el nuevo y sorprendente templo del Evangelio que nace en la cruz y se revela en la resurrección del crucificado y es el único puente y único espacio para encontrarnos nosotros también en forma incondicional con hermanos y hermanas con sus diversas identidades.

No podemos seguir viviendo en templos jerárquicos, estigmatizadores y que juzgan a las personas por sus identidades amadas por Aquel que en su naturaleza trinitaria, da la bienvenida a todas las pluralidades. En este nuevo templo, sin patios y sin jerarquías y con muchos márgenes, nadie queda ni puede quedar fuera. No solo se ha roto el manto que separaba a los seres humanos de Dios sino que se han roto todos los mantos que nos separaban a unos de otros.

Solamente en perspectiva de cruz y resurrección podemos realmente comprender las Escrituras. Las palabras pronunciadas por Jesús de Nazaret, sus comidas con quienes el sistema consideraba impuros y pecadores y la confirmación de su Padre en que ese es el camino y la acción que estamos llamados a repetir en su nombre, son las herramientas que nos permiten comprender los misterios encerrados en las Escrituras.

Para la revisión de vida

En mi vida personal, logro descubrir nuevos espacios donde puedo descubrir lo sagrado. La gloria de Dios ¿se me revela en espacios y en edificios, en ceremonias o en personas y pueblos? Las comunidades en las cual participo, ¿son señales claras de esas dignidades creadas a imagen y semejanza de Dios?

Para la reunión de grupo

Qué ocupo mayor espacio en nuestra espiritualidad, ¿el cumplimiento de mandamientos o la sorprendente gracia de Dios? ¿Es verdad que si cumplo el primer mandamiento de amar a Dios por sobre todas las cosas he cumplido todos los mandamientos?

Para la oración de las y los fieles

Guiados por Cristo en nuestro caminar y peregrinar hacia el arrepentimiento por nuestras omisiones y silencios y movidos por su compasión, nos atrevemos a interceder por nuestras comunidades de fe, por quienes esperan la revelación de los hijos e hijas de Dios y por quienes encontramos en nuestros senderos de vida.

Se hace un breve silencio.

Justicia de todas las justicias, suscita en medio de nuestros pueblos líderes que conduzcan a tus pueblos hacia la unidad, la equidad y la esperanza. Guía a quienes presiden la oración de tu iglesia para que vivan tu evangelio con un renovado entusiasmo y proclamen tu perdón con generosidad y amor, sin temores y sin complicidades. El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Tus mandamientos nos revelan la intención primera de Aquel que nos ha creado. Sabemos muy bien que tu haces brilla el sol y caer la lluvia sin condiciones sobre todos y todas. Concédenos un espíritu que promueva permanentemente la paz, la unión y la reconciliación y aleja la tentación de juzgar y excluir. Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz, resuena su eco por toda la tierra.

En tus mandamientos nos revelas tu intención de cómo y de que manera tendríamos que cuidar y proteger a quienes nuestros sistemas económicos o religiosos hacen vulnerables. Convierte nuestras mentes y corazones en espacios de acogida para todas las personas que viven en estigma y en injusticia, que podamos acoger con comprensión a los extraños y extranjeros que están en las puertas de nuestras comunidades. El testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.

Tú deseas que cada uno de tus hijos e hijas te tome como modelo y que tenga la misma misericordia que tienes para con nosotros y nosotras. Fortalécenos con tu Espíritu para que podamos crear espacios en los cuales tu Palabra se proclamada sin condiciones y tus sacramentos consuman nuestras enemistades y creen unidad y aceptación mutua. Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.

Aquí se pueden ofrecer otras intenciones.

Te damos gracias porque Tú nos enseñas a dar gracias y a implorar para que en todo momento cumplamos el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros tal como tu nos has amado y que unos a otros nos vayamos fortaleciendo en nuestro caminar juntos bajo la sombra de tu cruz que nos lleva a la vida nueva y renovada. La palabra del Señor es pura, permanece para siempre.

Oración comunitaria

Protector de la Vida y la Dignidad de toda tu creación, fuente de toda misericordiosa, que nos has señalado como Ley suprema el Amar como tú nos amas: ayúdanos a construir una comunidad mundial de hermanos y hermanas que, viviendo en la diversidad y más allá de toda diferencia religiosa o cultural, te den siempre una profunda acción de gracias en espíritu y en verdad. Por Jesucristo tu hijo, nuestro hermano y compañero de ruta. Amén

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires, marzo de 2009