24 de febrero de 2008

Ciclo A.

Segundo Domingo de Cuaresma

Evangelio: Juan 4, 5-42

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Éxodo 17, 1-7

Salmo Responsorial : Salmo 95

Segunda Lectura: Romanos 5, 1-11


EVANGELIO. Juan 4, 5-42

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber". Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".

"Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?". Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".

"Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla". Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí". La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad". La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar". Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".

La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo"


PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA

En estos momentos en que todo el mundo está furiosamente entusiasmado con las planificaciones estratégicas este pasaje del evangelio nos ofrece importantes elementos como para que las comunidades cristianas puedan elaborar su planificación cuando quieren abordar el tema del vih y sida.


En primer lugar viene a nuestro la geografía teológica. La escena se ubica en Samaría, una región considerada impura y de segunda clase por las ortodoxias religiosas. Para aquellos que trabajamos en la crisis mundial del SIDA, sería similar a pensar que este diálogo se desarrolló en uno de los espacios cotidianos de las personas y los grupos vulnerables al vih. Nos podemos preguntar si tendríamos la valentía de insertarnos en uno de esos espacios y desde allí establecer una conversación honesta y franca, como muchas veces pretendemos llevar a cabo. Tenemos que recordar que Jesús se ubica en el territorio del otro y de la otra del diferente, del extraño, según y de acuerdo a las pautas de una determinada lectura de las Escrituras y de un cierto posicionamiento teológico y en consecuencia de una especial práctica pastoral.


El siguiente aspecto de esta planificación estratégica para una acción pastoral en vih y sida emprendida por las comunidades de fe, son las diferentes barreras ideológicas que Jesús de Nazaret transgredí. Es todo un desafío pensar si nos hemos de atrever nosotros y nosotras a realizar la misma trasgresión. Jesús no es una figura simbólica. Su encarnación es verdadera y nunca una ficción. Se aproxima a aquella mujer desde una transparente vulnerabilidad. “Dame de beber”: este es el inicio de un diálogo en el cual Jesús se coloca voluntariamente en una relación de dependencia y despojado de todo signo de poder. Esta es otra de las preguntas que debemos tener en cuenta al planificar un trabajo en vih. Nos hemos de acercar a las personas estigmatizadas desde la teología de la gloria que resalta nuestro poder, prestigio y estructuras, o nos hemos de acercar desde la teología de la cruz que nos lleva a compartir todas las vulnerabilidades a las que son sometidas las personas y grupos estigmatizados y marginados.

La siguiente barrera que se transgrede es doble. Por un lado el tema de género. Jesús entabla en público un diálogo con una mujer totalmente extraña. Según las normas de convivencia eso no era una práctica común y era toda una falta de respeto. El siguiente escándalo y que es el eje de la sorpresa de la mujer, es una barrera de una hermenéutica bíblica que califica y rotula a las personas en puras e impuras. La simple condición de samaritana ubica a este ser humano en la lista de los intocables, de las y los impuros y de aquellos y aquellas cuyo contacto nos puede contaminar teológicamente y ontológicamente. La sorpresa de la mujer se expresa claramente: “¡Cómo! ¿Tu que eres judío, me pides de beber a mi, que soy samaritana?” Es decir, cómo es posible, tú que tienes una particular forma de comprender y aplicar las Escrituras me pides de beber a una persona considerada impura litúrgica y teológicamente.

El siguiente momento del texto entramos en el marco de dos diferentes formas hermenéuticas. La mujer, prisionera también de una lectura literal de los textos se apega a las palabras. Jesús utiliza un vocabulario simbólico que pretende expresar con palabras la profunda acción del Espíritu. Nuevamente nos enfrentamos a dos escuchas diferentes, semejante al malentendido con Nicodemo: letra y espíritu. Es como si el Evangelista quisiera contraponer dos figuras: uno, NIcodemo, que representa la ortodoxia de Jerusalén, que también tiene esa comprensión literal del diálogo con Jesús de Nazaret y que no sabemos que frutos produjo ese diálogo, y por el otro tenemos a esta mujer que pertenece a un grupo vulnerable al estigma, pero que sorprendentemente también ha asumido esa misma lectura literal de las palabras de Jesús de Nazaret. La diferencia que encontramos es que sabemos que en esta representante de los grupos estigmatizados, el diálogo termina con una entusiasma conversión. Es muy posible que aquí tengamos ya una sombra de la paradoja de la cruz: la buena noticia, que es Jesús de Nazaret mismo, es anunciada y apropiada por los vulnerables del mundo.

El diálogo continúa con ironías y aparece como que estamos hablando de dos tipos de aguas. La del régimen, el pozo de Jacob, y las nuevas aguas del Evangelio. La contraposición de Ley y Evangelio. Una, la antigua, no termina nunca de saciar la sed del caminante y la nueva es la que realmente produce cambios ya que en aquellos que la beben saben que brotarán manantiales que conducirán a la Vida eterna. Por supuesto, sabemos que esa Vida eterna y esa agua abundante es la misma persona de Jesús de Nazaret.

La siguiente etapa del diálogo nos puede llevar a una trampa, y tal como hacen muchos comentarios del texto y muchos predicadores, confundir el eje del relato. El centro de todo relato es siempre cristológico, utilizando un termino técnico, es decir, el centro de nuestra mirada y lectura del mensaje se centra en la persona y las palabras de Jesús de Nazaret. Sería un grave error colocar la historia de la mujer en el centro. Solo podemos comprender y escuchar esa historia a través de la buena nueva que es Jesús de Nazaret. Toda otra escucha, alejada de Jesús, puede ser una escucha morbosa. De igual manera tenemos que ser muy precavido en nuestra escucha de las vidas y las historias de las personas que viven con vih o con sida. Nunca las podemos escuchar independientes y fuera del contexto del anuncio, del regalo, de la entrega y de la cruz de comunión con estigmatizados y excluidos que es Jesús de Nazaret.

En ninguna parte del relato se dice que esta mujer sea pecadora, pero una lectura desde la ley y desde una injusticia de género enseguida se le coloco el rotulo. Nada se dice con relación a los cinco maridos, que muy bien podrían haber sido sucesivos y no simultáneos. Miles de razones pueden explicar la sucesión de matrimonios sin que eso signifique para nada una relación pecaminosa, excepto nuestros prejuicios y nuestra misoginia. Teniendo en cuenta la naturaleza simbólica del relato del Evangelio de Juan muy bien el número cinco podría tener una interpretación que nos lleva a otro plano, coherente con este enfrentamiento de dos formas de comprensión de las palabras de Jesús. Posiblemente se pueda referir a los cinco libros de la ley que realmente no han sido camino hacia los manantiales de vida.

En esta perspectiva el marido actual puede ser interpretado, y podría tener mayor coherencia con la continuación del diálogo, como que el actual sistema de creencias no tienen nada que ver con las bodas del Cordero que se va a inmolar para superar todos los sistemas religiosos, ya sea centrado en Jerusalén, en otras montañas de otras diversas ciudades, ya sea Roma, Ginebra, Wittenberg, Bogotá, New York o Londres.

Desde ahora en adelante tenemos una nueva forma de celebrar la presencia de Dios que es espiritual y no literal. La hora ha llegado, y Jesús de Nazaret es esa hora, en que los verdaderos creyentes tendrán una comprensión en espíritu y por lo tanto en verdad de Dios. Estos son los seguidores que quiere Dios. Basta de la esclavitud de la letra, permitamos ser liberados por el Espíritu que se hace presente en la vida de su comunidad y que tiene que hacerse presente en nuestra planificación estratégica junto a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida. Esta planificación tiene que tomar la iniciativa de acercarnos a los grupos y personas estigmatizadas y no esperar que golpeen las puertas de nuestras organizaciones e instituciones. El primer paso tiene que ser dado por las comunidades de fe para construir una relación de confianza y de respeto.

El segundo elemento de nuestra planificación es una aproximación desde nuestras propias vulnerabilidades. Es importante que en toda acción de promoción de derechos siempre tengamos en mente nuestra propia situación de vulnerabilidad y nuestra vocación de hacernos vulnerables en la comunión del amor que busca justicia. Y es a través de esa vulnerabilidad en que el Dios paradójico de la cruz se revela y podremos anunciar que es Jesús de Nazaret mismo el que habla a los grupos y personas que viven con vih.

Por supuesto, esta acción del Espíritu se puede realizar con o sin los discípulos. El Espíritu sopla dónde y cuándo quiere. No somos dueños de las buenas nuevas ni del Espíritu. El trabajo pastoral en la crisis del vih y sida tiene permanentemente que llevarnos a sorprendernos de los interlocutores que hemos de encontrar en los diversos y cambiantes caminos por los que nos lleva esta epidemia. Seguramente muchos hermanos y hermanas también se asombrarán al vernos dialogar y comulgar con personas de los grupos vulnerables los estigmas y nos preguntarán: “¿Por qué hablas con ella o con ellos?”.

Será también una paradójica sorpresa que Dios utilice a personas de los grupos considerados impuros como mensajeros de una buena noticia, de una propuesta evangelizadora y de una acción misionera. Muchas personas que viven con vih o con sida, con sus historias, su fe y sus vidas nos están llamando a venir a ver a aquella persona que nos anuncia otra forma de comprender la realidad.

En la crisis del vih y del sida también tenemos nosotros y nosotras una oportunidad de conversión si sabemos escuchar y discernir en las palabras y el clamor de las personas que viven con vih y sida la invitación a ser aquella comunidad que puede anunciar que hemos oído y que ahora sabemos que en la buena noticia de inclusividad de Jesús de Nazaret está la salvación del mundo y de la misma iglesia.


Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Febrero de 2008

   

Para la revisión de vida

  • Analizar nuestra planificación estratégica en toda acción pastoral de servicio. ¿Quien toma la iniciativa? ¿Cómo nos acercamos a los demás? ¿A quienes consideramos extraños y extranjeros a nuestra comunidad de fe? ¿Tenemos vulnerabilidades? ¿Desde cuál vulnerabilidad nos presentamos?         

Para la reunión de grupo

¿Cuáles son las barreras y fronteras que nuestra acción pastoral en vih tienen que ser superadas? ¿De qué forma nuestra forma de planificar una estrategia, desafía las convicciones sociales, las condiciones culturales de nuestra comprensión de las relaciones de género, de la diversidad sexual y de las condiciones de falta de equidad y justicia entre los seres humanos, las clases sociales, las relaciones internacionales?

 

Para la oración de los fieles

En nuestro caminar hacia la renovación de nuestro compromiso con el Evangelio, te pedimos por el mundo entero, por la iglesia y todas y todos los que presiden su oración, y por todas y todos aquellos que buscan la renovación de sus vidas como condición de poder renovar la creación.


(Se hace un breve silencio)

  • Conduce a las aguas de vida a todas y todos aquellos que tiene sed de comunidad, de inclusión y de respeto, y a quienes tienen sed de cambio y renovación, de acuerdo a tu voluntad para que podamos dar un testimonio de palabra y de vida que haga visible tu incondicional amor y gracia para que te podamos alabar en espíritu y en verdad. ¡Cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
  • Derrama tu espíritu y tu verdad sobre los líderes del mundo y de tu iglesia, para que renovados en el cumplimiento de su compromiso de parar el vih y el sida, podamos buscar la reconciliación en la diversidad y poner en práctica relaciones de confianza y de justicia con todas las personas y todos los grupos vulnerables a los estigmas y la discriminación. ¡Cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
  • Tu que hacer llover sobre justos e injustos, sobre buenos y malos, las aguas de la vida, renuévanos a todos y todas en el cumplimiento de tu voluntad para que podamos realmente cuidar de tu creación, de todos los seres humanos, y de toda tu creación. ¡Cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
  • Concédenos el agua de tu promesa para que aquellos que tienen sed de un acceso universal a los tratamientos antirretrovirales se les puedan anunciar que tú eres la fuente de la salud y el bienestar físico y social y que tus seguidores sean espacios en que todas y todos encuentren un santuario de su dignidad. ¡Cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!

  • Dios de las fuentes de las aguas de la vida, te encomendamos a aquellas personas que han muerto por no tener acceso a los medicamentos que les hubieran asegurado calidad de vida como es tu voluntad. Que sus memorias sean semillas de cambio y de segura esperanza que es posible otra forma de relacionarnos unos con otros. ¡Cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!


Recibe Señor, nuestras oraciones y concédenos a todos y todas tus misericordias. Te lo pedimos en el nombre de quien va a la cruz y que resucita para abrirnos las puertas de tu Reino, Jesús de Nazaret, tu Hijo, nuestro hermano y compañero. Dios de nuestra salvación…Amén.

 

Oración comunitaria

Misericordioso Dios, en las fuentes de las aguas viviente, tu apagas nuestra sed y nos purificas de todo estigma y discriminación. Concédenos esta agua siempre. Condúcenos a beber de las fuentes en las que brota tu Espíritu, tu Justicia y tu Verdad, para que en comunión con Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, podamos vivir contigo y con el Espíritu Santo, uno solo Dios, un solo Reino, ahora y por siempre. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires.

Argentina