Domingo 14 de diciembre de 2008.

Ciclo B. Tercer  Domingo de Adviento

Evangelio: Juan 1, 6-8, 19-28

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 61, 1-4, 8-11

Salmo Responsorial: Salmo 126 o Lucas 1, 47-55

Segunda Lectura: 1º Tesalonisenses 5, 16-24

 

 

 

EVANGELIO Juan 1, 6-8, 19-28

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llama Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todas y todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.

 

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?” Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías”. “¿Quién eres, entonces?”, le preguntaron: « ¿Eres Elías?» Juan dijo: «No.”. “¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: « ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»

 

Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: « ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»  Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.»  Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.   

El Evangelio del Señor.

 

 

TESTIGOS DE LA LUZ Y DE LA CRUZ

 

El lema de la Campaña Mundial para el Día del Sida 2008 nos propone reflexionar sobre: “Lidera, Empodera, Actúa”.  Sin lugar a dudas podemos pensar en estas propuestas desde una teología de la gloria o desde una teología de la cruz. Siempre encontraremos este dilema hermenéutico. Quienes piensan en liderar desde posiciones de poder y superioridad inmediatamente hablaran de “manejar” situaciones y personas como si se tratara de macetas. Juan, a quien llamamos el bautista nos ofrece un modelo de liderazgo totalmente diferente que se construye desde la teología de la cruz, que esencialmente quiere servir en la construcción de un mundo y una iglesia más fraterna, equitativa y con justicia.

 

La aparición de este liderazgo es simple y muy común. Es a través de una persona, que al igual que Jesús de Nazaret es enviado con una misión: el de ser testigo. Esta palabra en griego es “martirio” y de por sí nos ubica en una perspectiva de un liderazgo que corre muchos riesgos al romper con barreras y fronteras, con divisiones y clasificaciones. No es una tarea fácil ser testigo de la luz en un mundo de tinieblas con mucho poder. Esa luz nos trae el proyecto del aquel que reina con criterios sorprendentes a nuestra forma de catalogar personas y situaciones. Quienes estamos comprometidos en hacer de la epidemia del vih una oportunidad de conversión de iglesias y sociedades sabemos muy bien los riesgos de martirio que significa el reconocer todas las dignidades y proclamar el necesario respeto de todos los derechos humanos en la diversidad de personas e identidades afectadas por el vih o el sida.

 

Esa luz que estamos llamados a testificar hasta el martirio no nos pertenece ni le pertenece a ninguna institución ni organización ni jerarquía porque le pertenece a Jesús de Nazaret. Esa luz la debemos comprender no solamente en perspectiva de martirio sino también en perspectiva profética. El liderazgo de Juan, al que llamamos bautista, nos ilustra muy bien el riesgo que representa asumir ese testimonio profético. Conocemos el final de la historia.

 

Para asumir ese testimonio de martirio y profético necesitamos ser nosotras y nosotros mismos ser empoderados porque inmediatamente los grupos de poder y de control enviaran expertos a examinar nuestra forma nueva y creativa de relacionarnos con las personas y grupos vulnerables al vih. Los muchos sacerdotes y levitas de entonces y de ahora, desde las estructuras de poder ubicadas en todos los Jerusalén del mundo, quieren conocer las identidad de las personas porque piensan tener el derecho a determinarán si con esa información pueden ser aceptables y admitida. Podríamos decir que Juan, al que llamamos el bautista, sale del closet, da a conocer su verdadera identidad. Asume su identidad corriendo todos los riesgos y evitando todas las confusiones.

 

Muchas de las personas que acompañamos en el contexto del vih y del sida infinidad de veces tienen que responder cuestionarios similares y hechos con la misma intencionalidad: «¿Quién eres tú?” ¿Eres usuario de drogas o traficante? ¿Usas crack o solamente coca? ¿Eres hetero u homosexual? ¿Activo o pasivo? ¿Eres profesional del sexo o simplemente aficionado? ¡Cuantos riesgos se corre al responder a cualquiera de estas preguntas frente a los sacerdotes y levitas de nuestras comunidades y que se interponen en los caminos de Dios!

 

Al igual que Juan, al que llamamos el bautista, y frente a las insistentes preguntas inquisitoriales de nuestros hermanos y hermanas, también debemos responder que el trabajo pastoral junta a las personas y los grupos vulnerables al vih consiste en gritar en todos los desiertos que nos convocan a promover la justicia y a la revolución. Nuestro testimonio de la luz consiste en quitar todos los obstáculos que impidan la radical inclusividad de nuestras comunidades. Debemos allanar las situaciones de estigma, sospechas, discriminación y exclusión. ¡Que los caminos de aquel que se hace camino estén libres de obstáculos, prejuicios y leyes que impidan a uno solo de estos hermanos y hermanas sentir que hay una nueva tierra prometida al otro lado del Jordán! Esta tarea de derrumbar murallas y facilitar el acceso a nuestras comunidades se hace en espíritu profético, de denuncia y de propuestas.

 

Quienes trabajamos en la crisis del vih y sida aplanando los obstáculos que impiden a muchas personas que viven con el virus, tenemos la misión de hacer sentir que nuestras comunidades son ahora y aquí la tierra prometida o el Reino de la justicia y de la inclusividad que nos revela el Evangelio. Muchas y muchos nos cuestionarán nuestra forma desafiante y escandalosa de bautizar una extraña y sorprendente forma de comprender las buenas noticias de liberación que nos revela Jesús de Nazaret al que confesamos con todos los riesgos que es el Cristo del Dios del Reino.

 

En el contexto del vih y sida hemos descubierto que en medio de nosotros y nosotras hay alguien al que no conocemos pero que al esconderse en las y los estigmatizados nos revela la dignidad de todos los seres humanos que viven situaciones de opresión y estigma. Aquél que se esconde en pesebres y en los márgenes de nuestras sociedades y que rechaza palacios y templos, no revela que la única forma de ver su rostro y tocar con nuestras manos su presencia es mirando el rostro de las  y los hermanos afectados e infectados por el estigma y la discriminación de todos los virus de intolerancia y odio,  y que quienes se sienten expertos en ortodoxias y rituales, desparraman por el mundo usando radios y televisiones diversas.

 

Para vivir este testimonio de martirio y este espíritu profético Juan se ubica en las márgenes del Jordán, siempre al otro lado de las barreras y los límites de quienes quieren sentirse superiores y un poco más puros que los demás. La voz que facilita los caminos y que grita las buenas nuevas de reparación y de inclusión se ubica en ese espacio utópico y teológico del desierto en un tiempo cuando no había ni templos ni jerarquías y nadie se sentía dueño de la verdad. No había en aquel desierto, antesala de todas las tierras prometidas, ni reyes ni sumos sacerdotes ni reverendos ni reverendas,  ni santidades en grados diversos.

 

En este sentido quiero traer a la memoria el comentario de Lutero a este texto cuando dice: “El comienzo del reino eterno de Cristo y del Nuevo Testamento son coincidentes con el tiempo de Juan el Bautista. Y simultáneamente el régimen de Moisés, de los profetas, de los sacerdotes y de los levitas, terminó. Cristo mismo nos lo dice en Mateo 11,13: “Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley , han profetizado hasta Juan” Y ya que Cristo, el Señor, actualmente está presente, la misión de Moisés, los sacerdotes y los profetas, quienes han instruido al pueblo de Israel y han gobernado de acuerdo con la Ley , ha terminado; porque su tiempo no se extiende más allá del advenimiento de Cristo. Con Su advenimiento las reglas de Moisés han llegado a su fin, con sus prescripciones relacionadas con los pleitos, matrimonio, divorcio, herencias, penalidades por transgresiones diversas, regulaciones eclesiásticas para el templo, el sacerdocio, la liturgia divina, las ceremonias de la iglesia, circuncisión, ayunos, sacrificios, y otras cosas similares[1] Esta parece una muy buena noticia que no creo que alegre a muchos de las misma manera con que nos alegra a quienes estamos llamados a ser testigos de un nuevo liderazgo desde el servicio y la simplicidad y que hemos sido empoderados para todo martirio.

 

El liderazgo de Juan a quien llamamos el bautista, nos dice que su liderazgo no es digno de desatar la correa de las sandalias de Aquel que es el verdadero esposo de la comunidad de fe. Para quienes viven el liderazgo desde una teología de la gloria esta afirmación le debe sonar muy extraña porque solamente los esclavos o las esposas realizaban esta tarea como signo de sumisión y humildad. En la tierra prometida del Reino, donde todos las jerarquías serán puestos patas para arriba, el inclinarnos ante la dignidad de otros y otras reconociendo en esos rostros el rostro escondido del verdadero sacerdote, del esposo legitimo hace de nuestra pastoral este llamado a la cruz que puede sonar como un gozoso himno que nos empodera para actuar de esta manera y con este espíritu.

   

Para la revisión de vida

Nada ni nadie puede sustituir la presencia escondida de aquel que es Luz y que nos llama a ser luz. Nuestro liderazgo consiste en abrir caminos, en facilitar senderos, en allanar dificultades en fidelidad a la sorprendente gracia de Dios.

 

             

Para la reunión de grupo

¿El espíritu del Señor está sobre nosotros y nosotras? En nuestra acción pastoral junta a las personas y grupos vulnerables al vih y la sida ¿nos sentimos ungidos para llevar la buena noticia a las y los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar liberación a las y los cautivos y la libertad a las y los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor, a consolar a todas y todos los que están en duelo, a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría y su abatimiento por un canto de alabanza?

 

 

Para la oración de las y los fieles

Esperando siempre en tu promesa de luz, concédenos el poder interceder por tu comunidad de fe, por todo el mundo y por toda tu creación.

 

 

(Se hace un breve silencio:)

 

·         Nos alegramos en tu comunidad de fe. Congrega a tu cuerpo que lleva todos los signos de todos los estigmas para que con un fuerte liderazgo de servicio y simplicidad pueda sostener con firmeza su esperanza en ese Reino que ya viene y que ya está en medio de todos nosotros y nosotras. Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos.

 

 

·         Nos alegramos en medio de tu creación y de este mundo. Restaura la luz de tu voluntad para que todos aquellos y aquellas que están amenazados por los desastres ecológicos que nacen de nuestro egoísmo y pecado puedan sostener acciones que repare y restaure la pureza de tu creación y de tu mundo. Las y los que siembran entre lágrimas, consecharán entre canciones.

 

 

·         Nos alegramos en tu acción de sanación radical de nuestras divisiones y nuestras injusticias. Empoderanos para asumir un liderazgo que pueda detener el vih y todas las epidemias de discriminación y marginación. Concédenos una identidad de testigos y profetas de tu luz. El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas

 

 

Oración comunitaria

Creador de todos los motivos de nuestra espera y de nuestra esperanza, ya que una vez llamaste a Juan el bautista a dar testimonio hasta el martirio de la llegada de tu Hijo y a prepara su camino de sorprendente gracia, concede a nosotras y nosotros, tu pueblo, la sabiduría de ver tu proyecto y propósito escondido en nuestra realidad y la capacidad de escuchar tu voluntad a fin de que podamos dar testimonio ahora y aquí de tu presencia y a facilitar el camino de quienes quiere venir a recibirte. Por Jesús, tu Hijo y Cristo, nuestro hermano y compañero, que vive y lidera junto a Aquel que determina todo de acuerdo a su plan, y con tu Espíritu de santidad, una sola fuente de empoderamiento, ahora y siempre. Amén.

 

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Diciembre 2008