Domingo 11 de noviembre 2007

Ciclo C.

TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 27 (Leccionario Común Revisado)

Evangelio : Lucas 20, 27-38

Primera lectura: Job 19, 23-27a
Salmo responsorial: 17, 1-9
Segunda lectura: 2º Tesanolicenses 2, 1-5, 13-17
   



EVANGELIO
Lucas 20, 27-38
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

 

27 Se acercaron entonces unos saduceos, de esos que niegan la resurrección, y le propusieron 28 este caso: -Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". 29 Bueno, pues había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. 30 El segundo, 31 el tercero y así hasta el séptimo se casaron con la viuda y murieron también sin dejar hijos.  32 Finalmente murió también la mujer. 33 Pues bien, esa mu­jer, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos va a ser mujer, si ha sido mujer de los siete?

34 Jesús les respondió: -En este mundo, los hombres y las mujeres se casan; 35 en cambio, los que han sido dignos de alcanzar el mundo futuro y la resurrección, sean hombres o mujeres, no se casan; 36 es que ya no pueden morir, puesto que son como ángeles, y, por haber nacido de la resurrección, son hijos de Dios. 37 Y que resucitan los muertos lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Ja­cob". 38 Y Dios no lo es de muertos, sino de vivos; es de­cir, para él todos ellos están vivos.

39 Intervinieron unos letrados: -Bien dicho, Maestro.  40 Porque ya no se atrevían a hacerle más preguntas.  

 

MÁS AQUÍ O MÁS ALLÁ.

A medida que la peregrinación de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén avanza y se aproxima a su meta, se profundiza la crisis con aquellos que tienen una lectura fundamentalista de las Escrituras. La cruz forma parte y es una consecuencia directa de esta diferencia de comprensión y de lectura del registro de la experiencia del pueblo de Dios en su comprensión y aplicación del proyecto del Dios del Reino. Esa diferencia hermenéutica no es un elemento casual o circunstancial. Esa diferente forma de vivir y entender la voluntad de Dios es el núcleo y centro de todo el debate y del drama que va a concluir con la cruz.

Estos saduceos que colocan la trascendencia en un aquí lleno de privilegios y de un ejercicio de poder que califica a las personas en altos y bajos, en buenos y malos, en puros e impuros es profundamente desafiada por Jesús de Nazaret, no por una afirmación sobre la vida del más allá, sino por sus propuestas amenazadoras en el más aquí.

No es el núcleo de la discusión el matrimonio, ni los sucesivos maridos sino una interpretación de la voluntad de Dios que excluye y coloca límites a la sorprendente gracia y amor de Jesús de Nazaret en sus prácticas cotidianas de comer y comulgar con pecadores y excluidos. Aún hoy tenemos ese mismo debate cuando queremos acompañar a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida. Aquellos que se sienten amenazados también quieren colocar un límite en el ilimitado amor de Dios. Solo se aplica la Ley, solo los primeros cinco libros de las Escrituras, tal como estos saduceos entendían la voluntad de Dios, excluyendo toda lectura profética que rompiera los silencios cómplices con la explotación y la exclusión.

Detrás de los muchos silencios y de la crisis de valores en que viven muchas comunidades cristianas subyace ese mismo sentimiento de amenaza  cuando aquellos y aquellas que estamos inmersos en el acompañamiento profundamente integral de las personas que viven con vih y sida,  comulgamos con la población trans (travestis, transgéneros, transexuales y todos los trans que las identidades sexuales de nuestro mundo pueda comprender), o con la diversidad de seres humanos que subsisten en situación de diversas prostituciones, o en la diversidad de los usuarios de las múltiples drogas que consumimos todos y todas.

A esta propuesta limitativa de todos los amores de Dios, Jesús de Nazaret pone una sola condición para ser digno de alcanzar el mundo futuro donde no habrá más exclusión ni estigma que produzca lágrimas y muerte. Ese mundo futuro seguramente se comienza a construir ahora y aquí. La resurrección es todo gesto que proteja la vida, que le conceda dignidad y respeto. La resurrección es la calidad de vida que pueden tener las personas con una clara garantía y compromiso en el acceso universal a los medicamentos antiretrovirales que permiten ahora y aquí una resurrección para la inmensa multitud de personas que claman por ellos en nuestra América Latina. Esa es la resurrección del mundo futuro donde la salud deja de ser un comercio y donde los derechos de propiedad intelectual y las patentes que protegen a la industria farmacéutica son reemplazados por los derechos de toda persona y de todo grupo a tener garantizada la mejor calidad disponible de prevención, atención y cuidado que todos los gobiernos han prometido pero que les cuesta tanto cumplir ahora y aquí.

Esa fe en que un mundo nuevo es posible es la fe en el proyecto que Jesús de Nazaret nos propone y que nos hace hermanos y hermanas. El proyecto en ese mundo futuro de justicia y solidaridad nos sorprende en el reconocimiento que todos somos hermanos y hermanas, con equidad de género, con respeto a la diversidad de identidades sexuales, con la igualdad de reconocernos todos como portadores de la imagen y semejanza de Dios, fuente de nuestra unidad, diversidad y derechos a no ser discriminados o discriminadas. 

Esta discusión también coloca toda la temática de la sexualidad en su justa perspectiva. La diversas tradiciones, modificaciones y leyes que regulan la sexualidad en esta realidad no han de entrar en el Reino de Dios. La procreación ya no será el centro de la preocupación ni de la legislación en el mundo futuro que queremos construir. El matrimonio y toda la legislación que le rodea, que como podemos ver en este pasaje ha ido cambiando, construyéndose y cambiando a lo largo del registro histórico de la experiencia del pueblo de Dios y que siguen cambiando y seguirá cambiando en el futuro inmediato, no pertenece al núcleo de ese Reino. Claramente Jesús de Nazaret ubica estas regulaciones en lo que hoy podríamos llamar: el reino secular, la sociedad civil, la legislación secular.

La ley del levirato, aquel que siguiendo las Escrituras y tal como se refleja en el Libro de Deuteronomio Capítulo 25, versículos 5 al 7, establece que si un varón muere sin hijo varón heredero, su hermano se casará con la viuda para engendrar un descendiente también varón. Esa legislación tiene como objetivo proteger a las mujeres que en aquella mentalidad comercial patriarcal y heterosexista y sin ninguna equidad de género, hace necesaria que una mujer, siempre considerada una menor de edad y sin capacidad legal alguna, tuviera un varón a su lado, ya sea padre, marido o hijo, que garantice su bienestar. En toda esta legislación matrimonial, antes como ahora, los intereses económicos, de herencias y sucesiones ocupan un espacio sumamente importante.

Esa es la letra de las Escrituras. Jesús de Nazaret con su comprensión diferente y su hermenéutica profética afirman temerariamente que ese no es el núcleo del Reino de Dios y que las cosas pueden ser diferentes. Esa diferencia pone en peligro espacios de poder y dignidades logradas a base de exclusiones. Esa forma de proponer una forma distinta de comprender las Escrituras significará para Jesús de Nazaret y para todo aquel o aquella que quiera ser fiel a esa comprensión, la cruz que espera en Jerusalén. Los saduceos de entonces y los de ahora no aprueban esa forma de entender la voluntad de Dios.

Aún hoy hay muchos y muchas que también nos someten a preguntas capciosas, a miradas de sospecha y quieren guardar silencios cuando se pone de manifiesto que no somos seguidores de la teología de la gloria que llama bien al mal y mal al bien. Es necesario romper los silencios y ponerles palabras a la realidad y atrevernos a pronunciar esos nombres y esas realidades si las queremos cambiar y transformar.

Aquellos y aquellas que estamos comprometidos en la transformación de un mundo futuro que sea más justo y solidario con las personas que ahora viven con vih y sida sabemos que la única condición de dignidad para vivir plenamente la condición de ciudadanos del Reino es la fe en el Hijo amado de Dios. Esa es la única condición porque esa fe es la que en amor transforma las vidas y nos hace herederos de la dignidad revelada en la cruz y resurrección de Jesús de Nazaret.

Hay silencios y hay preguntas que nos revelan una teología que nada tiene que ver con la cruz ni con la resurrección a un mundo futuro que estamos ahora construyendo. Detrás de muchas leyes y exigencias sobre la sexualidad encontramos el mismo espíritu de los saduceos, apegados a la letra y olvidando el espíritu del proyecto de Dios, que quiere que toda persona forme parte de esa aventura que se llama Reino de los Cielos, pero que es lo más terrenal que podamos pensar. Solamente cuando abracemos este proyecto de mundo futuro podremos vernos unos a otros como hermanos y hermanas, todos parientes y amigos de Dios. 

 

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina

 

Para la revisión de vida

  • Ante la pregunta de los saduceos, que niegan la resurrección, Jesús proclama que la alianza del Dios vivo es con la vida y con los seres humanos vivos. El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, no es un Dios de muertos, sino de vivos ¿Cómo se manifiesta en mí la vida que Jesús representa?

 

Para la reunión de grupo

  • La cercanía que nos han ofrecido otras personas en los momentos difíciles que genera el diagnóstico del vih o del sida nos han permitido entrar en el espacio sagrado de la intimidad del otro o de la otra, y nos ha revelado nuestra propia fragilidad e identidad ¿Cómo prepararnos para asumir plenamente nuestra identidad y todas las identidades como participación de la resurrección en Jesucristo?

 

Para la oración de los fieles

  • Confiando en las promesas de Dios, oremos en paz por la iglesia, por la creación, por este mundo que merece un futuro mejor y por todas aquellas personas que viven con vih y con sida, para que sepan que un mundo sin discriminación, con plena aceptación de las diversidades y que puede vivir en unidad es posible,
    Escucha, Señor, mi justa demanda
    , atiende nuestro clamor.
  • Dios, tu eres el fundamento de toda esperanza, te rogamos por tu iglesia, para que inspirada por tu Espíritu, tenga la valentía de romper sus silencios cómplices y hablar palabras de unidad, diversidad y de no discriminación.
    Escucha, Señor, mi justa demanda
    , atiende nuestro clamor.
  • Señor, tu eres nuestro hogar y nuestro refugio en momentos difíciles, te rogamos por este mundo, para que pueda ser guiado por líderes que cumplen sus compromisos, que hablan la verdad para que todas las naciones puedan vivir en justicia, paz y solidaridad.
    Escucha, Señor, mi justa demanda
    , atiende nuestro clamor.
  • Señor, tú eres nuestra única sabiduría, te rogamos por aquellos y aquellas que buscan vacunas y medicamentos que terminen con la epidemia del vih y del sida, por todos aquellos y aquellas que promueven una prevención digna de los seres humanos, y por aquellos y aquellas que acompañan y cuidan a las personas que viven con vih o con sida.
    Escucha, Señor, mi justa demanda
    , atiende nuestro clamor.

 

Oración comunitaria

Fuente de todo mundo futuro, la esperanza en la resurrección es un don misterioso que no acabamos de comprender, Ilumínanos para que vivamos cada momento de nuestra vida con la certeza de que Tú nunca nos vas a abandonar y ni vas a dejar que nos perdamos. Nosotros y nosotras te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.

 

(o también)

Dios de sorprendente compasión y amor,

que a lo largo de la historia y de las vidas,

buscas nuestra liberación de toda opresión

para todos tus hijos e hijas vivan y actúen,

sin olvidos ni silencios.

Concédenos la sabiduría y la fortaleza

para romper esos silencios y tener memoria

de aquellos y aquellas que han dado su vida

para transformar nuestra sociedad y nuestras iglesias 

para que nadie que viva con vih o con sida,

se siente estigmatizado o ciudadano de segunda categoría.

Concédenos la paciencia y la fortaleza,

para no bajar los brazos en la tarea de cambiar

a esta sociedad y a esta iglesia.

desarrolla en nosotros y nosotras

relaciones honestas,

íntegras y positivas

con todas las personas y con todos los  grupos,

en situación de vulnerabilidad

al estigma y la discriminación.

Desafíanos a ser signos de la dignidad de toda persona

y revelar en ellas tu imagen y semejanza que vive en cada ser humano.

Que tu cruz nos permita atravesar todas las barreras,

y todos los muros de indiferencia.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.