Domingo 28 de octubre 2007

Ciclo C. TRIGÉSIMO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Propio 25

Evangelio : Lucas 18, 9-14

Primera lectura: Jeremías 14, 7-10, 19-22 o Eclesiástico 35, 12-17
Salmo responsorial: 84, 1-6
Segunda lectura: 2º Timoteo 4, 6-8, 16-18

Leccionario Común Revisado



EVANGELIO
Lucas 18, 9-14
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

9 Refiriéndose a algunos que estaban plenamente con­vencidos de estar a bien con Dios y despreciaban a los demás, añadió esta parábola: 10 -Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro recaudador. 11 El  fariseo se plantó y se puso a orar para sus adentros: «Dios mío, te doy gracias de no ser como los demás: ladrón, injusto o adúltero; ni tam­poco como ese recaudador. 12 Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que gano». 13 El  recaudador, en cambio, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levan­tar los ojos al cielo; se daba golpes de pecho diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de este pecador!»

14 Os digo que éste bajó a su casa a bien con Dios y aquél no. Porque a todo el que se encumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán.


LAS EXTRAVAGANCIAS DE DIOS.

Una metodología muy útil para analizar y comprender algunos pasajes de las Escrituras es el tomar conciencia de cuál era la situación inicial y cual la situación final del relato. También es importante ubicarnos en el contexto más amplio en el cual está inserto el pasaje como para comprender la intencionalidad profunda que muchas veces no aparece directamente en el pasaje que estamos estudiando, orando y tomando como guía para nuestra acción.

Este pasaje forma parte de la fase final del itinerario de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén y la cruz será una consecuencia de este caminar. Las amistades y las opciones por personas y grupos estigmatizados, excluidos y despreciados son los argumentos más fuertes que aplicarán los adversarios de Jesús. Nunca mejor han aplicado el dicho popular “dime con quién andas y te diré quien eres”. También podríamos decir “dime a quién estigmatizas y excluyes y te diré la clase de comunidad a la cual perteneces”.

La audiencia que ha escogido Jesús de Nazaret es la de aquellas y aquellos que “estaban plenamente convencidos de estar bien con Dios” En este compromiso con la vida y la dignidad de las personas que viven con vih o con sida hemos encontrado muchas veces personas y comunidades que están plenamente convencidas de estar bien con Dios y de interpretar correctamente las Escrituras de forma tal que pueden sentirse con el derecho de discutir los derechos de las y los demás. En este sentido he vivido hace apenas unas semanas en la Ciudad de Panamá, paseando por las hermosas callecitas de la ciudad vieja una experiencia que revela que muchas de nuestras comunidades cristianas aún permanecen muy cerca de la actitud del fariseo. Era mediodía, hacia calor y tenía la firme voluntad de comulgar. Entre en la Iglesia de San José, con un bellísimo retablo colonial. No éramos demasiados en la misa pero el celebrante realmente me sorprendió con la advertencia de quiénes estaban en condiciones de acercarse a la mesa de comunión. En primer lugar advirtió que quienes no cumplían con los diez mandamientos no lo podía hacer. Estoy seguro por lo que vino a continuación que estaba pensando en los últimos mandamientos más que en los primeros. La lista continuo con los que no estaban casados por la iglesia y por más que trate rápidamente de recordar alguna palabra del Evangelio que fundamentara este requisito mi mente estaba en blanco. Luego condicionó la participación a los que estaban divorciados y allí ya mi mente y corazón se cerró totalmente. No podía de ninguna manera aproximarme a la gracia de Dios con tantos condicionamientos. Además si me acercaba estaba de una manera muy visible y con un lenguaje corporal afirmando que yo me sentía superior a todos aquellos que permanecían en sus bancos. Muy pocos se acercaron a comulgar en estas condiciones. No he hecho la estadística pero estoy seguro que fuimos muchos más los de este lado que los de aquel. El espíritu de este fariseo había retornado para quedarse a la comunidad que dice servir en espíritu y en verdad el mensaje que nos revelo en forma sorprendente Jesús de Nazaret.

Encontramos aquí dos formas de comprender y vivir el mensaje de las Escrituras y esas dos formas aún conviven en nuestras propias comunidades. Siempre estamos tentados por la lectura fundamentalista que hace el fariseo. Es por ese peligro que cada domingo debemos predicar una y otra vez para que la iglesia como tal y nosotros como cristianos no caigamos en la misma trampa. Aquellos y aquellas que estamos inmersos en los desafios que nos presenta la epidemia del vih y del sida, en muchos debates y discusiones que se han suscitado y aún se producen en nuestra misma comunidad, en forma velada estos argumento de aquellos y aquellas “plenamente convencidos de estar a bien con Dios y despreciaban a los demás” son obstáculos en la construcción de una iglesia más inclusiva.

El fariseo con su lenguaje corporal está leyendo las escrituras al pie de la letra. La posición indicada para orar es el hacerlo de pie mirando hacia el lugar de la Ley. No hay orgullo en ello ni desafíos a Dios. No es lo externo que complica la situación sino lo interno. De una u otra forma, las personas que estigmatizan y excluyen a las personas y los grupos que viven con vih y con sida, están repitiendo el mismo mensaje: “Dios mío, te doy gracias por no ser como los demás: no soy un hombre que se acueste con otros hombres, no soy usuario de drogas ilegales, no soy trabajador sexual, adúltero o promiscuo, y tampoco soy una persona que vive con vih o con sida”. Si analizamos muchos de los sermones, folletos educativos y propuestas de prevención, elaboradas por nuestras propias comunidades de fe, en algún lugar, debajo de palabras, sugerencias y propuestas aparece de una u otra forma este sentimiento de superioridad que fundamenta nuestro desprecio por los estilos de vida de otros y otras.

Esta actitud de superioridad y de pureza ritual es un impedimento a la evangelización y a la proclamación de una iglesia al servicio de los estigmatizados y excluidos. Este orgullo y este convencimiento de estar bien con Dios, no es un peligro en el que viven los demás sino que es un peligro instalado dentro de nuestras comunidades y que nos acecha a nosotras y nosotros mismos. Es urgente y necesario que podamos pasar de una comprensión del Evangelio de un extremo al otro. Es necesaria y urgente una conversión hermenéutica.

El recaudador, publicano o pecador personifica todo lo dudoso en la sociedad de aquel tiempo. Se ubica físicamente como lo han hecho muchas personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida, a distancia de la iglesia, a distancia de Dios, no por temor a Dios, sino por temor a nuestros juicios y miradas sospechosas. Ellos y ellas no se atreven a levantar los ojos porque tienen miedo de nuestra mediación que oscurece la mediación y revelación que Jesús de Nazaret hace del Dios que nos ha creado a todos y todas a su imagen y semejanza.

Nosotros y nosotras, como cristianos y cristianas a título personal y comunitario también tendríamos que golpear nuestro pecho diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de esta y este pecador”  porque muchas veces nos hemos sentido profundamente ofendidos por la extravagante fraternidad de Dios, tal como nos lo revela Jesús de Nazaret, con estigmatizados de todas las categorías.

Debemos pedir perdón porque aún hoy en día seguimos considerándonos superiores a otros y otras y que esa seguridad en nuestros logros y virtudes nos colocan en condición de decidir sobre pertenencias, membresía, calidad de inclusión y ejercicio de derechos sobre todos aquellos y aquellas que consideramos que no cumplen con los cientos de requisitos y reglamentos que hemos colocado sobre las pobres espaldas de la humanidad. Requisitos y juicios que escuren la verdadera naturaleza de la extravagante inclusividad de Dios, respetuoso siempre del pluralismo de estilos de vida, enemigo de toda discriminación y exclusión.

Solamente cuando reconozcamos que todas y todos formamos parte de una comunidad de indigentes, de ser una comunidad de pecadores y pecadoras todos por igual y en la misma medida y cantidad, estaremos en condiciones de vivir la plenitud de la gracia de Dios que nos libera de nuestra rígida autosuficiencia. Solo quien puede ver la dimensión de su pobreza y de sus propias heridas puede reconocer en las heridas de Jesús de Nazaret en la cruz, las heridas que la sociedad y los sistemas han producido en la vida de nuestros hermanos y hermanas que viven con vih y con sida.

Tenemos que tener conciencia que nuestra plena e incondicional comunión con las personas y grupos vulnerables al vih y al sida, es parte de este proceso de conversión, no de ellos y ellas sino de nosotros y nosotras. Esta tarea pastoral y esta comunión inclaudicable es nuestra opción clara de mirar la realidad a través de la extravagante cruz de Cristo.

El gran pecado del fariseo al igual que el de muchas comunidades cristianas es la de justificarse a si mismos a través de aquellos y aquellas que excluyen y de considerarse por encima de todos ellos y ellas. Al considerarnos mejores, más puros y más fieles a Dios estamos haciendo que la mediación de Jesús de Nazaret no sea necesaria y dejamos de lado su vida, su mensaje y su cruz. Solo una comunión extravagante y un compromiso extravagante con excluidos, impuros, pecadores y oprimidos puede liberanos de nuestro orgullo y ponernos en el verdadero camino de la cruz.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires,  26 de octubre 2007
Argentina.

Para la revisión de vida

Analicemos:

  • ¿cómo es mi manera de pensar al comienzo de la reflexión de este texto y como es al final? ¿Se ha producido algún cambio?
  • ¿Cómo es forma de  tratar con Dios?
  • ¿Cómo hago oración?
  • ¿Me creo mejor que los demás?
  • ¿Tengo conciencia de mi ser pecador? ¿Soy humilde ante Dios y ante los hermanos y hermanas?
  • ¿Abro mi corazón al amor gratuito de Dios?

Para la reunión de grupo

  •  ¿Qué actitudes "farisaicas"  y o “fundamentalistas” podemos reconocer hoy: en el mundo, en la Iglesia, en nuestro país, en nuestro ambiente, en nosotros mismos..?
  •  ¿Qué es lo esencial del "fariseísmo"? ¿Por qué es contrario al Evangelio?
  •  ¿Tenemos algo también nosotras y nosotros de lo mismo? ¿Cómo podríamos superarlo?
  •  ¿Qué podemos hacer para comprometernos en la superación del fariseísmo y del fundamentalismo en la sociedad y en la Iglesia?

Para la oración de los fieles

  • Para que el Señor nos dé a todos el conocimiento íntimo de nuestras limitaciones y de nuestros pecados, de forma que nunca despreciemos a los demás, roguemos al Señor: ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
  • Para que seamos humildes, "andando en la verdad", sin enorgullecernos ni infravalorarnos, roguemos al Señor: ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
  • Para que nuestras comunidades sean ejemplo de relaciones fraternas maduras, donde cada una y uno ponga todos sus dones al servicio de los demás y todos valoren los dones -pequeños o grandes, visibles e invisibles- que Dios dio incluso al más pequeño de los hermanos y hermanas... roguemos al Señor: ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
  • Para que la Iglesia dé al el mundo el ejemplo de ser una comunidad en cuyo seno sus miembros no buscan el poder ni el arribismo, sino el servicio desinteresado y humilde... roguemos al Señor: ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!

Oración comunitaria

Dios nuestro justificador, que en Jesús de Nazaret te has hecho uno de nosotros y nosotras, despojándote de títulos de gloria y pasando por "uno de tantos y tantas": enséñanos a caminar tras sus huellas, poniendo nuestro corazón sinceramente en la verdadera gloria: el dar nuestra vida humildemente en el amor y el servicio. Así te lo pedimos gracias al ejemplo que nos dio Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, y lucha y camina con nosotros, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

(o también: )

Dios de toda la creación, refugio y fortaleza del universo entero, nuestra ayuda en tiempos de crisis. En esta confianza te solicitamos que cuides muy especialmente de aquellos y aquellas que acompañan, defienden y apoyan a las personas que  viven con vih y sida. Fortalece sus cuerpos y espíritus. Concédeles reposo cuando están cansados, calma cuando están ansiosos, fortaleza cuando están en duelo, y coraje cuando están desconsolados. Permanece con todas y todos nosotros, concédenos tu paz en todo tiempo y en todo lugar. Te lo pedimos por tu Hijos, Jesucristo, nuestro amigo y compañero. Amén.