Domingo 15 de Abril 2007

CICLO C. SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Evangelio : Juan 20, 19-31

Primera lectura: Hechos 5, 12-16
Salmo responsorial: Sal 118, 2-4, 22-24, 25-27a
Segunda lectura: Apocalipsis 1, 9-11ª, 12-13, 17-19


EVANGELIO
Juan 20, 19-31
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

19 Ya anochecido, aquel día primero de la semana, es­tando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos, llegó Jesús, haciéndose presente en el centro, y les dijo:   -Paz con vosotros.  20 y dicho esto. les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor.

21 Les dijo de nuevo: Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros.  22 y dicho esto sopló y les dijo: -Recibid Espíritu Santo. 23  A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los im­putéis, les quedarán imputados.

24 Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25Los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor en persona.  Pero él les dijo: -Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costado, no creo.

26Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se hizo presente en el centro y dijo: -Paz con vosotros.

27Luego dijo a Tomás: -Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.

28 Reaccionó Tomás diciendo: -¡Señor mío y Dios mío!

29 Le dijo Jesús:  -¿Has tenido que verme en persona para acabar de creer?. Dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer.  30 Ciertamente, Jesús realizó todavía, en presencia de sus discípulos, otras muchas señales que no están escritas en este libro;  31éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida unidos a él.


MIEDOS Y TEOLOGÍAS

Estas puertas cerradas y estos miedos de los discípulos hacen visible nuestros miedos a la cruz, a su teología, a la coherencia de la vida de fe y a la radicalidad de sus opciones. Jesús de Nazaret no tiene otra forma de identificar su identidad que mostrando sus heridas. Las huellas de la cruz son ahora su forma de presentarse, de darse a conocer y recordar su compromiso y amor hasta el extremo. Esas manos y ese costado herido, estigmatizado, asumen y son el  resumen de todas las heridas y de todos los estigmas. Es por ello que en repetidas veces tiene que anunciar paz, tranquilidad, pedir que no tengan miedo. Aún hoy muchas comunidades cristianas celebran sus ritos y ceremonias con diversas puertas cerradas. Esas muchas puertas cerradas y atrancadas muestran y ponen de manifiesto que tenemos miedo aún hoy a las consecuencias del compromiso de la cruz, de pensar en un Dios crucificado en medio de los excluidos. Esa cruz no solo representa el sufrimiento y la muerte de Jesús de Nazaret sino que aquellos y aquellas que hemos visto a Jesús en su vida ahora estamos viendo también al Padre en la cruz. La cruz es la imagen del compromiso radical y sin concesiones del Dios que asume los estigmas, se identifica con ellos y hace de los estigmas su identidad. Tenemos un Dios de los estigmas y de los estigmatizados.

Debemos reconocer que nuestras puertas cerradas hacen visible nuestros miedos a aquello que llamamos la teología de la cruz y el pensar en el Dios crucificado entonces y ahora sigue siendo un escándalo. Pero en el centro de esta escena tenemos a una persona que nos muestra sus estigmas, sus heridas, para que le podamos reconocer y desde ahora en adelante siempre le hemos de reconocer al contemplar las heridas de la injusticia. Hoy muchos hermanos y hermanas nos muestran sus muchas dignidades heridas, sus identidades estigmatizadas, sus muertes por falta de un acceso ético y moral a los medicamentos esenciales que salvan vidas en esta epidemia y en otras epidemias. Aquellos y aquellas que acompañamos a personas que viven con vih y sida y esas personas en sí mismas, conocemos y conocen muy bien esta escena, conocemos esos temores y conocemos esas puertas cerradas.

Esa cruz y esos estigmas son nuestra teología, nuestra forma de mirar el mundo y comprender la realidad. Solo en la mediación de esos estigmas que nos muestra Jesús de Nazaret podemos comprender el profundo amor y la forma radical como se juega el prestigio Dios y de Jesús de Nazaret por aquellas personas que para nuestros criterios humanos y religiosos no tienen nada de atractivo. Esos estigmas nos muestran una realidad que no queremos ver y que nos cuesta ver. Podemos contemplar los estigmas de Jesús y construir toda una vida devocional alrededor de esa contemplación de los sufrimientos del Crucificado. En América Latina y en el Caribe conocemos muy bien esa espiritualidad, pero también conocemos que esa espiritualidad no nos compele ni nos empuja a colocarnos al lado de todos aquellos y aquellas que nuestras iglesias y nuestras sociedades les consideran poco atractivos y políticamente incorrectos.

El gran milagro de esta escena no es la aparición de un rescatado, de un resucitado, sino que consiste en que ese resucitado nos muestra su estigma, sus heridas para que lo identifiquemos. No nos llama a mirar el milagro de la resurrección sino a contemplar desde esa resurrección los estigmas y las heridas de cruz en sus manos y costado, y las heridas en nuestra realidad. Esa es la manifestación de Dios. Siempre Dios se nos revela en sus heridas victoriosas, esa es la gloria de Dios. La gloria de Dios es la cruz.

Esa cruz destruye nuestra comprensión de la gloria y nos presenta otro rostro de la verdadera gloria de Dios que no tiene que ver con lindos paisajes, hermosos arroyos, puros cielos, y todo ese vocabulario romántico e irreal desde nuestra situación urbana. La gloria de Dios tampoco se revela en los milagros sino que se revela en los estigmas que son consecuencia de cenar con aquellos que son políticamente y teológicamente incorrectos. El milagro es curar esos estigmas y esa es parte de la resurrección que estamos llamados a testificar. Esos estigmas los reciben nuevamente rodeado de impuros y revolucionarios. Las dos personas que mueren a su lado no son ladrones como la tradición nos lo quiere hacer creer. Esa es una forma piadosa de desviar nuestra atención de la realidad última de la cruz. Aquellos que mueren al lado de Jesús de Nazaret son dos sujetos políticamente incorrectos porque la cruz se aplica siempre por rebeliones políticas por causas subversivas. Se aplica a aquellos y aquellas que atentan contra la seguridad del estado imperial y contra todos los estados imperiales. Las tres cruces nos hablan de tres sujetos sediciones y que son un peligro  para los que tienen poder, tanto político como religioso. No es una estampa piadosa sino un compromiso político de Dios que llega al extremo el proceso iniciado en Belén.

Esa cruz y esos estigmas que lleva este resucitado son la autenticación de que ese es el camino al cual estamos llamados todas y todos los bautizados en esa vida y en esa muerte. La resurrección es la confirmación de que dar la vida por el cambio de esta realidad sometida al pecado y la opresión social es valiosa. Esa realidad opresiva e imperial que empuja a muchos de nosotros y nosotras a opciones injustas, inconfesables, y traicioneras, debe ser cambiada por voluntad de Dios que muere para que así sea. Dios se abandona totalmente para beber en su totalidad el cáliz de la opresión. No es una ficción y un juego de imágenes. Dios se anonada, se despoja, para ir hasta el fondo del cambio que quiere en esta su creación.

Los estigmas de la cruz de Jesús de Nazaret son los que nos envían a una nueva misión. Transformar nuestra realidad material, concreta, visible y trasformar nuestras propias vidas. Esta contemplación de la cruz nos lleva a reconocer la iniciativa de Dios. La liberación de esta opresión no es nuestra acción. Es la acción iniciada por Dios y a la cual somos invitados a hacerla nuestra a través de la fe en esa nueva creación. El compromiso con la liberación de todos los estigmas bajo el cual viven hermanos y hermanas, personas que viven con vih o con sida, es un compromiso bautismal con la acción iniciada por Dios. Siempre la  liberación le pertenece a Dios.

En el bautismo hemos sido incorporados a ese sufrimiento de liberación, a  ese estigma que se coloca sobre todos aquellos y aquellas que promueven un mundo más justo y más parecido al proyecto de Dios. La cruz liberadora  de Cristo se hace también nuestra cruz y sus estigmas se hacen nuestros estigmas en la fe. De hecho en la fe nos hacemos nosotros mismos otros Cristos para nuestros hermanos y hermanas. ¡Esa sí que es una buena noticia!. Ese compartir cruz y estigma en la persona de Jesús de Nazaret es parte de la transfiguración que todos y todas estamos llamados a vivir en nuestro bautismo. Bajo, con y en ese compartir encontramos la paz y la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.

En la fe podemos contemplar aquello invisible que los estigmas que hoy nos muestra Jesús de Nazaret curando nuestras cegueras y terminando con nuestros miedos. Abre las puertas a la esperanza en medio de nuestras realidades, de nuestras comunidades y de nuestras vidas, y nos lleva a mirar aquello que no queremos mirar y amar aquello que no queremos amar. Ese es el milagro que destruye las puertas cerradas de nuestras ortodoxias y nos abre a la nueva dimensión de la vida restaurada en el Cristo que nos muestra al Padre.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA.

Buenos Aires.

Argentina.

 

  Para la revisión de vida

  • ¡Dichosos y dichosas los que reciben el Espíritu para la misión de curar los estigmas y dar la bienvenida a los estigmatizados!
  • ¿Cuáles son los fundamentos de mi fe?
  • ¿Por qué y en qué creo?
  • ¿Es mi fe una fe que solo se apoya en argumentos racionales?

Para la reunión de grupo

Si la fe es «creer lo que no se ve», en el rostro invisible de Dios escondido en lo paradójico, en aquello y aquellos que no queremos mirar ni ver: ¿qué es necesario ver para creer?, ¿Cuáles serían las principales dificultades que la vida de fe.

 

Para la oración de los fieles

  • Para que nuestras comunidades cristianas se miren en el espejo de aquella primera comunidad surgida a partir de la resurrección de Jesús y aprenda a no tener miedo, roguemos al Señor...
    Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor.  
  • Por todos los que tienen dificultades para la fe; para que encuentren en la comunidad de los creyentes un testimonio atractivo e iluminador, un espacio de acogida y de paz...
    Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor.  
  • Para que como en el tiempo de la comunidad primitiva sean también hoy muchas y muchos los que asumen planifica sus vidas en fe atreviéndose a  tocar y curar las heridas de Dios...
    Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor.
  • Para que también hoy nuestra comunidad cristiana ejerza el ministerio de la curación de las injusticias y las exclusiones, del alivio de todas las dificultades que afectan a la vida humana...
    Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor.
  • Para que las y los cristianos de hoy aprovechemos también el ministerio del perdón de los pecados, tanto en forma individual como comunitaria...
    Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor.  

Oración comunitaria

 

            Dios de misericordia infinita que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración permanente y eterna de las fiestas pascuales de liberación e integración: acrecienta en nosotros y nosotras los dones de tu gracia para que comprendamos mejor que eres verdaderamente Dios que decide morir en la cruz para que de ese árbol pueda nacer la nueva vida y la nueva creación. Nos encomendamos entre tus manos crucificadas y confirmadas. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano.