20 de Enero de 2008

Ciclo A. Segundo Domingo después de Epifanía - Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Juan 1, 29-42

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 49, 1-7
Salmo Responsorial : Salmo 40, 1-12
Segunda Lectura: 1º Corintios 1, 1-9

   


EVANGELIO. Juan 1, 29-42

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

 

En  aquel tiempo, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije:

Después de mi viene un hombre
que me precede,  porque existía antes que yo.

Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma  de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.

Al día siguiente, estaba  Juan otra vez  allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Que quieren?”. Ellos le respondieron: “Rabbí -que traducido significa Maestro. ¿Dónde vives?”. “Vengan y lo verán”, les dijo. Fuero, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: “Hemos  encontrado al Mesías”, que traducido significa Cristo. El Evangelio del Señor.

 

PVVS

A lo largo de estos años en que me impuse el compromiso de reflexionar los textos del evangelio de cada domingo en perspectiva de la pandemia del vih he ido descubriendo en mí la importancia del contexto desde el cual iniciaba esa reflexión. La comunión y el compromiso con la vida que iba creciendo en este tiempo significaban también un cambio en mi comprensión del texto y de su mensaje. La situación me llevaba al diálogo, la discusión y muchas veces la lucha con el texto. No era una lectura académica ni teórica del evangelio. Había aprendido a tomar el texto de las Escrituras para iluminar la realidad y ahora esta aprendiendo a iluminar el texto desde la realidad. De esta forma la tarea y los desafíos de Jesús de Nazaret debatiendo con los académicos y fundamentalistas  de su tiempo comenzaron a ser los míos. Comprendí que muchas de las dificultades que las comunidades cristianas tienen con las personas que viven con vih y sida es un problema hermenéutico, exactamente igual al problema que tenían en su tiempo fariseos y escribas.

Seguramente solo los iniciados en el mundo del sida saben que quiere significar “PVVS” que todas y todos ustedes jamás me han visto escribir y mucho menos pronunciar. Me niego a utilizar ese acrónimo que reemplaza a “personas que viven con vih o sida”. Me resisto a transformar a las personas que acompaño y con las que vivo en una jeringonza  o una excentricidad gramatical. Las personas que viven con vih o con sida tienen rostro, nombre, historia. Se llama Pedro y se llama Joaquín. Son ellos con sus vidas que me iluminan el Evangelio, y seguramente no saben que lo están haciendo. Es a ellos con quienes como cada día y con los cuales planifico actividades, búsqueda laboral, citas con los médicos a quien les debo esta comprensión renovada del Evangelio y quiero que estas líneas sean un homenaje a todos ellos y ellas que me han iluminado en esta desafío de pretender ser discípulo de aquel que bautiza con el espíritu.

Estoy seguro que Juan el Bautista también vivió ese proceso. En la medida que junto con las personas que había dejado atrás Jerusalén, y buscaban el perdón de sus pecados, Juan pasa de predicar la ley que no redime ni salva, y deja de denunciar “el pecado del mundo” para proclamar el evangelio que afirma que aquí está “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El eje y núcleo de su predicación se ha transformado y nosotros y nosotras como comunidades de fe tenemos que hacer el mismo cambio si queremos realmente ser fieles al bautismo que todo lo transfigura. Un bautismo de agua que no borra ningún pecado y el bautismo del espíritu que quita el pecado del mundo.

Durante muchos años he leído, cantado, meditado sobre diversas imágenes del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pero siempre pensé en un mundo pequeño, privado, individual. Con horror veo que hemos transformado al Cordero que viene con un proyecto cósmico, universal, totalizador, en un simple corderito que solo está allí para llevar mis pecados personales.

Muchas veces y durante demasiado tiempo ha existido una discusión en mi comunidad si la iglesia tenía que participar de política o abstenerse de hacerlo. Seguramente aquellos que entrábamos en esa discusión no habíamos comprendido que nuestro bautismo tenía como esencia ese compromiso de quitar el pecado de las estructuras injustas y nada equitativas del mundo. Resultaba mucho más cómodo y pacífico transformar al Cordero Apocalíptico que anuncia un nuevo cielo, pero principalmente una nueva tierra, en un cordero totalmente domesticado y privatizado para mis pequeñas y limitadas necesidades.

Recién ahora me doy cuenta de este anuncio tan claro de Juan el Bautista. El Cordero pascual al cual hacen referencia todas estas imágenes por él utilizadas, anuncian una liberación política de un sistema de esclavitud, exclusión y explotación. He sido bautizado en la sangre de ese Cordero que quita el pecado del mundo y es ese mundo al que estamos llamados a transformar. Hemos sido bautizados en todos los éxodos que conducen a procesos de libertad y de inclusión. La tarea pastoral junto y con las personas que viven con vih o sida es también un bautismo en es éxodo que nos pone en camino hacia la tierra prometida donde ya no será más fácil odiar que amar, excluir que incluir, explotar que servir. Hemos sido bautizados para quitar, sacar, eliminar, borrar, los pecados que han hecho de hermanos y hermanos esclavos de sistemas que no quitan y lavan ninguno de esos pecados. El pecado del mundo nos ha domesticado para que nuestro bautismo no sea más que agua que no da vida.

Jesús, el Cristo de Dios, nos convoca a renovar y a confirmar nuestro bautismo en el Espíritu que irrumpe en este espacio para liberarnos. Fuera con las ideas de sacrificio totalmente extrañas a este pasaje. Jesús no es el Cordero del sacrificio ritual de una pascua remota e histórica sino que es el Cordero del Éxodo que sacrifica su vida para marcarnos con su sangre para la liberación de todos los pueblos y de todas las personas que tienen nombre, historias y vidas.

Como herramienta de esa liberación nos entrega el Espíritu de Dios, la fuerza que nos permite ofrecer nuestras propias vidas como sacrificio agradable a Dios porque lo ofrecemos para quitar el pecado del mundo, porque allí está en centro de nuestra preocupación. No tenemos un cordero pequeño para pequeños problemas. No queremos un cordero domesticado para solucionar problemas domésticos. Tenemos el Espíritu de Dios para quitar el pecado del mundo, de nuestro sistema político, de nuestras estructuras sociales, de nuestras barreras culturales, de nuestros terribles conceptos de raza y de sangre, de fronteras y pasaportes.

Para la revisión de vida

  •  Ser precursor de Jesús de Nazaret significa romper con todo criterio de exclusión, fronteras y pasaportes. Significa ser precursores del Dios del Reino. El Espíritu de Dios no quiere de nosotros y nosotras corderos que no lamentan su situación sino leones y leonas que están dispuestos a sacrificar sus vidas para alimentar al que tiene hambre y sed de liberación e inclusión.

Para la reunión de grupo

  • El Cordero de Dios quita el pecado del mundo, ¿cuáles, cómo y por qué?

 

Para la oración de los fieles

  • Fortalecidos por el Espíritu de Dios que hemos recibido en nuestro bautismo, oramos por toda la iglesia y por todos aquellos y aquellas que necesitan que les recordemos delante del Cordero de todos los éxodos.

 

(se hace un breve silencio)

  • Luz que brilla en todas las tinieblas, te pedimos que tu Espíritu viva en nosotros y nosotras, para transformarnos en la vanguardia de tu paz, de tu reconciliación, de tu inclusividad. Cura nuestras divisiones, mezquinas perspectivas de fe y escaso compromiso social. Capacita a nuestros líderes para que desafíen todas las tinieblas que los sistemas opresivos disimulan detrás de las falsas luminarias del poder. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!
  • Voz que nos invita gratuitamente a seguirte a pesar de encontrarnos en la mesa de los traficantes de de todas las influencias, permítenos escuchar tu voz en medio del clamor de todas las voces que nos invitan a preferir las cebollas de las esclavitudes y a tener miedo de tu libertad. Envía tu Espíritu sobre el Cuerpo de Cristo en este hoy y ahora para que podamos juntos y juntas comenzar a caminar en tu discipulado. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!
  • Fundamento de nuestra fidelidad, concede a tu iglesia un liderazgo que pueda responder en tu Espíritu a los desafíos a los que nos introduce la epidemia del vih y del sida y que nunca nos acomodemos a las tentaciones de este mundo y quedemos ciego a los pecados del mundo. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!
  • Luz de todos los que están en tinieblas, ilumina nuestro caminar con tu Espíritu para que podamos acompañar a todas y todos los que tienen necesidad de apoyo para ocupar los lugares de dignidad que tu has asignado en la mesa de tu comunión. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!
  • Cordero de Dios, llámanos nuevamente a la fidelidad de nuestro bautismo de fuego para que podamos quemar todas las naves que nos atan a las esclavitudes de todos los sistemas que se oponen a tu Reino. Cura nuestra falta de coraje y aumenta nuestra fe que busca la justicia. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!
  • Alfa y Omega del tiempo y de la eternidad, permítenos descubrir tu gloria en este momento y en este lugar, en el rostro de nuestros hermanos y hermanas, y en la vida de todos aquellos y aquellas por los cuales hemos intercedido. Concédenos que al final de todo el trayecto podamos ser iluminados por tu Espíritu para alabar al Cordero que quitó, quita, y quitará el pecado de este mundo. ¡Feliz aquellos que ponen en el Señor toda su confianza!

Oración comunitaria

            Tu que quitas el pecado del mundo, que eres la "luz que ilumina a todo hombre y a toda mujer que viene a este mundo"; te pedimos hagas de nosotros y nosotras "facilitadores" dispuestos a trasparentar esa luz y a remover la oscuridad que se aloja en "el pecado del mundo"; que con Jesús, también nosotros y nosotras, como "vanguardia" suyos, estemos dispuestos a quitar el pecado del mundo y a posibilitar su superación según tu Proyecto del Reino. Nosotros y nosotras te lo pedimos con los ojos puestos en el "Cordero que quita el pecado del mundo", Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

(o también:)

Fundamento de la Justicia y de la Comunión, revelaste tu gloria y condujiste a muchos y muchas a la fe por las obras realizadas por tu Hijo. De la misma forma en que El trajo alegría y reconciliación a su pueblo, concédenos esas mismas conductas y guíanos también a la fe perfecta en su proyecto y en su vida, te lo pedimos en su nombre y en su Espíritu, ahora y siempre. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Enero 2008