Domingo 4 de enero de 2009.

Ciclo A-B-C. 2do.   Domingo después de Navidad

Evangelio: Juan 1, [1-9] 10-18

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura:Jeremías 31, 7-14 o Eclesiástico 24, 1-12

Salmo Responsorial: Salmo 147, 13-21 o Sabiduría 10, 15-21

Segunda Lectura: Efesios 1, 3-14

 

 

 

EVANGELIO Juan 1,[1-9] 10-18

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

[Al principio existía la Palabra, y la Palabra esta junto a Dios, y la palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los seres humanos. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no lo percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos y todas creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.]

La Palabra era la luz verdadera que, al venir  a este mundo ilumina a todo ser humano. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella,  y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Pero a todos y todas los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos e hijas de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del ser humano, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y nosotras. Y nosotros y nosotras hemos visto su gloria,  la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mi me ha precedido, porque existía antes que yo”.

De su plenitud, todos nosotros y nosotras hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley  fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha vista jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único que está en el seno del Padre.         

El Evangelio del Señor

 

 

DIOS SALE DEL CLOSET

 

La Palabra, escrita con mayúscula y en singular hace que todo lo demás sean palabras en plural y en minúscula. La encarnación de la Palabra creadora de Dios en la persona, en el cuerpo y en la identidad de Jesús que vivió en Nazaret, hace que todo lo que se ha vivido anteriormente, lo que se ha escuchado y lo que se ha escrito pasen a ser palabras, muchas, diversas, pero ninguna con las cualidades y calidad de esta Palabra. Mandamientos y profecías pasan a formar parte de ese grupo plural, diverso y en minúsculas de palabras que ahora encuentran su cumplimiento, superación y final en la única Palabra iluminadora que procede de Dios. Considero importante establecer esta realidad para no confundir la Palabra de Dios, que siempre es una persona de carne y hueso, y que vivió y vive realidades semejantes a las nuestras, con un libro. Jesús solo es la gran Palabra de Dios.

Este prólogo del Evangelio también es el sustento más fuerte con el compromiso que tenemos en la promoción de los derechos humanos universales y totalmente inclusivos. Al acompañar a personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih lo hacemos asumiendo la plenitud de la proclamación oral y viva que  todas las cosas y todas las personas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. Esta afirmación no se puede negociar ni condicionar. Es el fundamento de nuestro compromiso con los derechos humanos, con la defensa de la tierra y de todos los seres vivos y de las especies en peligro de extinción. Nada ni nadie queda fuera de esta luz que brilla en las tinieblas en que actúan quienes ignoran y desconocen esa luz. Toda expresión de vida es sagrada para quienes queremos ser discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret, rostro de la Palabra creadora y renovadora de toda vida. Escuchar y poner en práctica esa Palabra es aquello que nos transforma a cada uno en hijos e hijas de Dios. Al aceptar esa Palabra, encarnada en la vida y las circunstancias de Jesús de Nazaret, nos transfiguramos en una comunión y en comunidad de hermanos y hermanas con toda la creación.

En esa Palabra Encarnada en nuestra realidad, Dios toma la decisión de dejar de jugar a las escondidas y con enigmas p adivinanzas. La Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret es la voluntad manifiesta de que tiene Aquel que no tiene principio ni fin,  de salir del closet, de dejar de mostrarnos su espalda como máximo concesión y revelación. De ahora en adelante tenemos la imagen de su verdadero rostro y ese rostro es de un amor incondicional que rompe todos los modelos. Lo anterior fue mera aproximación que nos permitieron percibir al creador de todas y todos a través de un vidrio oscuro. Ahora la luz nos ilumina para que podamos reconocer la verdadera naturaleza de la fuente de todas las dignidades y la puerta de todas las inclusiones. Y ese rostro y esa naturaleza serán siempre paradójicos, sorprendentes y escandalosos.

Revelar la verdadera identidad siempre es un riesgo y una bendición. Las personas que viven con vih o con sida conocen muy bien ese proceso. No es fácil asumir públicamente la verdadera identidad. La visibilidad es un riesgo pero a la vez una propuesta de dignidad. Siempre es un momento de vulnerabilidad porque la mirada de los demás puede ser un infierno. La voluntad de Dios de revelar su identidad en su encarnación es la voluntad de hacerse vulnerable junto a toda la creación y a todas y todos los vulnerables. El hacedor de todas las cosas sufre él mismo todos los estigmas, opresiones y marginaciones, pero también sufre el proceso del calentamiento climático, la desaparición de la diversidad de los sistemas ecológicos, la contaminación de nuestro mundo, la deuda externa inmoral, la avaricia que la crisis financiera mundial iluminada con tanta fuerza por la voluntad de comunión de la Palabra que busca discípulos y discípulas. La encarnación de Aquel alrededor del cual gira toda la creación nos revela su gloria en la vulnerabilidad.

La Encarnación es ya el anuncio de la cruz. La madera con la que se construyó el pesebre es de la misma calidad con la cual se construyó la cruz. Esa luz en la vulnerabilidad no es acogida por quienes tienen su propia y autónoma versión de cómo debe ser Dios y su gloria. Ese proceso de vulnerabilidad, que es la Encarnación, sigue siendo un escándalo para muchos y muchas en nuestras propias comunidades de fe. La Encarnación es un proceso de doble filo. Por un lado revela la gracia totalmente gratuita que se nos ofrece en esta comunión de Aquel que hace posible todas las comuniones pero también sigue siendo un escándalo para quienes quieren tener un Rey de Reyes, un Omnipotente y poderoso Señor. Para quienes aún piensan así, la encarnación en la vulnerabilidad de Belén y de Nazaret sigue siendo una piedra de tropiezo. Pueden adornar ese escándalo con villancicos y edulcoradas imágenes de un dudoso romanticismo, pero nunca podrán ocultar la luz de la opción decidida y privilegiada de Quien se hace pobre con los pobres y excluido con los rechazados por sistemas que fabrican personas “outlet”, de segunda selección.  

El amor de Aquel que es el verdadero amante de toda criatura y su circunstancia nos revela el más promiscuo de todos los amores. Nada ni nadie queda excluido de ese amor ni del abrazo de comunión de ese amante. El amor hace vulnerable a Dios y esa es su gloria y esa es la gloria que estamos llamados a contemplar.  Siempre se utiliza la palabra promiscuidad para juzgar y calificar los estilos de vida diferentes al mío. Siempre me sentí incomodo con esa forma de hablar de los demás pero ahora se me revela que el paradigma de toda promiscuidad es Aquel que es el principio y objetivo de todos los amores. En amor es El quien asume todas todas nuestras promiscuidades y lo hace sin condiciones. En su locura de amor Dios nos ofrece su abrazo de comunión que abarca todas las diversidades y todos los colores. ¡Qué desafío y que escándalo proclamar en el contexto de la epidemia del vih y del sida ese amor tan gratuito y tan abarcador! ¡Como me gustaría ponerle algunas condiciones, algún pequeño requisito para quienes son amados de tal manera por  Aquel que concede la vida en abundancia, y que tengan que hacer algo para que puedan ser dignos de ese amor tan  promiscuo de Dios!

En este eterno principio de todas las dignidades, utilizo un vocabulario que pretende sorprenderlos, para que no pasemos por este anuncio esencial de nuestra fe sin ser desafiados a emprender acciones siempre renovadas. Esa luz siempre ha estado allí, a nuestro lado, pero no la habíamos descubierto ni contemplado. Ahora la epidemia del vih y del sida es una oportunidad y un punto de observación de las consecuencias radicales de la Encarnación de Aquel que crea motivos y objetivos a todas los seres y a toda la creación. Lo más difícil de aceptar es el reconocer que los suyos son los que no le aceptan. No son los de afuera, los extraños ni los indocumentados, los que no lo reciben. Es su propio pueblo, es su comunidad de fe, la que entonces y ahora, le rechaza. La luz viene justamente para iluminar y poner de manifiesto nuestras propias tinieblas. Siempre nos resulta muy fácil pensar en las tinieblas de los demás pero no nos atrevemos a pensar en nuestras propias oscuridades como personas y como comunidad de fe. La luz tiene que iluminar todos los rincones de nuestra estructura de vida si queremos compartir esa luz con los demás.

La epidemia del vih y todo nuestro trabajo de promoción social nos revelan como son los que consideramos “otros y otras” lo que frecuentemente son los que reciben esa luz y esa recepción les hace hijos e hijas de Dios sin tener que pasar por ningún otro proceso de catecumenado. Son esos extraños y extranjeros los que hacen posible que el amor promiscuo de Dios se encarne y se produzcan nuevos nacimientos que nos abren el camino a un mundo y a una iglesia totalmente posible. Es en medio de esos extraños y diferentes en la que escandalosamente Dios establece su morada en este tiempo post templo.  El nuevo lugar de encuentro, convergencia y comunión ya no es un edificio ni una organización. El nuevo lugar de manifestación de la acción recreadora de Dios es en el diálogo y en la acción que pone en ejecución ese amor a todas las dignidades.

Para la oración de las y los fieles

Celebramos con gozo la Encarnación de la Palabra que se hace vulnerable en nuestras personas. Concédenos al unirnos en oración por toda la iglesia, para que pueda recibir tu luz y tu gracia, y por quienes aún seguimos considerando extraños y diferentes.

Se hace un breve silencio.

  • Por todo tu pueblo de fe para que al celebrar la Encarnación de tu Palabra, pueda hacer silencio como para considerar qué va a anunciar, cómo va a vivir y como actuará a la luz del rostro de Aquel que quiere ayudar a sus amigos y amigas. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!
  • Por todos los que presiden en amor y fidelidad la oración de tu pueblo, para que puedan escuchar con claridad el clamor de quienes sistemas de exclusión y de injusticia hacen morar en zonas de tinieblas y falta de esperanza en un mañana diferente. Que tu Encarnación junto y del lado de los estigmatizados y oprimidos nos permita contemplar tu verdadero rostro y promover nuestra renovación en la fe, la esperanza y el amor. El Señor reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos e hijas dentro de ti.
  • Santuario de todos aquellos y aquellas que son perseguidos por la diversidad de razones inventadas por los seres humanos y comunidades que viven en tinieblas, abre las puertas de nuestras mentes, de nuestro corazones y de nuestras comunidades para que corramos el riesgo de encarnarnos junto a quienes esos sistemas de opresión consideran políticamente incorrectos. El Señor asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo.
  • Confiando siempre en tu misericordia, nos encomendamos entre tus manos junto con toda la creación que espera con ansiedad la gloriosa manifestación de los hijos e hijas de Aquel que nos hace uno en el amor, en la esperanza y en la solidaridad. El Señor envía su mensaje a la tierra, su Palabra corre velozmente.

 

Oración comunitaria

Luz que nos transforma en hermanos y hermanas y que nos has llenado con la nueva luz de la Palabra que se hizo carne y habitó en vulnerabilidad entre nosotros y nosotras. Concede que la luz de nuestra fe nos permita contemplar el verdadero rostro de tu amor para que todo lo que hacemos y decimos forme parte de esa gracia inmerecida pero transformadora. Te lo pedimos por tu Hijo, nuestro Cristo y compañero de ruta, que viven la gloria de la cruz, contigo y con el Espíritu de toda sabiduría, un solo Dios, ahora y siempre.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Diciembre 2008