Domingo 17 de enero de 2010

CICLO C. SEGUNDO DE TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO: Juan 2, 1-11

Primera lectura: Isaías 62, 1-5
Salmo responsorial: Salmo 36.
Segunda Lectura: Corintios 6, 12-20



EVANGELIO
 
Juan 2, 1-1

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos y discípulas. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. El Evangelio del Señor..


¿EL AGUA O EL VINO?

Este es un texto del Evangelio donde nada parece ser lo que es. Sobre un relato de una escena tradicional se construye una estructura de símbolos y signos que sobrepasan aquello que aparentemente se quiere contar. La vida cotidiana, una celebración de una boda común y el encuentro de la familia, los nuevos esposos, las y los invitados, el agua y el vino pasan a tener una dimensión que indudablemente compromete esa realidad y nos abre puertas hacia una dimensión simbólica inesperada.

El dato cronológico de los tres días que aparece en la primera frase, que indudablemente se refieren a las escenas anteriores relatadas en el Evangelio, nos llevan a pensar en otros tres días de las diversas resurrecciones que acompañan el caminar de Jesús de Nazaret. Esa indicación de los tres días nos abre la posibilidad de pensar, reflexionar y vivir todo el pasaje desde la perspectiva de la cruz y la resurrección que será la culminación de signos y señales.

Si bien este pasaje todos y todas lo conocemos como aquel en el que se relatan las bodas de Caná, la participación de Jesús de Nazaret, su madre y sus discípulos y discípulas es totalmente marginal y todo el relato ubicará la acción y reflexión desde aquello que acontece en esos márgenes. Si bien Jesús y quienes le acompañan han sido invitados a esta ceremonia, en ningún momento se les asigna un papel importante, protagónico o significativo. De hecho todo el relato se moverá desde la moderación, el anonimato y el secreto. Este primer signo del ministerio de Jesús ya nos brinda elementos como para construir un acompañamiento y una pastoral fiel y renovada junto a las personas que viven con vih o con sida.

El centro del relato no está en la milagrosa transformación de agua en vino sino en la afirmación final que los que proclama que las y los discípulos creyeron en que había otros caminos para llegar al dueño de la viña y que Jesús de Nazaret es el verdadero rostro del constructor del Reino. Ese es el gran signo y el único milagro sobre el cual se ha de fundamentar la fe de las y los discípulos.

En este momento en que América Latina debate el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, es interesante constatar que estas bodas tiene un carácter notoriamente secular. No se habla de ninguna bendición, ni la presencia de sacerdotes, rabinos o escribas. Esta boda se realiza en un espacio privado y no hay rastros de elementos religiosos que le puedan brindar la dimensión sagrada que muchas y muchos le quisieran dar a este contrato legal que regula las relaciones entre dos personas. Indudablemente el amor, el compromiso y la transparencia en la fidelidad tienen muy poco que ver con papeles legales, firmas de contratos y aún con la calidad del vino. Si lográramos comprender y estudiar la evolución de la liturgia cristiana de casamiento y la modalidad diversa que va adquiriendo a lo largo de los siglos y de la geografía histórica que vive la celebración del pacto matrimonial en las comunidades de fe, podríamos ver que la legalidad y los sentimientos más profundos de las y los protagonistas transitaron caminos muy diversos y muchas veces inesperados[1].

En esta celebración privada y secular, la ubicación de Jesús de Nazaret es también marginal y fuertemente simbólica. El vino es un importante protagonista y no debemos olvidar que legal o ilegal, estamos ante una droga que nos recuerda que en muchas culturas y a lo largo de la historia, diversas sustancias se han utilizado para facilitar la comunión y contacto con lo sagrado. Esta realidad tiene que reflejarse en nuestro debate con relación a la prevención y asistencia de las personas dependientes del uso de drogas. No podemos ocultar que tiene que el primer milagro de Jesús de Nazaret nos guste o no y lo podamos discutir, consiste en transformar el agua en vino, que irremediablemente es una droga, considerada, por el momento legal en algunos países pero ilegal en otros.

Ese vino adquiere variados significados a lo largo del mismo relato. Por un lado es el vino de calidad inferior que se ha servido primero y que puede simbolizar la Ley de Moisés. En varias imágenes tanto de las Escrituras como de la tradición religiosa de aquel tiempo, se asocia y simboliza esa Ley con el vino. Tendríamos aquí en la imagen de la existencia de dos calidades de vinos una alusión a la diferencia entre Ley y Evangelio que es indudablemente simbólica. La limitada calidad de la Ley y la superabundante calidad del vino nuevo del Evangelio de la gracia es el debate que subyace en este primer signo del ministerio de Jesús de Nazaret.

Así como existen dos tipos diferentes de vino, también tenemos dos esposos en la celebración. Aquel que se ubica en el centro y aquel otro que se contrapone desde los márgenes. Recordemos la reiterada imagen que encontramos también en las Escrituras y en la tradición religiosa que consideraba y seguirá considerando la relación del pueblo creyente, con sus fidelidades y traiciones, utilizando imágenes tomadas de las relaciones matrimoniales. Aquí también tendríamos la acción diferente de los dos esposos presentes y la forma en que las personas se relacionan con ellos. Por un lado el novio que ocupa el centro ignora que se ha terminado el vino de la ley antigua y al cual los invitados ya no acuden y del cual no esperan mucho. En cambio Aquel que es la imagen del verdadero esposo de las y los recitados es el que tiene conciencia de la escasez y limitaciones del vino antiguo y que actúa para que la realidad se transforme en el vino nuevo de la gracia que sobreabunda y da calidad de la vida a quienes participan de la otra boda. Dos esposos, dos bodas, dos vinos, dos tipos diferentes de relación de los invitados con el esposo de la Ley y el esposo de la gracia.

Es extraños que la madre de Jesús, que en ningún lugar de este Evangelio es llamada por su nombre, interceda ante su hijo y no frente a los dueños de casa. Ella es la primogénita del nuevo pueblo que colocada sus expectativas de cambio y transformación no ya en el esposo del centro sino Aquel otro alternativo. El diálogo entre madre e hijo es muy semejante al que se producirá en la misma cruz y casi con las mismas expresiones.

El vino antiguo ha perdido eficacia y ya no purifica. Se necesita otro medio de comunión y celebración. Esa mujer, la madre de Jesús de Nazaret ya no se dirige al jefe de los meseros sino a los meseros mismos y les pide que confíen y hagan aquello que su hijo les pida que hagan. La fe es un requisito para que el vino nuevo fluya. En esta boda estamos en verdad debatiendo no cuestiones matrimoniales sino la clara diferencia entre Ley, el vino de menor calidad y Evangelio, el vino de mejor calidad y abundancia.

Las seis tinajas de los ritos de purificación con agua de las costumbres religiosas fundadas en la Ley están vacías y son seis, es decir, no llegan al número perfecto de siete sino que se quedan en el camino de la imperfección. Esos ritos de purificación legales son transformados en la fe del discipulado. Así como las cantidades que líquido que pueden contener cada tinaja y que simbolizan las imperfectas exigencias de la Ley pasan ahora a simbolizar la sorprendente abundancia del vino nuevo de la gracia. En esta fiesta de casamiento en realidad celebramos aquello que llevará a Jesús de Nazaret al signo final de todas las transformaciones: la cruz. Ese signo depende y es coherente con su critica radical de todos los sistema de justificación frente a Aquel a quien solamente podemos llamar bueno, a través de rituales de purificación externa con todas las agua de nuestra autosuficiencia y dar paso al signo que se embriaga con el gozo y la celebración del completo perdón de todos los pecados por la fe en el vino escondido de todas las comuniones.

Aquel esposo que se ubica en el margen del relato también utiliza como mediadores de su acción a diáconos, es decir servidores ubicados en la escala inferior de la jerarquía social. Es esta otra opción muy clara que destruye las jerarquías fundamentada en escalas de pureza o poder. Los mediadores de la acción de Jesús de Nazaret son los simples y silvestres servidores a los que nadie mira ni considera. Ellas y ellos, esos diáconos que han venido a servir y no a ser servidos, serán los que en realidad conocerán lo que se oculta a quienes esperaríamos que controlen toda la situación. Ellos, los que tiene poder de mando son los que ignoran la procedencia del nuevo vino pero en cambio se revela a las y los humildes.

En el contexto de la epidemia del vih y del sida muchas de nuestras comunidades de fe y muchos de sus líderes aún continúan utilizando el vino de menor calidad al imponer requisitos, reglas y reglamentos como pre requisitos las personas con vih. Ignoran el hecho de que ahora tenemos como herramienta de comunión e inclusión el vino nuevo y de calidad de la gracia superabundante y gratuita. Muchas y muchos siguen predicando y repartiendo la Ley de las antiguas tinajas cuando el nuevo esposo de todos los pactos ya está repartiendo el vino de la buena calidad.

Termina el relato con una nueva afirmación desafiante, escandalosa, sorprendente: este primer signo de los siete signos del evangelio se realiza también en un espacio marginal de las ortodoxias: en la sospechosa Galilea. En cambio el último signo, el de la cruz, será el que se celebrará en el centro del sistema: Jerusalén. Nuevamente la geografía teológica con todas sus implicancias para nuestra tarea en vih. Por un lado considerar donde se ubica la acción secreta y anónima de Jesús de Nazaret y en medio de que grupos y personas se realiza este primer signo de comunión y servicio. Ese signo es el centro y el verdadero milagro. La transformación del agua en vino lo pueden hacer varios mediadores, en cambio la construcción de nuevos espacios de equidad sin jerarquías opresivas y la celebración del nuevo pacto de las bodas en los márgenes y con los marginales de toda especie es el verdadero milagro. El vino de la comunión abundante, libre, gratuita es el milagro y signo del nuevo pueblo. Tenemos que decir que si a este nuevo pacto matrimonial entre Aquel que se hace servidor para terminar con todas las servidumbres.

Para la reunión de grupo
¿Es posible que el rudo diálogo entre María y su Hijo signifique que Jesús está asumiendo su ruptura con la estructura jerárquica familiar para asumir una nueva relación familiar donde el centro está en Aquel que se despoja de todo poder para establecer todas las comuniones?

Para la oración de las y los fieles
Tú que eres lámpara nuestros pies, condúcenos a la luz de Cristo, ayúdanos a despojarnos de todo poder en las aguas del bautismo para que podamos renacer al resplandeciente desafío de construir un espacio donde se celebre tu santo nombre y se cumpla tu voluntad. Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo y tu fidelidad hasta las nubes.

Se hace un breve silencio.

Te damos gracias por el regalo de vivir en comunión y comunidad, donde somos alimentados y alimentadas con tu palabra y con tus signos sacramentales. Fortalécenos con tu Espíritu para que podamos compartir ese pan cotidiano con otras y otros en tu nombre. Tu justicia es como las altas montañas y tus juicios, como un océano inmenso.

Te damos gracias por todo el mundo y la realidad que nos rodea. Equipa a tu pueblo para que tengamos la valentía de cuidar tu creación y que en todo momento nuestras acciones agreguen luz y belleza a este mundo que tú amas tanto, especialmente en aquellos lugares donde otras y otros han sembrado destrucción, guerras y abusos. Tú socorres a los seres humanos y a las bestias: ¡qué inapreciable es tu misericordia, Señor!

Te damos gracias por el espacio en el cuál estamos viviendo y por nuestras comunidades de fe. Concédenos relacionarnos con nuestro prójimo de forma tal que unidos por la buena voluntad nos transformemos en herramientas de un liberación. Los seres humanos se refugian a la sombra de tus alas.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Fuerza de toda reconciliación, te presentamos todas estas plegarias y todo aquello que guardamos en nuestros corazones y que tú sabes que necesitamos en la plena confianza de que nunca nos dejarás caer en ninguna tentación que nos aparte del amor de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Maestro y hermano. En ti esta la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz.
Amen.

Oración comunitaria
Luz de Luz, que mostraste tu gloria en todos los márgenes de la vida y de la historia, y que guiaste a muchas y muchas a la fe por las acciones realizadas por tu Hijo, Jesús de Nazaret, a quien confesamos como tu Cristo, concédenos la alegría y el compromiso de vivir de acuerdo a tu voluntad para que nunca caigamos en la tentación de ocultar la luz de tu gracia. Envía tu Espíritu para que vivamos la plenitud de tus dones y condúcenos a la fe perfecta. Amén.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires. Argentina
17 de enero de 2010



 

[1] Gies, Frances and Joseph. “Marriage and the Family in the Middle Ages” Perennial Library. Harper and Row Publishers. New York. 1989
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