Domingo 8 marzo de 2009

Ciclo B. Segundo domingo de Cuaresma

Evangelio: Marcos 8, 31-38

(Leccionario Común Revisado)

Primera lectura: Génesis 17, 1-7, 15-16
Salmo responsorial: Salmo 22, 22-30
Segunda lectura: Romanos 4, 13-25

 

 

 

EVANGELIO Marcos 8, 31-38

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo de la Humanidad debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo de la Humanidad se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles". El Evangelio del Señor.

 

 

¡EL QUE PIERDE, GANA!

 

A medida que uno va comprendiendo los misterios del Evangelio también se inicia un proceso en el que las palabras nos quedan como chicas y comienza también un proceso de depuración del lenguaje porque no siempre las mismas palabras continúan expresando nuestra enriquecida experiencia de Aquel a quien queremos servir. En un momento he dejado de llamar a Dios bajo la advocación de padre y madre porque consideraba que ese vocabulario nos colocaba siempre en una relación inmadura de eternos menores de edad. En la medida que comprendía que el Evangelio exigía de cada uno de nosotros y nosotras asumir responsabilidades adultas abandone con dificultad ese vocabulario porque no siempre es fácil encontrar sustitutos.

También me resulta cada vez más difícil hablar del Reino para expresar el proyecto de Dios porque en realidad no queremos establecer una monarquía con sus estructuras de absolutas jerarquías, cortes celestiales y ejércitos invencibles. La comprensión de un espacio de iguales, construidos desde los márgenes y con equidad me obliga a buscar otra forma de expresarme. Me resulta difícil encontrar otro vocabulario alternativo para significar ese espacio que estamos llamados a construir juntos y juntas en el cual se reconoce la soberanía de Aquel que nos hace personas, fundamenta nuestras dignidades y promueve todas las equidades.

Siempre me han llamado la atención esas iglesias que se colocan títulos rimbombantes como Rey de Reyes o Señor de Señores. Me hace temer que estamos frente a quienes tienen una expectativa sobre la naturaleza de Quien nos convoca a compartir su soberanía que no se ajusta a la imagen que Jesús de Nazaret nos quiere revelar. Desde la teología de la cruz me cuesta aceptar ese vocabulario tan lleno de imágenes de cortes y huestes celestiales, con muchos todopoderosos, omnipotentes y otros adjetivos parecidos. . Considero que ese vocabulario pertenece al antiguo régimen y ya no lo puedo utilizar porque contradice la imagen de iglesia que como instrumento de la soberanía de Dios estamos construyendo en los caminos de América Latina. Esa mirada y escucha crítica me ha lanzado a una búsqueda inquieta y muchas veces desesperada para encontrar y construir un hablar de forma tal que revele más adecuadamente la forma de vivir esa teología centrada en el Dios crucificado, en el Cristo vulnerable y en su cuerpo estigmatizado. En lugar de Rey de Reyes o Señor de Señores preferiría denominar a mi comunidad con el título de Servidora de las y los servidores des Dios despojado. No puedo ni quiero olvidar esa escena en que Jesús de Nazaret se despoja de su ropaje masculino para asumir de rodillas un ropaje y una identidad de esclavo y realizar aquello que generalmente estaba asociado con las que debía cumplir una mujer a su marido, como es la para lavar los pies de sus discípulos y discípulas.

Estas mismas confusiones teológicas subyacen en este anuncio y diálogo de Jesús de Nazaret con sus discípulos. Esa teología que anuncia que el Hijo de la Humanidad debía sufrir mucho y ser rechazado por los líderes teológicos de su comunidad como consecuencia directa de sus compromisos con ese espacio de soberanía compartida en justicia y solidaridad que aún llamamos Reino de Dios. La teología de la cruz es siempre una amenaza a los sistemas de poder que, cuantos más absolutos más oprimen y más absolutamente excluyen. La condena a muerte en la cruz por subversivo y la resurrección como expresión visible del apoyo de Dios siguen siendo un escándalo y deben continuar siendo un escándalo y una amenaza a todas las ortodoxias políticas y teológicas que se sienten dueños de la verdad y de un Reino muy light.

La proclamación de una comunidad radicalmente inclusiva también preanuncia esa misma cruz. La tarea pastoral y de comunión con las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad al vih y al sida son y deben ser una amenaza a los sistemas de exclusión. Sabemos muy bien que las inclusiones no son fácilmente aceptadas y las inclusiones incondicionales aún menos. El haber aceptado el desafío que nos presenta la epidemia del vih y del sida nos lleva a un proceso de cambios de paradigmas, de modelos y acciones que no habíamos pensado. Indudablemente estamos tan sorprendidos por la evolución del tema como lo estaba el apóstol Pedro. Siempre tenemos la satánica tentación de querer vivir como cristianos y cristianas en la comodidad de saber que todos nos aceptan, comprenden y quieren, sin paradojas ni escándalos.

En estos momentos vienen a mi memoria la escena en la cual san Francisco de Asís reconoce su profundo rechazo y repugnancia hacia los leprosos de su tiempo y se obliga en una perspectiva de cruz a abrazar y besar a aquel leproso que se le interpone en el camino. Sabemos muy bien que ese abrazo y ese beso provocaron una radical conversión en Francisco. No sabemos que le pasó al leproso. El abrazo cambio a Francisco y es muy posible que haya producido muy pocos cambios en el leproso. También con nuestra acción en el contexto del vih y del sida tenemos como objetivo cambiar, transformar y convertir la vida de nosotras y nosotros mismos, de nuestras comunidades de fe y del mundo entero. Esa es la cruz y el morir al que estamos llamados.

Muchas veces, detrás de nuestras acciones de promoción social y de inclusión aparece la tentación y el pecado del proselitismo ilegitimo y de un interés secundario innoble. No nos arrodillamos gratuitamente a los pies de quienes necesitan de ayuda para defender su dignidad, ni abrazamos o besamos a quienes nos resultan difícil de comprender. Si lo llegamos a hacer necesitamos de la prensa, la televisión y que se sepa. No estamos dispuestos a perdernos gratuitamente en el abrazo incondicional y anónimo. Nos cuesta morir a nuestros privilegios, a nuestras seguridades, a los honores y al prestigio.

La invitación de Jesús de Nazaret a seguirle en cargando la teología de la cruz en nuestra mente y corazón seguramente nos hace temblar. ¡Que hermosa y que radical es esta invitación a perderlo todo por la Buena Noticia! La teología de la gloria y de la prosperidad nos atrae como canto de sirenas. Nos endulza el oído ser la comunidad de Rey de Reyes y Señor de Señores, pero no estamos dispuestos a perder prestigio siendo las y los siervos de los siervos del Reino.

Nuestro temor a perdernos incondicionalmente en el servicio gratuito, gozoso y transformador nos transforma a quienes se resisten a este discipulado en adúlteros y pecadores. Adúlteros y adulteras al Reino, pecadores en nuestro compromiso de bautismo y discípulos con muy poca fe. Muchas veces estamos dispuestos a que nos vean junto a las personas que viven con vih siempre y cuando se los considere en su perspectiva de enfermos, pero nos aterra cuando comenzamos a hablar de sus identidades. Enfermedad si, identidades no. Ese avergonzarnos en el abrazar en su integridad y plenitud a personas y grupos estigmatizados hace que Aquel que ha puesto la tarea de ser embajadores de su reconciliación en nuestras manos, nos trate en reciprocidad. Allí tenemos delante de nosotros y nosotras la invitación a hacernos vulnerables y a estar dispuesto a perderlo todo en perspectiva del Evangelio y esa es la muerte más dulce que podemos imaginar.


Para la revisión de vida

En nuestra tarea pastoral en el contexto del vih y sida tenemos que tener mucho cuidado como utilizamos las palabras penitencia y arrepentimiento. Muchas veces las hemos utilizado para imponer una imagen de miedo y de terror con un Dios que es más juez todopoderoso más que humilde y vulnerable amante. ¿Qué imagen de Dios estamos proclamando en el contexto de la epidemia del vih?


Para la reunión de grupo

¿El compromiso de incidencia en políticas publicas, de promoción social, de acompañamiento pastoral y de comunión con las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih, han cambiado nuestra imagen y experiencia de Dios?


Para la oración de las y los fieles

Conducidos por Cristo en nuestro caminar de arrepentimiento y penitencia, y fortalecidos por su compasión incondicional, intercedemos por la iglesia y por quienes presiden su oración, por todo el pueblo de Dios para que movidos por el Espíritu de equidad seamos transformados a su imagen. Anunciamos Nombre a nuestros hermanos y hermanas.

Se puede observar un breve silencio.

Tú que aceptas nuestros arrepentimientos y nunca dejas de ser compasivo, te recordamos a tu pueblo que quiere ser el cuerpo de tu Cristo en el corazón de esta creación. Envía tu Espíritu sobre quienes se esfuerzan por vivir en plenitud y radicalidad su fe, y que esa misma fe conduzca a tu comunidad a dar testimonio hasta el martirio de tu voluntad de hacernos un solo pueblo bajo un único pastor. Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor.

Tú que todo lo determinas con tu sabiduría, te pedimos por todas las redes de personas que viven con vih o con sida para que en todo momento tengan plena conciencia de la forma en que decisiones y debates afectan la vida de otras personas y grupos. Concede también a tu comunidad la misma conciencia para que pueda actuar de forma tal que lleve paz y justicia en beneficio de las personas más vulnerables. El Señor no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre

Aquí se pueden realizar otras peticiones

Hacemos memoria de quienes han muerto en la fe y en la confianza que nace de tu eterna fidelidad demostrada a todas las generaciones que supieron resistir las cruces impuestas por opresiones variadas y estigmas diversos. Confiamos en tus promesas y tu proyecto de construir un espacio en el cual se cumple tu voluntad de libertad y comunión. Quienes buscan al Señor lo alabarán. ¡Que sus corazones vivan para siempre!

Entre tus manos, fuente de toda misericordia, encomendamos todo aquello por lo cual hemos intercedido, confiando en tu sorprendente amor y comunión, a través de la cruz y resurrección de Jesús, tu Cristo, nuestro Salvador. Todas las familias de los pueblos se postrarán en tu presencia.


Oración comunitaria

Modelo de toda la creación, tu gloria consiste en siempre tener misericordia. Atrae nuevamente a quienes caminan errantes y exiliados de nuestras comunidades, llévanos a todos y todas nuevamente a tu camino hacia la cruz y la resurrección y condúcenos renovados a abrazar en fe la verdad de tu Palabra y aferrarnos fuertemente a ella. Te lo pedimos por esa misma Palabra que habita entre nosotros y nosotras, Jesús, tu Cristo, nuestro Señor y hermano, que vive y conduce junto a ti y a tu Espíritu, en solo Dios y una sola voluntad. Ahora y siempre. Amén.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.

Marzo 2009