17 de febrero de 2008

Ciclo A.

2008Segundo Domingo de Cuaresma

Evangelio: Juan 3, 1-17

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Génesis 12, 1-4a

Salmo Responsorial : Salmo 121

Segunda Lectura: Romanos 4, 1-5, 13-17


EVANGELIO. Juan 3, 1-17

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas.
Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él”. Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios”.

Nicodemo le preguntó: “¿Cómo una persona puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”. Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Ustedes tienen que renacer de lo alto”. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”.

¿Cómo es posible todo esto?”, le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: “¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amo tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El Evangelio del Señor.


DRAMA

Esta escena es muy conocida por las personas que viven o están afectadas por la epidemia del vih o sida. Igualmente quienes son agentes de la acción pastoral de la comunidades de fe. El temor a la discriminación, a lo que otras y otros pueden pensar y decir de nosotros y nosotros ha obligado a muchos y muchas a esconder, ocultar, disimular y mentir sobre situaciones y diagnósticos relacionados con el vih. En el momento en que más se necesito de la comunidad de fe han sido, muchas veces, los momentos de mayor soledad y más profundas tinieblas. Aquella comunidad que tendría que haber sido el espacio de seguridad y santuario de confidencialidad se transformó, a causa del estigma y la discriminación, en espacios peligrosos y de dudosa confiabilidad. Nicodemo también tiene que ocultarse por temor a perder prestigio y poder de aquellos que son sus más cercanos compañeros y compañeras.

Igualmente, quienes desde un primer momento, nos hemos comprometido en la defensa y promoción de los derechos y las dignidades de la diversidad de identidades afectadas directo o indirectamente por la epidemia, hemos vivido esa soledad, esos temores y esos silencios. También hemos tenido que ocultar nuestras comuniones y compañerismo por temor, no al virus ni a sus formas de transmisión, sino por temor a la perdida de prestigio y amistades. Y ese temor no es hacia el extraño, en este caso Jesús de Nazaret con relación a Nicodemo, sino por temor a quienes forman parte de nuestra comunidad de fe. De repente nuestras comuniones con personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih, nos transformó a nosotros mismos en extraños para nuestras propias familias, comunidades de fe y lugares de trabajo.

Nicodemo vive ese drama para con su comunidad pero también vive el drama de su comprensión, de su hermenéutica de las Escrituras y de las expectativas de sus convicciones. Su desafío a sus propios miedos y al que dirán y pensarán los demás no lo libera totalmente de sus tinieblas, de la noche del sistema de creencias del cual procede. Esa equivocada comprensión de las Escrituras y de la tradición le impide y le dificulta dar el paso siguiente. No podemos dudar de su honestidad y su afán de buscar la verdad, pero necesita nacer mentalmente de nuevo para liberarse de las ataduras de un sistema ritual, religioso, sacrificial y hermenéutico opresivo.

El inicio del diálogo entre Jesús de Nazaret y Nicodemo nos muestran dos sistemas de comprensión del lenguaje. A la afirmación de Jesús que dice: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo le preguntó: “¿Cómo una persona puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”. A un vocabulario simbólico se lo comprende literalmente. La letra y el espíritu se enfrentan en este diálogo con todo su dramatismo. Tiene todas las herramientas interpretativas pero las utiliza equivocadamente. Intuye que hay una nueva realidad pero no se atreve a soltarse de viejas ataduras. Tiene miedo y dudas. Ha visto los signos y la vida de Jesús de Nazaret pero no logra captar su sentido profundo. Se enfrenta a la dramática discontinuidad entre el antiguo sistema y el nuevo. A pesar de las semejanzas hay una novedad de tal radicalidad que aquello que lo tenía que preparar para comprender los signos de ese momento, se transforman en tinieblas mentales que le impiden ingresar al nuevo espacio de signos y símbolos.

El nuevo ritual de bautismo es totalmente diferente al conocido por Nicodemo. Es diferente al bautismo de Juan el Bautista. Es el bautismo en el Espíritu que nos abre las puertas del Reino de Dios. Hacernos ciudadanos y promotores de ese Reino es nacer de nuevo desde lo alto. El Reino es lo alto. Ese bautismo es el gesto por el cual permitimos que el Reino nos posea, nos haga suyos y suyas.

El espíritu de ese Reino sopla y se mueve de forma paradójica y nunca de acuerdo a nuestras expectativas. La misma epidemia del vih y el diálogo con las personas y grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia nos muestran esa libertad y esa paradoja. Nunca sabremos por donde y hacia dónde nos lleva el espíritu del Reino. Su accionar es paradójico, inesperado, muy alejado de nuestro sentido común. Las inclusividades del Reino sobrepasan siempre todo aquello que podemos pensar. El amor de Dios también sobrepasa todo aquello que estamos dispuestos a pensar y creer.

Renacer de lo alto es sinónimo de renacer totalmente y profundamente nuevo. Este segundo nacimiento o nacimiento de lo alto es liberarnos de la letra para dejarnos poseer por el Espíritu del Reino. Es el diferenciar claramente y comprender el uso de la ley para dejarnos poseer por el Evangelio. Este segundo nacimiento nos capacita a escuchar a Jesús de Nazaret y comprender su mensaje y su acción más allá de las palabras y las apariencias. Este nuevo nacimiento nos capacita para discernir los signos y significados de los tiempos.

La radicalidad de este nuevo nacimiento nos permite comprender que el Reino no está al final de los tiempos sino que está en medio de nosotros y nosotras en la misma persona de Jesús de Nazaret. El tiempo agradable y favorable de Dios es ahora. ¡Qué sorprendente es anunciar esta verdad en el contexto del vih y del sida! Este presente, con sus luces y tinieblas, es ya una realidad y la comunidad de fe en tanto que cuerpo visible de Jesús de Nazaret es el espacio en que ese Reino germina.

La clave para comprender esta realidad a la cual la comunidad de fe está llamada a ser y vivir es la cruz de Cristo. Dios ama tanto al mundo que eleva a su Hijo único a través de la cruz para que todo aquel que crea, no muera, sino que tenga una calidad de vida en dignidad y plenitud. Dios ama este mundo, esta realidad, y el Reino tiene que germinar en esta realidad ahora y aquí. El Reino de Dios tiene que germinar en el contexto de la epidemia del vih. Es allí donde debemos anunciar con claridad y sin posibilidad de otras interpretaciones que Dios no envío a su Hijo para juzgar a las personas y grupos que viven en situación de vulnerabilidad al vih sino para que todos nosotros, el mundo entero, nos salvemos por el Cristo crucificado. Levantamos esa cruz porque queremos que todas las cruces terminen. No adoramos la cruz sin que es un recordatorio permanente que nos llama a ser signos vivientes del Reino donde nadie tendrá miedo a lo que otros y otras dirán, donde no habrá miedo de las muchas confidencialidades rotas.

Para la revisión de vida

  • ¿Cuántas veces hemos tenido que actuar desafiando prejuicios, creencias, compromisos de nuestras propias comunidades de fe? ¿Qué nos ocurre cuando la fidelidad al Evangelio se enfrenta con la seguridad que nos dan los amigos y amigas, la familia y la comunidad de fe? ¿Nos atrevemos a nacer de nuevo y permitir que el Espíritu sople en forma paradójica en ese contexto?


Para la reunión de grupo

  • Siempre hay diversas formas de escuchar la voz de Dios tal como es necesario discernir en las Escrituras: ¿estamos preparados para escucharle aún cuando se revela en forma sin precedentes y en forma paradójica e inesperada? ¿Existe espacio en nuestras comunidades para escuchar la diversidad de voces?

Para la oración de los fieles

En nuestro camino y peregrinación hacia la renovación de nuestro compromiso bautismal, oremos en paz por el mundo tan amado por Dios, por su iglesia convocada a ser guiada por su Espíritu, y por todas y todos aquellos que buscan una vida renovada en Cristo.

(Se hace un breve silencio)

  • Guía y alimenta a todos aquellos y aquellas que buscan en las fuentes de la fe nacer a tu Reino y a todos aquellos y aquellas que sienten la profunda necesidad de sentir tu presencia, para que podamos ser fortalecidos y fortalecidas por el amor inclusivo y de cruz de tu hijo. Fuente de nuestra salvación y nacimiento a tu Reino. Escucha nuestra oración.
  • Concede paz y comprensión de tu voluntad a la diversidad de personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida, para que juntos podamos vivir en una armonía reconciliada y trabajar en la promoción de un mundo más justo y solidario. Fuente de nuestra salvación y nacimiento a tu Reino. Escucha nuestra oración.
  • Acoge y protege a quienes buscan refugio en tu comunidad para enfrentar el estigma, los prejuicios y la discriminación relacionada con la epidemia del vih y capacita al liderazgo de nuestras comunidades de fe para que puedan construir un espacio de confidencialidad donde caigan todos los miedos y todas las soledades. Fuente de nuestra salvación y nacimiento a tu Reino. Escucha nuestra oración.
  • Mira con bondad a todos aquellos y aquellas que no pueden confiar en tu iglesia a causa de nuestro testimonio débil y pobre. Concede tu Espíritu para que todas y todos podamos nacer de nuevo para que venga tu Reino ahora y aquí. Fuente de nuestra salvación y nacimiento a tu Reino. Escucha nuestra oración.
  • Concédenos el despojarnos y abstenernos de todo aquello que nos alejan y separan de quienes más necesitan de una palabra de consuelo, un gesto de comunión y un compromiso de inclusión, para que renovados exclusivamente por tu gracia podamos descubrir los dones y riqueza de todos los seres humanos. Fuente de nuestra salvación y nacimiento a tu Reino. Escucha nuestra oración.


Se pueden realizar aquí otras intercesiones)

Recibe nuestras oraciones y concédenos tu misericordia, te lo pedimos en nombre de aquel que ha sido crucificado y resucitado para que el Reino se establezca en medio de todos nosotros y nosotras.

Amén.


Oración comunitaria

Desde las sombras de la noche te pedimos,
ilumínanos tú que eres Luz de Luz,
a escapar de las oscuridades de nuestros miedos,
a asumirnos tal cual somos,
sin temores,
sin desprecios.
Concédenos la libertad de salir de nuestros encierros,
a no temer lo que otros y otras dirán
a no temer de nuestras identidades,
sin rencores,
sin demoras..
Condúcenos a esas tierras inexploradas de nuestras vidas,
para que seamos bendecidos con la libertad
de la visibilidad de tu imagen en nosotros y nosotras,
que podamos nombrarnos,
que podamos celebrarnos.
Por Aquél que ama nuestra existencia.

Amén.


Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires.

Argentina