Domingo 4 de Diciembre de 2005

Ciclo B. SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Evangelio : Marcos 1, 1-8 

Primera lectura: Isaías 40, 1-11
Salmo responsorial: 84, 9-14
Segunda lectura: 2 Pedro 3, 8-15a  

 


EVANGELIO
Marcos 1, 1-8
(trad.
Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

1. 1 Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como estaba escrito en el profeta Isaías, "Mira, envío mi mensajero delante de ti; él preparará tu camino" (Éx 23,20; cf. Mal 3,1) 3 "una voz grita desde el desierto: -Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos" (Is 40,3) 4 se presentó Juan Bautista en el desierto proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados. 5 Fue saliendo hacia él todo el país judío, incluidos todos los vecinos de Jerusalén, y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que confesaban sus pecados. 6 Juan iba vestido de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. 7 Y proclamaba: -Llega detrás de mí el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para agacharme y desatarle la correa de las sandalias. 8 Yo os he bautizado en agua, él os bautizará con Espíritu Santo.

UN NUEVO COMIENZO

El texto del evangelio de este segundo domingo de Adviento nos abre un nuevo panorama para interpretar nuestra tarea en el contexto del vih y del sida. Ya en sus primeras líneas nos ubica en un nuevo comienzo: Orígenes de la buena noticia de Jesús. Esta simple frase tiene una profundidad y una gama de sentidos como la vida misma. Además de su sentido más evidente y simple de ser el comienzo de un relato, la palabra en griego que subyace detrás tiene resonancia del vocabulario filosófico que habla de los ‘principios’ rectores de la vida y del mundo. Es una nueva génesis de un mundo diferente y nuevo que se contrapone a la realidad y que quiere transformar esa realidad.

De igual forma aquellos y aquellas que estamos trabajando en el contexto de esta epidemia también nos hemos comprometidos a construir juntos y juntas un nuevo mundo donde sus principios estén fundados en el profundo respeto de los derechos humanos de todas las personas y de todos los grupos. Nos hemos comprometidos en la construcción de relaciones justas y dignas entre los seres humanos en forma incondicional. Es por ello que sentimos y vivimos las exigencias y los desafíos que nos presenta la epidemia del vih y del sida como oportunidades para proclamar que una nueva etapa en las relaciones humanas ha comenzado y que otras iglesia y otro mundo están siendo recreados.

La acción de Jesús de Nazaret es el inicio de este génesis nuevo y ese nuevo inicio desencadena un proceso en el cual queremos insertarnos para ser testigos del Reino de Dios que ya está en medio de nosotros y nosotras. Estamos llamados aquellos y aquellas que trabajamos en el contexto de la epidemia del sida a ser artesanos y protagonistas de este nuevo comienzo. Que la epidemia del vih y del sida sea el inicio de ese encuentro de los seres humanos donde vamos derribando las barreras que el estigma ha levantado entre todos nosotros y nosotras.

Pero la frase no se limita a hablarnos de un nuevo comienzo sino que queda claro que esa génesis tiene su núcleo en: la buena noticia de Jesús. Esa buena nueva es anunciar la resurrección de Jesús de Nazaret y que significa que vale la pena dar la vida por la justicia. La resurrección es justamente el anuncio claro y preciso de que morir por defender a los débiles, de comer con los rechazados, de anunciar la esperanza a los oprimidos y excluidos vale la pena y en ello se complace Dios. La resurrección es un concepto teológico concreto, práctico, visible. No es una elucubración académica o intelectual sino que es el anuncio sencillo de que vale la pena dar la vida por un mundo más justo, fraterno y solidario.

La buena noticia de Jesús, el evangelio, no es otra cosa que el termino técnico que anunciaba la victoria. En labios del evangelista se transforma en el anuncio de la victoria del proyecto de vida frente a los múltiples proyectos de muerte que construyen los ídolos y los idolatras. En nuestro labios se hace anuncio de esperanza para todos aquellos que han sido estigmatizados con un diagnóstico, y que han sido marginados por lecturas excluyentes y legales de las escrituras, la tradición y las ciencias humanas. Este anuncio de victoria nos llama a tener una interpretación profética de la historia de salvación donde todas las personas que viven con vih y con sida y todos los grupos vulnerables al vih están convocados a ser parte de un proyecto de justicia que fundamenta la paz.

Juan el Bautista y Jesús de Nazaret son el cumplimiento de aquello que Dios prometió a través de los profetas. Es importante rescatar esa característica de un Dios que cumple lo que promete y que pone en acción aquello a lo que se comprometió. En un mundo saturado de palabras y de compromisos declarados pero no vividos, nuestra esperanza están puestas en un proyecto transversal a la historia, a las culturas y a los tiempos. Tenemos un paradigma de justicia, de solidaridad, de libertad y de igualdad que contemplamos en el rostro de Dios. Dios siempre es fiel y cumple sus promesas y en ese paradigma construimos nuestras exigencias de mantener las promesas. Es por ello que hoy juntos y juntas, si queremos parar el sida, debemos revisar nuestros compromisos primeros, renovar nuestras energías y poner en práctica aquello que está aun pendiente porque es una exigencia de nuestra relación con el Dios fiel.

Juan el Bautista, para su trabajo se ubica en el desierto como espacio que contradice a la sociedad plagada de injusticias y exclusiones. El desierto es en el pensamiento de los profetas y de Juan, el espacio idealizado como aquel en que el pueblo guiado por Dios hacia la tierra prometida vivía en solidaridad y unidad. Era el tiempo en que todo era comunitario y equitativo, donde no habían aparecido las estructuras políticas de opresión y se vivía en democracia.

Indudablemente esta voz que grita en el desierto no es una voz que no se escucha sino muy por el contrario, es una voz que adquiere una dimensión que lleva a líderes religiosos, políticos y pueblo todo a revisar sus vidas y acciones. La presencia de las acciones llevadas por la organizaciones de la sociedad civil, por las organizaciones de personas que viven con vih y con sida tampoco es una voz que clame en el vació. Con certeza muchos de los cambios ocurridos en los últimos años, nacen de aquellos que comenzaron a gritar y clamar por justicia en medio del silencio de iglesias, estados y sociedad en general. Ellos y ellas prepararon el camino de un mundo mejor y han iniciado con su fuerza un proceso que no se podrá detener. Dios mismo nos llama a ser parte de ese movimiento de justicia.

Seguramente debemos arrepentirnos de nuestros muchos compromisos con sistemas injustos y por haber seguido los muchos dioses que nos propone esta sociedad basada en la desigualdad y en la explotación de personas, naturaleza y la destrucción de todo el sistema. Indudablemente tenemos que revisar nuestras vidas, pensamientos y acciones como para abandonar esas esclavitudes y poder llegar a la tierra prometida, tierra de igualdad y respeto, de justicia y dignidad. Pecado es todo aquello que nos hace volvernos a las muchas esclavitudes y a las muchas opresiones. Es olvidarnos de que Dios nos ha liberado para que vivamos con justicia y libertad. Pecado es cuando le tenemos miedo a la libertad y a la igualdad. El pecado individual siempre es reflejo del pecado social de adorar otros dioses y otros valores.

Aquellos y aquellas que estamos trabajando en la epidemia del vih y del sida somos peregrinos hacia esa tierra prometida y que sabemos que podemos construir ya porque esa tierra donde todos y todas viviremos en respeto, como hermanos y hermanas, es Jesús de Nazaret mismo.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina.

Para la revisión de vida

 

El Señor Jesús, y el Reino que Él anunció, sólo vendrán por efecto de una acumulación incontenible de deseos de que Él venga...

Es mi vida reflejo de esa expectativa. Es el Reino de Dios anunciado por Jesús de Nazaret mi causa cuando clamo al cielo en la crisis del vih y del sida.

Para la reunión de grupo

 

¿Estamos en tiempo de exilio o de éxodo, de profecía o de sabiduría? ¿Nos hemos instalado o seguimos peregrinando en busca de la victoria que nos anuncia Jesús?

¿En la crisis del vih y del sida, tiene sentido ser personas de «esperanza» en una sociedad que no cumple aquello a lo cual se ha comprometido? ¿Tiene sentido nuestro compromiso con la dignidad de las personas y que nos lleva a construir un mundo sin estigmatizados y sin excluidos y excluidas? ¿Por qué?

¿Quién asume, y cómo, el papel de Juan Bautista hoy (o el de Elías), como voz profética que aun en medio del desierto clame y se enfrente a los grandes laboratorios farmacéuticos, a los grandes intereses económicos y políticos que el vih y el sida han puesto de manifiesto? ¿son esos intereses nuestros nuevos ídolos? ¿Cuándo los intereses de los poderosos se enfrentan al clamor de los grupos vulnerables al vih, de qué lado nos colocamos?. ¿Estamos dispuestos a correr riesgos y perder prestigio?

A veces podemos caer en la tentación de pensar que las cosas no evolucionan, no cambian, de que Dios se ha olvidado de nosotros … ¿Mantengo viva la esperanza en que el Reino de Dios va llegando día a día, a pesar de las apariencias, y la fe en que la promesa de Dios se cumplirá?

Para la oración de los fieles

 

Por el Pueblo de Dios, para que juntos demos testimonio de resurrección y ser signos ante de la esperanza que nos alienta. Roguemos al Señor.

Por la sociedad de hoy, para que recupere la esperanza, el sentido profundo del vivir, y tengamos la fortaleza de cumplir aquello que hemos prometido para terminar con la epidemia del vih, el estigma y la marginación. Roguemos…

Por todos los que nos proclamamos discípulos y discípulas de Jesús, para que nos comprometamos en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Roguemos...

Por todos aquellos y aquellas que han perdido la esperanza en la tierra y el cielo prometido, para que recuperen el ánimo y la ilusión. Roguemos...

Por todos nosotros y nosotras, para que la Palabra de Dios nos transforme y nos anime a trabajar por la justicia y la igualdad entre las personas. Roguemos...

Por todos los cristianos y cristianas, para que seamos conscientes de que la «preparación de los caminos del Señor» en el contexto del vih y del sida, no es sólo cuestión personal o privada, sino comunitaria y social. Roguemos...

Por la Iglesia , para que vuelva siempre al desierto de la justicia y abandone los palacios del poder reconociendo que su único poder es servir a aquellos y aquellas que la llegada del Espíritu renovador. Roguemos...

Oración comunitaria

  • Oh Dios que nos has puesto en este mundo sin darnos todas las respuestas a los interrogantes que de él nos brotan y sobre el sentido de nuestra propia existencia; te expresamos nuestro deseo de encarnarnos en ese mundo que nos cuesta comprender, de buscarte sumergidos en él, siendo conscientes de las responsabilidades divinas que contienen para nosotros cada una de las tareas que nos has encomendado. Tú que vives y haces vivir, desde siempre y para siempre. Amén.

  • Oh Dios que has hecho de la esperanza una estructura indispensable de la existencia humana. Caldea nuestro ánimo y acaricia nuestro corazón, para que nunca se apague en nuestra vida el aliento vivo de la esperanza, y para que nuestra sociedad cansada y deprimida por la epidemia del vih y del sida, vuelva a encontrar los imprescindibles motivos para vivir y para esperar. Tú que eres garantía de toda esperanza, desde siempre y para siempre. Amén.
  • Dios nuestro, te pedimos nos ayudes a comprender que la mejor manera de disponernos a celebrar el Nacimiento de tu Hijo es preparar y allanar los caminos que pueden hacer llegar a nuestra Sociedad la Justicia y la Paz que Él anunció. Por Jesucristo.

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