Domingo 21 de Octubre de 2007-10-17

Ciclo C. VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Evangelio : Lucas 18,1-8

Primera lectura: Génesis 32, 22-31
Salmo responsorial: Salmo 121
Segunda lectura: 2º Timoteo 3, 14-4,5

Leccionario Común Revisado



EVANGELIO
Lucas 18, 1-8
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

18  1 Para explicarles que tenían que orar siempre y no de­sanimarse, les propuso esta parábola: 2 -En una ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre. 3  En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario". 4 Por bastante tiempo no quiso, pero después pensó: "Yo no temo a Dios ni respeto a hombre, 5 pero esa viuda me está amargando la vida; le voy a hacer justicia, para que no venga continuamente a darme esta paliza".

6 Y el Señor añadió: -Fijaos en lo que dice el juez injusto; 7 pues Dios ¿no reivindicará a sus elegidos, si ellos le gritan día y noche, o les dará largas? 8 Os digo que los reivindicará sin tardar. Pero cuando llegue el Hombre, ¿qué?, ¿va a encontrar esa fe en la tierra?


PRACTICAS PIADOSAS

Este texto nos puede llevar a la tentación de comenzar un largo discurso sobre prácticas piadosas que nos pueden inducir a conclusiones equivocadas. Es importante recordar que nuestra justificación se fundamente en una fe en las acciones realizadas por Jesús de Nazaret que nos revela el escondido proyecto de Dios Creador. Las muchas prácticas y ritos de piedad son consecuencia y expresión de esa fe. La oración independiente de la fe en la revelación en Jesús de Nazaret puede transformarse en una acción que queremos presentar ante Dios para que nos mire favorablemente sin la mediación de Jesús el Cristo de Dios. La verdadera oración, y ese es el tema de esta parábola y la del publicado y fariseo que nos acompañara la próxima semana, es la conciencia de esa fe.

El tema continua siendo la calidad de nuestra fe. La antigua y falsa división y clasificación de vida de fe en activa y vida contemplativa ya no tiene vigencia. Es muy  posible que en la oración y en la contemplación nos arrojemos al centro del “big bang” de Dios en su proyecto siempre en expansión de un reinado de justicia y misericordia. La oración es hacer visible nuestra fe en ese comienzo paradójico del proyecto de Dios. La debilidad del inicio se contrapone en la pregustación del triunfo final. Oración es diálogo de amistad con Aquel que nos ama, tal como la definía Teresa de Avila. Ese diálogo de amistad tiene como centro, al igual que toda oración auténtica, el clamor por la justicia. Oración y justicia es la acción más pasiva que los seres humanos podemos asumir. Oración es tomar conciencia del proyecto en el cual nuestra fe nos ha insertado. Oración es confesión de pertenecer a ese proyecto y de haber abandonado todos nuestros proyectos. Orar es dejar de lado nuestras acciones con las cuales queremos negociar salvación directamente con Dios, para colocar en el centro de nuestro diálogo el camino de la cruz de Jesús de Nazaret en la construcción de un mundo sin injusticias. Orar y clamar por justicia para todos y todas van estrechamente unidos, tal como lo expone esta parábola.

Así como el grano de mostaza en su simplicidad y debilidad ya nos revela la plenitud de su gloria, es el fundamento para proclamar en nuestra oración la confianza en que ya podemos contemplar en nuestro presente las semillas del reinado de Dios que Jesús de Nazaret nos revela y escondidamente hace visible. Contemplación no es apartarnos del mundo sino es la acción de sumergirnos en el corazón y núcleo de todo conflicto guiado y confundido en la acción de Dios. La fe en el Cristo de Dios del Reino nos lleva inexorablemente a transformarnos en contemplativos de los inicios de su misterioso y paradójico reinado. Es gritar a los cuatro vientos que aún en medio de sistemas injustos y opresivos la imperceptible acción de Dios ya ahora y aquí se está revelando. Esta es la fe que el Hijo de todas las humanidades espera encontrar al final de todos los tiempos. Sabemos que Dios llevará a su plenitud aquello que ha comenzado. Nosotros y nosotras creemos en esa acción de Dios revelada en Jesús de Nazaret.

Aquellos y aquellas que trabajamos en el contexto de la epidemia del vih y del sida conocemos muy bien a este juez corrupto e injusto. Trabajamos en unidad para desmontar estructuras inmensas y poderosas que injusta y cruelmente mantienen a gran parte de las personas que viven con vih y sida fuera del alcance de toda esperanza de calidad de vida. Las estadísticas nos hablan que de los 42 millones de personas que actualmente viven con vih el 95% vive en países pobres irónicamente llamados en desarrollo. De entre ellos y ellas, 5.5 millones necesitan ya y ahora tratamientos disponibles en el mundo que podría dar calidad de vida y esperanza de un mañana que el sistema de patentes y comercio mundial les niegan. Cada cifra, cada número es una persona de carne y hueso, con sus sueños y expectativa que como la viuda vienen clamando al cielo por justicia. De ese número solamente 350.000 tienen acceso a los medicamentos antiretrovirales y la mistad de ellos viven en Brasil[1]

La poderosa industria farmacéutica utiliza tratados y acuerdos internacionales para fundamentar su privilegios y garantizar sus ganancias. Los gobiernos más fuerte del mundo están de su lado y la presión que ejercen sobre viudas, huérfanos y extranjeros son exactamente las que represente este juez injusto. Las personas que viven o conviven con vih y sida conocemos muy bien a este poderoso juez pero nuestra fe nos asegura y nos da certeza que la continuidad y legitimidad de los reclamos por justicia y calidad de vida, por más débiles que parezcan ahora, nos da la convicción y la fortaleza de persistir en este caminar y no hemos jamás de claudicar en nuestro reclamo y hemos de construir todas las alianzas que garanticen ese acceso universal a los tratamientos de mejor calidad a precios más baratos antes del 2010, como se han comprometido todos los gobiernos del mundo. Nuestra fe en el proyecto de Dios nos confirma cada día que a pesar de todas nuestras pobrezas la justicia se implantará y la verdad y la misericordia se han de abrazar en el mundo que estamos construyendo en Dios.

No queremos resignanos a ser testigos diarios de sufrimientos y de muertes innecesarias debido a la falta de acceso de los grupos y personas más vulnerados por este sistema económico y de total falta de solidaridad y justicia, al don de Dios a una calidad de vida y esperanza de futuro. Es por ello que nos unimos a todas la viudas y viudos, huérfanos y huérfanas, migrantes y extranjeros a causa del vih y del sida,  a los que se les niega los medicamentos esenciales para asegurar sus vidas, en el grito único y permanente de ¡JUSTICIA! ¡ACCESO YA! ¡MANTENGAN EL COMPROMISO DE GARANTIZAR ESE ACCESO A MEDICAMENTOS ESENCIALES! Nosotros y nosotras, todos y todas, nos hacemos en Cristo Jesús uno con todas las personas y grupos vulnerados en su derecha básico y esencial a la vida y a la calidad de vida.

Estamos convencidos, porque lo contemplamos en nuestra vida de oración, que Dios aún puede utilizar estos sistemas injustos para realizar su tarea de justicia. La caída de esos muros que impiden el acceso de los medicamentos esenciales necesitan de nuestra conciencia, conocimiento y compromiso. Es necesario que creamos ciertamente que es posible cambiar y romper este sistema de comercio mundial y asegurarnos en la contemplación de ese reinado de solidaridad, de paz en justicia.

Dios está hablando en el silencio de tantas voces que ya no tienen fuerza para reclamar por sus derechos. Dios está hablando en los ojos de tantas personas que viven con vih o con sida que nos miran acusadoramente desde sus lechos de enfermos, desde sus proyectos de trabajos truncados, desde sus soledades. Dios no está en silencio, al contrario, nos está gritando en cada persona que vive con vih y con sida que hoy no tiene los medicamentos esenciales para garantizar su calidad de vida, tal como el Evangelio lo promete para todos y todas. En contemplación y en oración tenemos que escuchar, ver y actuar a partir de ese grito silencioso de Dios. Solo los verdaderos contemplativos pueden escuchar ese clamor y sentir esa paradójica y misteriosa presencia del Dios de justicia en los reclamos, acciones y expectativas de todas las personas a las que se le niego el acceso al milagro de tener disponibles los medicamentos esenciales que podrían cambiar su historia y su vida.

Frente a tantas injusticias hechas en el nombre de los derechos intelectuales de los poderosos y de la omnipotente industria farmacéutica, Dios se nos revela, no solamente como un Dios justo y equitativo, sino como ese juez que se coloca del lado del débil, estigmatizado y marginado. Sabemos y confesamos que Dios no está con la industria farmacéutica y sus derechos de propiedad intelectual y sus patentes que les protegen sus derechos a ganancias injustas sino con todas y todos aquellos que son imagen de todas las debilidades estructurales y de todas las injustitas sociales. La justicia de Dios se coloca abiertamente de un solo lado y une su voz al clamor de sus criaturas que viven con vih y sida por sus derechos a dignidad y futuro.

En la oración incesante comenzamos a mirar esta realidad de injusticia con los ojos de Jesús de Nazaret y en lugar de perder las esperanzas y renunciar a cambiar las estructuras, podemos comenzar a ver en esta realidad los signos de justicia y solidaridad en personas, grupos y alianzas transversales que nos permiten contemplar otra realidad. En la oración podemos transformar estas aparentes derrotas y sorderas, en fortaleza para trabajar por el reinado de Dios donde toda lágrima será enjugada y donde ya no habrá más muerte. Basta de discursos apocalípticos que nos muestran el fin del mundo y las catástrofes inminentes y comencemos a contemplar las semillas del reino, que aún débiles, ya han comenzado a germinar en nuestro caminar junto a las personas que aún no reciben su reconocimiento al derecho dado por Dios a una calidad de vida posible.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina.

Para la revisión de vida

  • Como la viuda del evangelio, ¿soy una persona perseverante, convencida, que sabe lo que quiere y no vacila, que quiere lo que quiere Dios tal como lo revela Jesús de Nazaret y que quiere cumplir esa voluntad y ese proyecto?

Para la reunión de grupo

  •  La viuda también representa a todas las personas sencillas y vulnerable del pueblo que, a pesar de su pequeñez e indefensión, encuentran fuerza en su fe para defender sus derechos, los derechos de las y los estigmatizados por su condición de ser persona viviendo con vih o sida, de todos los pobres, que esperan justicia y respeto de sus derechos dados Dios... ¿Cómo se podría leer la parábola en este sentido, en este tiempo del vih y del sida y los reclamos por acceso universal a los medicamentos esenciales?

Para la oración de los fieles

  • Por todas y  todos los cristianos, para que creamos siempre en el valor de la oración cuyo centro es el clamor por justicia, sin tener que identificarla con un recurso mágico o un remedio fácil para nuestros problemas, roguemos al Señor.
  • Por todos los que claman a Dios desde situaciones insoportables de marginación a las que el sistema económico y de comercio mundial actual los ha lanzado en las últimas décadas, para que comprendan que Dios quiere tanto su oración como su compromiso organizativo, social y político.
  • Por todas y todos los cristianos que participan en la administración de la "cosa pública", para que den ejemplo de celo por el bien común, frente a la ola de corrupción, falta de ética y el individualismo que invade nuestra sociedad y que a pesar de ello podamos sostener la fe en que habrá un futuro cercano de justicia y solidaridad...
  • Por las  los cristianos que participan en la administración de la justicia, para que comprendan que antes que cualquier otra cosa, lo que Dios espera de ellos es un testimonio cabal de integridad, honradez y claro con los más vulnerables y vulnerados por este sistema de opresión...
  • Para que la sociedad acierte a superar esta situación de desencanto y pesimismo, de individualismo y pasividad, de "fin de la historia" y ausencia de utopías... y para que las y os cristianos hagamos gala de la fuerza inquebrantable que la fe tiene para hacernos sostener nuestra mirada en alto desde donde vendrá nuestro auxilio y ayuda...

Oración comunitaria

Oh Dios, fuente de toda misericordia, que miras el sufrimiento de tus hijos e hijas: confiamos a tu corazón la esperanza y la resistencia de todos nuestros hermanos y hermanas que reclaman insistentemente una justicia que no saben de dónde les llegará, y te pedimos nos des un corazón como el tuyo, para que equipados de fe y de coraje, resistamos la tentación de la desesperanza y permanezcamos firmes junto a Ti en tu proyecto de crear un Mundo Nuevo, más digno de Ti y de nosotras y nosotros tus criaturas. Por nuestro Señor Jesucristo...

 o también:

Dios, fuente de toda justicia,

incontables veces acudimos a ti

porque aún muchos y muchas usan

las Escrituras como un arma de estigma y discriminación,

en contra de las personas que viven con vih y sida.

Concédenos tal fortaleza en tu Espíritu y en tu Verdad

para que nunca nos cansemos de acudir a ti

y amar tu ley de amor y solidaridad.

Transforma nuestras vidas y corazones

para descubrir con sorpresa

que puedes aún utilizar a las y los corruptos,

en la construcción de un mundo más digno.

Toma nuestras fuerzas y voluntad para que tengamos constancia,

junto a Jesús de Nazaret en la construcción del Reino de plena inclusión.

Amén.



[1] Médicos sin Fronteras. Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales. Acceso a Medicamentos Esenciales: Un problema Social, Económico y Ético.