Domingo 4 de Octubre 2009

Ciclo B. Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 10, 35-45

(Leccionario Común Revisado. Propio 21)

Primera Lectura:Isaías 53, 4-12

Salmo Responsorial:Salmo 91, 9-16

Segunda Lectura:Hebreos 5, 1-10 

 

 

EVANGELIO Marcos 10, 35-45

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir". El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?". "Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados". 

Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;  y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo de la humanidad no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

El Evangelio del Señor.

 

POR IZQUIERDA Y POR DERECHA

Tenemos que ubicar este texto en el permanente movimiento dialéctico y paradójico  de Jesús de Nazaret que siempre va desde los espacios y los grupos sociales de la periferia y los márgenes  y el centro del poder político y religioso1 Es importante considerar que toda esta escena ocurre mientras se todos y todas se encaminan hacia Jerusalén. Este debate ocurre inmediatamente después de haber anunciado las consecuencias de esas comuniones y del escandaloso anuncio de que los últimos serán los primeros.  

En esa perspectiva encontramos a los verdaderos ciegos y sordos que no logran comprender ni el mensaje ni la acción. Acaba Jesús de Nazaret de anunciar la pasión, cruz y resurrección cuando las y los discípulos discuten esclavizados por una mentalidad ciega y sorda por espacios jerárquicos de poder. Constatamos dos niveles de diálogo independiente uno del otro. Tanto entonces como ahora se sigue pensando y discutiendo sobre el poder dentro de la comunidad que se autoproclama cristiana pero que utilizando los viejos criterios y conceptos sobre el significado y contenido del poder.  

Siempre es sorprendente como los grupos estigmatizados y marginados se van apoderando del lenguaje y transformando el significado de las palabras. Es evidente que en ese proceso de empoderamiento de los márgenes frente a los centros jerárquicos de poder, las palabras adquieren diferente significación de acuerdo a los labios que las pronuncian. El movimiento de liberación gay en Alemania, al igual que en otros países, asumió para designarse, en un contexto del fortalecimiento del orgullo de identidad, una palabra descalificante  utilizada hasta ese momento por sus adversarios. Esa misma palabra que era como un insulto se transforma en la bandera de todas las propuestas reivindicatorias y de promoción de derechos e inclusión y se la pronuncia ya no con desden sino con orgullo. Este mismo proceso de apoderamiento del vocabulario se va produciendo en diversos países y en varios movimientos de liberación de grupos y personas en situación de vulnerabilidad al estigma y prejuicios desatados por la epidemia del vih.  

Ese mismo proceso es utilizado por Jesús de Nazaret al escoger como regla de la vida comunitaria la palabra “diacono” y “diaconía”, es decir, el llamado a ser en esa y en toda comunidad un servidor y a servir en ella desde abajo. En su proceso de despojamiento para colocarse siempre en el lugar donde nadie quiere ocupar o estar, Jesús de Nazaret, es sumamente lógico y coherente en la elección de esta palabra. No es una novedad para las mujeres y esclavos ya que esa era una palabra utilizada por los de arriba para describir los servicios suministrados por los de abajo. Era una forma normal y despectiva de referirse a las tareas de esos grupos olvidados que, pronunciada por labios de patriarcas y por los que ocupaban espacios jerárquicos de poder que marcaban fronteras ideológicas acompañadas por fundamentaciones teológicas de pureza. 

Las y los discípulos continúan ciegos y sordos a la teología de la cruz que subyace en la elección de la palabra diaconía y diácono que se va construyendo en el camino hacia Jerusalén. Ellos y ellas discuten sobre espacios de poder jerárquicos ajenos al camino de cruz propios de la teología de la prosperidad. Esa misma ceguera y esa imposibilidad de escuchar los desafíos del Evangelio son los verdaderos sujetos que esperan el milagro que les cure de su profunda ceguera teológica y su sordera ideológica. Hemos inundado nuestras iglesias y nuestra vida cotidiana con cruces de diversos tamaños y formatos pero despojadas de una significativa teología de la cruz. Utilizamos  demasiadas cruces  en el frente de edificios, en el pecho de muchos eclesiásticos, en diversos juzgados, en oficinas y espacios públicas, pero como signos de poder y prestigio pero muy pocas veces como signo de humildad y hasta de humillación en el servicio de las y los vulnerables. Estamos aún muy distantes en nuestras discusiones y debates de la propuesta que nos hace Jesús de Nazaret. Multiplicamos las cruces pero no hemos aceptado la escandalosa  teología de la cruz que busca terminar con todas las cruces de estigmas, discriminación y opresión.

Las y los discípulos de Jesús de Nazaret confunde la gloria de la cruz con la gloria de la promoción personal en una estructura jerárquica de la cual no se han podido todavía liberar y que es una amenaza que aún está presente en medio de quienes pretendemos ser sus discípulos y discípulas. En este diálogo se revela el verdadero discipulado vivido a los pies de la cruz. No es la gloria del poder la que se nos promete sino la gloria de la cruz de quienes asumen un compromiso radical con la justicia y la equidad. Ese es el cáliz que hemos de beber en la medida que nuestras comuniones sean paradójicas, nuestras mesas incondicionalmente inclusivas y todas nuestras acciones y emprendimientos de promoción social  sean contestatarias de todos los sistemas jerárquicos de injusta e inequitativa organización de la sociedad y de la comunidad.  

En su sistemático despojamiento de todo poder Jesús de Nazaret reconoce que no está en sus manos el poder distribuir espacios de poder porque ese no es el objetivo de su misión ni su proyecto. La propuesta de una radical inclusividad y una justicia real y concreta implica siempre el riesgo del testimonio que se vive hasta el martirio. Todo testimonio de esa comunidad cuya única ley de organización es la fraternidad es amenazada por aquellos que aún hoy discuten y luchan por ocupar los espacios a la derecha y a la izquierda de todos los sistemas opresivos y jerárquicos de organización, aún dentro de las comunidades de fe. Aquellas y aquellos que aspiramos a ocupar esos espacios se nos recuerda el deber de recibir en plenitud a quienes son considerados los últimos y nuestro único ejercicio de poder en esa comunidad es el de servirles, viviendo el bautismo que nos hace los siervos y siervas de todas las personas estigmatizadas, marginadas y oprimidas por todos los sistemas políticos, sociales y teológicos. ¡Bienaventurado escándalo y feliz servicio! 

Las y los otros discípulos se indignan al conocer las ambiciones de aquellos dos compañeros, no porque hayan comprendido mejor la revolución jerárquica del Evangelio, sino porque tienen las mismas aspiraciones y proyectos del uso del poder en beneficio personal. Están muy lejos de comprender el significado profundo de la palabra diaconía. Es una indignación de adversarios. Es por ello que nuevamente Jesús de Nazaret les convoca para una nueva clase acerca de la transformación que el bautismo de la sola fe en la sola gracia que se apoya en la sola persona de Jesús de Nazaret está produciendo. Aún hoy tenemos que reconocer que trastrocamiento de valores y jerarquías es un proyecto inacabado y pendiente. 

Entramos ahora en el corazón de la regla de oro de la comunidad con la cual aún hoy sueño Jesús de Nazaret. Una regla de humildad que llega hasta la humillación como herramientas de cambio, transformación y revolución de criterios y valoración de personas y grupos estigmatizados. Esa es la regla de oro en todo trabajo pastoral junta a las personas en situación de vulnerabilidad al estigma y la marginación relacionada con el vih y todas las identidades que ese diagnostico revela. 

El servicio o la diaconía cristiana, no es una forma secundaria o aleatoria de vivir la fe, sino que es la forma en que las y los discípulos de Jesús de Nazaret están en el mundo, viven el Evangelio y dan razón de su identidad. La diaconía, es decir, el asumir ese servicio despreciado y desprestigiado por los que tienen el poder, porque es un servicio que nos hacer servidores y servidoras de aquellos y aquellas a quienes ese mismo sistema estigmatiza y desprecia, es la herramienta concreta en la que se anuncia una buena noticia a quienes son considerados impuros, ciudadanos de segunda. Esa forma de servir es la identidad misma de la comunidad cristiana.  

A través de este servicio o diaconía también nos despojamos de todo título, ropaje, adornos y suplementos que nos puedan quedar del poder o autoridad con el que siempre soñamos ser reconocidos en el antiguo sistema. La encarnación y el despojarse de atributos de gloria y poder es radical y real. Jesús de Nazaret no está jugando y no quiere que quienes son sus discípulos y discípulas tampoco jueguen. Ese llamado a ser las y los servidores de todos aquellos y aquellas que nuestros diversos sistemas de poder descalifican y desprecian es la forma en la que estamos llamados a vivir entonces y ahora. El ser siervos de las y los siervos más pequeños, más ignorados y más descalificados por los opresores es nuestra verdadera vocación. Todo lo demás es una distracción de esta radical forma de ser en el mundo y solo a través de este paradójico servicio y diaconía se revela nuestra identidad.  

Esta regla de vida comunitaria y de identidad en el mundo no puede admitir ni “tolerar estructuras de dominación en el discipulado de iguales, pero los que ‘serían’ grandes o primeros entre las y los discípulos deben ser esclavos y servidores de todos”2 pero con espacial énfasis a los descalificados y oprimidos, porque esa es una forma de tomar la cruz, negarse a si mismo, y caminar como discípulo y discípula.  

La gran y permanente tentación es querer ocupar de una forma u otra esa derecho e izquierda de Jesús porque en realidad debemos reconocer que nos cuesta seguir y que en realidad queremos más bien ser seguidos, es por ello que nos incomodan los exorcistas  independientes que hacen milagros en nombre de Jesús pero que no forman parte de nuestra estructura y  porque así amenazan y debilitan nuestro pretendido monopolio del cáliz de cruz.  Debemos reconocer que no nos gusta demasiado la gloria del bautismo de cruz que es, en definitiva,  esa transformación del discípulo en siervo y sierva de los más pequeños y es necesario reconocer la tentación y la añoranza permanentemente de la gloria de los tronos para poder, desde allí, juzgar a todos aquellos y aquellas que hemos logrado colocar debajo de nosotros en sistemas de opresión.  

Nuestras comunidades y nuestra forma de vida tienen que ser los espacios alternativos y contestatarios de la forma de vivir el poder y las jerarquías. Entre nosotros no podemos actuar con los mismos criterios con los que actúan los sistemas opresores. Es por ello que el Hijo de la Humanidad viene rescatarnos, es decir, a pagar el precio para que seamos realmente libres de ese sistema y de esa escala de valores. Viene a rescatarnos para liberarnos para que construyamos la comunidad de iguales.  

Para la oración de las y los fieles

  • Tu poder y grandeza se revela en el servicio incondicional a los últimos y despojados, perplejos te pedimos que tu Espíritu nos guía en toda la verdad, que tu manos nos sostenga en el camino del bautismo de cruz para que el mundo pueda creer que otra forma de relacionarnos entre los seres humanos es aún posible. 

Se hace un breve silencio. 

  • Concédenos  llevar con orgullo nuestra vocación de siervos de los siervos y siervas de tu pueblo y de tu creación, con espacial dedicación a quienes son perseguidos, incomprendidos y juzgados por nuestros estrechos criterios morales de forma tal que permaneciendo fieles a tu llamado, el mundo se pueda aún hoy sorprender de nuestra escandalosa inclusividad. El Señor estará con nosotros y nosotras en el peligro, nos defenderá y nos glorificará.  
  • Te pedimos que descienda sobre tu comunidad el don de sabiduría para que podamos incidir en las políticas públicas que conduzcan a un verdadero rescate de quienes aún permanecen prisioneros de sistemas excluyentes y discriminatorios y que las multitudes puedan vivir la plenitud de la libertad en tu verdad. El Señor estará con nosotros y nosotras en el peligro, nos defenderá y nos glorificará.  
  • Ponemos entre tus manos la vida y la acción de quienes gobierna los pueblos del mundo para que su autoridad se haga sentir en la real promoción de dignidades, derechos y calidad de vida. Aleja de sus corazones la tentación de sentirse dueños del poder y que en lugar de dominar busquen siempre el servir de acuerdo a tu modelo. El Señor estará con nosotros y nosotras en el peligro, nos defenderá y nos glorificará.  

Aquí  se pueden ofrecer otras intercesiones  

  • Promotor de toda liberación, entre tus manos encomendamos a todos aquellos y aquellas por los cuales hemos orado, confiando siempre en que  siempre has de sanar nuestras cegueras y permitirnos escuchar cada día el renovado anuncio de tu Evangelio. Amén 

 

Oración comunitaria

Servidor de los servidores del Reino, en Jesús de Nazaret, tu Cristo, has revelado la verdadera gloria de la cruz y el cáliz de todas las comuniones entre iguales, despojados de toda tentación de jerarquías y poder, para celebrar como servidores entre todas las naciones, pueblos, personas e identidades. Continúa las obras de misericordia y gracia, a fin de que, en todo le mundo, tu iglesia pueda perseverar y sostener y servir afirmando su bautismo de equidad y justicia fundamentado en la unánime confesión de la sola fe, la sola gracia y la sola mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro maestro, modelo y hermano.  

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires, Argentina.
Octubre 200
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