Domingo 27 de septiembre 2009

Ciclo B. Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 8, 38-50

(Leccionario Común Revisado. Propio 21)

Primera Lectura: Números 11, 4-6, 10-16, 24-29

Salmo Responsorial: Salmo 19, 7-14

Segunda Lectura: Santiago 5, 13-20

 

 

EVANGELIO Marcos 8, 38-50

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo Juan le dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros". Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros y nosotras. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.

Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible; tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros".

El Evangelio del Señor.

 

El Evangelio del Señor.

 

DERECHOS DE PROPIEDAD Y MARCA REGISTRADA

Comprender y vivir el mensaje del Evangelio siempre resulta tarea difícil y ese es el gran secreto mesiánico. Jesús de Nazaret con su anuncio del Reino y con la perspectiva de cruz a causa de sus comuniones escandalosas, utiliza una frecuencia y nivel de comunicación y evidentemente sus discípulos en general utilizan otra completamente diferente. Por un lado se anuncia con claridad la conversión de valores que produce el vivir en el espacio en el que gobierna Dios y los valores vigentes en el espacio de los poderes que se oponen a ese proyecto. En uno se habla de servir y ser el último, en el otro se disputan los primeros lugares, buscan ser servido y servirse de los demás y utilizar el poder en beneficio personal. Estamos presenciando en esta escena el encuentro de dos miradas y de dos teologías que nos hablan de valores e imagen de Dios que son totalmente opuestas y que siempre han de chocar entre si. Ante esa realidad y esas oposiciones no podemos quedarnos como testigos de pretendidamente neutrales. Tenemos que tomar necesariamente partido por uno o por otro espacio.

La gran tentación que acompaña la aspiración de ser los primeros en el espacio en que gobierna Dios, no solo tiene que ver con el ejercicio del poder sino también con la naturaleza misma de ese espacio. Nos encontramos, por un lado, con la actitud que proviene del antiguo sistema de pensamiento y que aún domina a las y los discípulos de entonces y de ahora: la tentación de la exclusividad que produce exclusiones. El diálogo es muy revelador. Las y los discípulos que viven bajo esa idea de ser miembros de una comunidad de elegidos con derecho a sucesión, se alarman porque una persona realiza las obras que consideran de su propiedad. Aún cuando esa acción se hace en nombre de Jesús de Nazaret, ellos y ellas se sienten propietarios de una marca registrada y no admiten competencia. Establecen claramente un ellos allá y un nosotros aquí. Las barreras y las divisiones se comienzan a construir pronto y rápido en la naciente comunidad. Evidentemente para construir esa división no necesitamos maestros ni modelos porque esa actitud de exclusión pareciera que está en nuestro ADN. La gran tentación es querer clasificar a los seres humanos de acuerdo a reglas creadas o interpretadas por nosotros que fundamente las barreras y las exclusiones.

La respuesta de Jesús de Nazaret nos sorprende ahora como entonces por su escandalosa inclusividad. Quienes llevan a cabo las obras de justicia, de reconciliación, de servicio y de promoción de derechos, forman parte en forma escondida de ese Reino. Quienes buscan obstaculizar y descalificar esas acciones son quienes, llamativamente, se colocan fuera de la comunidad que pretenden proteger. ¡Paradoja de las paradojas! Quienes quieren defender la pureza de la comunidad y del mensaje con una militante actitud defensiva se ubican fuera del proyecto y en cambio están dentro quienes tienen una mirada universal, integradora e inclusiva. Tenemos aquí dos conceptos de comunidad de fe. Una que quiere imponer reglas y preceptos que servían para la antigua forma de comprender esa comunidad pero que no entiende la radical universalidad e inclusividad de la nueva comunidad. Lamentablemente quienes estamos comprometidos en la promoción de derechos para todas las dignidades en el contexto de la epidemia del vih y del sida conocemos muy bien esa tensión entre dos conceptos de comunidad. Sabemos muy bien que no podemos permanecer neutrales frente a esa realidad: o pertenecemos a la comunidad que excluye porque se siente dueña del mensaje de las Buenas Nuevas o pertenecemos a aquella comunidad que anuncia la Buena Nueva sin exclusiones y sin imposiciones que contradigan la gratuita gracia del Dios que llama y congrega. Esa Buena Nueva es la fuerza de la fe por la que nos apropiamos y hacemos nuestra esa gracia y ese mensaje de restauración en la democrática relación con Dios, sin que ningún aporte de nuestra parte o de la parte de las y los demás, sea necesario o condición para merecer esa gracia y esa fe.

En este diálogo encontramos dos expresiones sumamente reveladoras: “En tu nombre” y “No es de los nuestros”. El nombre de Jesús de Nazaret, el Cristo que nos revela una forma de ser de Dios totalmente universal se enfrenta con el concepto de aquello de lo que nos hemos apropiado indebidamente. Quienes visitan enfermos, visten al desnudo, dan de comer al hambriento y acercan un vaso de agua fresca al sediento, lo hacen en nombre de Aquel que ama de todos y todas, incondicionalmente y hasta dar su vida en la cruz para terminar con esas cruces. Aún cuando en la fe nos apropiamos de la cruz de Cristo, no por ello somos los dueños exclusivos y excluyentes de ella. Todas y todos pertenecemos a Cristo pero nunca a una institución por más sacramental que ella pueda ser. En el bautismo morimos y resucitamos en propiedad del Cristo que nos revela y encarna Jesús de Nazaret para formar parte de la comunicad que acoge en plenitud. Esa es la única marca de propiedad que podemos llevar y que podemos leer en la frente de todos los hermanos y hermanas que cumplen con la voluntad de Aquel que quiere justicia y misericordia y que rechaza ritos y rituales que establecen dudosos derechos de pertenencia.

Cuando se habla de pequeños es porque algunos se consideran grandes. En esa comunidad de fe se ha establecido la peligrosa distinción entre grandes y pequeños y seguramente aquí Jesús de Nazaret le está hablando a quienes en aquel entonces y ahora nos consideramos “los grandes” y no justamente en un sentido cronológico de edad. No sería lógica este diálogo y esta advertencia si se dirigiera a los pequeños como si no hubiera en medio de ellos y ellas quienes se consideran a si mismo con derecho a ser mirados como los dignos de sentarse en los primeros asientos y reverenciados como los puros que pueden decidir quien pertenece y quien no pertenece a la comunidad o puede ejercer un ministerio o servicio en medio de ella.

Llama la atención el escuchar el radical rechazo de quienes escandalizan a los pequeños que dejamos fuera del espacio que quiere Dios como de su exclusiva propiedad. Es en consecuencia que se brinda una serie de consejos de amputación que, de acuerdo con los códigos del antiguo sistema, ubicaría a quienes lo deben poner en práctica, entre quienes no podría ejercer el sacerdocio. De acuerdo a los códigos que aparecen pasajes antiguos de las Escrituras, todas las recomendaciones de amputar mano, pies y ojo, son impedimentos absolutos para el ejercicio de una mediación frente a Dios, fundado justamente de las y los amputados reales y simbólicos por su imperfección no pueden ser sacerdotes. ¿De dónde habrá surgido esa idea de perfección estética y ausencia de toda discapacidad física o mental que impida ejercer un ministerio al servicio del pueblo de Dios?

Seguramente debajo de esta terrible recomendación de ir despojándonos en forma total y aún violenta de todo impedimento que obstaculiza la entrada en el espacio de la Vida puede ser una recomendación de llegar, en perspectiva de cruz, a presentarnos nosotros mismos como el sacrificio vivo que permita romper barreras y borrar fronteras. Ese despojarnos poco a poco de todo aquello que se hace obstáculo en nosotros y nosotras es lo que nos permitirá amar hasta asumir la comunión de ser voluntariamente considerados pequeños e incapaces del honor de la mediación sacerdotal frente a Dios. Es un despojarnos del orgullo del exclusivismo, del sentirnos superiores y mejores que las y los demás con el agravante de pretender decidir quién entra y quien queda afuera.

Jesús de Nazaret en la cruz y por sus comuniones y por el anuncio considerado blasfemo de hablar de una universal inclusividad de Dios, entregó libremente sus dos manos, pies y ojos junto con todo su cuerpo como sacrificio de amor para que todas y todos puedan vivir sin condicionamiento alguno la gracia totalmente gratuita y para nada merecida que nos ofrece Dios. Estamos llamados a entrar en la Vida del Reino despojados de toda pretensión de privilegios, de sentirnos los primeros y las y los grandes. El mundo de las exclusiones, de las jerarquías de poder que oprimen, de las acciones que despojan dignidades y de los silencios de las complicidades es ese espacio donde “el gusano no muere y el fuego no se apaga”. Ese espacio de gusanos y fuego ya está a la vuelta de la esquina, en un muy acá en el que viven hermanos y hermanas esclavizados por diversos sistemas políticos, ideológicos y teológicos de opresión y exclusión, y para terminar con esos gusanos y fuegos de esclavitud nosotros y nosotras debemos pasar por un proceso de transformación que nos lleve a despojarnos de toda tentación de pensar en excluir.

El vaso de agua fresca ofrecido a quienes los demás y nosotros mismos consideramos pequeños, infectados, impuros, es el gran signo de todas las inclusividades. Hemos sido salados con la fe que celebra la sorprendente gracias de Dios, si perdemos esa fe en la comunidad revelada en las comidas de comunión de Jesús de Nazaret, si olvidamos el amor que nos llama a amar hasta la cruz, ¿cuál es nuestra identidad y cuál nuestro mensaje? Volveremos a anunciar la Ley que excluye y es impotente para formar comunión o seremos aquellos y aquellas que anuncia la Buena Noticia destinada espacialmente a los pequeños aplastados y oprimidos por todos los sistemas de exclusión? Que haya la sal de la fe en la gracia de Vida y Paz que nos abre de mente y corazón para ofrecer infinitos e interminables vasos del agua de comuniones en la diversidad.

Para la oración de las y los fieles

Unidad de toda la creación y de todo lo creado, con plena confianza en tu promesa de permanecer junto a quienes de invocan y llevan en su frente y en su vida tu nombre, nos atrevemos a abrir nuestros labios para agradecerte e interceder por este mundo y esta iglesia y por quienes sin saberlo cumplen tu voluntad.

Se hace un breve silencio.

Oramos por esta comunidad de fe y por quienes son portadores de tu nombre aquí y en el mundo entero, concédenos ser instrumentos de tu paz a través de nuestro compromiso de bautismo, para que nunca decaiga nuestro compromiso por construir juntos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad un mundo más justo, seguro y en paz.

Oramos para que fortalecidos por el soplo de tu Espíritu cuidemos esta tierra y este cielo, para que con sabiduría y sustentabilidad utilicemos la frágil gama de recursos que nos regalas, aprendiendo a compartir con responsabilidad sus riquezas y encontrar los caminos que nos lleven a una equitativa distribución y uso de esos regalos.

Oramos con insistencia por quienes tienen la tarea de gobernar a tus pueblos, para que ejerzan ese poder en espíritu de servicio, compasión y cuidado por quienes los sistemas y la sociedad consideran los más pequeños. Envía tu Espíritu para que todas y cada una de sus decisiones sean guiadas por tu sabiduría y comunión.

Oramos por esta familia en la fe, para que alimentados en la oración, alabanza y en toda acción de gracias, podamos dar una generosa bienvenida a tu mesa al extranjero, extraño y diferente y que celebremos esa diversidad.

Aquí se pueden ofrecer otras intercesiones.

Oramos y hacemos memoria por la multitud de tus testigos y discípulos que han ofrecido sus vidas en sacrificio vivo y agradable y que ahora descansan de sus tareas en la gozosa expectativa de una plena comunión contigo y con todos tus santos y santas en luz.

Sustento de toda la creación, en tus manos nos encomendamos con plena confianza y gozo y ponemos entre tus manos a todo y todos por quienes hemos intercedido, confiando en tu sorprendente gracias. Amen.

Oración comunitaria

Fuente de todo amor, tú conoces nuestras flaquezas y nuestros fracasos. Concédenos tu gracia para sobreponernos a ellos; protégenos de aquellas cosas que nos hacen daño; y guíanos por el camino de la reconciliación, la paz y la justicia; te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro hermano y mediador. Amén.

(o también:)

Creador de la Vida, que en todas, en todos y en todo te manifiestas; abre nuestros corazones y nuestras mentes para comprender mejor lo que desde siempre nos estás comunicando, incluso a través de aquellos que te conocen por otros caminos y con otros lenguajes que los nuestros; arranca de nosotros y nosotras toda tentación de exclusivismo y mantennos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar en la construcción colectiva de tu Reino. Te lo pedimos inspirados en Jesús, transparencia tuya. Amén.

Pastor Lisandro Orlov.
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Septiembre 2009