Domingo 12 de septiembre 2010

Ciclo C. 24 º Domingo del Tiempo Ordinario. 16º Domingo después de Pentecostés Propio 19

Evangelio:  15, 1-10

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Éxodo 32, 7-14
Salmo Responsorial: Salmo 51, 1-11
Segunda Lectura: Timoteo 1, 12-171

 

 

EVANGELIO Lc 15,1-10

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.  Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: “Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,  y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?  Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".  Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”. El Evangelio del Señor.

El Evangelio del Señor.

 

 

UN DETECTIVE SUELTO ENTRE LAS PARABOLAS DE JESÚS.

El ver demasiado la serie inspirada en las andanzas del conocido personaje creado por Agatha Christie, el detective Hercule Poirot ha producido graves consecuencias en mis métodos exegéticos. Una y otra vez repite con insistencia que ante la escena del crimen nada es como parece ser y creo que debemos aplicar este criterio en el análisis de este pasaje del Evangelio. Soy consciente que todos los testimonios y comentarios al texto no están muy a favor de mis conclusiones, pero al igual que Monsieur Poirot he de atrever a formular conclusiones desconcertantes fundamentadas en una observación psicológica de los actores y de los más pequeños detalles.

En primer lugar y en posición destacada debemos observar el grupo que se acerca a escuchar a Jesús de Nazaret. Quizás sea este seguimiento una respuesta visible a la recomendación que quien tenga oídos para oír, que oiga. Frente a este grupo políticamente y teológicamente incorrecto están aquellos que continúan murmurando frente a la escandalosa inclusión de las mesas de Jesús de Nazaret. Estos son los que oyen pero no escucha ni comprenden.

Quienes estamos inmersos en la promoción de derechos y de todos las accesos universales en el contexto de la epidemia del vih y del sida conocemos muy bien esta murmuración. Las mesas de la inclusividad incondicional que queremos construir también han de producir y tienen que producir esa murmuración y este escándalo. Seguramente las mesas de comunión en la cual queremos sentarnos en condición de equidad y de igualdad provocan y provocarán toda clase de sospechas entre quienes se oponen aún hoy a la proclamación de una buena noticia a los oprimidos, estigmatizados, excluidos y excluidas de nuestro tiempo y lugar. Comer con usuarios de drogas, trabajadores y trabajadoras del sexo, hombres que tienen sexo con hombres, personas de identidad transgénero y con todas las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al estigma y discriminación asociado con el diagnóstico del vih, provocan aún la misma murmuración entre las personas consideradas teológicamente bien pensantes de nuestras comunidades. Cuando esta murmuración se establezca tendremos la confirmación que estamos en el camino correcto porque no podemos pretender, que la y el discípulos sea mejor tratado que Aquel al que reconocemos como Maestro  y Modelo.

Por lo tanto en el centro de la escena no está enfocado sobre los publicanos y las y los pecadores sino estos fariseos y escribas, es decir los pilares teológicos y pastorales fundamentales de la comunidad de fe que murmuran. No perdamos de vista a quién Jesús de Nazaret le está dedicando estas dos breves parábolas: la oveja perdida y la moneda extraviada. No son parábolas destinadas a los publicanos y a las y los pecadores sino para quienes pretenden ubicarse  por encima de toda sospecha y de toda mancha y con capacidad de murmurar con relación a las comidas de inclusión de Jesús de Nazaret.

Por lo poco que conozco de las cuestiones de campo, en general, las ovejas tienden a estar juntas a base de un fuerte espíritu gregario. Es raro que se aparten del rebaño y si lo hacen es porque ocurrió algo que modificó transitoriamente su natural conducta. En Discovery Channel a menudo veo programas que me demuestran lo inteligente que son los cerdos pero nunca he visto uno que trate de demostrar la capacidad intelectual de las ovejas. El motivo por el cual  esta oveja se ha perdido no lo podemos fundamentar en su naturaleza sino en algo que aconteció en su contexto. Pero justamente, para evitar cualquier pérdida y extravío de ovejas tenemos al pastor que la debe cuidar. Algo ocurrió que esa función no se cumplió con total responsabilidad. El centro de esta primera parábola es la conducta del pastor que debe cuidar de todo el rebaño y no la conducta de esta única oveja que se pierde. Si estamos en lo correcto, todo el relato va tomando otra dirección. 

Tenemos que tener muy en cuenta el hecho que ese pastor descuidado sale a buscar la oveja perdido porque es parte de su obligación. Este pastor algo ha hecho o descuidado que ha provocado la pérdida de esa oveja. Aquello que está en cuestión no es la culpa o responsabilidad de las ovejas ni la de las y los publicanos y pecadores, sino el descuido del pastor. Esta búsqueda de la oveja extraviada es una acción reparadora de ese descuido.

Si recordamos que aquellos que se oponen a la inclusividad de Jesús de Nazaret son los dirigentes religiosos de su comunidad y que esta parábola está dirigida a ellos y ellas, la alegría y el gozo en el cielo no es por la oveja perdida y encontrada sino por la conversión de estos intelectuales y académicos cuando reparan su equivocada comprensión de las Escrituras y cambian su conducta y salen al encuentro de aquellas personas y grupos alejadas de la comunidad a causa  de su errada forma de comprender el Amor de Quien nos hace iguales. Las y los perdidos por los cuales los cielos se alegran no son los publicanos y pecadores sino que son justamente por la conversión de quienes se escandalizan del mensaje incluyente de Jesús de Nazaret.

También hay que tener presente el gesto de este pastor convertido que sale a reparar su descuido ya que al encontrar la oveja perdida no le hace ningún planteo ni le pone ninguna condición, no le grita ni le regaña, simplemente con mucho amor la coloca sobre sus hombros para llevarla nuevamente al redil al cual pertenece. Toda esta forma de actuar es coherente con la parábola del Hijo Pródigo que viene a continuación. La búsqueda es reparadora pero el encuentro es incondicional y el gozo y alegría es transformador de toda la comunidad.

Antes de ponerla amorosamente en sus hombros el pastor no impone ninguna condición a la oveja perdida: simplemente le muestra su incondicional y transformador amor. Eso es todo. Igual hace el Padre Misericordioso del Hijo Pródigo para escándalo del hijo fiel que se resiste a compartir la gran fiesta del gozo por el regreso de quienes que se habían alejando por nuestra falta de cuidado pastoral y esa debe ser también nuestra actitud y pensamiento en medio de la epidemia del vih y del sida. Hemos salido al encuentro, de personas y grupos que ahora son visualizados y nombrados con los nombres que ellos y ellas quieren ser llamados y convocados. En estas dos parábolas enfrentamos a quienes se resisten a compartir la celebración de la inclusión incondicional en el amor transformador. Tenemos que se conscientes que la conversión y transformación es tan diversa como son diversas nuestras identidades.

En la segunda parábola, la de la moneda de poco valor extraviada, la situación queda aún más clara. La moneda no tiene ninguna responsabilidad por haberse extraviado y sería absurdo que pensemos que tiene que arrepentirse de esa situación. Esta oveja y esta moneda no representan a los publicanos y pecadores que provocan la murmuración de los fariseos y escribas: los representa a ellos en su responsabilidad pastoral. Aquí quien está en el centro del relato no es la moneda perdida sino la mujer descuidada. Algunos comentaristas en acciones que tiene como objetivo  distraernos algunos del sorprendente énfasis del relato,  enfatizan la pobreza de esta mujer  o la necesidad de prender velas para iluminar un recinto normalmente sin ventanas y por lo tanto oscuro. Todo eso es interesante pero no fundamental. El centro lo tenemos que colocarlo sobre la responsabilidad de esta mujer, que por un descuido pierde la moneda. Su búsqueda es una búsqueda reparadora y signo de un cambio y conversión.

Por lo tanto este largo discernimiento nos lleva a una total e inesperada relectura de la conclusión de ambas parábolas: “Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.  Independiente de la consideración si esta frase es un agregado realizado por el Evangelista Lucas y que no pertenecía al texto original de las parábolas, su contenido no se aplica a los publicanos y pecadores porque ellos ya están sentados en la mesa de la inclusividad. Se aplica a quienes murmuran,  a los pastores que extravían ovejas  y las personas que pierden monedas, es decir a quienes son dirigentes la comunidad de fe que, con una comprensión limitativa y excluyente de las mesas de comunión, son en realidad los verdaderos pecadores que necesitan convertirse porque son ellos y ellas quienes pierden ovejas y extravían monedas. Sobre esa conversión los ángeles cantaran de alegría y todo el cielo ha de celebrar esa liberación de una lectura de las Escrituras literal y fundamentalista.

Es crucial considerar la aplicación de esta afirmación: “Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”  Si como ha ocurrido frecuentemente la relacionamos con los publicanos y pecadores que ya están sentados a la mesa de Jesús de Nazaret habremos establecido condiciones y requisitos contrarios a la sola gracia, la sola fe en el solo Cristo. Nos transformamos automáticamente en murmuradores de esas comidas de la inclusividad porque establecemos requisitos a la gracia libre, gratuita y sorprendente de Dios. Si queremos romper este círculo de murmuración es necesario aplicar esa expresión a los dirigentes religiosos que murmuran y rechazan la inclusión de publicanos y pecadores.

Además, con la afirmación que solo por fe en solo Cristo y en su sola gracia, la inclusión no se fundamenta en la conversión como requisito sino que será consecuencia de esa sola fe transformadora en solo la acción gratuita de Cristo, tal como nos lo revela Jesús de Nazaret y en la sola gracia de Aquel que llama a la mesa de la inclusión. La conversión no es un requisito de esa mesa pero si es un requisito para dejar de murmurar y dejar de escandalizarnos por la escandalosa inclusión de Aquel que se hace pan de la unidad en la diversidad.

Para la oración de las y los fieles:

Hemos escuchado tu Palabra y te seguimos porque reconocemos tu voz: Permítenos orar por las personas de nuestra comunidad que tienen miedo de abrirse a esa Palabra desafiante que convoca a todo el mundo, sin exclusión y sin olvidos, a compartir tu mesa, tu pan y tu vino.

Se hace un breve silencio.

  • Tu que eres la fuerza que convoco a la unidad en la diversidad a Abraham, Isaac y Jacob, y que ahora nos sostiene a nosotros y nosotras, te pedimos que lleves a la plenitud tu promesa de enviar tu ayuda para que nuestras vidas personales y comunitaria, liberadas de toda murmuración, sean transfiguradas tomando como modelo las escandalosas mesas de Jesús de Nazaret.
  • Modelo de toda bondad, sabemos que a tu mirada nadie está demasiado lejos y que nadie es una moneda de poco valor. Reconocemos en nuestra realidad tu presencia y tu voz buscando y llamando a quienes nuestra rigidez teológica y pastoral perdió. Envía tu Espíritu de Unidad y Reconciliación para que nos podamos unir al coro de tus ángeles y celebrar los encuentros y los abrazos de paz en justicia y equidad.
  • Pan para todos los pueblos y personas con hambre de justicia y que te revelas en medio de quienes nuestras comunidades tienen dificultad de registrar, transfórmanos en  caminos, puentes e instrumentos de tu llamada y que nuestra voz refleje siempre tu voz y Palabra.
  • Vino de todas las alegrías, permítenos celebrar junto a todos tus ángeles la superación de todas las divisiones, la reparación de todas las exclusiones y la oportunidad de celebrar el nuevo cielo y la nueva tierra donde nadie queda fuera de tu evangélica mesa.

Aquí se pueden incluir otras intercesiones.

 

  • Bienvenida de todos los pueblos, grupos y personas, concédenos que nuestras celebraciones y nuestras mesas sean signo de acogida y del gozo de tus ángeles que celebran la conversión de quienes hemos sido obstáculos a la plena comunión de todas tus ovejas de tus distintos y diversos rebaños.

 

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Buenos Aires. Argentina

Septiembre 2010