Domingo 5 de septiembre 2010

Ciclo C. 15º Domingo después de Pentecostés
23º Domingo del Tiempo Ordinario
Propio 14

Evangelio:    Lucas 14, 25-33

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Deuteronomio 30, 15-20
Salmo Responsorial:   Salmo 1
Segunda Lectura: Filemón 1, 1- 21

 

 

EVANGELIO Lc 14,25-33

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

En aquel tiempo, junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.  El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?  No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?  Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.  De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo

El Evangelio del Señor.

 

¡AL DIABLO CON EL ASCETISMO!

 

Siempre hemos vivido bajo la tentación de transformar a Jesús de Nazaret en un hacedor de Milagros y en un mago que paso por la vida interrumpiendo el curso normal de las leyes de la naturaleza pero jamás cuestionando las estructuras opresivas que provocaban el sufrimiento de personas y grupos. También estamos bajo la tentación de hacer de Jesús de Nazaret un maestro de Buenos modales a través de los cuales podemos ser muy buenos vecinos pero sin ningún síntoma de voz profética que se compromete con acciones transformadoras de realidades injustas.

Estas palabras llamando a amar un poco menos a los seres queridos de nuestro entorno familiar nos llenan de confusión porque no queremos enfrentar el profundo cuestionamiento que hace Jesús de Nazaret a la estructura de la familia patriarcal de su tiempo y cultura. Aquí impone a sus discípulos y discípulas un radical compromiso de liberarse de toda estructura opresiva. El poder que ejercía el padre en la familia, tanto en el contexto judío como romana, esta total, arbitrario y peligroso.

Este proceso de liberación de una estructura familiar opresiva no tiene nada que ver con pensamientos ascéticos donde nos imponemos el sufrimiento por el sufrimiento mismo. Es una clara advertencia que no podemos ser sus discípulos y discípulas si continuamos sosteniendo estructuras donde se ejerce cotidianamente la violencia intrafamiliar y no las denunciamos claramente. Nuestra defensa de la familia ideal que tenemos en mente pero que no siempre corresponde a la realidad nos puede llevar a apoyar situaciones que no admiten ya el silencio. El abuso sexual dentro de la familia, el incesto que las historias que escuchamos en el contexto de la epidemia del vih, nos han revelado que no siempre la familia es el espacio de mayor salud mental, física o espiritual. Tenemos que estar alertas y la verdad no se puede someter ni sufrir a causa de compromisos afectivos.

En todo el Evangelio Jesús de Nazaret tiene una actitud muy crítica hacia el sistema familiar que conoce y que se vive en ese momento y aún en el actual. Es por ello que nos advierte que nunca llamemos padre a nadie porque tiene en mente esa figura patriarcal todo poderoso. En cambio, al llamar a Aquel que le fortalece para los desafíos, lo hace desde una imagen de total e infantil confianza. La naturaleza de “Abba” de Dios es una contracultura del padre de familia que conocían y conocen aún muchas personas.

En ese sentido tenemos que tener cuidado al hablar del rostro materno de Dios porque nos volvemos a colocar en un sistema no siempre libre de situaciones opresivas. En el acompañamiento a personas con vih hemos aprendido que no siempre esas estructuras han sido tan saludables como se hubieran deseado. Aquello que llamamos el rostro materno de Dios no es otro que el rostro evangélico de Dios frente a la propuesta que nos presenta el rostro Legal de Dios.

Me resisto a introducir nuevamente en la imagen de Dios al llamarlo “padre y madre” estereotipos de género, como que la ternura fuera una cualidad relacionada con la genitalidad femenina y que la genitalidad masculina estuviera desprovista de la cualidad de la ternura o que necesariamente debe expresar en forma diferente esa ternura. Me resisto a regresar a esos estereotipos que tanto daño nos han hecho en el ejercicio de las masculinidades. Aquí estamos hablando de cualidades teológicas en la imagen que nos revela Jesús de Nazaret. Frente a la propuesta del Padre Juez todopoderoso y arbitrario, encarnación de toda la Ley en su predicación, vida y acción nos revela el rostro Evangélico de Aquel que le acompaña hasta la cruz de todas las comuniones, y de todos los sacrificios para sostener relaciones de inclusividad.

El desafío que las y los discípulos deben vivir frente a todas las estructuras y sistemas de opresión, estigmatización y exclusión tiene un precio. Estamos llamados a cargar la cruz del discipulado que siempre es camino de comunión con quienes son explotados o excluidos por sistemas que se oponen al anuncio de la buena noticia de justicia y equidad del Reino. Discipulado y cruz van juntos porque las potestades y dominaciones que estamos llamados y llamadas a desafiar no van a ceder sus espacios de poder y opresión alegremente. Es por ello que debemos pensar muy bien antes de asumir el riesgo, responsabilidad y desafíos que significa llevar el nombre de cristianos y querer ser discípulos y discípulas de Aquel que nos llama a vivir de acuerdo al Evangelio del Reino que queremos que ya venga.

La invitación que nos hace Jesús de Nazaret a cargar con su cruz es una invitación a asumir con claridad nuestro carácter de subversivo a todos los sistemas de exclusión y opresión. La cruz no era en ese momento un signo religioso sino el símbolo de aquellos que las dominaciones y potestades consideraban un peligro. La cruz era el método de eliminar a quienes se consideraban peligrosos subversivos para todos los imperios, es decir, es una invitación clara y precisa a asumir el riesgo de ser considerados como peligrosos para el sistema. No es una invitación al sufrimiento por el sufrimiento sino a ser signos de aquella otra sociedad y otra iglesia con la cual no dejamos de soñar aún cuando aparezcan muchas cruces en el camino y en el horizonte.  Estamos invitados a cargar con la bendita cruz del subversivo Reino de Dios. Esa es nuestra ciudadanía y nuestra identidad de cruz.

Jesús de Nazaret se sorprende cuando ve todo el gentío que le seguía. No es lo esperado ni es normal esa multitud. Es como si tuviera miedo de esas multitudes porque sabe muy bien que le siguen en el camino hacia Jerusalén sin haber medido las consecuencias de compromiso. Son las multitudes que entonces y ahora le siguen porque esperan milagros pero que nunca piensan en los cambios sociales, políticos y religiosos que quienes se llaman discípulos deben promover. Son las multitudes que esperan algunas reglas de convivencia social que no signifiquen mayores riesgos y que simplemente nos ayuden tener reglas de urbanidad en sus sistema que no queremos transformar y cambiar. Son las multitudes que no quieren ni aman la cruz. Aún entre sus discípulos más cercanos encontraremos muchos y muchas que tampoco entienden esta teología de la cruz. Estas son las multitudes de la teología de la magia y de la gloria con la cual aún hoy evaluamos el éxito de ciertas comunidades y predicadores.

Nosotros y nosotras sabemos muy bien que solamente la cruz puede ser nuestra teología, nuestro discipulado y nuestro testimonio. Todo lo demás estamos llamados a abandonarlo para que liberados de compromisos con estructuras sociales, de pensamiento y de cultura podamos asumir la cruz que nos lleva al centro de todos los conflictos sociales, culturales y religiosos para vivir allí el rostro Evangélico de Dios.

Para la oración de las y los fieles.

Tú que nos revelaste el rostro evangélico de Dios, concédenos la fortaleza que solo nos puede dar tu Espíritu de Cruz para que podamos llegar a ser subversivos y peligrosos para todos los sistemas que nos excluyen, estigmatizan y degradan tu creación.

Se hace un breve silencio.

Comunión de cruz, ven a nuestras espíritus, identidades y personas para que nuestras comunidades sean transformados en el espacio donde todos y todas encuentran hospitalidad, acogida, fraternidad y amor que llega a su plenitud en la generosa entrega incondicional a quienes nuestros silencios y complicidades han colocado en los márgenes de la historia. ¡Feliz la persona que no sigue el consejo de las y los malvados!

Comunidad de cruz, encárnate en nuestras vidas para que seamos escandalosos y subversivos signos vivientes de tu amor incondicional y seamos la verdadera familia de quienes no la tienen. Que el amor y la ternura a que nos llamas a vivir sea el gran milagro y la gran transformación que destruye barreras y olvida fronteras, y que no hace distinciones de clase social, color de piel, orientación sexual o de identidad de género. ¡Feliz la persona que no sigue el consejo de las y los malvados ni se detiene en el camino de las y los pecadores!

 Rostro evangélico de Dios, que nos llamas a la pasión subversiva de la liberación, concédenos ser liberados de todos los obstáculos, ataduras, miedos y prejuicios que no nos permiten vivir en plenitud de comunión plena y total con quienes las dominaciones y potestades que nos gobiernan han excluido de tu familia y de todas las familias. ¡Feliz la persona que no sigue el consejo de las y los malvados!

Se pueden incluir aquí otras intercesiones.

Rostro evangélico de Dios, te damos gracias por que nos consideras dignos de ser tus discípulos y discípulas y llegar a llevar tu subversiva cruz. No permitas jamás que olvidemos este compromiso de nuestro bautismo y renuévanos cada día en la tarea de proclamar y vivir tu amor incondicional y radicalmente inclusivo. ¡Feliz la persona que no sigue el consejo de las y los malvados ni se detiene en el camino de las y los pecadores!

Oración comunitaria:

Tú que eres la buena noticia hecha carne y proclamada a quienes las dominaciones y potestades han hecho pobres, oprimidos y estigmatizados, mira a todos y cada uno de nuestros problemas, crisis y conflictos para que inspirados por tu Espíritu podamos tomar la cruz de la subversión y transformar esa realidad para que sea imagen y semejanza de tu Reino. Renueva nuestra fe en tu gracia y en tu presencia que se hace real en Jesús de Nazaret, en cuyo nombre nos encomendamos. Amén.

 

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
Septiembre 2010