Domingo 9 de septiembre 2007

Ciclo C. VIGESIMOTERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO. Propio 18

Evangelio : Lucas 14, 25-33

Primera lectura: Deuteronomio 30. 15-20
Salmo responsorial: 1
Segunda lectura: Filemón 1-21

 

 


EVANGELIO
Lucas 14, 25-33

25 Lo acompañaban por el camino grandes multitudes; él se volvió y les dijo:  26-Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus her­manos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discí­pulo mío. 27 Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

28 Ahora bien, si uno de vosotros quiere construir una casa, ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? 29 Para evitar que, si echa los ci­mientos y no puede acabarla, los mirones se pongan a bur­larse de él a coro 30 diciendo: "Este empezó a construir y no ha sido capaz de acabar". 31 Y si un rey va a dar batalla a otro, ¿no se sienta primero a deliberar si le bastarán diez mil hombres para hacer frente al que viene contra él con veinte mil? 32Y si ve que no, cuando el otro está todavía lejos, le envía legados para pedir condiciones de paz.

33Esto supuesto, todo aquel de vosotros que no renun­cia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío.

 

YO AMO A MI MAMÁ

 

Siempre debemos acercarnos a los textos del Evangelio con temor y temblor. Frecuentemente tienen una reserva de sentido y significado que exigen de nosotros y nosotras un esfuerzo y un colocarnos en actitud de oración y contemplación como para permitir que nos hable en el contexto y en la situación en que nos encontramos.

Nuevamente tenemos que luchar con este texto, con los comentarios y con la tradición que meditaron sobre el mismo. Muchas veces he predicado este texto y tengo la sensación que nunca lo he comprendido completamente porque siempre se me escapaba lo esencial. El mismo Jesús de Nazaret que nos ha solicitado que amemos a nuestros enemigos ahora nos pide odiemos a nuestros seres queridos, a nuestro entorno familiar, a quienes muchas veces nos han acompañado en los momentos más significativos de nuestras vidas. De hecho el traductor de este párrafo tiene problemas con la versión original que habla clara y directamente de odiar. La expresión “no me prefiere” es toda una interpretación que refleja esa confusión. ¿Qué está realmente tratando de decirnos Jesús de Nazaret que sea coherente con su mensaje de amor, solidaridad, justicia y paz?

La mala comprensión de este texto y de estas palabras ha dado origen a una espiritualidad que ha hecho desastres en la vida de muchos cristianos y cristianas. Se consideraba un verdadero valor renunciar a los afectos de todo tipo y en espacial se consideraba una total entrega renunciar a los afectos familiares. Estaba prohibida toda amistad particular y toda expresión de afecto y apego a personas, lugares, objetos. ¿Es esto lo que Jesús de Nazaret realmente nos pide que renunciemos?

En todo momento he sentido que las y los cristianos somos personas de afectos y de muchos afectos. Queremos a nuestros padres, hermanos, amigos, compañeros y compañeras. Nos sentimos muy mal cuando nuestros afectos no incluyen a una persona. Tenemos cariño y amamos a nuestros animales domésticos, nos preocupamos y amamos nuestros bosques, la biodiversidad, la fauna y la flora y cada vez más el espacio de nuestras preocupaciones se agranda y amplía. Nadie queda excluido de nuestro amor y de nuestros afectos y, en medio de tanto amor y afecto, de repente Jesús de Nazaret nos pide que odiemos a nuestros padres, madres, pareja, hijos, hermanos y hermanas. Una lista dramáticamente larga. ¿Debemos leer estas afirmaciones al pie de la letra?

La sabiduría del evangelista y de la Iglesia que han colocado las dos exigencias esenciales para ser discípulo de Jesús de Nazaret juntas y no podemos separarlas. En primer lugar tenemos que recordar que esta escena y esta frase se pronuncia en el camino hacia Jerusalén, es decir, en perspectiva de cruz. Las grandes multitudes que lo acompañan no han entendido esta realidad. Le siguen sin comprender que no es la entrada triunfal del Mesías de la teología de la prosperidad y de la gloria a quien acompañan sino que es le Siervo Sufriente de Dios. Aquellos y aquellas que esperaban por esa cercanía en el andar por los caminos,  gozar de esa gloria del poder, fueron los que le abandonaran apenas se insinuó la sombra de la cruz.

No son las personas a quienes debemos odiar sino las estructuras. Jesús de Nazaret siempre tuvo una posición sumamente crítica hacia la estructura familiar dominante en su contexto. Estructura dominada por la visión patriarcal, donde el padre de familia tenía poderes ilimitados, autoritarios y peligrosos sobre todos y cada uno de los miembros de su familia. Tenía dominio total de propiedad sobre esposa, hijos y esclavos que gozaban extrañamente de la misma situación de dominación, subordinación y opresión. Siempre que se le pregunto a Jesús de Nazaret por su madre y sus hermanos respondió que eran aquellos y aquellas que cumplían la voluntad de Dios. Esa era su propuesta de una familia alternativa.  Es a causa de ese gusto amargo de la función patriarcal en el esquema familiar que nos pide y encarece que no llamemos a nadie padre porque tenemos un solo Padre que es la contrafigura de ese ejercicio despótico del patriarca en esa estructura de familia tal como la entendía la cultura tanto judía como romana. Se nos pide que odiemos esa estructura de opresión.

En nuestro caminar junto a las personas que viven con vih y con sida hemos escuchado muchas veces que esas estructuras opresivas aún existen y subsisten. Nuestra memoria y recuerdos están llenos de historias de abandonos, de exclusiones y de violencia que muchas personas que viven con vih y con sida han sufrido y sufren en el contexto de sus vidas familiares. Aquellos y aquellas que hoy defienden sin mayores criticas o comentarios los famosos “valores familiares” en esa defensa someten a situación de vulnerabilidad, no solo a las mujeres, sino a la diversidad de identidades y personalidades del arco iris de la vida humana. Son esas estructuras las que debemos odiar con odio evangélico.

La construcción de una sociedad alternativa construida sobre la simplicidad de vida y la puesta en común de bienes y proyectos, que exige un desprendimiento de los bienes para ponerlos al servicio del proyecto de justicia comunitaria. Ese renunciamiento a no someternos a las exigencias de una sociedad de consumo y no esclavizar nuestra felicidad al logro de objetos, dinero, recursos,  es un signo de nuestra voluntad de liberarnos y liberar a nuestra comunidad de la esclavitud de esquemas injustos y opresivos. Renunciamos para no acaparar, renunciamos para  construir un mundo más equitativo en todas sus expresiones. En este desprendimiento anunciamos que es posible otra realidad donde no se ha de oprimir ni a personas, ni a la creación para lograr el bienestar de algunos y la miseria de muchos. Frente a las estadísticas y realidades que nos reflejan los informes sobre el hambre y la miseria en el mundo no podemos quedarnos inactivos. La revolución empieza por nosotros y nosotras. El cambio y la transformación de otro mundo posible comienza con nuestras propias vidas. Queremos ser signos precursores de esa nueva comunidad que comparte y da a cada uno aquello que necesita y donde a nadie la falta lo esencial para tener una calidad de vida tal como la planificó el Creador.

La cruz es una vocación y es un llamado, es un fuego interior que no podemos evitar y que se nos invita a seguir. Sabemos muy bien que nuestros compromisos con los oprimidos, los estigmatizados, con las personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida y los excluidos y excluidas por las diversas estructuras de destrucción de dignidades y de vidas nos costará caro. Existe una clara correlación entre vocación, compromiso bautismal y cruz. Jesús de Nazaret nos lo advierte y sabemos que su coherencia y la nuestra pueden significar estigma y cruz.

Debemos recordar que la única cruz que estamos llamados a llevar es la cruz de Jesús el Cristo de Dios. No hay otra cruz que podemos llevar que tenga la fuerza de transformar esta realidad de estigma en una realidad de comunión y solidaridad en justicia. Toda nuestra vida de testimonio, misión y empoderamiento de personas y grupos vulnerables al vih y al sida están marcados por la cruz que nos libera de falsos ídolos, de caminos equivocados y de teologías justificadoras de estigmas.

Esta cruz a la cual nos invita Jesús de Nazaret no tiene nada que ver con una aceptación pasiva de injusticias y dolores. Esta es una cruz activa en la transformación de toda realidad política, social, cultural y religiosa. Es una cruz que libera de estructuras para amar en justicia, En esa cruz ahora podemos amar en liberta y liberar a nuestros padres, madres, hermanos y hermanas, parejas, hijos e hijas. Por gracia y regalo de Dios Padre asumimos esa cruz en fe, decimos que sí al proyecto del Reino y nos lanzamos a los caminos que conducen a Jerusalén, aún cuando no nos acompañen las multitudes de la teología de la prosperidad.

Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires
Argentina

www.pastoralsida.com.ar

Para la revisión de vida

En el acompañar comprometernos con personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih y sida debemos recordar que“La hermandad cristiana no es un ideal que nos incumbe realizar sino que es una realidad creada por Dios en Cristo, en la que se nos permite participar”[1]

            

Para la reunión de grupo

Jesús sigue llamando a seguirlo, con algunas condiciones y exigencias. ¿Cuáles serán esas exigencias para nuestro tiempo? ¿Qué significará desprenderse de los vínculos familiares? ¿Cómo asumimos las y los cristianos ese cargar con nuestra propia cruz o con la cruz de Jesús de Nazaret?

Ante un sistema mundial al que no le importa excluir al arco iris de personas y grupos en aras de un crecimiento económico para unos pocos, ¿no valdrá la pena tomar el ejemplo del Evangelio de ponerse a pensar y programar, para después actuar en favor de la Vida? ¿Cómo podríamos organizarnos en contra de la exclusión actual?

 

Para la oración de los fieles

  • Para que los hombres y mujeres se comprometan a vivir ya desde ahora los valores del Reino, roguemos al Señor...
  • Por todas las organizaciones populares que buscan la vida de sus comunidades, para que en este esfuerzo logren superar los conflictos que esto conlleva...
  • Para que nuestra comunidad cristiana acepte desde el discernimiento las exigencias del seguimiento de Jesús...

 

Oración comunitaria

Dios Padre nuestro que en Jesús te has acercado a nosotros y nos lo has propuesto como modelo y Camino: ayúdanos a escuchar su invitación a seguirle, y danos coraje y amor para dejarlo todo por su Causa y seguirlo efectivamente, por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

 (o también:)

Dios de todo poder, tu conoces nuestros problemas y nuestras debilidades mejor que nosotras y nosotros mismos. En tu amor y con tu gracia ayúdanos en nuestra confusión y, a pesar de nuestra debilidad, haznos firmes en la fe, te lo pedimos por la mediación de tu Hijo, Jesucristo, nuestro hermano y amigo. Amén

 

Háblanos Señor y condúcenos en el camino de tu discipulado,

Que ningún amor ni ninguna estructura

se interponga en nuestro compromiso.

Concédenos el valor y el amor para escoger siempre
los caminos de la justicia y la vida plena,
aún  cuando sospechamos que escogemos tu cruz.

Que ningún estigma y opresión nos sea indiferente
y nunca nos sentemos en las mesas de la injusticia.

Que tu gracia nos conduzca a todos y todas
junto a las orillas de los ríos de tu Reino,
para que tu comunidad produzca los frutos a su debido tiempo,

y nuestros sueños y utopías nunca se marchiten. Amén



[1] Dietrich Bonhoeffer: “Vida en Comunidad” Methopress. Buenos Aires, 1966. Pág. 22