Domingo 22 de agosto 2010

Ciclo C. 13º Domingo después de Pentecostés
21º Domingo del Tiempo Ordinario
. Propio 16

Evangelio:  Lucas 13, 10-17

(Leccionario Común Revisado)

Primera Lectura: Isaías 58, 9b-14
Salmo Responsorial:  Salmo 103, 1-8
Segunda Lectura: Hebreos 12, 18-29

 

 

EVANGELIO Lc 13,10-17

Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Ediciones Paulinas. Madrid. Buenos Aires. 1990

Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga.  Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera.  Jesús, al verla, la llamó y le dijo: "Mujer, estás curada de tu enfermedad",  y le impuso las manos. Ella se enderezó enseguida y glorificaba a Dios.  Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: "Los días de trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el sábado".  El Señor le respondió: "¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para llevarlo a beber?  Y esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el día sábado?".  Al oír estas palabras, todos sus adversarios se llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que él hacía.

El Evangelio del Señor.

 

 

NI MAGO NI HECHICERO: LIBERADOR

Siempre es sorprendente la forma que predicadores y comunidades cristianas interpretan y colocan los énfasis en los relatos de milagros y curaciones. Generalmente se transforma la figura de Jesús de Nazaret como aquel que puede suspender el normal ritmo de las leyes de la naturaleza para dar lugar a lo fantástico y lo mágico. Jesús no es un mago ni un hechicero, es un liberador de sistemas opresivos tanto políticos, rituales, religioso, teológico y de códigos de pureza diversos. En esos relatos pasan, lamentablemente a segundo plano aquello que tendría que ser el centro de nuestra comprensión de su mensaje. En esta escena de la curación de una persona enferma lo que se cuestiona es una determinada lectura opresiva de las Escrituras, un código de pureza que considera a todas las enfermedades como producto de acciones demoníacas y la sacralización de espacios y tiempos en reemplazo de personas y grupos. Tanto las personas con vih como quienes estamos comprometidos en la promoción de los derechos humanos de las personas con vih conocemos muy bien de esos mensajes excluyentes, estigmatizantes y marginadores. Allí están los demonios que debemos exorcizar y allí está la acción liberadora que permite curar las exclusiones producidos por los estigmas.

En una actitud provocativa Jesús de Nazaret se interna y enfrenta espacios y tiempos que conoce muy bien como hostiles a su anuncio de una buena noticia a extraños, extranjeros y marginados. Con el compromiso de la promoción de derechos y la defensa de dignidades en el contexto del vih las comunidades de fe también asumen el riesgo de cuestionar estructuras de toda índole que quieren mantener las situaciones de exclusión sin cuestionar. Esta escena de curación de la mujer enferma es una acción liberadora de posiciones mentales, teológicas y rituales. Jesús de Nazaret en su camino hacia Jerusalén sabe muy bien que esos desafíos no serán gratuitos y que tendrá que pagar un precio.

En esta curación hay un claro cuestionamiento hermenéutico porque lo que se está sanando es esa comprensión de las Escrituras donde los rituales y los tiempos pasan a tener una mayor importancia que las personas y los grupos. Allí está el escándalo hermenéutico e interpretativo y allí está el núcleo de liberación. Se cuestiona a la sinagoga como el espacio de quienes pretenden imponer una interpretación hegemónica de los muchos sábados que impiden a personas y grupos el pleno ejercicio de sus derechos de ciudadanía tanto civil como religiosa.

En el sistema mental de aquellas personas y de muchos de nuestros contemporáneos, toda persona con cualquier enfermedad y en mayor o menor grado teniendo en cuenta no la causa de la enfermedad sino su forma de transmisión o contagio, consideran las enfermedades como producto de posesión demoníaca. Indudablemente este pensamiento precientifico aún tiene muchos adeptos en nuestro contexto latinoamericano. En lugar de hacer responsables a los deficientes sistemas de salud, al escaso acceso universal a la información, educación y prevención de enfermedades, es mucho más rápido y fácil culpar al demonio porque de esta forma evitamos enfrentarnos políticamente con los sistemas de exclusión y opresión. Las potestades y dominaciones encarnadas en esos sistemas nos causan mucho más miedo que un hipotético y mágico demonio. Es demoníaca la acción de este demonio que nos impide hacer un análisis real  de las causas verdaderas de situaciones de enfermedad.

En esta acción Jesús de Nazaret transgrede en forma verdaderamente provocativa diversos sábados. En primer lugar toma la iniciativa de hacer visible a esta mujer considerada en forma poco evangélica como endemoniada desde hacía dieciocho años. Seguramente muchos la vieron pero nadie la hizo visible como esta acción de Jesús. Justamente nuestra tarea pastoral en el contexto de la epidemia del vih es hacer visible a personas y grupos que por una interpretación equivocada de las escrituras y por la observancia de muchos sábados, no hemos querido mirar.

Jesús de Nazaret no solamente transgredí y libera a la mujer de la Ley sino que se atreve a realizar una serie de gestos revolucionarios. Si queremos que milagrosamente nuestros hermanos y hermanas con vih también puedan caminar por la vida sin estar encorvados por el estigma y la discriminación asociados a un diagnóstico médico, también tenemos que realizar una conversión mental que nos libere de esos sistemas políticos, teológicos y pastorales que obstaculizan ver y actuar con libertad y para liberar en el contexto de la epidemia del vih.

Con total desafío y provocación, en ese espacio que sabe hostil a su forma de interpretar las Escrituras ve a la persona venciendo sábados diversos, le llama contra toda costumbre social y cultural, rompiendo todas las barreras de género que impedían esa forma de diálogo y relación. No solamente anuncia que esta mujer es curada de su exclusión social y religiosa asociada a una comprensión equivocada de un diagnóstico médico sino que se atreve en público a imponer sus manos sobre ella. Este gesto, no solo es de liberación, sino también de plena e incondicional identificación con su situación. Ella con mucha sabiduría, enderezada y ejerciendo en plenitud sus derechos de ciudadanía civil y religiosa, alaba y glorifica a Dios porque sabe muy bien que en el plan original del creador todas y todos estamos llamados a ocupar nuestro lugar de dignidad y respecto.

Esta mujer en soledad no podía enderezarse pero una acción externa de personas o grupos comprometidos con esta acción pastoral de liberarnos de estrechas lecturas del mensaje de las Escrituras y desafiar todos los sábados puede producir ese empoderamiento que le permite a esta mujer restituida en su condición de plenitud como hija del mismo Padre alabar a Dios en comunidad. Ese es el objetivo de nuestro compromiso con el acceso universal de las personas con vih a todas las comuniones y a todos los tiempos y espacios de ejercicio de derechos.

Por supuesto que la reacción del jefe de la sinagoga, el espacio hostil al anuncio de una buena noticia a estigmatizados y excluidos por la construcción teológica de sistemas basados en conceptos de pureza meramente externos, provoca indignación. Muchas personas en las comunidades de fe piensan que nuestro compromiso bautismal con el Reino no tendrá consecuencia alguna. En cuanto nos pongamos con nuestra forma de comprender las Escrituras en clave de liberación, de inclusión incondicional y radical, todo lo que hagamos tendrá consecuencias porque atenta directamente con el poder que muchos y muchas quieren mantener y que han de realmente luchar para que nada ni nadie se los quite. El vivir en plenitud y sin domesticación alguna el Evangelio, siempre ha de traer una bendita consecuencia de cruz. No hay resurrección a un nuevo sistema de reracionamiento humano sin pasar por la cruz transformadora y creativa.

La respuesta de Jesús de Nazaret a la indignación de quien tiene poder en el espacio religioso es lógica, comprensible y tremendamente natural. Nada de mágico. El centro de esta respuesta es el reconocimiento de la calidad de hija de Abraham de esta mujer que en el comienzo del relato se la consideraba víctima del endemoniado sistema de pureza. Esta curación es una acción liberadora de las cadenas de una hermenéutica que pretende mantener a personas y grupos fuera de nuestros tiempos y espacios de comunión. Todo el relato no tiene otro objetivo que curar y sanar ese espacio y esa comprensión de las Escrituras para transformar la Ley en Evangelio.

En el contexto de la epidemia del vih también le hacemos a nuestras comunidades de fe y a toda la sociedad y gobiernos: ¿no pueden las personas que viven con el estigma y la discriminación asociada al vih ser liberados de las cadenas de nuestra interpretación de la Ley? Seguramente esta pregunta continúa aún hoy llenando de confusión a esos mismos dirigentes y pastores que temen perder su poder de las llaves si llegan a vivir en plenitud el Evangelio. Para controlar y dominar necesitan sostener un sistema que continua haciendo sagrado espacios y tiempos en lugar de personas y grupos. Para ellos y ellas el Evangelio vivido en su radicalidad, los llena de confusión aún hoy mismo.

Oración Comunitaria:

Liberador de todas las potestades y dominaciones: tú extiendes tus manos para desafiar estigmas y discriminaciones que no se pueden sostener en tu Reino y miras y llamas a todas las personas, pueblos y naciones que viven bajo la opresión y la marginación para que junto a nosotros y nosotras formemos un nuevo espacio de inclusión. Es por ello, que cuando congregues a tus discípulos y discípulas de todo lugar y todos los tiempos, te pedimos que nos incluyas también a nosotros y nosotras entre quienes valientemente asumen el riesgo de confesar y vivir el Evangelio de tu Hijo Jesucristo, nuestro amigo y hermano.

Pastor Lisandro Orlov

Pastoral Ecuménica VIH y SIDA

Buenos Aires. Argentina

Agosto 2010